“Si triunfa la islamofobia, los costos los pagarán todos los inmigrantes y los trabajadores europeos”

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Entrevistamos a Pietro Basso, sociólogo e investigador de las migraciones internacionales, docente en la Universidad Ca’ Foscari de Venecia, sobre la situación de los inmigrantes en Europa después de los atentados del 13 de noviembre de 2015 en París.

 

IdZ: Qué efectos han tenido los ataques jihadistas de París del 13 de noviembre pasado sobre la situación de los inmigrantes en Europa?

Sin dudas efectos graves, negativos, porque el gobierno francés, los otros gobiernos europeos y la Unión Europea han aprovechado inmediatamente la ocasión para intensificar sus ataques contra toda la población inmigrante. Los mass media europeos, casi por unanimidad han difundido este mensaje: es necesario cerrar las fronteras y tener a los inmigrantes que ya están en Europa bajo el más estricto control porque son un peligro para “nuestra seguridad” y nuestra libertad. Naturalmente, los más estigmatizados y demonizados han sido los árabes y los “islámicos”, pero la islamofobia que hoy aturde a Europa afecta de uno modo u otro también a todas las otras nacionalidades.

 

IdZ: En una entrevista anterior señalabas el contraste entre los países de la Unión Europea que quieren a los refugiados como fuerza de trabajo calificada a bajo precio (Alemania, por ejemplo) y los que están por una clausura total de las fronteras. Parece que este contraste se ha agudizado y que incluso en Alemania y los países escandinavos crecen los que están por la clausura de las fronteras. ¿Es así?

La Unión Europea se encuentra frente a una contradicción irresoluble: ha contribuido en modo decisivo a devastar una amplísima área del África árabe y negra, del medio Oriente y de Asia, en la cual es cada vez más difícil apenas sobrevivir, y ahora está frente a movimientos crecientes de las migraciones de masa desde esta área que presionan sobre una situación europea en la cual (incluso en Alemania) ya hay millones y millones de desocupados y de trabajadores hiper-precarios, un amplio ejército de reserva listo para ser usado. La Unión Europea quisiera gobernar estas tendencias, regular el movimiento de ingreso de los inmigrantes según su necesidad y evitar que se creen situaciones explosivas o por efecto de las revueltas de los inmigrantes desilusionados, o por efecto de las reacciones anti-inmigrantes de los trabajadores autóctonos, o –y esta es la hipótesis que más temen los gobiernos- por efecto de luchas conjuntas de los autóctonos y los inmigrantes. Este intento de gobernar las migraciones se traduce en una continua seguidilla de reuniones europeas que intentan encontrar la cuadratura del círculo: en el 2015 se hicieron 13 reuniones del Consejo de Europa, en vez de las habituales 5 por año, y todas dedicadas, más o menos, a la inmigración. Pero ninguna de estas reuniones fue resolutiva y de este modo los contrastes internos en la Unión Europea se han agudizado. 

Merkel ha decidido jugar de modo ambicioso la carta de la “acogida” (sobre todo de los sirios) para demostrar la “humanidad” y la “apertura” de Alemania y para hacer frente a las exigencias de las empresas y las familias alemanas. Hasta hace unas pocas semanas había un bloque de países más “abiertos” en torno a Alemania, que son aquellos que tienen la posibilidad de poner a trabajar a los refugiados: este bloque pretendía descargar las impopulares tareas de policía sobre los países del Sur de Europa, Grecia e Italia en especial, o sobre los países vecinos, como Turquía, por ejemplo. En los últimos días el bloque del Norte se rompió: entre Suecia y Dinamarca, entre Dinamarca y Alemania se ha llegado a cierres parciales de las fronteras y a una suspensión temporal del tratado de Schengen, que preve la libre circulación de las personas entre los estados de la UE. Y ha estallado una polémica pública entre los gobiernos de estos tres países.

 

IdZ: ¿Qué va a pasar ahora?

Lo único seguro es esto: el mayor reforzamiento de los poderes del Frontex y de las otras estructuras de control policial, la creación de una super-policía de frontera europea, el aumento de los muertos por intentar entrar en Europa por mar o tierra, y de los negocios de las organizaciones delictivas que controlan las rutas de ingreso en Europa (con la connivencia de los estados). También podemos dar por seguro que habrá una mayor precarización de la existencia de los refugiados y los demandantes de asilo, llevados de acá para allá como material de descarte por decisiones que cambian de un día para el otro y estigmatizados a los ojos de la población autóctona como huéspedes indeseables y muy peligrosos. Cameron y Hollande están en la primera línea de esta función odiosa, “olvidando” que todos los pertenecientes a los gruos jihadistas que realizaron atentados en Londres y París eran en realidad ciudadanos británicos y franceses. Entre los gobernantes europeos, solamente Merkel se ha diferenciado, hasta ahora, por las razones ya expuestas. De todos modos, su “apertura” es muy prudente, fuertemente selectiva (direccionada sola a ciertas nacionalidades) y de fuerte presión sobre los países del Sur de Europa, en el sentido señalado anteriormente.

A estos países, entre ellos Italia, se exige abrir los “hotspot” (puntos calientes, centros de selección de los solicitantes de asilo NDT) en los cuales realizar una primera identificación y discriminación “a ojo” (textual) de los solicitantes de asilo. Pero qué debería ser tales “hotspot” nadie lo sabe exactamente, no son claras sus tareas ni las reglas que deberían seguir y el reultado es que todo este proceso se desarrolla cada vez más bajo el signo del arbitrio y de las medidas administrativas, con cero garantías y cero derechos para las demandantes de asilo y los refugiados. Y este caos, no exento de racionalidad, la racionalidad de la precarización y de la desvalorización de la vida de los inmigrantes, golpea necesariamente sobre los demandantes de asilo. Tomemos el ejemplo de Italia. Uno de los hotspot italianos debe estar en Pozzallo, Sicilia: bueno, en estos días, Médicos sin Fronteras ha decidido abandonar esta estructura porque está infectada de cucarachas, hay un fuerte riesgo de contagio de sarna, está superpoblada, hay promiscuidad (no querida por ellos/as) entre hombres y mujeres (no hay puertas que separen sus habitaciones) ¿Y dónde van después a terminar muchos solicitantes de asilo a la espera de una respuesta a su demanda? Un poco más al Norte, en la llanura de Gioia Tauro en la agricultura intensiva para el agrobusiness, donde el 86 % de los trabajadores agrícolas está sin contrato, con salarios –en el mejor de los casos- de 25 a 30 euros al día; y el 57 % de ellos tienen un permiso de residencia temporario por protección internacional o razones humanitarias… En suma ¡los solicitantes de asilo como otra fuerza de trabajo de reserva! ¿De qué nacionalidades? Casi en su totalidad son provenientes de Mali, Senegal, Burkina Faso, Costa de Marfil, Gambia, todos los países del África negra “islámica”…

 

IdZ: Sobre los inmigrantes de los países “islámicos”, quisiera que nos expliques la tesis que has planteado anteriormente sobre que la islamofobia se vuelve contra los inmigrantes de todas las nacionalidades….

Primero, porque los inmigrantes y las inmigrantes provenientes de los países árabes y de tradiciones islámicas constituyen, tomados en su conjunto, cerca de la mitad de los inmigrantes en Europa. Y son, al mismo tiempo, el componente más grande de la inmigración extraeuropea, el más radicado, el más organizado y el que vive con mayor intensidad la dimensión colectiva. Hace casi treinta años, A Sayad describió el proceso de progresiva radicación de la inmigración argelina en Francia como un fenómeno “provisorio duradero”, un fenómeno provisorio que tiende a “constituirse en una estructura permanente”.

Treinta años después, podemos hablar de un fenómeno duradero cada vez menos provisorio. Un indicador importante de esta radicación de largo tiempo, en muchísimos casos definitivo, es la masiva presencia de familias de inmigrantes del Magreb, de los países sub-saharianos de tradición islámica, de Pakistán, de las ex colonias holandesas, más recientemente de Irak, Siria, Afganistán, de Somalía. No solo en Francia, en Gran Bretaña, en Holanda, sus países tradicionales de inmigración. También en Italia, en España, en los países escandinavos, países de más reciente inmigración, donde las etapas de este proceso de progresiva radicación se quemarán en un par de décadas.

Para los Estados y las empresas europeas, por el contrario, el ideal es tener a disposición “gastarbeiter” o “guest workers”, o sea trabajadores y trabajadoras inmigrantes, solteros, sin familia (y si es posible, sin ningún lazo social que les dé fuerza), mejor aún si con contratos y condiciones de “coolies” y –mejor todavía- si son “sans papiers” sin derechos. Bueno: la inmigración árabe e “islámica” se ha movido, en el último siglo y en particular en los últimos treinta o cuarenta años, en dirección contraria los deseos de los estados, los gobiernos y las empresas europeas, que pretenden tener a su propia disposición una fuerza de trabajo “use y tire”, lo menos radicada posible, porque mientras más radicados y sedentarios son los inmigrantes, más cuesta su fuerza de trabajo y más se entrelazan con los trabajadores autóctonos.

Pero a los ojos de los grandes poderes de Europa, la inmigración árabe e islámica tiene otras dos culpas terribles. La primera es la de estar más auto-organizada que las otras para reivindicar sus propios derechos y no solo como inmigrantes, también como trabajadores y ciudadanos. La de haber dado vida a una multiplicidad de estructuras asociativas, haber sido parte y ser hoy parte activa, a nivel de base, del movimiento sindical, haber protestado en los modos más apasionados para repudiar comportamientos intelorables de las policías de los diversos estados.

La segunda culpa es la de haber de algún modo amplificado el eco en Europa de las luchas anti-coloniales, contra el viejo y el contra el nuevo colonialismo, que se han desarrollado en los propios países de origen. Es cierto que en los últimos años el centro de gravedad de la gente árabe e “islámica” inmigrante en Europa se ha ido desplazando progresivamente del movimiento obrero a estructuras declaradamente islámicas. Pero los trabajadores pertenecientes a estas nacionalidades se mantienen de todos modos, en Italia y otros lugares, como los más activos y combativos en el plano sindical. Y las mismas mezquitas, más allá de la voluntad de sus imanes, terminan por ser, en ausencia de otros lugares de encuentro, los lugares de socialización y de resistencia a la discriminación y el racismo.

Aún con toda la diversidad de nacionalidad, de lengua, cultura y religión que las distinguen, las poblaciones inmigrantes árabes e islámicas constituyen en su conjunto, el núcleo duro de la inmigración en Europa. La ofensiva estatal, gubernamental, patronal, mediática contra ellas apunta a aislarlas, crear divisiones en su interior, debilitarlas, quitarle los pocos derechos conquistados, encerrarlos en ghettos hiper-vigilados, para hacer de ellos un ejército de reserva dentro del proletariado inmigrado.

Si esta ofensiva anti-árabe y anti-islámica tuviera éxito, los costos serían pagados por todas las poblaciones inmigrantes porque, como ya dije, las inmigrantes y los inmigrantes árabe-“islámicos” son la parte más organizada enérgica de la inmigración en Europa, aquella que ha demostrado saber defender mejor su propia dignidad. Pero si esta ofensiva tuviese éxito, el precio sería “salado” también para los trabajadores autóctonos porque el mercado de trabajo es un sistema de vasos comunicantes: si en uno de los vasos del sistema los salarios, los derechos, las condiciones de trabajo son brutalmente recortados, los efectos negativos, en un plazo más o menos cercano, se harán sentir sobre todos los otros “vasos”. No me cansaré nunca de decir que el destino de los trabajadores inmigrantes y de los trabajadores autóctonos es indivisible, más que nunca en el actual capitalismo globalizado. Y que debería haber en Europa una acción de respuesta a la islamofobia y el racismo de estado, mucho más fuerte, valerosa y continua que la actual. Desgraciadamente, también la izquierda y a veces la extrema izquierda europea están enfermas de islamofobia.

 

IdZ: Has dicho que el racismo de estado y el racismo popular son complementarios y que el primero impulsa, alimenta al segundo. Qué nos podrías decir sobre el desarrollo del racismo europeo en este contexto?

Vemos lo que ha sucedido sobre todo en Francia después de los ataques jihadistas de noviembre. “Francia está en guerra” ha proclamado Hollande, pretendiendo que han sido los jihadistas y por lo tanto los “islámicos”, el mundo islámico, los que declararon la guerra. Pero Francia está en guerra con el mundo árabe-islámico, para ser preciso, ha declarado la guerra al mundo árabe al menos desde el 14 de junio de 1830, día en el que 37000 soldados franceses desembarcaron en Argelia bajo las órdenes del rey Carlos X para someterla. Y se podría ir mucho más atrás, a los iniciós de la colonización francesa y europea del Golfo Pérsico (en el 1500). No obstante esta evidencia histórica irrefutable, el racismo de estado francés y europeo ha aprovechado las muertes causadas por los atentados de París para legitimar otra terrible avazanda de guerra en Siria, Irak, en todo el Medio Oriente y para imponer sobre esta región su propio talón de hierro. “Debemos responder a la guerra que nos han declarado los bastardos islámicos”, así se ha espresado un diario de la derecha italiana. Con otras palabras, el mensaje difundido desde la televisión y los darios en Europa es el mismo, con un verdadero avance en el tono militarista y belicista de la propaganda anti-islámica de estado.

Pero, atención: la proclamación de esta enésima guerra colonial francesa y europea contra la gente árabe e “islámica” de Medio Oriente ha servido al mismo tiempo para proclamar el “estado de emergencia” útil para reprimir los conflictos también aquí en Europa, empezando por la propia Francia. Es imposible encontrar culquer nexo entre los jihadistas y los manifestantes anti-COP21, pero la primera aplicación de las medidas especiales contra el “terrorismo” fue precisamente contra ellos, prohibiendo la manifestación por ellos contra los responsables de la catástrofe ambiental que amenaza al mndo.

En todas partes, como suele suceder en tiempos de guerra, en nombre de la guerra para combatir al Islam que “nos amenaza” y “quiere invadirnos”, los gobiernos y los estados llaman a la unidad nacional, al fin de los conflictos sociales y toman medidas prácticas para derrotar las huelgas y las luchas más difíciles. Francia, por ejemplo, ha advertido al Consejo de Europa que por un cierto período prevee “derogar algunos derechos y garantías de la Convención europea sobre los derechos del hombre”, y ya lo está haciendo en materia de allanamientos (también en sedes de asociaciones de cuidadanos franceses), adquisición de datos informáticos, volantes, de obligación de presentarse en las comisarías, etc.

No por casualidad la ley del estado de emergencia que hoy aplican Hollande y Valls es la misma de 1955, en los tiempos de la guerra contra el pueblo argelino, desenterrada después por Sarkozy en 2005 en los tiempos de la revuelta de los barrios populares de las grandes ciudades de Francia.

No se trata, sin embargo, solamente de Francia. En Italia, el gobierno Renzi ha aprovechado la situación para aprobar una ley claramente racista que asigna 500 euros para prestaciones culturales a todos los jóvenes de 18 años, con excepción de los “extra-comunitarios” (o sea los que pertenecen a países que no son parte de la Unión Europea), buena parte de los cuales son árabes o “islámicos”; el gobernador leghista (de la Lega Nord, formación de ultraderecha, NDR) de Lombardía, la región más importante de Italia, ha decidido en las últimas semanas, en violación de la mismísima Constitución, someter la apertura de nuevas mezquitas a la valoración ambiental y la aprobación por referendum de parte de la problación de los municipios interesados, imponiendo una serie de reglas adicionales para desalentar del todo la apertura; por no hablar de ciudades (Padua, por ejemplo) que han cerrado los servicios útiles a los inmigrantes o los hospitales (también en Lombardía) que se niegan a curar a los inmigrantes y las inmigrantes sin documentos.

A su vez, Cameron ha propuesto en el Reino Unido prohibir el acceso a los beneficios sociales a todos los inmigrantes, sean “comunitarios” o extra-comunitarios, por los primeros cuatro años de su permanencia en el país, lo que demuestra nuevamente que el blanco del ataque no son solamente los inmigrantes árabes o “islámicos”: es el entero proletariado inmigrado.

 

IdZ: ¿Y a nivel popular qué pasa?

No es fácil responder la pregunta. No ha habido verdaderos pogromos. Ni siquiera en Francia, con excepción del episodio de Ajaccio (Córcega) donde una maniestación de algunos cientos de individuos ha saqueado un lugar de rezo islámico e intentado quemar unas copias del Corán y un kebab (restaurant de comida árabe, NDR). Pero no hay dudas, en Europa las instituciones estatales han alimentado y están alimentando el miedo, el extrañamiento, la hostilidad hacia las poblaciones árabes e “islámicas”, estigmatizadas, señaladas como inferiores, demonizadas las 24 horas del día. Con algún resultado, evidentemente. La prueba es que han sido realmente pocas y no de gran tamaño, las maniestaciones callejeras contra las nuevas misiones de guerra lanzadas en estos dos meses en Francia, Italia, Gran Bretaña, Alemania, etc. Pero cuál es el grado de profundidad que ha logrado la acción de los estados al interior de las clases trabajadoras, repito, es difícil de evaluar. Lo único que puedo afirmar con certeza es que la solidaridad con los inmigrantes y los demandantes de asilo ha venido exclusivamente de elmentos pertenecientes a la clase trabajadora. Hay que tener en cuenta además, que en toda Europa décadas de poíticas neoliberales han cavado un abismo entre las clases trabajadores y las instituciones estatales, como demuestra por otra parte, la progresiva caída de participación en las elecciones de parte de los asalariados.

 

IdZ: Pero después de los atentados de París, las fuerzas y tendencias de extrema derecha, como el Frente Nacional en Francia, se reforzaron ¿Cómo impacta en la política europea?

Es así e impacta en toda la política europea, sin dudas. Y no solo en Francia, donde está en acto la lepenización tanto de los gaullistas de Sarkozy como de los socialistas de Hollande. El 2015 ha sido un año favorable para las más agresivas tendencias de derecha también en Italia, donde la Lega Nord, siempre cercana en sus temáticas al Frente Nacional francés, se presenta ya como la heredera de la derecha de Berlusconi en declinación y en el Este de Europa (Polonia, Hungría, Croacia, etc.) donde las funestas tradiciones del catolicismo más reaccionario y semi-fascista han recobrado fuerza.

El cuadro institucional europeo de conjunto está signado hoy por una mezcla venenosa de políticas de ajuste, autoritarismo, militarismo e islamofobia: han abierto el camino a este resultado la ideología y las políticas de los últimos treinta o cuarenta años de neoliberalismo y el hundimiento del viejo movimiento obrero. Pero adjudicar todo esto a los atentados jihadistas de París sería absurdo. La primera fuente, el primer combustible y animador de esta evolución de la política de estado en Europa es las más grande crisis del capitalismo desde los años ’30, una crisis irresuelta, que repercute con particular dureza sobre los capitalismos europeos.

De todos modos es necesario no confundir, ni mucho menos identificar, los estados y las sociedades, las tendencias de la política capitalista y las tendencias políticas internas de la clase obrera. Observadores superficiales (o “vivos” malintencionados) presentan a los partidos de extrema derecha como partidos “obreros”. La realidad es que detrás y dentro de ellos se agitan fuerzas burguesas y pequeño-burguesas, capaces –eso sí- de aprovechar la desorientación y el desánimo que prevalece en este momento entre los proletarios de las generaciones pasadas y la ausencia de conciencia de clase de las nuevas generaciones de proletarios educados en el invidualismo y la mentalidad pro-patronal.

En las fuerzas de extrema derecha los elementos proletarios cumplen en el 99 % de los casos una función gregaria y, como lo hemos visto ya en Italia con la Lega, transitoria. La Lega de hoy tiene menos seguidores entre la clase obrera que hace 15 años. Gracias a la declinación de Forza Italia, se ha hecho un espacio en la sociedad, pero especialmente en los estratos no obreros, y es cada vez más un partido televisivo, virtual, peronsal que en los últimos años –igual que el partido de Renzi- cierra más que abrirlas, sus sedes en el territorio y ha renunciado definitivamente a poner en pie un sindicato propio (el SINPA) lanzado en los años ‘90.

En resumen, por más que el viento de derecha sopla fuerte en Europa, en los gobiernos, los medios de comunicación, los parlamentos, sería un error presentar a los trabajadores europeos como enrolados e incluso como enrolados activamente en la guerra anti-islámica o anti-inmigrantes. No es así. En Europa la política institucional está siempre muy lejos de la existencia y de las necesidades prioritarias de los trabajadores y en conflicto con ellas. Los trabajadores europeos autóctonos se sienten cada vez más como inmigrantes en sus propios países, porque en toda Europa se están exasperando las desigualdades sociales y las políticas anti-obreras. Es un dato que muchos olvidan, que es por el contrario de grandísima importancia porque objetivamente acerca a los inmigrantes y los autóctonos.

Sigue siendo urgente un renacimiento general de la lucha de los proletarios y los jóvenes sin esperanzas contra las políticas de austeridad y de incremento de la productividad, contra las guerras en curso y en preparación, contra la discriminación a los inmigrantes. Solo un gran renacimiento de la lucha de clases desde abajo devolverá a Europa la luz perdida por los crecientes fragores reaccionarios.

Entrevista y traducción: Juan Dal Maso

5 comments

    • VIORICA IACHIMOVSCHI 20 enero, 2016 at 10:55 Responder

      La islamofobia es la nueva plaga del siglo, la nueva pasión social de la humanidad occidental en la búsqueda del desprecio de los demás, en un esfuerzo por entender el suyo propio. La difusa islamofobia es radical y permite legitimar, a escala global, por los occidentales, una violencia cruel, las guerras, las torturas y el terrorismo de estado; avanzando gradualmente en las demás formas de odio contra la población musulmana, que es presentada como la culpable de los crímenes que sufren …

      • Immigration Inclusive Centre 20 enero, 2016 at 11:13 Responder

        “L’islamofobia è la nuova peste del secolo, la nuova passione sociale di un’umanità occidentale all’inseguimento del disprezzo degli altri nel tentativo di comprendere il suo.Questa diffusa islamofobia è radicale che permette di legittimare, su scala globale, da parte degli occidentali crudele violenze ,guerre, torture e il terrorismo di Stato avanzando gradualmente su tutte le altre forme di odio contro popolazioni musulmane che sono presentate come colpevoli dei crimini che subiscono …”

    • VIORICA IACHIMOVSCHI 20 enero, 2016 at 13:15 Responder

      La islamofobia es la nueva plaga del siglo, la nueva pasión social de la humanidad occidental en la búsqueda del desprecio de los demás, en un esfuerzo por entender el suyo propio. La difusa islamofobia es radical y permite legitimar, a escala global, por los occidentales, una violencia cruel, las guerras, las torturas y el terrorismo de estado; avanzando gradualmente en las demás formas de odio contra la población musulmana, que es presentada como la culpable de los crímenes que sufren …
      “L’islamofobia è la nuova peste del secolo, la nuova passione sociale di un’umanità occidentale all’inseguimento del disprezzo degli altri nel tentativo di comprendere il suo.Questa diffusa islamofobia è radicale che permette di legittimare, su scala globale, da parte degli occidentali crudele violenze ,guerre, torture e il terrorismo di Stato avanzando gradualmente su tutte le altre forme di odio contro popolazioni musulmane che sono presentate come colpevoli dei crimini che subiscono …”

  1. Dan 28 enero, 2016 at 17:21 Responder

    TUTTI UNITI PER LA PACE E CONTRO LA GUERRA !
    L’impegno per la pace significa anche organizzare la mobilitazione di tutti per fermare le tante guerre dimenticate in Asia, Africa e America Latina, che negano diritti e libertà a tanti popoli e distruggono milioni di vite. Per affermare diversi rapporti tra Nord e Sud nel mondo sulla base di criteri di giustizia sociale e redistribuzione globale delle ricchezze .
    – Dobbiamo lottare per la cancellazione delle missioni militari italiane estere nel quadro di un vasto piano di taglio delle spese militari e di riconversione dell’apparato industriale,
    – dobbiamo lottare contro i rischi della guerra e il coinvolgimento dell’Italia in politiche di guerra, la crisi economica, la sfida competitiva tra aree e paesi, accentua i rischi di guerra e in particolare l’imperialismo delle grandi potenze occidentali alimenta tensione nel mondo per la competizione con i paesi emergenti.
    -dobbiamo lottare contro le minacce e i ricatti del FMI, delle multinazionali e dei governi occidentali, perché la lotta per la pace è lotta contro l’ingiustizia sociale e contro ogni forma di imperialismo.

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