Entre lo fantástico y lo real. Entrevista a Leonardo Oyola

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ENTREVISTA A LEONARDO OYOLA

Número 25, noviembre 2015.

Leonardo Oyola nació y creció en Isidro Casanova, en el Oeste del Gran Buenos Aires, y de su vida allí sacó la mayor parte de los ingredientes de su literatura, que combina el policial con lo fantástico. Su novela más conocida, Kryptonita, elegida mejor libro del 2011 por los periodistas, editores y escritores que otorgan el premio de Eterna Cadencia, está a punto de asomar en la pantalla grande. Es autor también de Siete y el Tigre Harapiento (su primer obra publicada), Santería, Sacrificio, Hacé que la noche venga, Gólgota, Chamamé y Bolonqui, y está trabajando en su próxima novela, Ultra/Tumba, de la que nos habla en esta entrevista.

 

 

 

 

 

 

 

 

IdZ: Este 3 de diciembre se estrena la película basada en tu novela Kryptonita dirigida por Nicanor Loreti, ¿cómo viviste todo ese proceso?

La película fue toda una fiesta. Nos juntamos con el director 4 meses después que salió el libro, porque él ya lo quería hacer. Lo señó al toque, antes de que saliera premiado como libro del año, un día tristemente célebre, el 22 de febrero de 2012, el día del accidente del Sarmiento; esa tarde firmamos contrato. El director tuvo muchas propuestas para financiar la película, pero todos proponían cambios al guión original, porque no cerraba eso de que “los delincuentes son los héroes y los villanos la Policía”, como transformarla en una pelea entre dos bandas de cumbia, y él dijo que no, y terminó haciendo una película por encargo para poder pagar Kryptonita.

 

IdZ: ¿Ya habías tenido alguna experiencia parecida?

Tuve un acercamiento para hacer una película con otra novela, con Gólgota, pero le cambiaron todo, y a mí lo que más me jodía era que el conflicto principal, que era un aborto clandestino que salía mal y moría la protagonista, ellos lo sacaron. Y lo religioso de la novela, que está estructurada alrededor del rezo al rosario, tiene que ver con que no aflojan con el aborto por una cuestión religiosa, y también lo quisieron sacar.

 

IdZ: ¿Qué es lo importante para vos, a la hora de escribir?

Lo importante tiene que ver con la historia me parece. Cuanto más vas escribiendo, y vas conociendo a los personajes, te va imponiendo la historia. Vos tenés algo en la cabeza y después se va modificando. Siempre fue así y es lo más lindo del proceso de la escritura, cuando los personajes tienen vida.

Lo que me pasa cuando escribo es que si a mí me suceden cosas con el texto, tengo la esperanza de que a alguien que lo lea, le van a suceder cosas. Cuando evocás, cuando te metés con tu prontuario, lo recordás, te emocionás, hay nostalgia y a veces pasa algo de eso cuando te lo leen. Es un estado muy lindo mientras escribís. Yo creo que la lectura y la escritura se te vuelven necesidades primarias una vez que las habilitaste.

 

IdZ: Un clásico, ¿cómo es el proceso de la escritura para vos? Dijiste en una entrevista que lo hacés para agarrar a tus demonios por los cuernos, diferente al mano a mano de Pablo Ramos, ¿cómo es eso?

En el camino hay un montón de cosas. Mi maestro es Laiseca, y él te dice algo que es así tal cual: vos podes haber leído mucho, que es lo principal, tenés que leer mucho antes de escribir, pero también tenés que haber vivido. Tenés que vivir mucho. Y también tenés que haberte alejado de eso para poder hacerlo ficción.

Pablo [Ramos] es un extremo, yo tengo que ponerle lo fantástico, tengo que ponerle todo. Un libro como Gólgota por ejemplo no lo vuelvo a escribir, y de hecho lo escribí cuando estaba viviendo en la casa de él. Él siempre respeta a un escritor, de hecho no nos conocíamos personalmente pero él sabía que yo estaba en la mala, había leído El Tigre [Siete y el Tigre Harapiento, la primera de sus novelas], y cuando mi editor le contó cómo estaba yo, Pablo le dijo que yo me tenía que dedicar a escribir y que me daba la chance de que me quedara en su casa, que no me iba a pedir guita ni nada, pero que yo escribiera. Yo no sé si voy a poder devolver esa moneda en mi vida. Yo lo admiraba un montón.

 

IdZ: En otras entrevistas a escritores en la revista les preguntamos por lo que algunos críticos y suplementos han llamado “nueva narrativa argentina”, de la que serías parte. Otros te han catalogado también como “escritor del conurbano”. ¿Qué pensás de eso?

Yo trato de no pensar en eso, para eso me parece que están los suplementos culturales que necesitan ponerte una etiqueta, el librero, que también necesita ponerte una etiqueta y el que necesita ver por qué va a leer lo tuyo por algún lado, y para mí es por la historia.

A mí me cuesta mucho hablar del conurbano. Yo digo, yo soy de Casanova, yo soy matancero. Es como que está ahí, un bondi, dos bondis y es otra realidad, que la estás mirando y a la vez vos sabés cuál es tu lugar. Ustedes por ahí están más cómodas con el término por su edad, por su generación, porque a fines de los ‘90 empezó a hablarse de los cordones, de las características, la cantidad de intendentes que estaban enquistados en los municipios, como Otacehé allá en el oeste en Merlo, como Quindimil en Lanús, son casi los mismos mambos, pero en lugares completamente diferentes.

 

IdZ: Más allá del término, ¿te sentís parte de esa generación? ¿Qué los define para vos, qué tienen en común?

Y… lo leés a Pablo y hay una cosa que es medio no sé si universal, pero entre nosotros está, es algo que vos ves si viviste en el Oeste o en la Zona Sur, un porteño no, en la provincia no, lo vivís por ese lado.

Yo creo que hay tres escritores que fueron punta de lanza: Pablo Ramos, Ariel Bermani, también de Zona Sur, y Cucurto, que es como un mix, porque a diferencia de Pablo y de Bermani, que son mucho más cuidadosos con lo literario y con el lenguaje (que no quita que sean descarnados), es un tipo que estuvo muy atento al neohabla, a todo lo que es la jerga; y Cucurto lo que cuenta es todo lo que es Constitución y La Boca, el Buenos Aires que no es el Buenos Aires for export, y porque alguien se animó, de una editorial grande a publicarlo a Cucurto es porque después se animan a publicarme a mí, porque si no, no hubiera sido fácil imponer la jerga. Esos son como los tres, la verdad, punta de lanza de esto de que nos dicen la literatura del conurbano, que yo lo termino aceptando porque para mí es un piropo que me pongan con ellos, porque son escritores que yo admiro mucho y tengo la suerte de tener muy buena onda.

 

IdZ: Estás por publicar una nueva novela, Ultra/Tumba, ¿querés contarnos de que se trata?

Ultra/Tumba originalmente se iba a llamar “Romero”, y había nacido de dos anécdotas que me habían contado a mí y que eran cosas que yo quería hacer con el tema de la adicción al paco (que en la calle es “corta” o “baja”, “paco” es el nombre que le dieron los medios periodísticos). A mí me había pasado que cuando estuve en España, quería conocer todos los lugares que había visto en las películas, y quería ir a la plaza de Átame. Y claro, Átame es una película del ‘91-‘92, y yo estaba ahí en el 2008 y me decían “esa plaza quedó abandonada para yonquis, no vayas” y yo fui igual. Era un día de calor y ya desde la bajada fue impresionante; fue de verdad estar entre zombies, la gente cadavérica, en cuero, y una cantidad de gente en una plaza que estaba sucia, estaba abandonada, pero que seguía teniendo una arquitectura increíble. Fue muy fuerte eso. Y cuando vuelvo me cuentan algo específico, que en la jerga hay a algunos que les da algo que se llama el impulso, que previo a colapsar todos los sistemas del cuerpo recobran la movilidad pero de manera esquizofrénica, que les da por correr e incluso por morder. Aparte me habían comentado la historia de cuatro pibes en Scasso (Gregorio de Laferrere), que los cuatro tenían el impulso y le fueron a tirar la casilla abajo al dealer, y claro, es un ataque zombi si vos te ponés a pensar, y yo dije: ahí hay una que está buena para contar.

Y a la vez quería hacer una novela sobre la separación, y me contaron otra historia de dos amantes, y quería contar la historia de esos estertores de una relación que está terminando. En el medio me pasa que Kryptonita lo empiezan a dar en unidades penitenciarias, y empiezo a ir a unidades penitenciarias y fui teniendo vivencias muy interesantes, y decidí trasladar toda la situación a una unidad penitenciaria, y que la historia fuera una historia de amantes entre un guardiacárcel y una persona privada de su libertad. Y después me di cuenta que el desafío para mí como escritor era que fuera en una unidad penitenciaria femenina, y que la mayoría de sus protagonistas fueran mujeres; las centrales la Turca Medina y Yolanda Romero, que son amantes.

 

IdZ: Se habló mucho del contenido de denuncia que tiene tu novela Kryptonita, ¿hay algo de eso en Ultra/Tumba?

El tema básico con Ultra/Tumba era volver al universo de Kryptonita. Y también, no es de denuncia, pero es algo que me pareció escalofriante: así como está lo de los nocheros, coloquialmente en muchas unidades me hablaron del Pabellón D, y D es de “desahuciados”: juntan a toda la gente que tenga una enfermedad infectocontagiosa para acelerar esos procesos y que mueran, y que esa es la forma que tienen de purgar. Y eso no lo hace solo la autoridad, se hace en connivencia con los capangas del pabellón. Y desde ahí pude recuperar la historia de los zombies. En el segundo capítulo hay un motín, y una pelea entre dos pabellones, y se levantan las del Pabellón D, es como un duelo mexicano que le llaman, de a tres.

 

IdZ: ¿Cómo te fue en ese desafío de escribir personajes femeninos? ¿Pudiste encontrarles la voz?

Y yo lo que vi fue que la mayoría de las mujeres que están privadas de su libertad han sido por reacción a la violencia que les han ejercido, yo no sé si eso es un porcentaje que es real, pero en la mayoría de las historias que me han compartido es así. Y la mujer, por la poca impresión que me dio, es más dura y es más esperanzada, el tipo necesita hacerse tumbero, cortar con el exterior porque si no se hace intolerable; la mujer enseguida piensa en el exterior, tiene fe de que va a salir. Y esas cosas fueron las que me interesó retratar en ellas, pero no sabía en qué baile me estaba metiendo. Me peleé conmigo mismo, porque lo que menos quería que se notara era que era un tipo escribiendo mujeres y después fue “hola qué tal, mirá lo que soy” [risas]. Y no me pude desdoblar completamente para lograr voces femeninas, pero yo ya me amigué con eso. Y por otro lado, ¿por qué las tengo que entender? Las tengo que vivir y tratar de trasmitir eso.

Pero volviendo a tu pregunta, no pude. Y te tenés que relajar, y contar la historia. Por ejemplo a la Yoli la re conozco, a la Turca, no. Y después encontré la canción de Queen, que arranca con una ópera que la primera línea dice: “no quiero mi libertad si tengo el corazón roto”. Y Yolanda se enamoró y está dispuesta a morir por ella. La Turca no sé…

 

IdZ: Estuviste dando charlas en algunas escuelas de Matanza y hace poco se editó un cuento tuyo como parte del programa Leer es futuro, ¿cómo es tu relación con los jóvenes?

Lo más lindo que veo, desde afuera, y en este momento bisagra de mi vida, no solo desde el 2001 en adelante, es una libertad mental, que lo veo en mi hijo, que es genial. Recién en un bar escuchaba a unos tipos y pensaba “no dan más de gorilas”; vivieron otra época, vivieron otra cosa y ahora se escandalizan. Yo me escandalizo de mirar hacia atrás en la vida. La línea que siempre cito de Trainspotting, que por suerte quedó en la película, es cuando Mark Renton dice: “en el futuro no va a haber mujeres ni hombres, solo gente”; y eso funciona para mí. Yo por ejemplo me considero una persona religiosa, pero no me considero un católico, cristiano puede ser, y ahí todos me dicen enseguida: “vos estás contento con el Papa”; y yo les contesto que yo que ese señor sea Papa no es que ni me va ni me viene, todo lo contrario. Primero, tampoco reconozco la figura del Papa, como no reconozco a un cura de iglesia (nobleza obliga a los curitas que se meten en la villa, los curas villeros, el beneficio de la duda por lo menos les doy); pero el asunto con un tipo como Bergoglio, que jamás lo llamo Francisco, es que es el señor que llamó a hacer una guerra santa en el 2010 cuando se estaba por aprobar acá el matrimonio igualitario. Para mí la idea más cercana de Dios y más cercana a lo religioso siempre fue el amor, y esas son las contradicciones que hay, para mí lo importante es la libertad, la cosa genuina, la libertad de expresión, la libertad de elegir, que no quita que tampoco sea sencillo, como adolescente para el que es diferente, depende mucho del grupo en el que le haya tocado estar.

 

IdZ: En un recorrido entre Siete y tus últimos libros se nota que fuiste encontrando tu voz, tu estilo, esa mezcla de policial de conurbano con toques fantásticos, ¿cómo influyó en eso tu maestro Laiseca?

Siendo muy socrático. Y jamás, con ninguno de los que pasamos por su taller, buscando que clonáramos su estilo o voz. Todo lo contrario: fue el espacio para encontrar la propia. Un espacio de mucha libertad creativa. Y de suma felicidad.

 

IdZ: En la Charla Ted definís al acto de escribir hoy como hacer un cover, ¿pensás que está todo escrito ya y que queda solo “recrear”, “reescribir”?

Creo que uno a la hora de escribir se tiene que sacar el peso de estar haciendo una obra maestra y disfrutar de la escritura en sí. Puede ser que la mayoría de las historias estén contadas ya. Pero el asunto pasa en cómo la contamos cada uno y en los personajes que somos capaces de inventar.

 

IdZ: En Uruguay te reuniste con la editorial de cartoneros de allá, ¿cómo empezó tu relación con ellos?

Gracias a Diego Recoba que se contactó conmigo para pedirme un relato que había publicado en Verano/12, “Casi sábado a la noche”, que es el que me terminaron publicando en La Propia Cartonera. Y gracias al cual comencé a ser leído en Uruguay antes de que me publicaran allá Sultanes del ritmo.

 

Entrevistaron: Magalí Rodríguez y Letizia Valeiras.

1 comment

  1. Sebastián Lalaurette 10 enero, 2016 at 16:12 Responder

    Uh, qué raro llegar acá por un link a una entrevista hecha hace tanto tiempo… ¡Casi ocho años! Me alegra que Oyola esté cosechando tanto reconocimiento a su indudable talento. Si no fuera un escritor tan bueno, aún cabría rescatarlo como una persona entrañable. Ahora me pongo a leer con interés esta nueva entrevista, brindando de antemano por el éxito del muchacho (bueno, señor). Saludos.

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