El sur también existe…

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Apuntes sobre la reemergencia y recomposición de la clase trabajadora en la zona sur de GBA

 

ANALÍA MICHELOUD

Socióloga, docente escuela media.

NICOLÁS BENDERSKY*

Politólogo, docente de escuela media.

Número 20, junio 2015.

 

“Sueño el Sur,

Inmensa luna, cielo al revés.

Busco el Sur,

El tiempo abierto y su después”.

Del tango Vuelvo al sur de Piazzolla-Solanas.

fuente-LID

En nuestro país, la zona norte del Gran Bs. As. y la clase trabajadora se han convertido en un tándem inseparable. Es que en el cordón industrial del corredor de la Panamericana hasta Rosario se extiende la mayor concentración obrera con cientos de miles de trabajadores en todo tipo de fábricas. No obstante, otros lugares que históricamente fueron grandes concentraciones obreras como el sur de GBA, están viendo reverdecer la actividad de la clase trabajadora, potenciada por algunos procesos de lucha y organización.

Reflejar a las nuevas generaciones obreras del conurbano sur busca enfrentar la idea que afirma que en la zona, identidad y organización solo pueden vincularse territorialmente a través de los movimientos sociales. Este proceso posee tres aspectos constitutivos: 1) expresa una nueva generación de trabajadores que enfrentan el avasallamiento de las patronales, el Estado y la traición de las conducciones sindicales; 2) se encuentra solo en sus inicios, con tendencias hacia su mayor desarrollo; y 3) la izquierda comienza a jugar un papel destacado en su organización e influencia política.

Tirar del ovillo de este proceso nos permitirá destacar algunos apuntes de la reemergencia y recomposición de la clase trabajadora en la zona sur de GBA.

 

Auge, desolación y recomposición

En los orígenes del movimiento obrero argentino, la zona sur del Gran Buenos Aires se constituyó en un importante centro de gravedad como parte de un período de auge, donde los frigoríficos y curtiembres configuraban las primeras industrias del país. Años más tarde, la emergencia del peronismo tuvo también su eje industrial aquí, particularmente en los barrios de Valentín Alsina, Lanús, Avellaneda y Berisso, cuyo emblema fueron las jornadas del 17 de octubre de 1945.

Durante la resistencia peronista, la zona sur participó activamente en las ocupaciones de fábrica entre 1963 y 1965 como parte del Plan de Lucha de la CGT de Vandor. Espacio clave en este proceso, se sucedieron tomas en Quilmes, Avellaneda, Lomas de Zamora, Lavallol, Monte Chingolo, Remedios de Escalada y Berazategui [1].

En 1975, la constitución de las coordinadoras interfabriles tuvo también su Coordinadora Sur, en una zona que tenía “4.879 establecimientos industriales que reunían a 90.258 obreros. La coordinadora agrupaba a establecimientos metalúrgicos, de alimentación, del vidrio, textil, químicos, aceiteros, madereros, perfumistas, frigoríficos, de transporte (colectivos) y de la salud” [2]. Sin embargo, desde los ‘60 ya se producía una lenta relocalización industrial de sur a norte de la provincia de Buenos Aires, con fábricas como las automotrices, las siderúrgicas y las de maquinaria.

La desindustrialización iniciada con la dictadura se profundiza con el período de desolación con el menemismo, que dejó un tendal de cierres de plantas, lo que transformó la zona en un “cementerio de fábricas”. Hacia el 2000 la zona se convierte en el bastión de los movimientos de desocupados que se organizan barrialmente, y son parte de decenas de piquetes en el Puente Pueyrredón. Además, el asesinato de Kosteki y Santillán en el 2002, se transformará en el símbolo de estos movimientos.

La reactivación económica y la creación de nuevos puestos de trabajo desde 2003 –que aprovechó la devaluación y la capacidad instalada– generaron una recomposición objetiva de la clase obrera argentina. En sur, su fuerza social se expresó más tarde en el conflicto ferroviario del Roca, sobre todo desde el 2009. Allí, la lucha contra uno de los pilares de los ‘90 (y actual), como es la tercerización laboral, logró el pase a planta permanente de más de 2.000 trabajadores. Durante este conflicto es asesinado Mariano Ferreyra por una patota de la Unión Ferroviaria liderada por José Pedraza. La gran pelea de los ferroviarios marcó el camino y será el principal y más importante antecedente de lucha de la zona que retomarán todos los posteriores conflictos.

El 2014 es el “año caliente” ya que se empieza a ver la irrupción de una nueva generación obrera en la zona. Ya en diciembre de 2013 comienza la lucha de Hospital Alende (Lomas de Zamora), que durará varios meses hasta junio, cuando ponen en pie la Junta Interna del hospital. En febrero de 2014 se inició el conflicto de Calsa (Lanús) con los primeros despidos, que en el mes de marzo llegarán a 60 en total. Ese mismo mes estalla la lucha docente con el paro de 17 días en la provincia de Buenos Aires, que incluyó una fuerte participación de los Sutebas opositores, como el de Quilmes, junto a las movilizaciones de los autoconvocados en distritos como Avellaneda, Lanús, Lomas de Zamora y Esteban Echeverría. A fines de abril se suceden 9 despidos en Shell (Dock Sud, Avellaneda), que se unirán a los trabajadores de Calsa llevando adelante una gran campaña unitaria por la reincorporación. En agosto se producen los despidos de los trabajadores de Honda (Florencio Varela) y en septiembre los despidos de 1.300 trabajadores en la empresa avícola Cresta Roja (El Jagüel), luego reincorporados [3]. Estos ejemplos van marcando una tendencia hacia el renacer de la clase trabajadora de la zona, que comienza a desdibujar el mito del “cementerio de fábricas”.

 

Nuevas generaciones obreras en movimiento

Las luchas de Shell, Calsa y Hospital Alende irrumpieron en la escena de la zona sur recuperando la acción directa como forma de protesta. Nos detendremos en estas experiencias porque simbolizan luchas de dos tipos: las que incurren en un ataque al activismo (Calsa y Shell), y las que expresan la irrupción de los sectores más explotados de la clase obrera (Hospital Alende).

 

Calsa: La lucha de la juventud obrera

La empresa alimenticia, del grupo ABF, vio el surgimiento de una nueva generación de trabajadores en lucha. Muchos habían pasado por “fábricas tumba” muy precarizadas y en Calsa lograron conseguir su primer empleo efectivo. Al entrar a trabajar en esta multinacional en la etapa en la cual el modelo K promocionaba una “Argentina inclusiva”, sus aspiraciones se chocaron con la realidad, teniendo que salir a pelear por sus derechos y condiciones de trabajo.

Entre febrero y marzo de 2014, la empresa despidió a 60 trabajadores (de un total de 230), entre los que se encontraba el joven activismo de la fábrica. Sin mediar crisis económica, buscó disciplinar a los trabajadores y asestar un golpe a la correlación de fuerzas que se había instalado en la planta, con una práctica asamblearia y una gimnasia sindical que tendía a desarrollarse.

Si bien había un fuerte descontento con el Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Alimentación de la Provincia de Buenos Aires (STIAPBA) y con su comisión interna –exceptuando un delegado antiburocrático–, la burocracia sindical, presionada por la base, en lugar de enfrentarse abiertamente con ésta, intentó no perder la dirección del conflicto y su línea fue desgastar y levantar los paros. Es que en el gremio de la alimentación, el surgimiento de un nuevo sindicalismo de base y el papel destacado de la Agrupación Bordó en las plantas de Kraft, Pepsico y Stani en Zona Norte, los obligó a tener una ubicación más conciliadora.

La enorme predisposición a la lucha de los trabajadores incluyó medidas como un paro, bloqueo de portones, quite de colaboración, corte del Puente Pueyrredón, acampe, festivales, y hasta sesionó la Comisión de DD.HH. de la Legislatura provincial en la puerta de la fábrica, en una acción impulsada por el diputado del PTS en el FIT, Christian Castillo.

Tras cuatro meses de conflicto y a pesar de que fueron reincorporados más de 40 trabajadores, se impuso la desorganización del activismo, ya que su núcleo principal quedó afuera de la fábrica debido a que no surgió una alternativa de dirección a la burocracia.

 

Shell: un primer triunfo contra los despidos

El conflicto de la refinería Shell de Dock Sud se inicia con el despido de 9 trabajadores, entre ellos los principales referentes que se venían organizando independientemente de la conducción sindical del SPyGPA (Sindicato Petróleo y Gas Privado de Avellaneda) dirigido por el diputado massista Alberto Roberti [4].

En 2012, militantes del PTS junto a otros trabajadores habían presentado la Lista Naranja a elecciones sindicales que fue proscripta. Asustados ante la posibilidad de perder la interna y sin importar el repudio expresado en un petitorio contra la proscripción que firmó el 80 % de la planta, el mismo Roberti, en acuerdo con Shell, impulsa los despidos.

Se fue organizando un activismo en reuniones clandestinas que promovió asambleas y paros de hecho, pero que fueron desactivados por la burocracia y la patronal. Ante la imposibilidad de una lucha abierta al interior de la planta, estando los principales activistas despedidos, hubo que luchar “de afuera hacia adentro”, desarrollando una campaña con marchas al Ministerio de Trabajo, escraches, cortes del Puente Pueyrredón, un Comité de solidaridad con Calsa y Honda, y festivales, entre otras acciones, que sentaron un nuevo precedente en la zona sur. Además se logró que se dicte una intimación judicial a Juan José Aranguren (CEO de Shell) para que acate una orden de reinstalación de Analía Portillo (quien será reincorporada en septiembre) bajo amenaza de proceso penal por desobediencia.

Luego se sumarán otros 2 fallos de reinstalación: el de Fernando Luna, que ingresó en noviembre, y el de Gustavo Michel, que la empresa se niega a acatar. Reflexionando sobre las nuevas generaciones obreras, Gustavo Michel plantea: “Entro en 2008 directamente efectivo, y conmigo una camada de jóvenes obreros. Hay un cambio generacional que hizo chocar con compañeros más grandes que pasaron por las derrotas de los ‘90. Empezaron las discusiones de paritarias y se veían las diferencias, porque los compañeros no estaban acostumbrados a pelearla”. Y recalca que “una de las cosas que cambiamos es que las asambleas sean resolutivas ya que hasta ese momento no se votaba sino que se consensuaba… ahí había una crisis”.

Fue importante el intento de organizar a los trabajadores para forjar nuevas camadas obreras que salgan a pelear. Aunque no es una tarea sencilla porque, como nos cuenta Gustavo: “Presentar la lista no fue de un día para el otro, sino que fue producto de juntarnos a charlar con compañeros de forma clandestina. También los partidos de fútbol y asados fueron claves para armar la Lista Naranja. El sindicato ni se la esperaba, por eso nos impugnaron un día antes de la elección, y no se jugaron al fraude”.

Este conflicto permitió desplegar una política de gran difusión y visibilidad, logrando incluso que se vote en la Cámara de Diputados de la Nación el repudio al accionar de la empresa multinacional. Además, fue clave la coordinación entre los trabajadores de Shell y Calsa, junto a corrientes políticas, personalidades y organizaciones de DD.HH.

Al enfrentar a poderosas multinacionales, los obreros vieron la necesidad de unir sus luchas, y por eso es que ponen en pie un Comité de Solidaridad que nuclea a la vanguardia obrera de la zona. El 22 de mayo, luego de haber realizado un corte del Puente Pueyrredón, se realiza el primer encuentro del Comité en ATE Sur que resuelve impulsar fondos de lucha, festivales y acciones para acompañar el acampe en los portones de Calsa.

A pocos días de empezar junio se suma un nuevo conflicto. La multinacional japonesa Honda realiza suspensiones en la planta de Florencio Varela, en medio de la crisis del sector automotriz. Un sector de trabajadores comienza a resistir, y el 1º de agosto son despedidos 10 de ellos, que afirmaban que “la patronal los tenía marcados por opinar distinto y decirlo”. En este marco, los despedidos de Honda se unirán a los conflictos de Shell y Calsa, y realizan acciones conjuntas, además de participar de los cortes de Lear enfrentando a la burocracia del SMATA, y concurrir al Encuentro Obrero en Donnelley realizado a mediados de agosto.

Llegado el 28A, el Puente Pueyrredón es el lugar elegido para darle un carácter activo al paro nacional, y éste se va convirtiendo en un espacio de luchas obreras, contribuyendo a sentar una nueva tradición en la zona. Los despedidos de Shell serán la punta de lanza de la coordinación, demostrando cómo fortalecer con la unión cada una de las luchas.

 

El Hospital Alende: Una nueva generación de mujeres echa a la burocracia y reorganiza el hospital

Por su parte en el Hospital Alende, ubicado en Ingeniero Budge (Lomas de Zamora), bastión del PJ bonaerense, tampoco reinaba la paz. En junio los trabajadores del hospital, en su mayoría mujeres, logran poner en pie la Junta interna de ATE Sur, opuesta a la burocracia del Sindicato de Trabajadores Municipales de Lomas de Zamora (STMLZ).

A fines del 2013 comienza un proceso de lucha autoconvocada en oposición al STMLZ, por el pase a planta permanente y por aumento de salarios. Luego de una experiencia de más de 6 meses con el sindicato, sufriendo aprietes, amenazas y hasta patotas, se desarrolla un inédito proceso antiburocrático que desemboca en la expulsión de la burocracia de la asamblea, la desafiliación extensiva y la realización de elecciones democráticas de delegados de base para conformar la Junta interna. Laura Magnaghi, delegada del hospital y precandidata a intendenta por el PTS en el FIT relata:

 

Fue madurando una experiencia de varios meses. En la lucha veíamos el rol que jugaba el sindicato, y luego de la desafiliación de los compañeros se decidió de conjunto conformar definitivamente la Junta Interna del Hospital, que logramos constituirla en frente único con ATE Sur. En la elección tuvimos que enfrentar a la patota organizada por el sindicato municipal y a la dirección del hospital. Pero lo logramos.

 

A partir de allí comienza un funcionamiento asambleario y una nueva organización contra la precarización laboral, ya que es un sector que tiene salarios bajísimos, obligados a trabajar en varios establecimientos, sufriendo jornadas agotadoras. Un ejemplo más de la cara oculta de la “década ganada K”.

 

Desafíos y perspectivas

El activismo de la zona sur expresa el surgimiento de una nueva generación que irrumpe en el fin de ciclo del kirchnerismo. 2014 fue el año de sus luchas y de los procesos de organización que sienta un nuevo jalón en la experiencia del movimiento obrero.

La coordinación de las luchas expresadas en los Comité de Solidaridad de Shell, Calsa y Honda revalora, aun incipientemente, una tradición obrera como la gran experiencia de la Coordinadora Sur de los ‘70.

Además de retomar las enseñanzas de la historia de la clase obrera, los trabajadores de zona sur cuentan con las lecciones de las luchas de la vanguardia de zona norte, con los que vienen estableciendo lazos de solidaridad, participando de manera recíproca en cada una de las peleas. En este sentido, la izquierda, y en particular el PTS, viene jugando un importante rol en pos de desarrollar las potencialidades de cada una de las luchas, intentando coordinarlas en una pelea común, con una política de los trabajadores.

Tras años de políticas orientadas al territorio y los movimientos sociales, la reemergencia de los trabajadores del conurbano sur impone la necesidad de trazar una estrategia que agrupe al conjunto de los trabajadores, tanto los registrados y en blanco como los precarizados y “en negro”, junto a los desocupados, para superar la fragmentación en las filas obreras impuesta en todos estos años.

El actual techo del “nunca menos” y el giro hacia un consenso más de derecha que encarnará el próximo gobierno, se traducirá en una ofensiva sobre la clase trabajadora. Es primordial que estas primeras experiencias sirvan como aprendizaje para preparar futuras luchas frente a los ataques que se avecinan. Aunque la recomposición del movimiento obrero en la zona sur se encuentra en sus inicios, las potencialidades que expresan las nuevas generaciones de trabajadores le plantean a la izquierda revolucionaria un gran desafío para influenciar y organizar, con una política de independencia de clase, a las nuevas camadas obreras que comienzan a ponerse de pie.

 

*Agradecemos la dedicada colaboración de María Chaves, Walter Moretti y Pablo Larrea.


[1] Schneider, Alejandro: “Algunas consideraciones sobre las ocupaciones fabriles en la década de 1960”, en Trabajadores. Un análisis sobre el accionar de la clase obrera argentina en la segunda mitad del siglo XX, Bs. As., Herramienta, 2009.

[2] Werner, Ruth y Aguirre, Facundo: Insurgencia obrera en la Argentina. 1969-1976. Bs. As., Ediciones IPS, 2007.

[3] Los trabajadores de Cresta Roja venían realizando distintas acciones de resistencia frente a los ataques abiertos de la patronal. En éstas se fue destacando un sector muy combativo pero sin experiencia de organización, que está encabezando la pelea actualmente. Durante el proceso se ha unido a otros sectores en lucha, participando por primera vez de un corte en el último paro nacional.

[4] Roberti fue uno de los sindicalistas que firmó la solicitada del SMATA de Pignanelli contra los “zurdos” que se publicó en medio del conflicto de Lear.

GBA

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