El socialismo en su laberinto. O el desacople entre partido y sindicato, 1916-1943

0
Share Button

 

DIEGO CERUSO

Número 21, julio 2015.

VER PDF

Continuando con la serie de notas que reflexionan sobre la organización en el lugar de trabajo que se inició en un número anterior con el análisis del anarquismo, en esta ocasión el eje del artículo es el Partido Socialista y su experiencia con el proletariado industrial argentino en el período de entreguerras. Con ello pretendemos ofrecer una mirada sobre el sindicalismo de base en el preperonismo a la luz de lo que creemos es una expresión (más) del inorgánico vínculo entre el Partido Socialista y el mundo gremial.

 

El Partido Socialista (PS), fundado en 1896, desde sus inicios logró establecerse como una estructura con presencia en la sociedad argentina. Con un gran despliegue territorial de alcance nacional, su implantación en la vida política no demoró en llegar. Su desempeño electoral le habilitó una representación parlamentaria que, aunque con vaivenes, se mostró constante desde principios de siglo, principalmente luego de la aplicación de la Ley Sáenz Peña y la aplicación del voto secreto, obligatorio y masculino. Además, las numerosas instituciones culturales (centros políticos, bibliotecas, asociaciones deportivas, etc.) junto a un gran número de publicaciones (libros, periódicos y revistas) lo convirtieron en un actor de importancia en ese plano. En paralelo, había impulsado campañas para mejorar las condiciones de vida de la población, desarrollar el cooperativismo y extender la legislación obrera1. Sus indudables logros en la esfera política, parlamentaria y cultural fueron acompañados por una menos firme constitución como fuerza partidaria en el movimiento obrero. En particular, nos proponemos reflexionar sobre el proceder socialista en el movimiento sindical entre 1916 y 1943 con la intención de explorar sus debilidades y fortalezas y colaborar en un mejor conocimiento de la problemática de las izquierdas y la organización obrera.

Desde su creación, y en gran medida por el precepto fundacional que le había otorgado el propio Juan B. Justo, el PS mostró, aunque con debate interno, su voluntad de escindir la política sindical de la partidaria. Así, los afiliados debían participar de la vida gremial pero sin olvidar que los sindicatos constituían entidades independientes: “el Partido Socialista no debe inmiscuirse en la organización gremial. Colectivamente sólo puede servirla desde afuera, en cuanto a las leyes, el gobierno y la administración pública atañen a la organización gremial”2. En la práctica, implicó una predilección por la lucha electoral en detrimento de poseer una estrategia en el movimiento obrero. Esto obstruyó su desarrollo uniforme y homogéneo en el mundo sindical. La autonomía de las dirigencias sindicales entre sí y respecto del Partido dificultó el grado de coordinación de las fuerzas socialistas. En concreto, aunque de modo articulado, la acción gremial debía diferenciarse de la práctica política y los afiliados socialistas tenían que participar de las estructuras sindicales pero sin olvidar que éstas eran autónomas respecto del PS. Esta disociación entre sindicato y partido produjo varias objeciones internas que, en algunos casos, permitieron el surgimiento de corrientes o partidos como por ejemplo el sindicalismo, el Comité de Propaganda Gremial que materializó las críticas que luego se cristalizaron en una ruptura de la fracción de izquierda e internacionalista del PS, que derivó en la posterior fundación del Partido Socialista Internacional, antecedente directo del Partido Comunista (PC) y, ya en los años treinta, la formación del Partido Socialista Obrero.

 

El PS en la base del movimiento obrero industrial

Para el PS, el gremial siempre resultó un campo en el cual no debía dotarse de una estrategia específica ni trabar una relación estrecha respecto del partido. Pero esto no inhibió la presencia de sus militantes en relevantes estructuras pues en el área de transportes y servicios su actuación fue destacada, como el caso de la Unión Ferroviaria, municipales, comercio, entre otros3. Pero durante los años veinte y treinta, momento en el cual el avance del proletariado industrial se hizo evidente como consecuencia de la sustitución de importaciones, el PS no pudo (no quiso) incidir en esa porción de la clase obrera más explotada, en peores condiciones y peor paga.

En el período de tiempo aquí analizado, el PS contaba con una débil presencia en los sectores industriales. En el sector del vestido, desde comienzos de los años veinte orientaban la Unión Obreros Cortadores, Sastres, Costureras y Anexos que luego, iniciada la década de 1930, fue relevada por la Federación Obrera del Vestido como el sindicato de mayor importancia. Allí, comunistas y socialistas conservaron presencia aunque con mayor preeminencia de los primeros.

Algo similar ocurrió entre los obreros de la madera en donde los militantes del PS habían logrado una injerencia desde fines del siglo XIX que conservaron por varias décadas. A partir de 1930, socialistas, comunistas y sindicalistas alternaron posiciones predominantes en el sindicato unificado pero sin poder establecer una hegemonía estable en la conducción. El gremio metalúrgico constituyó un espacio en donde claramente el PS no pudo estructurar una presencia cuantitativa determinante y sólo se limitó a la labor de unos cuantos militantes y cuadros que no lograron sopesar la incidencia comunista iniciada a mediados de 1920 y consolidada en los treinta. Idéntico proceso ocurrió en los gremios de la construcción y entre los trabajadores frigoríficos en donde el PS actuó muy minoritariamente respecto del anarquismo, en un comienzo, y más claramente del PC, luego4. Pero existieron casos en los cuales el socialismo edificó una experiencia que ilustra su desempeño entre el proletariado fabril: la industria del calzado, el sector textil y el de los gráficos.

Aunque de menor cuantía, no queremos evitar mencionar que el PS, desde finales de la década de 1910 y comienzos de los veinte, intentó configurar los consejos obreros en rubro del calzado, aunque su presencia fue más bien efímera y circunscripta. La cuestión central entendemos que se afinca en que, conforme se generalizaba el aumento de las dimensiones del espacio fabril, las reivindicaciones hicieron eje en formas colectivas de organización como los “consejos obreros” para superar la forma del delegado. La intención era impulsarlos para controlar las condiciones de trabajo, establecer un mecanismo de negociación directa con los capitalistas y solidificar la estructura del sindicato. Influenciado por el proceso europeo, en particular por la proliferación de consejos obreros en Italia, no se descartaba que se prepararan para ejercer el control de la producción con un claro horizonte de potencialidad contra el sistema capitalista. Los consejos se impulsaron en las principales fábricas de calzado, con éxito dispar, pero no parecieron mantener la estabilidad ni se obtuvo su funcionamiento efectivo y concreto de modo extendido en el tiempo.

Asimismo, es indispensable resaltar el caso de los textiles. Allí, desde mediados de los veinte, los militantes y cuadros del PS construyeron una sólida posición que repercutió en los sitios de trabajo y que se trasladó hasta la primera mitad de la década infame. Como Federación Obrera Textil y luego como Unión Obrera Textil, y junto a otras fuerzas, crearon y dispersaron las comisiones internas. Pero allí pareció sufrir los cuestionamientos de la base comunista que primero enarboló una fuerte oposición y luego logró la conducción del sindicato en 1939. Igualmente, la práctica sindical del PS careció de una coordinación en un doble plano: entre las dirigencias gremiales y éstas respecto del partido. Esta disociación, que en los hechos se reflejó en autonomía, lo dotó de cierta inorganicidad en el universo sindical y, lógicamente, en la militancia en los sitios de producción.

El gremio gráfico se encuentra entre los sectores de mayor tradición del movimiento obrero argentino con estructuras asociativas que datan de mediados del siglo XIX. Tras una huelga en 1906, un conjunto de sociedades se unificaron y formaron la Federación Gráfica Bonaerense (FGB), nacida el 3 de mayo de 1907. Inicialmente, la corriente sindicalista ejerció su influencia en el sindicato aunque con gran presencia de los socialistas que, ya en la década de 1920, plasmarían su preponderancia en la conducción. Recién a finales de los años treinta encontramos evidencias de un trabajo de base extendido en el sector gráfico. A partir de 1937, la FGB asistió a una fuerte reorganización que incluyó la creación y extensión de las comisiones internas de fábricas. De modo sintomático, esto ocurrió en paralelo al desplazamiento de los socialistas de la conducción que quedó en manos de algunos cuadros del Partido Socialista Obrero (PSO) como González Porcel, secretario general entre 1938 y 1939, y luego de René Stordeur, que provenía del PS, quien ocupó ese mismo cargo entre 1940 y 19415.

 

Comentarios finales

Los socialistas sufrieron cuestionamientos en varios sectores. En el gremio textil, esas objeciones se corporizaron en una base comunista que primero construyó una fuerte oposición en las fábricas y luego logró la conducción del sindicato en 1939. Y entre los gráficos, perdieron la secretaría general de la FGB como consecuencia de la ruptura y posterior creación del PSO. Así, la particularidad recae en que el PS prácticamente no podía mostrar lazos orgánicos entre la estructura partidaria y el movimiento obrero industrial a comienzos de los años cuarenta. En ambos casos, textiles y gráficos, cabe preguntarse el modo en el que incidió en ello la ausencia en la práctica sindical del PS de una coordinación en un doble plano: entre las dirigencias gremiales y éstas respecto del Partido. Esta desarticulación le generó escisiones y cierta ausencia de reflejos para contrarrestar el avance de los comunistas. Para 1943, el PS tenía una limitada presencia en el sector más dinámico del movimiento obrero, no había podido organizar a la base fabril de modo constante y sistemático, había perdido la dirección del sindicato textil a manos de los comunistas, cedió la conducción del sindicato gráfico frente a una escisión interna como el PSO y recurría a todo tipo de recursos para evitar que los cuadros del PC aliados a socialistas más propensos a estrechar el vínculo entre el partido y el movimiento gremial, le arrebataran los cargos máximos de la Confederación General del Trabajo. Así, el PS contaba con su sólida estructura ferroviaria pero en una franca cesión de terreno frente a otras fuerzas, principalmente el comunismo.

Además, a modo de reflexiones finales y de insumo para el examen futuro, conviene explicitar una serie de interrogantes. Entendemos que las causas de la módica incidencia del PS en el movimiento obrero industrial no se agotan en la inorganicidad entre el plano político y el gremial pues hay elementos programáticos y estratégicos, es decir constitutivos del proceder partidario, que creemos pudieron influir. ¿Contaba el PS con la estructura partidaria necesaria para lograr organizar a los obreros industriales? Podría pensarse que las condiciones de trabajo, de opresión patronal y de escasa organización gremial que presentaba ese proletariado requerían tácticas específicas que el PS no ofrecía: clandestinidad, militancia en los sitios de producción, creación de sindicatos, combatividad, entre otras. Además, y de mayor peso estratégico, ¿tenía el PS interés concreto en organizar a un sector del movimiento obrero que aún en los años treinta contaba con una alta proporción de extranjeros? Este interrogante se dirige a ponderar el énfasis partidario en priorizar el plano electoral y la lucha parlamentaria. Es decir, ¿en qué medida la voluntad de integración al sistema político que mostró el PS condicionó su capacidad de ofrecer una serie de repertorios que permitieran organizar a los trabajadores industriales? ¿Pudo la extraordinaria empresa parlamentaria, cultural y electoral del PS disponer una estructura partidaria que difícilmente podía, y quería, organizar a ese movimiento obrero industrial de características específicas?

Resta profundizar el carácter y la proporción en que lo señalado coadyuvó en los cuestionamientos, escisiones, incapacidad de oponer resistencia al avance comunista y, finalmente, debilitamiento de su fuerza sindical. De modo anexo, habría que analizar la manera en que ello pudo incidir en la pérdida de influencia con posterioridad a 1943 aunque en este caso, creemos, lo decisivo se encuentra en la potencialidad del fenómeno y en el apoyo estatal a la propuesta de construcción de un nuevo modelo gremial.

 

1. Tortti, María Cristina: Clase obrera, partido y sindicatos: estrategia socialista en los años ‘30, Serie Cuadernos de Historia Argentina, núm. 2, Buenos Aires, Biblos, 1989; Aricó, José: La hipótesis de Justo. Escritos sobre el socialismo en América Latina, Buenos Aires, Sudamericana, 1999.

2. Juan B. Justo: “La organización obrera y el Partido Socialista”, en Obras de Juan B. Justo, tomo 6, La realización del socialismo, Buenos Aires, La Vanguardia, 1947.

3. Camarero, Hernán: “Socialismo y movimiento sindical: una articulación débil. La COA y sus relaciones con el PS durante la década de 1920”, en Hernán Camarero y Carlos Miguel Herrera: El Partido Socialista en Argentina: sociedad, política e ideas a través de un siglo, Buenos Aires, Prometeo, 2005, pp. 185-217.

4. Un estudio de conjunto sobre el trabajo de base del socialismo y del resto de las corrientes políticas en: Diego Ceruso, La izquierda en la fábrica. La militancia obrera industrial en el lugar de trabajo, 1916-1943, Colección Archivos, Buenos Aires, Imago Mundi, 2015.

5. El PSO fue creado en 1937 tras el desarrollo y posterior ruptura de una línea de izquierda al interior del PS. De ella formaron parte importantes cuadros del sindicalismo socialista como Luis Ramicone y Joaquín Coca, ambos del gremio gráfico.

No comments

Te puede interesar

“Uno más de nosotros”

GUILLERMO ÁLVAREZ y GASTÓN RAMÍREZ - Número 23, septiembre 2015 - Conversamos con Cristian, trabajador de Obras Particulares, delegación Alto Comedero; Cholo, recolector de Alto ...