El rol político de la Iglesia en Cuba

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EDUARDO MOLINA

Staff revista Estrategia Internacional.

Número 20, junio 2015.

 

Desde 2011, la curia cubana viene jugando un papel creciente en la política interna de la Isla. De hecho, se ha convertido en la única gran institución tolerada como oposición e interlocutor privilegiado de la burocracia, a la que le conviene que ésta actúe canalizando y conteniendo los ánimos opositores, tanto de la derecha más recalcitrante, como entre los elementos de izquierda críticos del régimen.

Esto le ha permitido conquistar importantes posiciones: ya hace años contaba con doce sitios web, siete boletines electrónicos y docenas de pequeñas publicaciones a través de grupos y parroquias, 46 boletines y revistas a los cuales tenía acceso, directa o indirectamente, un cuarto de millón de personas [1]. Además, el gobierno ha autorizado procesiones y deja correr el culto a la Virgen del Cobre, “patrona de la Isla”, entre otros gestos conciliadores.

Para Samuel Farber, marxista norteamericano nacido en Cuba y especialista en la Isla, “la colaboración táctica de la jerarquía católica cubana”, apoyada por el Vaticano, “con el gobierno cubano es parte de una estrategia paciente y de largo plazo para ejercer su influencia en el contexto de un régimen en decadencia y para jugar un papel en la discusión de la ‘agenda de la transición'”.

El contenido de este posicionamiento puede entenderse en las tesis políticas que alberga Espacio laical, principal publicación del “Centro Cultural Padre Félix Varela”, en la órbita del Arzobispado de La Habana. Allí pueden leerse, por ejemplo, notas a favor de una oposición “leal” “fundamentalmente en dos cuestiones, atributos imprescindibles para la creación de un clima político donde fructifique ‘la concertación de voluntades’, de la que habla el padre Carlos Manuel: 1) la necesidad de ser ‘leales’ –en privado y en público– a un conjunto de actitudes que favorezcan la despolarización del campo político cubano y 2) de ser ‘leales’ al núcleo de ideas que dan fundamento al nacionalismo revolucionario cubano, a) por condensar el universo de aspiraciones y metas históricas de la nación cubana y b) por ser este una bisagra que podría potencialmente articular consensos en un amplio sector del espectro político nacional. Todo ello con el ‘oído puesto en tierra’, es decir, mirando a Cuba con realismo, con refinada atención a los balances de poder realmente existentes” [2].

El citado padre es Monseñor Carlos Manuel de Céspedes, para quien

 

…aunque las autoridades siempre insisten en que los eventuales cambios no acarrearán necesariamente cambios de signo político, y que todos se realizarán dentro del marco de un socialismo perfeccionado, me sorprendería que tuvieran lugar tales cambios reales, si son sustanciales y estructurales, sin “tocar” el sistema político. Las autoridades cubanas se expresan en términos de “mejorar el socialismo.

Algo así como el “socialismo del siglo XXI” al que se refieren con frecuencia algunos dirigentes políticos suramericanos […] acaso ese “socialismo del siglo XXI” no equivaldría a algo similar a lo que conocimos antaño como “social – democracia” en sus diversas versiones originales, aceptables para un espíritu democrático… [3].

 

O sea, la Iglesia se aviene a favorecer “una oposición leal” en una transición dirigida por el PC cubano, e incluso aceptan el mantenimiento del discurso socialista, a condición de que se reintroduzcan la propiedad privada y el capitalismo.

Además, una campaña central de la Iglesia es la reconciliación entre “la nación” y la “diáspora” de unos 1.300.000 cubanos en el exterior. La vieja emigración gusana en Estados Unidos, ferozmente anticastrista, también padece su “ocaso biológico” aunque el lobby cubano-estadounidense mantiene fuerte influencia económica y política. Los emigrados más jóvenes, salidos desde los años ‘80, tienen por el contrario más lazos con sus familias en la isla y una actitud más conciliadora. La influencia clerical proporciona un puente para el diálogo con este sector, incorporándolo a una dinámica de “reconciliación nacional”.


[1] Citado por Samuel Farber, en “La iglesia y la izquierda crítica en Cuba”, Nueva Sociedad 242, noviembre-diciembre, 2012.

[2] Espacio laical, febrero de 2014.

[3] Espacio laical, enero de 2014.

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