El recorrido histórico a El capital

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FEDERICO MANZONE

Número 18, abril 2015.

 

El capital de Marx es resultado de un recorrido que llevó varias décadas. Desde los manuscritos de 1844 hasta la inconclusa redacción de los tres tomos finalmente publicados, a los que debemos agregar las Teorías sobre la plusvalía editadas por Karl Kautsky, hubo un arduo proceso de investigación, así como de búsqueda de la mejor forma de exponer sus resultados.

Desde que abandonó su posición de “demócrata radical” y su profesión filosófica para comprometerse con la causa de la clase obrera, Marx fue, en primer lugar y antes que nada, un militante político. Su producción intelectual debe ser leída como expresión consciente de esa práctica militante, de sus medios y sus objetivos. En este artículo repasamos las condiciones históricas en las cuáles el Marx teórico y el Marx hombre de acción se plantea la crítica de la economía política como cuestión fundamental para la perspectiva estratégica de la emancipación del proletariado.

 

Revolución y contrarrevolución en Europa

Si se compara la primera mitad del siglo XIX con la segunda –en particular, con el primer cuarto de la segunda, que es el período en el que se gesta y sale a la luz el libro primero de El capital–, se pone de manifiesto un importante contraste: los primeros cincuenta años del siglo son años de profundos cambios y transformaciones en todos los órdenes de la vida social, son años revolucionarios; mientras que los años que le siguen, hasta el levantamiento revolucionario de la Comuna de París (y después de éste durante varias décadas más) si bien no están exentos de transformaciones –particularmente en el terreno económico– y algunas guerras, son años de repliegue del movimiento social y de conservadurismo político. Con la derrota de 1848, que no se consuma definitivamente hasta el aplastamiento de Italia y Hungría en 1849, en toda Europa retrocede la revolución política aunque avanza como nunca la revolución industrial. Según Hobsbawm, “la revolución industrial se traga a la revolución política” [1].

León Trotsky, en “A 90 años del Manifiesto Comunista” había hablado de cómo Marx y Engels subestimaron “las posibilidades futuras latentes en el capitalismo” y “confundieron los dolores de parto con la agonía” [2] del capitalismo. Hay que tener en cuenta que para la década de 1840, en Inglaterra recién estaba despuntando lo que se conoce como la segunda etapa de la revolución industrial, que es la etapa de las industrias pesadas, el carbón, el hierro, el acero, las grandes inversiones de capital, los ferrocarriles, etc.; es decir, recién se estaba saliendo de la crisis de la primera etapa de la producción fabril, en la que este sistema estaba todavía reducido a la industria del algodón. Para esta etapa el capital no se había apropiado plenamente del proceso de trabajo mismo transformando su forma y sus medios tradicionales, su presencia tampoco se había extendido a todas las industrias, todavía no se había desarrollado la competencia desenfrenada entre capitales, ni habían aflorado todavía todas las consecuencias de la forma de producción específicamente capitalista. Después de 1848, la burguesía de Europa continental, principalmente la francesa, aunque también en menor grado la alemana, vieron cómo las revoluciones derrotadas barrieron con numerosos escollos ampliando las posibilidades de desarrollo capitalista. Pero la burguesía veía esta perspectiva en la forma contradictoria en la que su propia posición social la colocaba: tenía claro cuánto representaban la monarquía, los derechos feudales, la gran propiedad… en resumen, toda la vieja sociedad, una traba para su desarrollo. Al mismo tiempo temía al proletariado: aunque habían luchado juntos contra las fuerzas contrarrevolucionarias, se trataba de una fuerza transformadora que podía amenazar al propio orden burgués. Si antes de la revolución podía ponerse un signo igual entre la “democracia” y la “revolución social”, esta expuso que las aspiraciones de la clase trabajadora no podían ser satisfechas sin liquidar a la propia burguesía. Esto explica por qué tras la revolución de 1848 la burguesía dejó de ser una clase revolucionaria. Esta situación es la que define en sus rasgos más generales el clima de época de los años en que Marx se aboca al estudio y la crítica de la ciencia económica. En el epílogo a la segunda edición alemana de El capital”, Marx encuentra en estas condiciones, que determinaron la llegada de la burguesía al poder en Alemania, la respuesta a por qué allí la economía política estaba condenada a ser una “ciencia extranjera”:

 

En Alemania, pues, el modo de producción capitalista alcanzó su madurez después de que su carácter antagónico se hubiera revelado tumultuosamente en Francia e Inglaterra a través de luchas históricas y cuando el proletariado alemán tenía ya una conciencia teórica de clase mucho más arraigada que la burguesía del país. Por lo tanto, apenas pareció que aquí llegaría a ser posible una ciencia burguesa de la economía política, la misma se había vuelto, una vez más, imposible [3].

 

Este peculiar desarrollo histórico de la sociedad alemana, había impedido el desarrollo de la economía “burguesa”, pero no de su crítica. Crítica que “no puede representar sino a la clase cuya misión histórica consiste en trastocar el modo de producción capitalista y finalmente abolir las clases: el proletariado” [4].

Luego de la derrota del movimiento revolucionario Marx y Engels se exilian en Inglaterra. Franz Mehring, al referirse en su clásica biografía a la vida de Marx como emigrado dice que aquellos días de destierro “señalaron casi matemáticamente el tránsito de la primera a la segunda mitad de su vida, e interiormente representan también un viraje en la vida y en la obra de Marx” [5]. En el prólogo que escribe Engels en 1895 a la reedición de La lucha de clases en Francia, lo que se conoce como su “testamento político”, éste intenta explicar el sentido del cambio acaecido en la práctica militante de Marx:

 

…a partir de la primavera de 1850, halló de nuevo el tiempo necesario para entregarse a estudios económicos y emprendió en primer término el estudio de la historia económica de los últimos diez años. De esta manera sacó de los mismos acontecimientos una representación completamente clara (…) a saber: que la crisis mundial del comercio en 1847 fue la verdadera madre de las revoluciones de febrero y de marzo, y que la prosperidad industrial, retornada poco a poco a partir de mediados de 1848, que alcanzó su pleno florecimiento en 1849 y 1850, fue la fuerza vivificadora de la cual la reacción europea extrajo nuevo vigor [6].

 

Replegado el movimiento político, Marx retoma los estudios económicos que había comenzado en París en 1844 y desarrollado hasta ser interrumpido por la revolución. No fueron únicamente la disponibilidad de tiempo o la imposibilidad de intervenir prácticamente en la lucha las causas que llevaron a Marx a retomar sus estudios económicos. En el ambiente de la “emigración” se estaba suscitando un debate entre los miembros de la Liga de los Comunistas, que desencadenará más tarde su ruptura, entre un ala voluntarista (Willich y Schapper) que pretendía reunir dinero y pertrechos para embarcarse hacia Alemania e iniciar ellos la insurrección, y Marx y Engels. Ellos, desde las páginas de la Nueva gaceta renana, cuya publicación sostuvieron en solitario en unos pocos números, realizaron un examen de conjunto de la situación histórica y llegaron al resultado de que “una nueva revolución es posible sólo después de una nueva crisis”. La aparición de una podía considerarse tan segura como la de la otra. Aunque un nuevo ascenso revolucionario tardaría un tiempo más en producirse, la crisis llegará en 1857. A partir de un análisis científico de las relaciones de producción capitalistas, Marx inicia la tarea de dotar al proletariado de los fundamentos que sirvan de base teórica para su futura acción política.

 

La crítica de la ciencia económica

El primer contacto de Marx con la economía política había sido temprano. Durante su exilio francés de 1843-1844 publica junto con Arnold Ruge los Anales franco-alemanes. Allí aparece el ensayo de Engels Esbozo de crítica de la economía política [7], en donde este critica a la ciencia económica desde la perspectiva de la abolición de la propiedad privada. Marx, que se encontraba embarcado en el estudio de la historia de la gran Revolución francesa y en la crítica de la filosofía del derecho de Hegel –pretendía desentrañar la relación histórica entre el Estado y la sociedad civil– encuentra en el ensayo de Engels un nuevo camino para la prosecución de sus estudios; el primer fruto de éstos serán los Manuscritos económico-filosóficos de 1844. Miseria de la filosofía, implacable polémica con Pierre-Joseph Proudhon de 1847, y Trabajo asalariado y capital, de 1849, plasman distintos avances de su estudio de la economía política. Durante el año 1851, nuevamente Marx se dedica a estudiar una amplia literatura económica. El 2 de abril le dice a Engels en una carta: “he avanzado tanto que, dentro de cinco semanas, habré terminado con toda esta porquería de la economía. Una vez hecho esto, redactaré en casa la economía política” [8].

De 1853 a 1857, la profunda pobreza en la que vivía y el deterioro en su salud le impiden a Marx continuar con los estudios científicos, teniendo que limitarse a trabajar para subsistir en la redacción de artículos para el periódico norteamericano New York Tribune. Durante esta época Marx se convierte en un especialista en numerosas cuestiones económicas, sociales, políticas e históricas. La crisis de 1857 lo incita a escribir los resultados de su investigación, sus famosos Grundrisse, obra a la que se dedica durante nueve meses entre julio de 1857 y marzo de 1858. En una de las cartas que envía a Lasalle, la del 22 de febrero de 1858, Marx explica en qué consiste el proyecto de su obra: “el trabajo de que se trata es la crítica de las categorías económicas, o bien, if you like, el sistema de la economía burguesa presentado en forma crítica. Es a la vez un cuadro del sistema, y la crítica de dicho sistema mediante un análisis del mismo” [9]. Para Marx las categorías de la economía política son “formas del pensar socialmente válidas, y por tanto objetivas, para las relaciones de producción” [10]. Esto significa que la economía política clásica, que Marx distingue de lo que va a llamar la economía vulgar, logra formular –aunque con contradicciones que no logra resolver– las leyes fundamentales de este modo de producción, aunque sin plantearse el carácter histórico de dichas leyes –a las que naturaliza– y velando que las relaciones de producción en las que se basa son relaciones de explotación. La economía política estudió el movimiento de las categorías económicas pero tomando como natural la enajenación que caracteriza a las relaciones económicas entre los hombres en esta sociedad, que Marx analiza con el concepto de fetichismo de la mercancía.

Para Marx la economía política remontaba sus inicios a William Petty en Inglaterra en el siglo XVII, y a Boisguillebert en Francia, siendo David Ricardo uno de sus últimos grandes representantes. Esta pudo mantener un estatus de “ciencia”, expresando positivamente el movimiento real, mientras la lucha de clases entre el capital y el trabajo se mantuvo “latente” o solo se “manifestó episódicamente” [11]; es decir que, mientras la burguesía luchó contra los privilegios feudales, la servidumbre y las instituciones del antiguo régimen, su producción intelectual pudo expresar el movimiento de la transformación histórica “objetivamente” y gozar de estatus científico, pero cuando su propio desarrollo hizo emerger antagónicamente al proletariado como materialización de las contradicciones sociales, el pensamiento burgués –que presentaba a los intereses burgueses y a las relaciones sociales burguesas como las relaciones “naturales” y “eternas”– se cristalizó como una ideología parcial y perdió todo carácter científico. La economía política cede el paso a la economía vulgar. Solo la crítica de la economía política, que ya en tiempos de Ricardo se le opone en la figura de Sismondi, puede seguir dando cuenta de las relaciones de producción capitalistas al mismo tiempo que plantea la necesidad de su superación.

La propia metodología científica de los economistas impedía develar el carácter histórico específico de la producción burguesa. En su introducción a los Grundrisse Marx critica la pretensión de algunos economistas de explicar las características de la producción burguesa abstrayendo inductivamente los rasgos comunes de las distintas formas de producción social a lo largo de la historia, para elaborar un concepto suprahistórico que dé cuenta de las condiciones generales de toda producción. Para Marx “cuando se habla de producción, se está hablando siempre de producción en un estadio determinado del desarrollo social”. Justamente, “las determinaciones que valen para la producción en general son precisamente las que deben ser separadas a fin de que no se olvide la diferencia esencial por atender sólo a la unidad”; es decir, es imposible explicar las formas históricas particulares de la producción social a partir de sus características generales, válidas para todos los tiempos. Si bien todos los estadios de la producción poseen características comunes, “las llamadas condiciones generales de toda producción no son más que momentos abstractos que no permiten comprender ningún nivel histórico concreto” [12].

Por el contrario, Marx penetra la apariencia “objetiva” y cosificada de las relaciones de producción capitalistas, exponiendo las contradicciones que desgarran a la totalidad que es la sociedad capitalista, y evidenciando que la producción burguesa es un estadio determinado de la producción material, es decir poniendo de relieve su carácter históricamente circunstanciado y transitorio. La economía política es presentada, así, como una ciencia históricamente condicionada que nace en este estadio de desarrollo de las relaciones sociales de producción como su complemento ideológico necesario.

 

Hacia El capital

Marx llega a develar el carácter histórico concreto de la producción burguesa a partir del análisis de la forma social específica que adquieren las relaciones entre los hombres en el proceso de producción: el producto social global del trabajo bajo el capitalismo aparece como resultado de la producción privada de muchos productores independientes, cuyo único contacto como productores se realiza al momento del intercambio; las relaciones entre los productores no requieren que éstos contemplen las necesidades de los demás, sino que cada uno calcula de forma privada el valor de sus propios productos para luego intercambiarlos por otros en el mercado, siendo por medio del intercambio de los productos que los trabajos privados se igualan y se socializan; las relaciones de producción adquieren un carácter objetivo y “cosificado”, ajeno a la voluntad de los productores.

Habiendo develado los supuestos históricos de la producción capitalista y de la conciencia científica que veía en ésta la “forma natural” de la producción social, Marx culmina el primer volumen de su obra máxima en agosto de 1867. En una carta a Becker, de abril de 1867, consideraba que su libro representaba “el más temible proyectil que se haya lanzado a la cabeza de los burgueses” [13].



[1] Eric Hobsbawm, La era del capital, Bs. As., Planeta, 2010, p. 14.

[2] León Trotsky, “A 90 años del Manifiesto Comunista”.

[3] Karl Marx, El capital. Crítica de la economía política. Tomo I, Bs. As., Siglo XXI, 1991, p. 15.

[4] Ibídem, p. 16.

[5] Franz Mehring. Carlos Marx, el fundador del socialismo científico, Bs. As., Claridad, 1965, p. 169.

[6] Friedrich Engels, “Introduccióna Karl Marx, La lucha de clases en Francia, Bs. As., Claridad, Bs. As., 1968, pp. 9-10.

[7] Arnold Ruge y Karl Marx, Los anales franco-alemanes, ediciones Martínez Roca S.A, 1970, Barcelona, pp. 117-148

[8] Karl Marx y Friedrich Engels, Cartas sobre “El capital”, Editorial de ciencias sociales, La Habana, 1976, p. 52.

[9] Ibídem, p. 88.

[10] Karl Marx, El capital, op. cit., p. 93.

[11] Ibídem, p. 13.

[12] Karl Marx, Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse) 1857-1858, Bs. As., Siglo XXI, 2011, pp. 5-8.

[13] Karl Marx y Friedrich Engels, op. cit., p. 157.

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