El nuevo consenso derechista y los desafíos del Frente de Izquierda

0
Share Button

 

CHRISTIAN CASTILLO

Número 16, diciembre 2014.

 

Se acerca el comienzo de un año 2015 que va a estar plagado de elecciones, a partir del desdoblamiento que va a realizarse en numerosas provincias entre las votaciones locales y las nacionales. Los políticos de las clases dominantes están realizando todo tipo de especulaciones para ver qué ventaja pueden sacar pegando o despegando elecciones entre provincia y nación

En Mendoza, por ejemplo, no solo el peronismo gobernante está planificando separar las PASO provinciales de las nacionales, sino que la intendencia radical de la capital de la provincia cuyana tendrá su propia fecha para las PASO y la “real” en lo que hace a cargos municipales. O sea, que la población de ese distrito puede tener que concurrir a las urnas nada menos que ¡seis veces! durante el 2015. Algo similar podría suceder en la Ciudad de Buenos Aires, en caso de haber segunda vuelta para elegir Jefe de Gobierno y Presidente de la Nación. Las distintas ingenierías electorales en curso obedecen a un cuadro contradictorio en cuanto a las definiciones de quienes competirán finalmente en octubre del año que viene. Por un lado aparecen tres candidaturas que concentran hoy la mayoría de la expectativa de voto (Scioli, Massa y Macri).

Y a la vez hoy no se sabe, a solo nueve meses de las PASO, cuáles serán las coaliciones políticas que finalmente terminarán compitiendo. En el oficialismo, Scioli parecería que terminará siendo finalmente el candidato del FPV a cambio de ceder las listas de diputados y senadores al “cristinismo duro”, pero nunca se sabe. En la oposición, el hecho de que nadie saque ventaja decisiva y que el gobierno mantenga una base propia relativamente importante (en torno al 30-35 %) provoca la paranoia de una derrota en primera vuelta frente al candidato del FPV, escenario hoy improbable pero no imposible, que explica el crecimiento de los planteos de una “gran interna” opositora entre Macri, Massa y los candidatos del alicaído FA-UNEN. Un planteo que tiene la fuerte contradicción de que según el sistema actual de las PASO las fórmulas presidenciales no se componen según el resultado de las internas, con lo cual el derrotado pierde todo y no puede ser candidato a nada si es vencido, lo cual desalienta este tipo de contienda. Cada uno de los tres bloques actuales de la oposición burguesa tiene fortalezas y debilidades relativas. Macri tuvo un salto en las encuestas pero cuenta con una debilísima inserción en la Provincia de Buenos Aires, donde se concentran cuatro de cada diez votantes a presidente. Massa es fuerte en “la provincia”, aunque sin candidato a gobernador “taquillero”, pero sin estructura nacional. El radicalismo, que encabeza el FA-UNEN junto al Partido Socialista, es fuerte en implantación territorial pero no tiene candidatos para pelear una segunda vuelta.
Esto explica la disputa entre Massa y Macri por seducir al radicalismo y los desgarramientos del partido centenario, que ha tomado la resolución de “no innovar” en la reciente cumbre partidaria de San Fernando, mientras cada candidato local se saca fotos con el candidato del PRO o del Frente Renovador correspondiente, al tiempo que ratifican su pertenencia al FAUNEN y prometen algún acuerdo programático para diciembre. Un panorama que presenta la contradictoria sensación de que nada parece alterar que la disputa será entre tres que muchas diferencias no tienen entre sí, o de que algo está por pasar y modificar el panorama antes de junio, cuando vence el plazo de inscripción de los candidatos.

El kirchnerismo y su aporte al consenso de derecha
El kirchnerismo termina su ciclo siendo parte del nuevo consenso derechista que impulsa la clase dominante. En sus inicios, la política K obedeció a la estrategia de pasivizar al movimiento de masas luego de la crisis de hegemonía que se expresó con toda su agudeza en diciembre de 2001. Para ganar legitimidad tuvo que levantar algunas de las banderas sostenidas por los movimientos de lucha de los trabajadores y el pueblo, y borrar toda huella de su pasado como parte del esquema de poder menemista en los ‘90. Tuvo éxito en esta empresa a partir de contar con una situación económica privilegiada que hasta el 2008 creó la ilusión de un modelo donde todos ganaban. Cooptó a una parte del progresismo y al movimiento de derechos humanos y estableció una alianza con la burocracia sindical (diez años de acuerdo con Moyano), permitiendo una recuperación del salario real de los trabajadores bajo convenio a los niveles previos a la devaluación del 2002, mientras la tasa de ganancia de los distintos sectores empresarios tiene una fuerte suba, con las exportaciones agrarias y la industria automotriz como motores, a los que después se sumó la alta rentabilidad del negocio bancario y financiero. Su base de poder territorial fue la misma que utilizó Menem, los gobernadores e intendentes “pejotistas”, ayer aliados a la Ucedé de los Alsogaray y en el kirchnerismo a la centroizquierda frepasista. A esto hay que agregar, sobre todo a partir de 2010 tras la muerte de Néstor Kirchner, la organización de un aparato más directamente “cristinista”, expresado en Unidos y Organizados (La Cámpora, Nuevo Encuentro, Kolina, Frente Transversal, etc.), y la consolidación de un sector con algo más de autonomía y juego propio como el Movimiento Evita, con estructuración territorial aunque en todos los casos sin presencia en el movimiento obrero y sin lograr peso decisivo en el movimiento estudiantil (no llegaron nunca a la dirección de ningún centro de estudiantes en la UBA).
Luego de la caída electoral en las elecciones legislativas de 2013, el gobierno parecía encaminado a tomar el programa que venían pregonando sus opositores de derecha. Devaluación en enero, acuerdos con Repsol, las empresas con juicios en el Ciadi y con el Club de París, aumentos salariales por debajo de la inflación, entrega de los hidrocarburos en Vaca Muerta… El insólito fallo del juez Griesa obligó a dar un rodeo a la perspectiva de un nuevo ciclo de endeudamiento y permitió al gobierno una puja donde se reubicaba discursivamente en defensa de la “patria” contra los “buitres”. Le permitió ganar apoyo en las encuestas a la vez que abonaba con sus planteos al nuevo consenso derechista que están tratando de imponer las clases dominantes. Por eso pasó de la imagen de Kirchner descolgando el cuadro de Videla a Cristina subiendo el del genocida Milani. Del discurso (no la práctica) de la “no represión” a Berni con los gendarmes tirando balas de goma y gas pimienta a los trabajadores de Lear y a quienes los apoyamos solidariamente. De la expropiación de Repsol y la recuperación de YPF a los pagos a la multinacional española a la entrega escandalosa del gas y del petróleo en los acuerdos con Chevron y en la nueva ley de hidrocarburos. De denunciar la complicidad de Bergoglio con la dictadura y apoyar la ley de matrimonio igualitario a rendir pleitesía al Vaticano y oponerse más que nunca al derecho al aborto legal, seguro y gratuito. De cuestionar a Mirtha Legrand por preguntar si se venía “el zurdaje” a utilizar a sus empresarios de medios amigos como Cristóbal López en C5N para mostrar a la patota del SMATA clamando por “fuera zurdos” en Lear y Gestamp. De los discursos de la “integración latinoamericana” a la expulsión de los “extranjeros que delinquen” establecida en el nuevo Código Procesal Penal.
Los intelectuales kirchneristas de “Carta Abierta” decían contra nosotros que el discurso de los primeros años de los Kirchner que tomaba banderas populares y hasta de “izquierda” no era algo producto de las circunstancias, sino de las convicciones del matrimonio gobernante. Ahora sostienen una lógica inversa. El derechismo que conduce a Scioli como el candidato presidencial más probable del FPV, discursos xenófobos y actos represivos varios incluidos, sería una imposición “de la sociedad”. Como se ve una impostura discursiva. Como bien señala en un post Fernando Rosso: “Cuando los gestos o las medidas aparentaban ir hacia la ‘izquierda’, los motores había que buscarlos en una férrea voluntad política que se colocaba a la vanguardia de la sociedad. Hoy que los giros son a la derecha y en el 2015 se puede dar un gran salto cualitativo en la misma dirección, hay que rastrear las responsabilidades y las causas últimas en los movimientos capilares de una sociedad empecinada en girar pendularmente y no ponerse a la altura del gobierno que la historia tuvo la generosidad de poner a su disposición. Cuando se va presuntamente hacia adelante, los méritos son del gobierno y del estado, cuando se producen supuestos retrocesos, la culpa es de la sociedad” (“Horacio González y un museo de la lengua”, 23-11-2014, disponible en: elviolentooficio.blogspot.com.ar).
Lo cierto es que los Kirchner, como buenos peronistas, siempre fueron políticos pragmáticos, que supieron estar con Menem y Cavallo en su momento y luego despotricar contra los ‘90 como si nada hubiera pasado. La pelea con los “fondos buitre” solamente disimuló un poco que Cristina es activa constructora de este nuevo sentido común reaccionario, que no es una imposición del destino sino una voluntad política para hacer pagar la crisis en curso al pueblo trabajador.
Massa, Macri, Cobos, Sanz, Binner, Scioli son los nombres propios con los cuales el poder económico se prepara a reemplazar a Cristina. Pero el derechismo de estas figuras y los programas que plantean se chocan con las expectativas de la clase obrera.

Las luchas de los trabajadores
Los trabajadores han dado sobradas muestras de que no quieren ser los patos de la boda después de una década en la cual los empresarios se “la llevaron en pala”. No quieren que la inflación siga carcomiéndose los salarios ni que continúen los altísimos niveles de precarización, ni que el impuesto al salario se siga llevando más de una aguinaldo de la franja que mejor gana de la clase obrera. Este año dos paros generales y un número importante de luchas parciales dieron cuenta de esto. Sin duda los 17 días de la huelga docente en la Provincia de Buenos Aires y la gran lucha contra los despidos en Lear (que ya lleva seis meses, el conflicto más duro y extendido en el tiempo en un sector industrial bajo el kirchnerismo) se cuentan entre los más destacados, así como la ocupación y puesta bajo gestión obrera en la ex Donnelley, hoy Madygraf. En particular con el conflicto de Lear, la Panamericana se convirtió en un verdadero centro de lucha contra los despidos y suspensiones, más allá del conflicto en sí mismo, ya que se mostró una voluntad de combate que hizo pensar dos veces a los empresarios antes de recurrir a los despidos masivos. Seis meses de una lucha donde los trabajadores, con nuestro partido poniendo todo para que la lucha triunfe, desplegaron un gran arsenal de métodos de acción. Un combate donde los trabajadores han tenido que confrontar con los distintos poderes del estado, que han sostenido el ataque patronal-burocrático-gubernamental.

El FIT y la pelea del 2015
En el 2015 las batallas de la lucha de clases van a estar entrelazadas con la contienda electoral. Desde el PTS, como parte del Frente de Izquierda y de los Trabajadores, participamos activamente este año en las luchas principales de la clase trabajadora, de la juventud y del movimiento de mujeres. Quienes tenemos cargos parlamentarios hemos estado acompañando estas peleas tanto en las calles como en el congreso y legislaturas, cumpliendo con el mandato recibido. Nuestro objetivo es construir una fuerza militante de decenas de miles de trabajadores y jóvenes, con peso de dirección en sindicatos y centros de estudiantes, capaz de movilizar centenares de miles para quebrar la voluntad de la clase dominante y su aparato de dominación. La batalla electoral que se avecina está al servicio de ese desafío estratégico.
El apoyo que se expresa al FIT en las encuestas pre electorales (especialmente en Mendoza, con Nicolás Del Caño, y Salta) muestras que una franja creciente de los trabajadores y la juventud no quieren seguir el derrotero derechista de los candidatos del sistema.
Con una campaña electoral anticipada por los candidatos patronales que vienen realizándola desde hace meses, desde el PTS hemos presentado nuestros principales precandidatos para discutir con las fuerzas que compartimos el Frente de Izquierda y de los Trabajadores, planteando la candidatura de Nicolás Del Caño a la presidencia. Consideramos que es un debate político para definir qué perfil y qué candidatos conviene presentar, y una discusión que no puede obturarse por decreto. Las relaciones de fuerza en la realidad política y dentro del Frente son cambiantes y en cada caso se debe debatir cuál es la mejor estrategia para enfrentar las coaliciones patronales.
El FIT no es un partido común sino un frente organizado alrededor de la defensa de la independencia política de los trabajadores y de un programa que plantea las principales demandas de los trabajadores y del conjunto de los sectores explotados y oprimidos, así como la lucha por un gobierno de los trabajadores. Pero que a su vez mantiene diferencias programáticas y de estrategia política que son públicas y conocidas por todos aquellos que siguen la trayectoria de la izquierda clasista en la Argentina. Para el PTS es una herramienta necesaria y que hay que defender, pero no suficiente en el marco de la lucha por un partido revolucionario. Es lógico y no debe irritar a nadie que haya divergencias en torno a quiénes serían los mejores candidatos para defender esta perspectiva. Este debate no tendría por qué debilitar al FIT sino todo lo contrario, muestra que no tenemos un falso monolitismo de aparato sino un debate franco entre distintas fuerzas políticas en torno a los medios para mejor expresar la batalla en común contra los candidatos de la burguesía. En el caso de la candidatura de Nicolás Del Caño, es tanto tratar de expresar el fenómeno que se ha dado en Mendoza (con un apoyo masivo de la juventud tanto trabajadora como estudiantil a su candidatura) en el terreno nacional, como su participación destacada en el apoyo a las luchas de los trabajadores, especialmente en el conflicto de Lear. Como hemos dicho públicamente, desde el PTS postulamos precandidatos para tratar de consensuar antes de las PASO con los otros integrantes del FIT como lo hicimos en 2011 y 2013, pero no consideramos ninguna tragedia si esto no se lograra y debiéramos dirimir en las PASO las candidaturas. Es siempre una opción posible que no hay que dramatizar.
Después de un año de intensa actividad política en todos los terrenos, nuestro partido va a realizar un gran acto en el Estadio Cubierto de Argentinos Juniors este 6 de diciembre, para que la fuerza de los trabajadores, la juventud y las mujeres se exprese en el Frente de Izquierda. Será una instancia para reflexionar junto a mucho de lo mejor de la vanguardia obrera y juvenil de nuestro país sobre lo hecho y anticipar las perspectivas del año que se viene. Manos a la obra.

VER PDF

No comments

Te puede interesar

Servidumbre y emancipación

  Sobre la filosofía de León Rozitchner GASTÓN GUTIÉRREZ Número 12, agosto 2014. VER PDF “Resulta cosa verdaderamente sorprendente, aunque sea tan común que más ...