El nido de la serpiente roja

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A 40 años de Villazo

OCTAVIO CRIVARO

Número 8, abril 2014.

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En marzo de 1974, la ciudad de Villa Constitución, vivió una de las más importantes luchas obreras y populares que se dieron en el convulsivo “momento político” que abrió el Cordobazo en 1969. Lo que comenzó como un proceso antiburocrático en defensa de las comisiones internas y delegados combativos de Acindar y de las fábricas de la región, y por la recuperación de la seccional de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), se convirtió en un cuestionamiento a la poderosa mafia sindical. Gesta como producto de la cual los militares nombrarían a Villa la “serpiente roja del Paraná” en sus operativos represivos.

 El Villazo volvió a poner en relieve la disputa entre sectores clasistas y antiburocráticos del movimiento obrero, por un lado, y la burocracia sindical y las empresas, del otro, puja que ya se había expresado en el clasismo del SITRAC y el SITRAM en Córdoba a principios de los ‘70. Además, acelera el proceso la separación de sectores obreros con el peronismo, que desde el gobierno redobla sus esfuerzos represivos y sincera su rol de sangriento “pacificador” al servicio del gran empresariado. La burocracia sindical toma al proceso de los metalúrgicos villenses como una afrenta a la que, a lo largo de más de un año, responde con todas las armas posibles. La virulencia con la que arremete, de hecho, choca contra toda visión pacifista de lo que significa “recuperar sindicatos” de manos de las burocracias conciliadoras.

Estas enormes tensiones que se concentran en Villa hacen de esta lucha una de las batallas estratégicas, decisivas, de la década del ‘70.

 

1969: el comienzo del ascenso revolucionario en Argentina

La lucha de los metalúrgicos de Villa se nutre de una época de ascenso en la movilización de las masas a escala internacional expresada en el Mayo Francés, en el Otoño caliente italiano, en la Primavera de Praga, en las movilizaciones en EE. UU. contra la invasión a Vietnam, etc. En nuestra América se produjo la lucha de los estudiantes mexicanos, el surgimiento de la Asamblea Popular en Bolivia, la emergencia de los llamados Cordones Industriales durante el proceso revolucionario chileno.

En nuestro país, la etapa que abre el Cordobazo, así como los dos Rosariazos que conmueven a Santa Fe, se dibuja en esta “mesa de arena”. Los sucesos en Córdoba dejaron herido de muerte al gobierno de Onganía y pusieron en jaque al “régimen libertador” surgido en 1955. Como respuesta a ello, desde 1971, el General Lanusse impulsa el llamado Gran Acuerdo Nacional, como una apertura controlada que incluía la convocatoria a elecciones. Perón rechaza esta política, impulsando la candidatura de Héctor José “el Tío” Cámpora, que logra un triunfo categórico y asume como presidente el 25 de mayo de 1973.

El gobierno de Cámpora expresa un “extendido acuerdo burgués, que incluye al mismo Perón, a las FF. AA., a todos los partidos políticos patronales, a la burocracia sindical y, en un principio, a la llamada Tendencia Revolucionaria de la Juventud Peronista (JP)”1. Una vez en el gobierno, y como continuidad de estas diversas formas de “contención y desvíos”, Cámpora y su ministro de Economía José Ber Gelbard (empresario y dirigente de la CGE, además de “militante” “comunista”) lanzan el llamado Pacto Social, frente a las primeras repercusiones (aún no agudas) de la crisis económica, que plantea un congelamiento de precios, un “alza general de salarios”, y suspende las paritarias por 24 meses elevando en 200 pesos mensuales los sueldos. El objetivo es frenar un proceso huelguístico y los reclamos “desmedidos” por parte de los trabajadores, lo cual incluyó palos a las organizaciones de vanguardia. Esta “gran política estatal” fue “heredada” por Juan Domingo Perón en su tercera presidencia.

El Villazo se convierte en una golpe hacia este Pacto Social. El peronismo derechizaba paulatinamente su política, y apuntaba sus cañones a los sectores de avanzada, tratando de torcer la relación de fuerzas a derecha. En estas tendencias se inscribe el Navarrazo, el golpe de estado policial con el que el Perón quiere normalizar a la insurrecta Córdoba2, entre otros hechos3. Un triunfo obrero y clasista como el del Villazo podía ser una bisagra, un hito alrededor del cual amplios sectores de vanguardia a nivel nacional se reagruparan, enfrentaran a la política de Pacto Social, tomaran las medidas para defenderse de los cada vez más furiosos ataques de la tripe A, y disputaran políticamente con la burocracia sindical peronista, cambiando el curso de los acontecimientos.

 

El origen del Villazo

A mediados de enero de 1973, luego de años de tensiones entre los metalúrgicos de Villa y la intervención puesta por la conducción nacional, se produce una reunión de delegados que lleva a cabo la elección de la Comisión Interna de los trabajadores de Acindar. La lista encabezada por Alberto Piccinini, que presentó a 5 delegados combativos, arrasa. A la cabeza, el Pichi saca 53 votos. La UOM de Lorenzo Miguel y la CGT de José Rucci no soportarían que se extienda este ejemplo de lucha y organización4.

La conducción nacional de la UOM convoca a elecciones en todas las seccionales, desde el 4 al 9 de marzo, excluyendo a la seccional Villa Constitución. Una provocación. En Villa, la oposición a la intervención del burócrata Trejo se organizó alrededor del MRS (Movimiento de Renovación Sindical, luego Lista Marrón), que tenía peso no solamente en Acindar, sino que también contaba con referentes de Marathon, Metcon y Villber, además de trabajadores de talleres. El 26 de enero, el MRS llama a una asamblea de más de 250 trabajadores metalúrgicos, para responder al incumplimiento por parte de la Intervención de convocar a un Congreso de delegados el 25 de enero, según lo indicaba el calendario electoral. Lorenzo Miguel quería evitar a toda costa una derrota porque “olía” que perdía la importante seccional villense5.

Como contragolpe, el Loro Miguel reemplaza a Trejo por dos burócratas de su “propia cosecha”: Lorenzo Oddone y Jorge Fernández. Los nuevos interventores recorren, en una clara provocación, la planta de Acindar, acompañados por Raúl Ranure, un reconocido carnero de la huelga derrotada de 1970. La reacción fue inmediata: se suceden tumultos e incluso hay secciones que paran. La UOM nacional responde, y toda la CI de Acindar, además de muchos delegados, son expulsados. Estalla así una histórica huelga que incorpora el método de la toma con rehenes, utilizado por los metalmecánicos clasistas de Córdoba, como una de las medidas de esta histórica lucha. Se encendía así la mecha del Villazo.

Aunque comienza como una acción defensiva contra las expulsiones, rápidamente la acción obrera agrega el fin de la intervención y la exigencia de una fecha certera para las elecciones del sindicato, lo que permite que Acindar logre hegemonía y dirija el reclamo del conjunto de los metalúrgicos, hartos de la intervención.

 

Resurge en Villa Constitución el movimiento obrero clasista

El 8 de marzo “comienza la historia”. El historiador Ernesto Rodríguez describe que ese día

 

… comenzó la toma de la fábrica Acindar, en donde más de 2.500 obreros demandaban el levantamiento de la sanción a los miembros de la CI y delegados, así como la inmediata convocatoria a elecciones. Al día siguiente fue ocupada Marathón, mientras que los obreros de Metcon realizaban una huelga de brazos caídos. En Acindar, los portones fueron cerrados y controlados por piquetes de obreros. El personal jerárquico no pudo abandonar la fábrica […] Ante la posibilidad de una intervención policial, en las calles internas se hicieron barricadas […] La huelga se extendió rápidamente a las ciudades vecinas, se adhirieron las fábricas Villber y Cilsa, los portuarios, los transportistas, los aceiteros, la Asociación del Magisterio de la provincia de Santa Fe, la Asociación Bancaria y el Centro Comercial e Industrial; llegando adhesiones de organizaciones y sindicatos de todo el país6.

 

Se trató de un verdadero levantamiento antiburocrático del conjunto de la región, un continuador del clasismo del SITRAC y el SITRAM de Córdoba. Otro de los elementos decisivos con el que contaron los obreros fue el impresionante apoyo popular: en Villa, por el impactante peso social de la industria y de los trabajadores metalúrgicos, todo conflicto en el “acero”, es por definición un conflicto que involucra a toda la comunidad7.

La burocracia sindical metalúrgica, por su lado, al tener durante varios años una política “negativa” de intervención de la seccional, no logra hacerse de una base social sólida que le permita tener una política hegemónica. De esa forma, aun sin dirigir el sindicato formalmente, los sectores combativos pusieron en movimiento batallones fundamentales de obreros metalúrgicos que dirigían “de hecho”, arrinconando a la burocracia sindical y a la empresa. 6 mil obreros participaban de las asambleas de esta enorme “huelga salvaje”.

 

Un contundente triunfo de la huelga obrera, con solidaridad popular y de otros trabajadores

A 6 días de haberse iniciado la histórica huelga metalúrgica, los obreros combativos derrotan a Lorenzo Miguel y se quedan con un triunfo resonante: cae la odiada intervención de Fernández y Oddone, se decide la conformación de una Comisión Normalizadora y se compromete la convocatoria a elección de delegados en un plazo de 45 días y la entrega del sindicato en un plazo de 120 días. Además, ni empresa, ni Ministerio ni policías tomarían represalias. Este acuerdo fue refrendado por el propio ministro de Trabajo Otero.

La magnitud de esta verdadera victoria antiburocrática y combativa se vio refrendada por una colosal manifestación obrera y popular de festejo: unas 12 mil personas (enorme en sí mismo, pero sobre todo en relación a la población villense total, 25 mil personas para ese entonces) marchan por las calles de Villa Constitución como forma de festejo el sábado 16 de marzo.

 

El Plenario en el Club Riberas del Paraná

El Villazo triunfó. Se trataba de una de las más categóricas derrotas del gobierno peronista y de la burocracia sindical. La situación que el peronismo de derecha quería solidificar con el Navarrazo y el comienzo de los ataques a la vanguardia, encontró en Villa un límite protagonizado por sectores clasistas de los trabajadores que apelaron a métodos radicales de lucha. Esto podría ser una contratendencia a la derrota que habían sufrido los sectores combativos en la provincia del Cordobazo. De multiplicarse el ejemplo del Villazo, arrebatando los sindicatos a la mafia que los usurpaba, la burocracia sindical tendría frente a sí una amenaza seria a su poder, la política de Pacto Social tendría una oposición abierta y el peronismo de conjunto entraría en crisis por izquierda. Eso era, nada menos, lo que se había puesto en juego.

A partir de ese momento comienza la puja para que se cumpla el acuerdo, para lo cual la conducción del Villazo convoca a un plenario nacional antiburocrático para el 20 de abril. Ese día, se juntan miles de delegados y activistas de todo el país en torno a los metalúrgicos que triunfaron frente a lo más poderoso de la burocracia sindical. Entre ellos se encontraban los dirigentes más reconocidos del sindicalismo combativo: Alberto Piccinini, Agustín Tosco de Luz y Fuerza Córdoba, René Salamanca del SMATA Córdoba, Ferraresi de Farmacia, Jaime de la CGT Salta, entre otros. La JTP-Montoneros no quería enfrentarse a Perón ni romper el pacto social, por lo que boicoteó el Plenario. A pesar de su “gauchada”, el General ya no los tenía en sus planes y apenas 10 días después, en el acto por el 1º de mayo, los echa de la Plaza de Mayo, dando rienda suelta a la derecha peronista.

El Plenario, sin embargo, no toma ninguna resolución contra el Pacto Social. La conducción villense y Tosco explican que esta reunión había sido convocada solo para apoyar a los metalúrgicos de Villa y para imponer que se cumpla el compromiso de elecciones en esta seccional de la UOM. Se opusieron, de ese modo, a que surja cualquier instancia de coordinación nacional para organizar a los sectores en lucha y antiburocráticos, y enfrentar al Pacto Social. Solo el trotskista PST y otros grupos plantearon la formación de una Coordinadora, pero los principales dirigentes se negaron y lo consideraron “prematuro”. Piccinini y los dirigentes sindicales más reconocidos, no querían tensar las cosas con Montoneros, que no querían enfrentar a Perón. Sin embargo, ¿qué otra política era la correcta frente al giro derechista de Perón y la creciente actividad de la derecha sindical y la Triple A? Una delegada docente y militante del PST que participó del Plenario relata que

 

… existían condiciones para hacer esta coordinadora, estaban Luz y Fuerza de Tosco, los sindicatos docentes combativos, Villa Constitución, más miles de delegados y direcciones antiburocráticas que habían surgido […]: podía ser un nucleamiento sindical y político muy importante. El papel central lo iban a cumplir Piccinini y las direcciones que tenían peso de sindicatos enteros como Luz y Fuerza, pero podría haber jugado un rol importante hacia el Gran Buenos Aires, porque –como se va a demostrar cuando empiezan a surgir las coordinadoras– había desplazamientos de comisiones internas […]. Había muchas direcciones combativas que podrían haber formado una coordinadora que, inclusive, como se vio en el segundo Villazo, habría podido jugar un rol mucho más que activo en la defensa de Villa Constitución8.

 

La importancia de la Coordinadora

Como se ve, la discusión sobre la coordinadora no es para hacer un fetiche sino que responde a una cuestión estratégica: el Villazo había dejado planteada la posibilidad de reagrupar a todos aquellos sindicatos, comisiones internas, agrupaciones y sectores combativos que enfrentaban a los empresarios y a la burocracia sindical, además de discutir la defensa de las organizaciones obreras atacadas por la derecha peronista. Un organismo así podría llamar a todas las organizaciones de base, empezando por las orientadas por la JTP y la izquierda peronista, a reagruparse para enfrentar al Pacto Social y a los ataques de la Triple A, organización repudiada por un amplio espectro sindical y político. La puesta en pie de un organismo así abría, nada menos, que la posibilidad histórica de contar con un embrión de frente único obrero democrático, una amenaza letal para la burocracia sindical. A pesar del Navarrazo, con el surgimiento de la Coordinadora, la clase trabajadora y sus destacamentos avanzados habrían creado otras condiciones para enfrentar los ataques concertados del Estado, burocracia sindical y patronales (con la triple A a la cabeza) que golpearían a buena parte de los sectores clasistas, impidiendo que estos empalmen con el ascenso que se produciría en el año ‘75 con epicentro en GBA.

Más aún: tomando como eje, como hizo la conducción villense, el sostenimiento de los sectores protagonistas del Villazo y el objetivo de recuperar la seccional de la UOM, algo fundamental, también para ello era imprescindible contagiar y organizar, coordinando nacionalmente, a una amplia vanguardia que seguía los pasos de los metalúrgicos. No se podía sostener una “fortaleza sitiada”.

Sin embargo la política de lanzar una coordinadora nacional fue rechazada y se perdió una oportunidad histórica. Este error, por supuesto, se pagó caro: luego de la muerte de Perón se exacerba la actividad sanguinaria de estos sectores de la derecha peronista, que tienen como víctimas a activistas, sindicalistas combativos y militantes políticos.

En Villa, la burocracia sindical pone palos en la rueda hasta el último momento, al calor de una derechización creciente del peronismo, sobre todo a partir de la muerte de Perón el 1º de julio de 1974. La economía se degradaba, la situación social entre los trabajadores se hacía más convulsiva y la Triple A extendía su labor mortífera. En noviembre de 1974 los sectores clasistas ganan la seccional de la UOM en Villa, pero inmediatamente la burocracia de Miguel preparaba la vendetta.

En 1975 todas las condiciones económicas y políticas se tensan y estallan abiertamente. Se imponía, para el gobierno peronista y la burocracia sindical, derrotar al Villazo lo antes posible. Pero esa ya es otra historia.

 

1. Werner, Ruth y Aguirre, Facundo, Insurgencia Obrera en la Argentina 1969-1976. Clasismo, coordinadoras interfabriles y estrategias de la izquierda, Buenos Aires, Ediciones IPS, 2007.

2. El 28 de febrero de 1974, el jefe de policía de la provincia de Córdoba, Antonio Navarro, depone al gobernador Obregón Cano y al vicegobernador Atilio López (alineados con el sindicalismo combativo y la izquierda peronista). Se impone, de hecho, un estado de sitio garantizado por la policía con el auxilio de grupos armados civiles. El “Navarrazo”, fue impulsado abiertamente por Perón con el aval de la patronal y la burocracia sindical. Este golpe buscaba liquidar a la vanguardia obrera, estudiantil y popular que se venía desarrollando desde el Cordobazo.

3. Incluso estas intentonas derechizantes se dan en un momento en el que a nivel del subcontinente latinoamericano la clase dominante buscaba derrotar el ascenso de la década del ‘70, como se ve en Chile con Pinochet. En Argentina aún no estaba resuelta la relación de fuerzas, por lo que el Villazo puede torcer, en uno u otro sentido, la situación política.

4. Para un análisis del rol de los sindicatos en argentina en relación al Estado, ver la nota Rosso, Fernando y Dal Maso, Juan, “Los sindicatos y la estrategia”, Ideas de Izquierda 6, diciembre de 2013.

5. Hechos y protagonistas de las luchas obreras argentinas. La lucha por la Democracia Sindical en la UOM de VILLA CONSTITUCIÓN, editado por la UOM Seccional Villa Constitución, marzo de 1985, p. 9.

6. Rodríguez, Ernesto, “El Villazo”, publicación Instituto Superior del Profesorado Nº 3 “Eduardo Lafferriere”.

7. En el Censo de 1964 demuestra que “en la rama de industrias metálicas básicas encontramos que el 0,8 % (4 casos) de los establecimientos concentran el 59 % del personal ocupado, el 79 % de los sueldos y salarios, el 73 % del valor de los productos elaborados, el 84 % de los combustibles y lubricantes consumidos y el 74 % del valor de la materia prima empleada”. Rospitti, Agustín y Videla, Oscar, “La conformación de una comunidad obrera en Villa Constitución a lo largo de los ciclos de su desarrollo”, Cuadernos del Ciesal 11, Año 9, enero-diciembre 2012, p. 47.

8. Entrevista a Susana Sacchi, en Werner, Ruth y Aguirre, Facundo, op. cit., pp. 221-222.

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