El movimiento obrero en La Matanza: entre el relato kirchnerista y la precarización real

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LETIZIA VALEIRAS

Socióloga.

Número 20, junio 2015.

 

En los ‘90 La Matanza era conocida como la “capital del desempleo”. Tierra de indicadores socioeconómicos negativos y cementerio de fábricas. La concentración industrial que había antes de la dictadura, se convirtió en un vaciamiento casi total con cierre masivo de fábricas y talleres. La desocupación superaba el 22 % y la pobreza alcanzaba a más del 50 % de la población.

Fernando Espinoza, intendente desde hace 10 años, que en la actualidad aspira a ser gobernador de la provincia de Buenos Aires, anunció durante el 1° Congreso Internacional de Responsabilidad Social, que el distrito cuenta con 7.000 industrias y que debería considerarse ahora la “capital industrial de la Argentina”. Lo que no dijo es cuáles son las condiciones de ese proceso de “reindustrialización” y de recuperación del empleo.

 

La Matanza industrial: un enorme territorio de pequeños talleres

Según una Encuesta de Indicadores del Mercado de Trabajo en los Municipios de la Provincia de Buenos Aires, realizada en La Matanza en noviembre de 2011 [1], un 20,9 % de los trabajadores se dedican al comercio y las reparaciones, un 15,9 % a los servicios comunitarios y personales, 11,7 % al transporte y el almacenamiento, la industria ocupa a un 10,9 % de los trabajadores (por debajo de la media del resto del GBA) mientras que la construcción, otro rubro importante, emplea a un 10,6 %.

Cabe destacar que, aún con su enorme dispersión, si sumamos a los trabajadores del transporte y almacenamiento y a los obreros industriales, en La Matanza hay cerca de 240.000 obreros y obreras. Eso, sumado al 4,7 % que representan los docentes y trabajadores de la salud y servicios sociales, al 6,5 % de mujeres que trabajan en el servicio doméstico, y a la construcción, nos deja una cifra que supera el medio millón de trabajadores de la industria y los servicios.

Según una investigación realizada por el Observatorio Social de la Universidad Nacional de La Matanza, en 2009 poco más del 75 % del empleo en la región se concentraba en empresas con menos de 40 trabajadores, incluyendo a los emprendimientos por cuenta propia, entre los cuales el 36,4 % de los asalariados trabaja en establecimientos con no más de 6 obreros.

En el año 2006 el partido de La Matanza fue declarado Capital Nacional de Calzado. Habla por sí mismo el hecho de que sea ésta una de las principales ramas de la producción industrial regional, que implica por un lado un nivel muy bajo de la productividad del trabajo y de valor agregado y, por otro, índices altísimos de precarización laboral. El sindicato que agrupa a los pocos trabajadores del calzado que hay registrados es uno de los que inició su actividad en la dictadura, en 1977. Tiene 4.000 afiliados, casi la mitad de los 9.000 que tienen a nivel nacional. Sin ninguna empresa mediana o grande conocida en la zona (según el sindicato, hay sólo 5 empresas de más de 200 trabajadores) llega a producirse más del 50 % del calzado del país y se cuenta al 60 % de la fábricas del sector: pequeños talleres que se cuentan por cientos (hay al menos 400 declarados), donde el trabajo esclavo [2] y enormemente precario son moneda corriente.

Un ejemplo ilustra el cuadro general: si durante los ’70, la industria textil matancera estaba concentrada en la reconocida y combativa Textil Oeste, que nucleaba a 6.000 trabajadores y trabajadoras del sector, hoy la famosa feria de La Salada, ubicada en el límite entre Lomas de Zamora y La Matanza, emplea a 6.000 personas, en este caso vendedores, factura 150 millones de pesos por día y se nutre del trabajo de 30.000 talleres clandestinos, una parte de ellos ubicados en La Matanza, según la denuncia de la ONG La Alameda.

También se destacan la industria metalúrgica y la de la construcción, y encontramos además varias empresas medianas conocidas de la rama de la alimentación (emplea unos 2.000 trabajadores en 17 empresas; las más grandes de ellas concentran 800 obreros: 5 Hispanos, Trio, Don Satur y Suschen), el plástico y gráficas (con AGM e Interpack como las más importantes). En el caso de la construcción existen menos datos por la enorme descentralización; cuenta con al menos 8.000 afiliados y solo 83 delegados para todos ellos, la alimentación es de las ramas más precarias, con trabajadores en su mayoría menores de 35 años. Es un secreto a voces que lo que abunda son las horas extras “opcionales”, los pagos en negro por parte de las empresas para “ahorrar costos” y sistemas de suspensiones permanentes con el mismo fin, el trabajo nocturno cuyo plus por insalubridad no se paga o se paga en negro, enfermedades laborales no reconocidas por las ART, etc.

El peso de la UOM es muy importante, con al menos 150 fábricas y talleres (donde más de 100 de ellas agrupan cerca de 300 delegados, producto de una política ofensiva por parte de la dirección del sindicato local, de Carlos Gdansky –hoy diputado nacional por el FPV– y Hugo Melo) tienen en la zona 18 mil de los 280 mil afiliados que hay a nivel nacional, un número que está lejos de los 40 mil que se contaban en 1975. A pesar de ser el sector donde se concentra la mayoría de los trabajadores calificados de la región (además de la automotriz Mercedes Benz), al igual que el resto, la producción está muy descentralizada: hay solo 3 fábricas de más de 400 trabajadores (ninguna llega a los 1000), que son las más importantes del gremio (Acindar, Dema, CGR); otras 4 de entre 200 y 400, y unas 10 de hasta 200. El resto, de menos de 100 trabajadores, conforman la gran mayoría.

La única gran empresa de la zona, y la más importante, es la automotriz de origen alemán Mercedes Benz, donde 2000 obreros producen 24.000 unidades por año. Es una de las pocas que quedan en pie con una historia de lucha y organización de sus trabajadores durante los ’70. La otra destacada es la ex Jabón Federal, hoy Alicorp, que a través de su comisión interna combativa sigue manteniendo viva esa tradición.

Hace ya 6 años, el gobierno de CFK inauguró en Virrey del Pino, sobre la Ruta 3, un parque industrial provisto de una infraestructura para emplear a más de 10 mil trabajadores, con más de 200 parcelas. La creación de un parque industrial con muy pocas industrias, a pesar de las exenciones por 10 años a los empresarios en tasas municipales y por tres en las provinciales, a modo de subsidio, constituye una paradoja de “La Matanza industrial”.

 

Capital de la industria… precaria

Aún con el crecimiento económico durante los años del kirchnerismo, los índices desfavorables no terminaron de revertirse: la desocupación sigue superando las dos cifras, y entre los motivos más frecuentes del desempleo se encuentran los despidos (25,9 %) y la “falta de trabajo” (24,3 %); un 24 % de la población vive hoy bajo la línea de pobreza. La “reindustrialización” promovida por el kirchnerismo vino de la mano de altísimos índices de precariedad. Algunas de sus emblemáticas fábricas reabrieron, pero reduciendo la cantidad de trabajadores, y se pusieron en pie miles de pequeños talleres en sus principales localidades, donde reina el trabajo sin registrar, los contratos por pocos meses y la tercerización.

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Al 18,6 % que suman los trabajadores desocupados y subocupados, hay que agregarle otro porcentaje característico: el 38,2 % de los trabajadores está sobreocupado, es decir, con horas extras, trabajo nocturno, sin días de descanso los fines de semana y jornadas laborales que rondan entre las 9 y las 12 hs. Además, entre la Población Económicamente Activa –PEA– (1.116.705 personas), el 64 % no cuenta con obra social y depende del sistema de salud público que cuenta con solo dos hospitales en el distrito, que no escapan a la magra realidad presupuestaria e infraestructural de la salud pública bonaerense.

Según datos oficiales del año 2009, la precarización laboral ascendía al 40 %. A fines del 2011, la encuesta del Ministerio de Trabajo, estimaba esta cifra en un 53,8 %, que implica a un 79,4 % de los cuentapropistas y a un 46,2 % para los asalariados. Más de la mitad de ellos trabaja en talleres muy pequeños, de menos de 6 empleados, y tienen un nivel muy bajo de calificación [3].

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La precarización está directamente asociada a esta dispersión en pequeños talleres. En los más chicos prácticamente 7 de cada 10 asalariados trabajan en condiciones precarias, cifra que baja al 34,3 % en los medianos para llegar finalmente al 10,3 % en los establecimientos más grandes.

Otro dato significativo es que hay un 18,5 % de trabajadores ocupados que busca otro empleo. La principal razón esgrimida son los bajos ingresos: resulta que más del 40 % de los trabajadores ocupados ganan menos que el salario mínimo y el porcentaje que no alcanza la canasta básica supera el 60 % [4].

En el gremio metalúrgico, la precarización en las fábricas más grandes ronda en un 20-30 %: son trabajadores contratados por agencia, que pocas veces quedan efectivos y que forman una enorme masa de “trabajadores descartables”, en su mayoría jóvenes, que van rotando de fábrica en fábrica cada 3 o 6 meses. En las fábricas grandes el trabajo sin registrar es poco, pero abunda en los talleres, donde el control por parte del estado es insuficiente, cuando no cómplice, y gran parte de sus obreros son registrados sólo por media jornada, cuando trabajan jornadas completas, muchas veces superando las 8 horas diarias.

Entre las mujeres, concentradas en las ramas del comercio, la educación y la salud, el servicio doméstico y la industria, la desocupación y la precarización laboral duplican a la de los hombres. Y es casi tan alta como en el segmento de jóvenes trabajadores menores de 30 años. Lo mismo ocurre con el nivel de ingresos, que es aún más bajo entre las mujeres y la juventud.

 

Eppur si muove

Aún con esta enorme dispersión territorial y en pequeños talleres, y considerando los índices de precarización laboral, todo lo cual vuelve más difícil la organización de los trabajadores, el movimiento obrero del distrito, aunque a un ritmo más lento, fue parte del fenómeno nacional de emergencia y recomposición de la clase trabajadora y del surgimiento de una nueva generación obrera al interior de las fábricas y los lugares de trabajo, muchas veces de la mano de la izquierda [5].

Los trabajadores industriales de la zona, que superan el medio millón y que en su mayoría son jóvenes sin experiencia sindical, han dado algunos pasos en su organización independiente. Ese proceso los enfrenta con las direcciones burocráticas de los sindicatos que, en sobre todo en las fábricas más grandes, mantienen acuerdos con los empresarios para evitar el surgimiento de delegados combativos que respeten y defiendan los intereses de sus compañeros.

La experiencia de los jóvenes trabajadores de la ex Jabón Federal, hoy Alicorp, durante el 2005 y 2006, fue pionera en la expresión en la zona del sindicalismo de base. Un largo proceso de organización de una comisión interna, luego de más de una década sin representación, culminó con la elección de Franco Villalba –dirigente PTS, que al día de hoy sigue siendo parte de la interna de la fábrica. Durante el proceso se sucedieron una serie de ataques por parte de la empresa, incluyendo el despido de Villalba y de gran parte del activismo, lo que fue respondido por parte de los trabajadores con distintas medidas de lucha en defensa de sus delegados y de las conquistas obtenidas: paros, cortes en Camino de Cintura, movilizaciones a CABA, conquistando apoyos varios, etc. Al día de hoy, continúa siendo parte de las comisiones internas combativas y de izquierda de la zona, junto con la de la gráfica Interpack, influenciada por el Partido Obrero.

En la industria metalúrgica se da una situación algo diferente: la UOM, en acuerdo con los empresarios de las fábricas más importantes, permite -no sin regimentación- la existencia de delegados de base, lo que constituye un botón de muestra respecto de la centralidad del gremio en la zona, y de la importancia y potencialidad que tiene la tradición de sus trabajadores. La UOM Matanza es una seccional que se muestra como unitaria, participativa y “progresista”, tiene casi 300 delegados de base [6], en su mayoría jóvenes menores de 35 años [7], publica un boletín de actualidad dirigido a la juventud que busca organizar, realiza plenarios de delegados periódicamente y organiza un movimiento de trabajadores ligado al FPV, que busca extenderse territorialmente, a través de la colaboración en centros culturales y deportivos y escuelas de formación profesional. Aún con este “armado” que busca contener a los trabajadores del sector, durante los últimos años se expresaron muchas voces independientes y ligadas a la izquierda en el gremio: en una de las empresas más importantes, CGR, se eligió el año pasado una comisión interna compuesta por delegados independientes, que no responden a ninguna de las listas de los dirigentes del sindicato local, a pesar de los intentos de los directivos de la empresa y de los dirigentes de la UOM de impedir la elección. El fantasma de los delegados “de izquierda, que estaban con los trabajadores de Lear” con el que buscaron atemorizar a los trabajadores, surtió el efecto contrario: la base eligió masivamente a quienes consideraban sus propios representantes, y se logró revertir la maniobra patronal-sindical.

Asimismo, en un gremio con enormes dificultades para la organización como es camioneros, y en el que Moyano asegura que “no crece la izquierda porque hay reivindicaciones”, han surgido voces opositoras en La Matanza, asambleas por sector e intentos de elegir sus propios delegados, contra las persecuciones y el amedrentamiento que sufren a diario. Un sector de ellos organizó una agrupación clasista, junto a trabajadores del PTS y muchos han votado incluso al Frente de Izquierda en las últimas elecciones. Algo similar ocurrió entre trabajadores de la salud del sanatorio de camioneros en San Justo.

Aunque se trata de un caso que, en sí mismo, excede los límites de este artículo, es menester mencionar al Suteba recuperado por sus trabajadores hace 2 años por una lista Multicolor, en la que participan todas las organizaciones de izquierda de la región. Un sindicato que agrupa a 10.000 de los más de 20.000 docentes del distrito, que a través de las escuelas tienen, por un lado, múltiples lazos con los obreros y sectores populares, y por otro, al ser parte de una misma lista de varias seccionales recuperadas, muchas de ellas en la zona norte, donde están las experiencias más avanzadas, se convierte en un factor indispensable para pensar la emergencia del movimiento obrero en la región. Los docentes constituyen, de este modo, un engranaje clave entre los obreros industriales, los jóvenes trabajadores más precarizados, y los sectores populares.

Es necesario nombrar dos casos más que forman parte del fenómeno del sindicalismo de base en la zona oeste, aunque no pertenezcan estrictamente al distrito de La Matanza: la seccional Haedo del ferrocarril Sarmiento, que dirige Rubén “Pollo” Sobrero, y la empresa de transporte Ecotrans, perteneciente al grupo Cirigliano, que cuenta con un cuerpo de delegados combativo.

Estos ejemplos dan cuenta de que, aun a pesar de las dificultades y las condiciones más adversas que intentamos reflejar sucintamente en este artículo, existe un proceso efectivo, aunque paciente, de recomposición y organización de los trabajadores en el distrito. La precariedad, subocupación y segmentación espacial registradas no constituyen nunca una garantía de paz para las patronales del distrito. La dinámica general descripta confluye en parte con el fenómeno nacional de reorganización obrera, que se expresa más profundamente en la zona norte del GBA, y que pone en cuestión, aunque aún a nivel de fábricas, el poder de la burocracia sindical y el despotismo patronal.



[1] Las estadísticas más recientes con indicadores laborales específicas para el distrito son de esa fecha.

[2] La comunidad boliviana asentada en la localidad de Villa Madero es la que más sufre este nivel extremo de precarización laboral.

[3] Según el trabajo del Observatorio Social de la UNLaM, la proporción de ocupados en tareas profesionales o técnicas apenas superan el 6 % del total. A modo de comparación, en el conjunto del conurbano bonaerense esta proporción supera el 13 % de los ocupados.

[4] Además sólo un 7,5 % de la población de La Matanza recibe la asignación universal por hijo, mientras que hay un 23,3 % que tiene hijos menores de 18 años o discapacitados y no la recibe.

[5] En La Matanza por ejemplo, de 953 mil electores, 36 mil votaron a Christian Castillo, del PTS, como diputado provincial por el Frente de Izquierda, en las últimas elecciones en octubre de 2013.

[6] Muchos de ellos responden a alguna de las 5 listas en las que están divididas los dirigentes del sindicato, pero hay entre ellos un importante sector independiente, el más joven en edad, entre los que tiene cierta influencia la izquierda.

[7] El promedio de edad, según informan en el sindicato, de los trabajadores del gremio bajó a 35-40 años, y entre los delegados se expresa mayoritariamente este sector.

GBA

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