“El marxismo es mucho más que un método crítico”

4
Share Button

Eagleton-ILUST-TAPA

N.4, octubre de 2013.

VER PDF

Presentamos una entrevista exclusiva a Terry Eagleton, crítico literario marxista y escritor, sobre uno de sus últimos libros, The event of literature. Además de exponer algunas de las ideas centrales de este libro, el autor nos remite a conceptos tratados ya en otros trabajos publicados en castellano, como La estética como ideología, Después de la teoría o Por qué Marx tenía razón.

IdZ: Su libro The event of literature plantea que la teoría literaria ha estado en declinación durante los últimos 20 años, y que históricamente existe una relación entre las vicisitudes de la teoría y determinados momentos de conflictividad social. ¿Por qué cree que la teoría se desarrolla y alcanza sus picos más altos en períodos en que la conflictividad social es mayor?

En nuestra época, la teoría literaria alcanzó su punto más álgido, a grandes rasgos, en un momento en el cual la izquierda política se encontraba en ascenso. Hubo un auge de dicha teoría en el período que abarca, aproximadamente, desde 1965 hasta mediados o finales de la década de 1970, lo que coincide más o menos con el momento en el que la izquierda era mucho más militante, y tenía mayor confianza en sí misma, que en la actualidad. De 1980 en adelante, con el endurecido control del capitalismo postindustrial avanzado, estas producciones teóricas empezaron a ceder lugar al posmodernismo, que entre otras cosas es –como lo ha señalado Fredric Jameson– la ideología del capitalismo tardío.

La teoría radical no se ha desvanecido, es cierto, pero fue empujada hacia los márgenes, y gradualmente se fue volviendo menos popular entre los estudiantes. Las grandes excepciones a esto fueron el feminismo, que continuó atrayendo una gran cantidad de interés, y el poscolonialismo, que se convirtió en algo así como una industria en crecimiento, y aún sigue siéndolo. Uno no debería concluir, de esto, que la teoría es inherentemente radicalizada. Hay muchas formas de teoría literaria y cultural que no son radicales.

Pero la teoría como tal plantea algunas cuestiones fundamentales –más fundamentales que la crítica literaria de rutina–. Donde la crítica se pregunta “¿Qué significa la novela?”, la teoría se pregunta “¿Qué es una novela?”. Hace que la pregunta retroceda a un paso previo. La teoría es también una reflexión sistemática sobre las suposiciones, procedimientos y convenciones que gobiernan una práctica social o intelectual. Es, para decirlo de algún modo, el punto en el cual la práctica es empujada a una nueva forma de autorreflexividad, tomándose a sí misma como objeto de su propia indagación. Esto no tiene necesariamente efectos subversivos, pero puede significar que la práctica esté obligada a transformarse, habiendo examinado algunas de sus consideraciones subyacentes, en una nueva forma crítica.

 

IdZ: En el mismo libro comenta que el concepto de “literatura” es relativamente reciente, surgido durante un período de turbulencias sociales, y que reemplazó a la religión como refugio de valores estables. Pero también señala que la literatura puede ser vista como una actividad capaz de desmitificar las ideas dominantes. En La estética como ideología, planteaba también que la estética ha sido tanto una forma de interiorización de valores sociales –y en este sentido un elemento de disciplinamiento social–, así como también un vehículo de utopías y cuestionamientos a la sociedad capitalista. ¿Sigue cumpliendo el arte ese papel doble y contradictorio?

Desde un punto de vista político, tanto el concepto de literatura como la idea de la estética son, sin duda, conceptos de doble filo. Hay sentidos en los que se ajustan a los poderes dominantes, y otras formas en las cuales los desafían –una ambigüedad que es también verdad para muchas obras artísticas individuales–. El concepto de literatura data de un período en el cual había una sentida necesidad de proteger ciertos valores creativos e imaginativos de una sociedad que era cada vez más filistea y mecánica. Está relativamente hermanada con la llegada del capitalismo industrial. Esto luego permitió que esos valores actúen como una crítica poderosa a dicho orden social, pero al mismo tiempo los distanció de la vida social cotidiana y algunas veces ofreció una compensación imaginaria por ello. Lo que quiere decir que se ha comportado de una manera ideológica. La estética encontró un destino similar.

Por un lado, la así llamada autonomía del artefacto estético brindó una imagen de autodeterminación y libertad en una forma autocrática, a la vez que desafió su racionalidad abstracta con su naturaleza sensorial. En este sentido puede ser utópica. Al mismo tiempo, sin embargo, esa autodeterminación era, entre otras cosas, una imagen de un sujeto de clase media, que no obedecía a la ley sino a sí mismo. Creo que esas ambigüedades permanecen en la actualidad. En las sociedades capitalistas avanzadas, donde la idea misma de las Humanidades está bajo amenaza, es vital promover actividades como el estudio de las artes y la cultura precisamente porque las mismas no tienen ningún propósito pragmático inmediato, y en este punto cuestionan la racionalidad utilitaria e instrumentalista de tales regímenes. Esta es la razón por la cual el capitalismo en realidad no tiene tiempo para ellas, y por la cual las universidades, actualmente, quieren desterrarlas. Por otra parte, todo socialista tiene claro que el arte y la cultura no son, en última instancia, los escenarios de lucha más importantes. Tienen su importancia, en particular porque la cultura, en el sentido cotidiano de la palabra, es el lugar donde el poder se sedimenta y reposa. Sin esto, es muy difícil y abstracto ganar la lealtad popular. Sin embargo, el culturalismo posmoderno está equivocado en creer que la cultura es lo básico en los asuntos humanos. Los seres humanos son en primer lugar naturales, animales materiales. Son el tipo de animal que necesita de la cultura (en el sentido amplio del término) para sobrevivir; pero eso se debe a su naturaleza material como especie –lo que Marx llama “ser genérico”–.

 

IdZ: En el libro propone la noción del trabajo literario como “estrategia”, esto es, una estructuración determinada por una funcionalidad, propuesta como un especial tipo de “respuesta” a una pregunta planteada en la realidad social. ¿Cómo se lleva esta definición con la idea de autonomía de la obra, en tanto un fenómeno autorregulado?

No creo que exista necesariamente una contradicción entre estrategia y autonomía. Una estrategia puede en sí misma ser autónoma, en el sentido que es una pieza distintiva de una actividad cuyas reglas y procedimientos son peculiares e internos a sí misma. La paradoja de la obra artística, al respecto, es que de hecho va a trabajar en algo que está fuera de sí misma, concretamente, problemas en la realidad social, pero esto lo hace “autónomamente”, en el sentido de que “reprocesa” o “retraduce” estos problemas en sus propios y sumamente peculiares términos. En este sentido, lo que empieza como algo externo o heterónomo a la obra, termina como algo interno a la misma. Una obra realista debe respetar la lógica heterónoma de su material (no puede decidir que Nueva York esté en el Ártico, como una obra modernista o posmodernista podría), pero al hacerlo simultáneamente arrastra este hecho a su propia estructura autorregulada.

 

IdZ: Varias veces en este libro señala que las teorías posmodernas y posestructuralistas terminan en un fundamentalismo antiesencialista simétrico a aquellos “fundamentalismos” que se pretendían minar. ¿Siguen siendo estas definiciones posmodernas las dominantes en la discusión cultural e ideológica, o la nueva situación de crisis capitalista y cierto reemerger de la lucha de clases han dado pie a nuevos intentos teóricos que no sean teórica y socialmente escépticos?

El posmodernismo es, supuestamente, antifundamentalista, pero se podría afirmar que simplemente sustituye ciertos fundamentos tradicionales por uno nuevo: concretamente, la cultura. Para el posmodernismo, la cultura es la base más allá de la cual no se puede excavar, dado que para ello se necesitaría recurrir a la cultura (concepto, métodos y demás). En este punto, cabría sostener entonces que este antifundamentalismo es bastante falaz. En cualquier caso, todo depende de lo que se considere por “fundamento”. No todos los fundamentos necesitan ser metafísicos. Existe, por ejemplo, la posibilidad de un fundamento pragmático, como podemos encontrar, pienso, en el último Wittgenstein. Respecto de la cuestión de si el discurso posmoderno sigue siendo dominante o no en nuestros días, me inclino a pensar que mucho menos. Desde el 11/9 hemos presenciado el despliegue de una nueva –y bastante alarmante– gran narrativa, justo en el momento en el que se decía con complacencia que las grandes narrativas habían terminado. Una gran narrativa –la de la Guerra Fría– se había de hecho acabado; pero, por razones relacionadas sutilmente a la victoria de Occidente en dicha lucha, ni bien terminó esa narrativa, se desató otra. El posmodernismo, que juzgaba la historia como posmetafísica, posideológica, incluso en un sentido poshistórica, fue tomado por sorpresa. Y no creo que se haya recuperado realmente.

 

Idz: A lo largo del libro repasa, en lo que considera sus aportes y debilidades, diversas teorías literarias desarrolladas en del siglo XX y más contemporáneamente. La perspectiva marxista parece haber tenido en esta historia un importante peso. ¿Cuáles son en la actualidad los nuevos aportes que se ubican desde esta perspectiva? ¿Sigue siendo fructífera hoy esta tradición en este terreno como lo es en otros, según plantea por ejemplo en Por qué Marx tenía razón?

La respuesta breve a la pregunta sobre cuáles son las nuevas contribuciones marxistas críticas es: son casi inexistentes. Simplemente, el contexto histórico no es el adecuado para este tipo de desarrollos. La obra de quien, desde mi punto de vista, es el crítico más eminente del mundo –Fredric Jameson– sigue en curso. Produce un libro brillante tras otro en una época en la que muchos críticos muy reconocidos han caído en el silencio. Pero no hay un nuevo cuerpo de crítica marxista, y dado que no se dan las circunstancias históricas propicias, uno casi no esperaría que lo haya. Al mismo tiempo, indudablemente el marxismo no ha desaparecido, como sí ha ocurrido con el posestructuralismo (de manera bastante misteriosa), e incluso quizá con el posmodernismo. Ello se debe en gran medida a que el marxismo es mucho más que un método crítico. Es una práctica política, y si lo que tenemos es una grave crisis del capitalismo, es inevitable que de algún modo éste se encuentre en el aire. Lo mismo puede afirmarse del feminismo, cuyo momento culminante está unas décadas atrás, pero que ha sobrevivido de manera modificada, porque las cuestiones políticas que plantea son vitales. Las teorías van y vienen; lo que persiste es la injusticia. Y mientras esto sea así, habrá siempre alguna forma de respuesta intelectual y artística a ello.

 

Entrevistaron: Alejandra Ríos y Ariane Díaz.

Traducción: Alejandra Ríos.

***

TERRY EAGLETON

Es un destacado teórico marxista, crítico literario, escritor y Profesor Distinguido de Literatura Inglesa en el Departamento de Literatura Inglesa y Escritura Creativa de la Universidad de Lancaster, Inglaterra. Nacido en una familia de clase obrera irlandesa de tradición católica y republicana, y formado teóricamente con Raymond Williams, es en la actualidad uno de los más destacados críticos literarios. Su perspectiva marxista le ha valido una importante influencia en el panorama de debate ideológico y político marxista, así como enconados ataques de conservadores y liberales, entre ellos el mismo Príncipe Carlos, quien ha recomendado evitar el “terrible Terry Eagleton”. Ha publicado diversos artículos en la New Left Review desde la década de 1970 hasta la actualidad.

Periódicamente también, publica artículos de crítica cultural y política en The Guardian, periódico inglés de tradición izquierdista. Entre sus más de cuatro decenas de libros escritos sobre teoría marxista, crítica y teoría literaria, y abundantes polémicas (es conocido por sus irónicos y fundamentados argumentos en el debate ideológico), se encuentran algunos de los más influyentes en el panorama marxista de las últimas décadas. Algunos de ellos, publicados en castellano son: Walter Benjamin o hacia una crítica revolucionaria, Las ilusiones del posmodernismo, La estética como ideología, Después de la teoría, Por qué Marx tenía razón, Introducción a la teoría literaria, y el reciente El marxismo y la crítica literaria –que reseñamos en IdZ 1–. Ha publicado sus memorias con el título de El portero.

4 comments

  1. Mauro 13 noviembre, 2013 at 13:52 Responder

    Entrevista com Terry Eagleton

    “O marxismo é muito mais que um método crítico”

    Alejandra Ríos y Ariane Díaz

    Apresentamos uma entrevista exclusiva com Terry Eagleton, crítico literário marxista e escritor, sobre um de seus últimos livros, The event of literature. Além de expor algumas das ideias centrais deste livro, o autor nos remete a conceitos tratados já em outros trabalhos publicados em espanhol, como La estética como ideología, Después de la teoría ou Por qué Marx tenía razón.

    Ideias de Esquerda: Seu livro The event of literature defende que a teoria literária esteve em declínio durante os últimos 20 anos, e que historicamente existe uma relação entre as vicissitudes da teoria e determinados momentos de conflitividade social. Por quê acredita que a teoria se desenvolve e alcança seus picos mais altos em períodos em que a conflitividade social é maior?

    Terry Eagleton: Em nossa época, a teoria literária alcançou seu auge, a grosso modo, em um momento no qual a esquerda política se encontrava em ascenso. Houve um auge desta teoria no período que abarca, aproximadamente, desde 1965 até meados ou finais da década de 1970, o que coincide mais ou menos com o momento em que a esquerda era muito mais militante, e tinha maior confiança em si mesma, que na atualidade. De 1980 em diante, com o endurecido controle do capitalismo pós-industrial avançado, estas produções teóricas começaram a ceder lugar ao pós-modernismo, que entre outras coisas é – como o assinalou Fredric Jameson – a ideologia do capitalismo tardio.

    A teoria radical não desvaneceu, é verdade, mas foi empurrada para as margens, e gradualmente foi se tornando menos popular entre los estudantes. As grandes exceções a isto foram o feminismo, que continuou atraindo uma grande quantidade de interesses, e o pós-colonialismo, que se converteu em algo assim como uma indústria em crescimento, e ainda continua sendo. Não se deve concluir, daí, que a teoria é inerentemente radical. Há muitas formas de teoria literária e cultural que não são radicais.

    Mas a teoria como tal coloca algumas questões fundamentais – mais fundamentais que a crítica literária de rotina –. Onde a crítica pergunta “O quê significa o romance?”, a teoria pergunta “O quê é um romance?”. Faz que a pregunta retroceda a um passo anterior. A teoria é também uma reflexão sistemática sobre as suposições, procedimentos e convenções que regem uma prática social ou intelectual. É, para dizer de outra forma, o ponto no qual a prática é empurrada a uma nova forma de autorreflexão, tomando-se a si mesma como objeto de seu próprio questionamento. Isto não tem necessariamente efeitos subversivos, mas pode significar que a prática está obrigada a transformar-se, havendo examinado algumas de suas considerações subjacentes, em uma nova forma crítica.

    Ideias de Esquerda: No mesmo livro comenta que o conceito de “literatura” é relativamente recente, surgido durante um período de turbulências sociais, e que substituiu à religião como refugio de valores estáveis. Mas também nota que a literatura pode ser vista como uma atividade capaz de desmitificar as ideias dominantes. Em A estética como ideología, defendia também que a estética tem sido tanto uma forma de interiorização de valores sociais – e neste sentido um elemento de disciplinamento social –, assim como também um veículo de utopias e questionamentos à sociedade capitalista. Continua cumprindo a arte esse papel duplo e contraditório?

    Terry Eagleton: De um ponto de vista político, tanto o conceito de literatura como a ideia da estética são, sem dúvida, conceitos com dupla característica. Há formas em que se ajustam aos poderes dominantes, e outras formas nas quais os desafiam – uma ambiguidade que é também verdade para muitas obras artísticas individuais –. O conceito de literatura data de um período no qual havia uma clara necessidade de proteger certos valores criativos e imaginativos de una sociedade que era cada vez más filisteia e mecânica. Está relativamente irmanada com a chegada do capitalismo industrial. Isto logo permitiu que esses valores atuassem como uma crítica poderosa a essa ordem social, mas ao mesmo tempo os distanciou da vida social cotidiana e algumas vezes ofereceu una compensação imaginária por isso. O que quer dizer que se comportou de uma maneira ideológica. A estética teve um sentido similar.

    Por um lado, a assim chamada autonomia do artefato estético brindou uma imagem de autodeterminação e liberdade em uma forma autocrática, ao mesmo tempo em que desafiou sua racionalidade abstrata com sua natureza sensorial. Neste sentido pode ser utópica. Ao mesmo tempo, no entanto, essa autodeterminação era, entre outras coisas, uma imagem de um sujeito de classe média, que não obedecia à lei mas a si mesmo. Acredito que essas ambiguidades permanecem na atualidade. Nas sociedades capitalistas avançadas, onde a ideia mesma das Humanidades está sob ameaça, é vital promover atividades como o estudo das artes e a cultura precisamente porque as mesmas não têm nenhum propósito pragmático imediato, e neste ponto questionam a racionalidade utilitária e instrumentalista de tais regimes. Esta é a razão pela qual o capitalismo na realidade não tem tempo para elas, e pela qual as universidades, atualmente, querem bani-las. Por outra parte, todo socialista tem claro que a arte e a cultura não são, em última instância, os cenários de luta mais importantes. Têm sua importância, em particular porque a cultura, no sentido cotidiano da palavra, é o lugar onde o poder se sedimenta e repousa. Sem isto, é muito difícil e abstrato ganhar a lealdade popular. No entanto, o culturalismo pós-moderno está equivocado em considerar que a cultura é o básico nos assuntos humanos. Os seres humanos são em primeiro lugar naturais, animais materiais. São o tipo de animal que necessita da cultura (no sentido amplo do término) para sobreviver; mas isso se debe a sua natureza material como espécie – o que Marx chama “ser genérico”–.

    Ideias de Esquerda: No livro propõe a noção de trabalho literário como “estratégia”, isto é, uma estruturação determinada por uma funcionalidade, proposta como um especial tipo de “resposta” a uma pregunta baseada na realidade social. Como se relaciona esta definição com a ideia de autonomia da obra, em parte um fenômeno autorregulado?

    Terry Eagleton: Eu não acho que exista necessariamente uma contradição entre estratégia e autonomia. Uma estratégia pode em si mesma ser autônoma, no sentido que é uma peça distintiva de uma atividade cujas regras e procedimentos são peculiares e internos a si mesma. O paradoxo da obra artística, a este respeito, é que de fato vai a trabalhar em algo que está fora de si mesma, concretamente, problemas na realidade social, mas isto o faz “autonomamente”, no sentido de que “reprocessa” ou “retraduz” estes problemas em seus próprios e sumamente peculiares términos. Neste sentido, o que começa como algo externo ou heterônomo á obra, termina como algo interno à mesma. Uma obra realista deve respeitar a lógica heteronema de seu material (não pode decidir que New York esta no Ártico, como uma obra modernista o pós-modernista poderia), mas ao fazê-lo simultaneamente arrastra este fato a sua própria estrutura autorregulada.

    Ideias de Esquerda: Várias vezes neste livro aponta que as teorias pós-modernas e pós-estruturalistas terminam em um fundamentalismo anti-essencialista simétrico a aqueles “fundamentalismos” que se pretendiam minar. Seguem sendo estas definições pós-modernas as dominantes na discussão cultural e ideológica, ou a nova situação de crise capitalista e certo ressurgimento da luta de classes permitiram novos esforços teóricos que não sejam teórica e socialmente céticos?

    Terry Eagleton: O pós-modernismo é, supostamente, anti-fundamentalista, mas se poderia afirmar que simplesmente substitui certos fundamentos tradicionais por um novo: concretamente, a cultura. Para o pós-modernismo, a cultura é a base mais além da qual não se pode escavar, dado que para isso se necessitaria recorrer à cultura (conceito, métodos e outros). Neste ponto, caberia sustentar então que este anti-fundamentalismo é bastante falacioso. Em todo o caso, tudo depende do que se considere por “fundamento”. Nem todos os fundamentos precisam ser metafísicos. Existe, por exemplo, a possibilidade de um fundamento pragmático, como podemos encontrar, penso, no último Wittgenstein. A respeito da questão de se o discurso pós-moderno segue sendo dominante ou não em nossos dias, me inclino a pensar que muito menos. Desde o 11/9 temos presenciado o surgimento de uma nova – e bastante alarmante – grande narrativa, justo no momento no qual se dizia com complacência que as grandes narrativas haviam terminado. Uma grande narrativa – a da Guerra Fria – se havia de fato acabado; mas, por razões relacionadas sutilmente à vitória do Ocidente nesta luta, nem bem terminou essa narrativa, se desatou outra. O pós-modernismo, que julgava a historia como pós-metafísica, pós-ideológica, inclusive em um sentido pós-histórica, foi pego de surpresa. E não acredito que se recuperou realmente.

    Ideias de Esquerda: Ao logo do livro revisa, no que considera seus aportes e debilidades, diversas teorias literárias desenvolvidas no século XX e mais contemporaneamente A perspectiva marxista parece haver tido nesta história um importante peso. Quais são na atualidade os novos aportes que surgem desta perspectiva? Continua sendo frutífera hoje esta tradição neste terreno como o é em outros, segundo defende por exemplo em Por qué Marx tenía razón?

    Terry Eagleton: A resposta breve à pregunta sobre quais são as novas contribuições marxistas críticas é: são quase inexistentes. Simplesmente, o contexto histórico não é o adequado para este tipo de desenvolvimento. A obra de quem, desde meu ponto de vista, é o crítico mais eminente do mundo – Fredric Jameson – segue em curso. Produz um livro brilhante atrás do outro em uma época na qual muitos críticos muito reconhecidos estão em silêncio. Mas não há um novo corpo de crítica marxista, e dado que não se dão as circunstâncias históricas propicias, quase ninguém esperara que exista. Ao mesmo tempo, indubitavelmente o marxismo não desapareceu, como ocorreu com o pós-estruturalismo (de maneira bastante misteriosa), e inclusive talvez com o pós-modernismo. Isso se deve em grande medida a que o marxismo é muito mais que um método crítico. É uma prática política, e se o que temos é uma grave crise do capitalismo, é inevitável que de algum modo este se encontre no ar. O mesmo pode afirmar-se do feminismo, cujo momento culminante está umas décadas atrás, mas que sobreviveu de maneira modificada, porque as questões políticas que coloca são vitais. as teorias vão e vêm; o que persiste é a injustiça. E enquanto assim for, haverá sempre alguma forma de resposta intelectual e artística a isto.

    Terry Eagleton é um dos mais destacados críticos marxistas de cultura. É professor da Universidade de Oxford e autor, entre outros, de Teoria da Literatura (Martins Fontes) e A Ideologia da Estética (Jorge Zahar).

Te puede interesar

Repensar la condición obrera

A PROPÓSITO DE LA EDICIÓN EN CASTELLANO DEL LIBRO STÉPHANE BEAUD Y MICHEL PIALOUX - MARIELA CAMBIASSO - Número 34, octubre 2016