El legado de León Trotsky y el movimiento obrero

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EL CASO DE ZANON

 

ROBERTO AMADOR

Obrero de SMATA.

MARCO POLLO

Obrero de MadyGraf.

LAURA MEYER – MARIA R. SOLINAS

IPS Karl Marx-CEIP León Trotsky

Número 22, agosto 2015.

 

León Trotsky escribió alguna vez que “la conciencia no está hecha del mismo material que las vías del ferrocarril”; los cambios que se producen en ella, y cómo a través de ellos la clase obrera puede llegar a convertirse de objeto de explotación en artífice de su destino, acaudillando al conjunto de los oprimidos para hacer la revolución, son cuestiones a las que el revolucionario ruso dedicó ríos de tinta. Las lecciones que los trabajadores sacan de su experiencia práctica, y cómo los revolucionarios contribuyen a ellas, son una pieza fundamental de sus reflexiones. Estas se condensaron en su estrategia y programa.

En esta nota queremos reflejar cómo la experiencia de Zanón (hoy FaSinPat) permitió –dentro de la lucha de clases reciente en la Argentina y como ejemplo a nivel internacional– mostrar la vitalidad del Programa de Transición. Como cuenta Raúl Godoy [1]:

 

…desde que conquistamos la comisión interna de Zanon venimos luchando por la unidad de las filas obreras, ganamos el apoyo de toda la fábrica contra la burocracia por plantear “a igual trabajo, igual salario” y que queríamos una comisión interna para terminar con la división de efectivos y contratados al interior de las empresa. Así empezó nuestra historia [2].

 

Una salida obrera ante la crisis

Desde antes del 2001, el proceso ceramista se dio en medio de una crisis profunda tanto económica como política que volvió necesario desplegar una salida de fondo ante el lock-out empresario. En medio del hundimiento generalizado, mostró una alternativa clasista ante el cierre de las fábricas.

El argumento para cerrar la fábrica por parte de la patronal era que daba pérdidas. El reclamo de que se abran sus libros de contabilidad y se termine con el “secreto comercial” con el que esconden sus ganancias y el “vaciamiento” de las empresas [3] les permitió a los trabajadores desbaratar el preventivo de crisis –artilugio legal usado por las patronales para aducir crisis que difícilmente puede ser comprobadas y que les permite despedir en masa con la mitad de indemnización y cambiar el convenio laboral–.

Ante el cierre de la fábrica los trabajadores decidieron mantener las fuentes de trabajo, tomar la fábrica y ponerla a producir. Demostraron, de ese modo, que podían producir sin patrones, y postularon la expropiación sin pago y la estatización o nacionalización bajo gestión de los trabajadores para poner la fábrica al servicio de un Plan de Obras Públicas –una salida que plantea el Programa de Transición ante el cierre de empresas–, que fue levantada por un puñado de fábricas que se referenciaban en Zanon y mostraban una salida ante el problema de la desocupación que golpeaba a más del 20 % de la clase trabajadora.

Otra de las consignas motoras que levantaron los ceramistas ante los despidos fue que podían trabajar todos repartiendo las horas de trabajo con igual salario entre todas las manos disponibles. Es una gran consigna en momentos de crisis profundas del capitalismo, cuando son millones los que son arrojados a la calle y son los capitalistas los que quieren salvarse solos, cerrando empresas y llevando su capital a otros lugares o invirtiendo en otros negocios. Estas medidas retoman el legado del Programa de Transición, como expresa uno de sus dirigentes:

 

Muchas veces señalé que la política que impulsamos en Zanon no la inventamos nosotros sino que la tomamos del Programa de Transición de León Trotsky. Nosotros sabíamos que ante las crisis cuando los patrones quieren hacerla pagar a los trabajadores, tenemos que exigir la apertura de los libros contables de todas las empresas para mostrar ante la población lo que han ganado. Y que si los capitalistas no pueden dar lo único que tienen los obreros bajo el capitalismo, el derecho a ser explotados, entonces hay que sacar de sus manos los medios de producción, mediante la expropiación y el control obrero de cada fábrica que cierre o despida [4].

 

 

Hegemonía obrera

Esta lucha no hubiera podido mantenerse en pie durante todos estos años si no fuera porque desde el inicio, junto al surgimiento del primer levantamiento de desocupados –el Cutralcazo, los ceramistas conquistan la Comisión Interna y comienzan una práctica militante de unir las filas obreras adentro y comenzar a relacionarse con los fenómenos de vanguardia neuquina y nacional, participando de los paros nacionales y llevando a cabo todo tipo de acciones desde la fábrica. Allá por el 2001 los ceramistas unieron sus reclamos a los del Movimiento de Trabajadores Desocupados (MTD) de Neuquén y otras organizaciones de desocupados. Con la recuperación del Sindicato (SOECN) no cesaron en su política de Coordinación Obrera, tomando a su vez el conjunto de los reclamos de los explotados.

Los Encuentros regionales, permitieron sentar las bases de lo que luego tomó la forma organizativa de la Coordinadora del Alto Valle [5]. Los encuentros de Fábricas Recuperadas, la hermandad con los mapuches en defensa de sus tierras, la coordinación con la lucha de los estatales y docentes, es parte de los centenares de ejemplos en donde están los ceramistas apoyando y coordinando con los conflictos por todo el país, como lo fue éste año en el Encuentro convocado por los trabajadores en lucha de Lear y de Madygraf:

 

Esa unidad en la acción es muy buena, entonces hay que avanzar en trabajar juntos en lo estratégico de impulsar organizaciones de democracia directa que unan las filas de los trabajadores y tengan independencia de clase del Estado, los empresarios y sus partidos. La tarea es recomponer las filas obreras tras una nueva estrategia que yo definiría con dos ideas: autoorganización e independencia de clase [6].

 

Es éste un gran ejemplo del papel que está llamada a jugar la clase obrera si conquista hegemonía, es decir, el liderazgo como representante de toda su clase, pero también de los sectores oprimidos de la sociedad, tomando sus demandas.

Es con este objetivo y con esta práctica política que desarrollan la constante elaboración de un programa que se expresó en las campañas y en los hechos, tomando el enorme problema de la vivienda en la provincia, la denuncia a las petroleras que saquean los recursos naturales, el acceso a la salud y la educación, incluso al arte, como ejemplo de la libertad para esparcimiento de los jóvenes con los grandes recitales (gratuitos o a precios populares) en la planta.

Esta pelea se dará en todos los terrenos: en las calles, en las fábricas, en los barrios, e incluso desde el Parlamento, como recientemente lo hizo desde su banca de diputado Raúl Godoy –donde cobra lo mismo que un trabajador y dona el resto a las luchas– impulsó el proyecto de Ley por la Nacionalización del petróleo y el gas bajo control de los trabajadores, entre otras tantas demandas. Así expresa él esta idea fuerza, que lograron llevar adelante en la práctica a lo largo de estos 14 años de gestión obrera:

 

Para nosotros devolverle a la comunidad, que hizo lo imposible para que no nos desalojen, tiene su máxima expresión en el hecho de tomar sus necesidades como propias, como parte del programa por el que luchamos. Los tomamos y mostramos que los trabajadores tenemos la posibilidad de darle una solución a esos problemas si luchamos junto a ello. Es en gran parte por ello que nuestra meta es la estatización bajo control obrero y un plan de obras públicas para enfrentar los problemas de desocupación, de vivienda, de salud y de educación. Como parte de un programa transicional, mientras propagandizamos en pequeño, que al eliminar la propiedad privada de los medios de producción, al socializarlos, existe la posibilidad de producir para las necesidades sociales y no para la ganancia de unos pocos empresarios [7].

 

La experiencia realizada con los movimientos de desocupados mostró en potencia lo que podía significar si los sectores combativos y clasistas avanzan en recuperar los sindicatos hoy manejados por la burocracia. Esto mostró en la práctica la importancia que tiene dotar de una política no corporativa a los sindicatos, porque como afirmaba Trotsky: “Los sindicatos y otras organizaciones de masas deben ligar a aquellos que tienen trabajo con los que carecen de él, por medio de los compromisos mutuos de la solidaridad” [8]. Sólo con esta política pueden los sindicatos llegar a los millones que están por fuera de ellos: “Los sindicatos, aún los más poderosos, no abarcan más del 20 al 25 de la clase obrera y por otra parte, sus capas más calificadas y mejor pagadas”, analizaba Trotsky.

Son experiencias importantes para la Argentina actual, donde el nivel de sindicalización es inusualmente alto comparado con otros países, pero así y todo es apenas del 37 % de la clase trabajadora. El resto están por fuera de los sindicatos, muchos directamente en negro y sin ningún tipo de derechos.

 

Los nuevos estatutos del SOECN: retomando las mejores experiencias del sindicalismo clasista

Tanto la Tercera como la Cuarta Internacional, que concentran las mejores tradiciones de la clase obrera, consideraron indispensable trabajar en los sindicatos reconocidos por los trabajadores como “organizaciones de masas” para la lucha por reivindicaciones parciales y transitorias. Pero al mismo tiempo alertaban que agrupaban (como ahora) sólo a una parte minoritaria de los trabajadores, incluso muchas veces el sector más conservador. Esto obliga a tener una política hacia los sindicatos para transformarlos en su contenido, organización y programa, donde se imponga la más amplia democracia obrera y la independencia absoluta del Estado, lo que plantea como tarea de primer orden expulsar a la burocracia sindical. Pero considerando que éstos no son fines en sí, sino medios para llegar al conjunto de la clase obrera y dotarla de un programa que vaya más allá de sus reivindicaciones inmediatas.

León Trotsky señala en el Programa de Transición, que en nuestra época, los sindicatos dirigidos por las burocracias sindicales se han ido constituyendo cada vez más directamente en instrumentos con los que cuenta el Estado para contener la lucha del movimiento obrero, los dirigentes de los sindicatos burocratizados dejan de ser los representantes de los intereses de los trabajadores ante las patronales y el Estado, y son llamados a actuar cada vez más como agentes de éste ante la clase trabajadora, y “en los períodos agudos de lucha de clases, los aparatos dirigentes de los sindicatos se esfuerzan por convertirse en amos del movimiento de masas para domesticarlo”. Lejos de que este hecho implicara un abandono de los sindicatos, Trotsky afirma:

 

De todo lo anterior se desprende claramente que, a pesar de la degeneración progresiva de los sindicatos y de sus vínculos cada vez más estrechos con el Estado imperialista, el trabajo en los sindicatos no ha perdido para nada su importancia, sino que la mantiene y en cierta medida hasta es aún más importante que nunca para todo partido revolucionario [9].

A partir de la recuperación del Sindicato, la experiencia de los obreros ceramistas de Neuquén trasciende una vez más, con la redacción y posterior aprobación de los nuevos estatutos del sindicato el 16 de julio de 2005. Luego de meses de debates en asambleas y de la realización de un plenario de delegados, los obreros de las cuatro fábricas de cerámicas del SOECN votan las distintas propuestas de artículos del estatuto.

Con las nuevas normas que rigen a su sindicato, los trabajadores logran el objetivo de “poner a disposición nuestro nuevo estatuto como una herramienta de trabajo y debate para empezar a poner en pie una nueva tradición clasista en este movimiento obrero que se está despertando”. Lo absolutamente innovador del “Estatuto Social del SOECN, como expresión escrita que plasma y cristaliza una práctica política, radica básicamente en que “hace ley” tres cuestiones:

La democracia obrera: “El SOECN es un sindicato que tiene como principio y forma de trabajo la asamblea de trabajadores. Las asambleas de fábrica y del sindicato son la autoridad máxima”. Se incorpora a los cuerpos de delegados por sector, se establece una proporcionalidad en los cargos directivos para la minoría (caso inédito en los sindicatos industriales de Argentina) y la libertad para todas las tendencias que se reivindican de la clase trabajadora y defienden sus intereses y no los empresariales. Asimismo, los dirigentes cobran igual que cualquier trabajador y son revocables, a la vez que aquellos referentes que hayan estado rentados durante un período deben volver al puesto en la máquina.

La independencia de clase: “El SOECN es una organización sindical de lucha y defensa de los intereses económicos y sociales de los trabajadores ceramistas en la actual sociedad capitalista. En la sociedad hay cada vez más una reducida minoría que disfruta de todas las ventajas del desarrollo económico, social y tecnológico; mientras el resto está condenada a la sobreexplotación, la desocupación y los bajos ingresos. Por eso el SOECN reconoce, se orienta y basa su práctica en la lucha de clases y bajo los principios del sindicalismo clasista, conservando su plena independencia del Estado y sus instituciones, del gobierno y de todas las organizaciones patronales”.

El internacionalismo y el antiimperialismo: “El SOECN reconoce que la clase obrera no tiene fronteras. Somos hermanos de los trabajadores y los pueblos pobres y oprimidos de América Latina y el mundo. Luchamos contra la dominación de las potencias imperialistas que saquean al mundo con su secuela de hambre y guerras. La fraudulenta deuda externa o la intromisión del imperialismo en las principales fuentes de riqueza nacional, como es el caso del petróleo y el gas en nuestra región, consolida su dominio sobre los instrumentos y medios de reproducción, impidiendo el desarrollo nacional independiente y soberano. El SOECN libra una lucha consecuente por los legítimos intereses de la clase trabajadora” [10].

Las definiciones que se incluyen en esta reforma son inéditas para la tradición dominante de los sindicatos en la Argentina. Con la redacción y aprobación de sus nuevos estatutos cristalizan la experiencia de Zanon como un ejemplo de lucha para el conjunto de los trabajadores, retomando la tradición de los sindicatos clasistas de los ‘70. Pero lo más significativo de la reivindicación del sindicato ceramista como clasista y antiburocrático es que rompe con el modelo sindical peronista fuertemente burocratizados, implantado en la Argentina desde la segunda mitad del siglo XX. Esto implicó una creciente subordinación del sindicalismo al Estado y, tal como señala Daniel James en Resistencia e integración, “cada vez más, los sindicatos se incorporaron a un monolítico movimiento peronista y fueron llamados a actuar como agentes del Estado ante la clase trabajadora, que organizaban el apoyo político a Perón y servían como conductos que llevaban las políticas del gobierno a los trabajadores” [11]. Esta idea se enfrenta por las antípodas al planteo de independencia de clase que defienden los ceramistas.

Pero los sindicatos, incluso barriendo a la burocracia sindical, por sus propios fines y composición no pueden ser la herramienta para conquistar la total emancipación de la clase obrera y el pueblo pobre. Como explica Trotsky: “los sindicatos no ofrecen, ni pueden ofrecer, dadas sus tareas, composición y formas de reclutamiento, un programa revolucionario acabado; por tanto, no pueden sustituir al partido” [12]. Es por ello que nuestra militancia en los sindicatos es un medio para llegar a las amplias masas obreras y para conquistar cientos y miles de militantes obreros que se propongan construir un partido de la clase trabajadora que se prepare para los momentos de crisis y tenga la fuerza para conducir a millones de trabajadores, jóvenes y mujeres en el combate contra los capitalistas para vencerlos e instaurar una sociedad sin explotadores ni explotados.

 

A modo de conclusión

Es esta una experiencia resistente ya desde hace 14 años, mostrando en potencia que la clase obrera puede dar respuesta al conjunto de los explotados y oprimidos.

En cada lucha de la clase trabajadora de la que los revolucionarios somos parte, no intervenimos partiendo de cero, buscamos aportar las lecciones que a lo largo de la historia de la lucha de clases se fueron concentrando en un programa, una práctica y una estrategia revolucionaria para la emancipación del proletariado y el conjunto de los oprimidos. Es en esas experiencias donde para nosotros vive el legado de León Trotsky a quien en este número de Ideas de Izquierda queremos reivindicar.

Estas mismas luchas aportan innumerables experiencias a los explotados a la vez que conclusiones políticas y es pertinente para los revolucionarios que sobre ellas ayudemos a las masas “en el proceso de la lucha, a encontrar el puente entre sus reivindicaciones actuales y el programa de la revolución socialista. Este puente debe consistir en un sistema de reivindicaciones transitorias, partiendo de las condiciones actuales y de la conciencia actual de amplias capas de la clase obrera a una sola y misma conclusión: la conquista del poder por el proletariado” [13], como planteara Trotsky en el Programa de Transición. Sin esto hablar de revolución es utópico.

La práctica del PTS en el movimiento obrero tiene que ver con este legado. Podemos decir que desde esta perspectiva hemos intervenido en los distintos conflictos intentando aportar a que los trabajadores reconozcan su fuerza, hagan una experiencia con la patronal, el Estado, el gobierno y las direcciones sindicales, reconociendo enemigos y buscando aliados, para que, a partir de la propia experiencia, avancen en su conciencia y puedan desarrollarse los aspectos más radicalizados y avanzar en la independencia política.

Como sintéticamente dejamos expresado, es en la experiencia ceramista donde en momentos de crisis pudimos ver elementos avanzados de la confluencia del programa de los revolucionarios con el movimiento obrero. De esta manera, Zanon como fábrica bajo gestión obrera, y su sindicato clasista, deja un legado, un verdadero hilo de continuidad entre los años de resistencia menemista, la caída de De la Rúa, el ascenso de kirchnerismo y el surgimiento de un proceso de sindicalismo de izquierda que comienza a configurarse en este fin de ciclo. Legado que puede ser retomado en las próximas crisis por la vanguardia que forme parte de los futuros ascensos de la lucha de clases.

 



[1] Uno de los principales gestores de esta experiencia, dirigente del PTS y diputado de Neuquén por el Frente de Izquierda y de los Trabajadores.

[2] Entrevista en La Verdad Obrera, 27/2/2003.

[3] León Trotsky (1938), El programa de Transición y la fundación de la IV Internacional, Buenos Aires, Ediciones IPS-CEIP, 2008, p. 75.

[4] Extractos del discurso de Raúl Godoy en el Acto Internacionalista realizado en Buenos Aires frente al 70 aniversario del asesinato de León Trotsky, en La Verdad Obrera, 26/10/2010.

[5] Esta coordinadora llegó a agrupar a más de 64 organizaciones y mil asistentes durante un plenario que se realizó en las instalaciones de Zanon en agosto de 2002. Era integrada por ceramistas, desocupados del MTD, estatales de la rama salud de ATE-CTA, docentes de ATEN de varias localidades, obreros de la construcción, organismos de derechos humanos, estudiantiles y personalidades de la región, además de partidos políticos de izquierda.

[6] La Verdad Obrera, 21/08/2014.

[7] Encuentro de trabajadores ocupados y desocupados 2005, La Verdad Obrera, 06/02/2005.

[8] León Trotsky, ob. cit., p. 75.

[9] Ídem.

[11] Daniel James, Resistencia e integración, el peronismo y la clase trabajadora argentina 1946-1976, Buenos Aires, Ed. Siglo XXI, 2006.

[12] León Trotsky, ob. cit.

[13] Ídem.

Trotsky

1 comment

  1. Rovelli, Guillermo Raúl 8 diciembre, 2015 at 13:07 Responder

    Compañeros excelente lo de los ceramistas de Zanon empezando por Raúl Godoy teniendo en cuenta desde donde se partía pero de ahí a ponerlo como el camino a seguir es un poco exagerado. No voy a ser yo quién critique a Trotsky el jefe indiscutido del Ejército Rojo y el lider de la Oposición de Izquierda pero no por ello voy a decir que las fuerzas productivas dejaron de crecer y tomar El Programa de Transición como un dogma. El clasismo proletario implica rechazo a gestionar el capitalismo, a ayudar a administrarlo, a controlarlo, a mejorarlo, a humanizarlo. Por eso, rechaza todos los planteos reformistas (aunque la izquierda del capital diga que son revolucionarios) de apertura de libros de contabilidad, control obrero de la producción (porque los insumos y los precios lo siguen manejando el mercado y porque la propiedad sigue siendo capitalista, con los obreros haciendo el papel de la DGI), gestión como en Rusia con los lamentables resultados por todos conocidos. Esos planteos conducen a desviar a nuestra clase de su verdadera lucha revolucionaria, llevándola a desgastantes callejones sin salida. Seguramente muchos capitalistas cometen excesos, hacen negociados, mas justos, menos tramposos, la ganancia mas razonable ¡es explotación!
    La función de los revolucionarios es luchar contra toda explotación, no meternos en gestionar y controlar los “excesos” o buscar mejor rentabilidad de las empresas privadas o públicas

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