El fotógrafo de la clase obrera uruguaya

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RODRIGO WILSON

Fotógrafo, Enfoque Rojo.

Número 23, septiembre 2015.

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Aurelio González fue fotógrafo del diario El Popular de Uruguay (órgano oficial  del Partido Comunista de Uruguay), testigo de la única huelga que hizo la clase obrera contra el golpe militar en Uruguay en el año 1973. Aquí recuperamos parte del archivo del único registro que existe de esas jornadas.

Como pocas veces me ha sucedido, se me dio la oportunidad de conocer a un fotógrafo que tuvo, y aún tiene, una vida de novela. De todo lo que vivió Aurelio, quisiera rescatar una experiencia muy importante: cuando tuvo en sus manos la tarea de registrar fotográficamente la gran huelga de la clase obrera uruguaya contra el golpe militar de 1973, como fotógrafo del diario El Popular. Aunque la estrategia del PC ameritaría grandes discusiones, la idea de este artículo es rescatar la experiencia de Aurelio como fotógrafo militante, apasionado por registrar las acciones y experiencias de la clase trabajadora y el pueblo uruguayo. Su trabajo periodístico es lo que lo convirtió en el fotógrafo de la clase obrera; esa es la experiencia de la que nos queremos nutrir quienes formamos hace más de cuatro años Enfoque Rojo, hoy registrando, junto a las y los trabajadores que salen a luchar, como en Lear, Worldcolor, Madygraf, o manifestaciones como la que amplificó el grito “Ni una menos”.

Aurelio González nació en el año 1931 en el Marruecos español, dentro de un cuartel militar. Testigo de la guerra de Marruecos, también experimentó los coletazos de la 2º Guerra Mundial. Curioso y osado fueron las dos cualidades que de alguna manera lo guiaron en su periplo hacia América, más precisamente a Montevideo. Luego del servicio militar que hizo en la marina de España, decidido a rechazar cualquier propuesta del ejército, emprende una arriesgada aventura para conquistar su sueño, se embarca como polizón en un barco crucero de lujo italiano que lo llevaría hacia América. Con 36 pesos uruguayos de la época en el bolsillo y una obstinación por buscar su lugar en el mundo, Aurelio llega al puerto montevideano el día que cumplía 22 años. Algunas semanas pasaron de su llegada y ya con aspecto de abandono, en la famosa Ciudad Vieja lee en un afiche pegado en un muro “Reunión anti-franquista en la Casa de España”; los ojos se le iluminaron creyendo encontrar solidaridad entre sus compatriotas. Y así fue.

Aurelio cuenta que se hizo fotógrafo por solidaridad. Un día apareció en La Casa de España un tal Lucio Navarro, de 56 años y miliciano en la guerra civil que andaba en las malas y Aurelio le dio una mano y como retribución le enseñó el oficio de fotógrafo. Desde ese entonces nunca dejó esa profesión que poco tiempo después se convertiría en una herramienta de militancia. Dice Aurelio: “Vi que tenía un sentido, que es lo que yo buscaba en la vida, algo que tuviera sentido, no aquella marina de guerra destartalada de España”.

 

La huelga de 1973

El único registro que existe de la huelga es el del diario El Popular. Casi todos los fotógrafos estaban en huelga, por lo tanto, no iban a sacar fotos para ningún diario. “Lo nuestro era otra cosa, era militancia, y como yo siempre me consideré militante más que fotógrafo, por eso yo sentía que esto no lo podía dejar pasar así gratuitamente”. Aurelio cuenta: “Nosotros fuimos unos buenos colaboradores en esta lucha. Fijáte que la Central no podía llegar a todos lados. Nos habíamos convertido en un ‘diario oral con imágenes’, y eso fue una ocurrencia mía (…) Nosotros con esto no podíamos cambiar mucho pero informamos a los trabajadores y les dimos aliento a los que estaban en duda y más aún a los que estaban muy convencidos. Nuestra actividad y todo el trabajo previo hizo que nos convirtamos en los fotógrafos de la clase, por eso nos abrían las puertas de todos los lugares ocupados (…) Todo parecía un juego en un equilibrio un poco complicado, pero era real y esto que hacíamos lo sentíamos y era más fuerte que mi propia vida. Lo importante no es solo que tenías que sacar la fotografía, sino también salvarla para luego publicarla (…) No era por una cuestión de honor ni prestigio que lo hacía sino por convicción y ganas de documentar”.

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