El capital de Marx: volviendo al futuro

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Número 39, julio 2017.

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A 150 años de la publicación del primer tomo de El capital, esta obra sigue plantada como el ataque más certero contra las pretensiones de los apologistas del capitalismo de justificar su existencia como natural y eterna. Karl Marx procede allí de manera implacable a la “deconstrucción” de las categorías con los cuáles los economistas clásicos (entre los que destacan Adam Smith y David Ricardo) desarrollaron una explicación científica de la sociedad basada en el intercambio generalizado de mercancías y en la ganancia, y al mismo tiempo buscaron celebrar su llegada como un gozoso fin de la historia gratamente alcanzado. Marx, elaborando críticamente a partir de los aportes les reconoce, desarrolla hasta su lógica consecuencia lo que es un nudo teórico central de la economía clásica (que el trabajo la fuente de los valores y de la ganancia) y revela que la base de esta sociedad es el robo legalizado, la apropiación sin contrapartida del plustrabajo que genera la clase trabajadora bajo el mando del capital. De ahí surge toda la ganancia. El capital pone en evidencia cómo el fetichismo impregna las relaciones sociales al punto de que estas se presenten invertidas: como una relación entre cosas (y por lo tanto natural e inamovible) cuando se trata de relaciones entre personas. Por si esto no fuera suficiente provocación, Marx ubica al capitalismo como uno más en toda una serie de modos de producción que han tenido su ciclo de nacimiento, crecimiento y muerte, y muestra cómo de las entrañas de las contradicciones de este sistema surgen las bases de una posible sociedad superior (el comunismo) y el sujeto que puede desarrollarla (el proletariado, ese otro del capital).

En muchas ocasiones la burguesía y sus intelectuales celebraron la muerte de Marx y la pérdida de relevancia de sus ideas. Y en todas se han visto desmentidos. La actualidad de Marx es la de su objeto de crítica, el capitalismo. En un momento en el que el capital logró conquistar como nunca todos los puntos del planeta, subordinando a su voracidad de ganancia las más variadas esferas de la actividad social, ¿cómo aproximarse a los efectos desestabilizadores que tiene esto para la vida humana si no es recuperando y actualizando el estudio que más profundamente expone sus contradicciones? ¿Cómo dar cuenta de la dialéctica de estabilidad y crisis cada vez más recurrentes que caracterizó la operatoria mundial de un capital liberado cada vez más de cualquier barrera a su funcionamiento si no es desde una teoría como la de Marx, en la cual las crisis son un resultado necesario de la acumulación, y no un producto de la incapacidad de la realidad para ajustarse a la teoría (como afirman los neoclásicos y sus expresiones actuales) o “imperfecciones” a corregir mediante algunas reformas (como pretenden los heterodoxos)? No sorprende que Marx siga volviendo al futuro.

Así, cuando la crisis iniciada en 2007 trajo la caída –metafórica– del “muro de Wall Street”, hundiendo en el descrédito el ya entonces ampliamente impugnado consenso neoliberal, la discusión sobre los problemas del capitalismo y cursos de acción para atacarlos no quedó restringida entre los que discuten si hay que emparchar más o menos al sistema capitalista para que siga funcionando y salga de la trampa del débil crecimiento (en el mejor de los casos). El capital, con su molesto recordatorio de que el problema está en la raíz de este modo de producción y que es hacia esas bases donde hay que dirigir las fuerzas de cambios, volvía en 2009 a ser éxito de ventas en varios países.

Estimulada por los cambios registrados por la economía mundial durante las últimas décadas, la elaboración de una crítica del capitalismo contemporáneo siguiendo las líneas de Marx resultó en varios aspectos una agenda provechosa. La obra magna de Karl Marx supo cosechar lectores ávidos, que supieron producir novedosas interpretaciones de la actualidad y de la naturaleza del capitalismo. Se trató de desarrollos “desiguales y combinados”, bajo el impacto de estos tiempos de derrota y reacción en toda la línea, durante las cuales el colapso de los mal llamados “socialismos reales” pegó fuerte en la conciencia de las masas y alejó a la intelectualidad del marxismo revolucionario. En muchos casos se dieron reelaborando a un Marx disociado de la tradición del marxismo revolucionario, o abordando la crítica del capitalismo sin articularla con una estrategia de emancipación. Los fenómenos políticos que está desarrollando una crisis que las clases dominantes han logrado contener, pero no resolver (entre otras cosas por la forma brutal en que sus costos cayeron sobre los trabajadores y los sectores populares en todos los países imperialistas) permiten hipotetizar sobre la posibilidad de que parte de esta elaboración, (re)integrada como parte de un marxismo estratégico, pueda conectarse con una práctica de millones que logre avanzar en un sentido revolucionario.

Como aporte en ese sentido, desde Ideas de Izquierda venimos pasando revista de buena parte de la producción actual sobre el panorama del capitalismo y su crisis y de la crítica de la economía política, leyendo críticamente y entrevistando a algunos de los autores más relevantes. En el archivo de nuestra web puede encontrarse el número 18 que está ampliamente dedicado a discutir la actualidad de esta obra monumental de Marx con notas que conservan gran interés: allí puede leerse a Paula Bach sobre la tendencia a la caída de la tasa de ganancia a propósito de los cuestionamientos a la misma de Thomas Piketty; Esteban Mercatante polemiza con las tesis del capitalismo cognitivo que ponen en cuestión la relevancia actual de la ley del valor trabajo y repasa el debate sobre el problema de la transformación de los valores a precios de producción; Ariane Díaz aborda el método de la economía política, en una nota que puede volver a leerse en este número; Eduardo Grüner analiza la importancia del capítulo de la acumulación originaria para la historia de América Latina; Andrew Kliman escribe sobre cómo pensar la actualidad de El capital; Juan Duarte rastrea los puentes entre el método de Marx y el de Vigotsky; Federico Manzone repasa la historia que va desde las primeras aproximaciones de Marx a la economía política; y Carlos Broun captura fotogramas de la película de Alexander Kluge sobre El capital y los apuntes de Eisenstein para filmarlo. Con los artículos que ahora presentamos, volvemos a la carga.

 

Ver las notas

150 AÑOS DESPUÉS

Michael Roberts

EL CARÁCTER BIFACÉTICO DEL TRABAJO QUE PRODUCE MERCANCÍAS

Pablo Anino

EL CAMINO DEL MÉTODO

Ariane Díaz

ESTADO Y CAPITAL

Ariel Petruccelli

¿FIN DEL TRABAJO O FETICHISMO DE LA ROBÓTICA?

Paula Bach

ANWAR SHAIKH: RECUPERAR LA ECONOMÍA POLÍTICA

Esteban Mercatante