Ecos de la guerra fría en el campo psi

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A PROPÓSITO DE PSIQUIATRÍA, PSICOANÁLISIS Y CULTURA COMUNISTA. BATALLAS IDEOLÓGICAS EN LA GUERRA FRÍA, DE HUGO VEZZETTI

 

JUAN DUARTE

Número 28, abril 2016.

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¿Cómo se dieron en nuestro país los debates sobre psicoanálisis desde posiciones anticapitalistas o socialistas en sentido genérico? ¿Qué herencia conceptual vale la pena recuperar para pensar hoy la cuestión? ¿Cómo se explica, en el plano específico de los debates teóricos e ideológicos, la centralidad del psicoanálisis en Argentina a partir de los años ‘60? Se trata de interrogantes históricos recurrentes a la hora de recrear hoy el pensamiento marxista sobre el psicoanálisis y el campo psi, desde los cuales este libro[1] puede leerse con provecho.

Hugo Vezzetti fue militante de la agrupación maoísta Vanguardia Comunista a principios de los ‘70 y formó parte, junto a intelectuales como Beatriz Sarlo y Carlos Altamirano, de la revista Punto de Vista[2] . Centrada en los debates culturales, la misma pasó de referenciarse en el “marxismo leninismo” a romper con aquel para sostener el “paradigma democrático” en los ‘80. En otros trabajos ha profundizado su mirada en ese sentido[3] y en el plano específicamente académico se ha centrado en la historia crítica de la psicología[4] , a la que vuelve en esta publicación.

La investigación de Vezzetti parte de una crítica a ciertos abordajes previos de la historia del psicoanálisis:

…los trabajos sobre el psicoanálisis y la izquierda intelectual han contribuido a fijar una escena y una época, los sesenta, es decir, los años de eclosión de un dispositivo psi en la universidad y en las instituciones de asistencia, en la reproducción intelectual y en la cultura de los medios. A menudo, el foco en la historia del psicoanálisis ha dado lugar a una narrativa que es como la crónica anunciada de su entronización final. La hegemonía que alcanzó la disciplina freudiana y, sobre todo, la reorientación lacaniana, ha sustentado una suerte de fantasma de autoengrendramiento o ha dado lugar a relatos fundadores sostenidos en la acción de algún héroe solitario, como Oscar Masotta […] Y en cuanto se amplía la visión hacia el pasado, lo que se encuentra es que en el comienzo estaba la psiquiatría. El psicoanálisis como problema intelectual y objeto cultural está en el centro de esta investigación, siempre entramado con los temas de esa formación psiquiátrica que lo precede y que implanta sus huellas en la circulación del freudismo[5].

Desde allí el autor indaga en el abordaje que dio, en el marco de la segunda posguerra y en plena guerra fría, la izquierda psiquiátrica ligada al PC sobre el psicoanálisis,

en el punto en que éste se presentaba como un componente capaz de tener efectos negativos sobre el programa de transformación social […] donde se separaba del “discurso de familia” replegado en la intimidad de las pulsiones y los deseos primarios[6].

En esa indagación va a aparecer la recepción del tratamiento que se dio a la cuestión en el PC francés, cruzada por la respuesta del estalinismo parisino a la promoción de un discurso psiquiátrico con pretensiones de intervención social a escala global impulsado desde los EE. UU. en el marco de la Guerra Fría.

La mirada se amplía entonces a la “izquierda psi”, configuración disciplinar, pero también intelectual, cultural y política, implicada en la dimensión pública de las prácticas de asistencia y formación. Y va a poner en juego tiempos largos y cortos, globales y criollos. Desde esa complejidad se intentará comprender la formación ideológica de los ‘60 en esa izquierda psi, en la cual se habrán incorporado y a las carreras de psicología como escenario, un nuevo psicoanálisis habrá encontrado nuevos interlocutores marxistas más allá del PC y sobre la cual, ya en los ‘70, el lacanismo encontrará condiciones de implantación. A partir de allí se pasa revista y se reponen desarrollos, debates, publicaciones y autores clave en esta trama.

El libro está dividido en 5 apretados y densos capítulos. El primero presenta el marco más general de la posguerra y la Guerra Fría, se repone la política global del estalinismo “con efectos devastadores” respecto a la ciencia y la cultura, conocida como “zhdanovismo” a partir del el “informe Zdhanov” de 1947[7], así como la del materialismo vulgar promovido por los desarrollos del ingeniero agrónomo soviético Trofim Lysenko, que implicaron la instalación del pavlovismo como psicología oficial. De ahí a su expresión en el escenario del estalinismo francés para centrarse en el debate en la izquierda psiquiátrica parisina sobre el psicoanálisis. El manifiesto “Psicoanálisis, ideología reaccionaria”, la “autocrítica” del grupo psiquiátrico estalinista promovido desde la dirección del PCF y publicado en la revista oficial La nouvelle critique en 1949, dará la tónica al debate con el psicoanálisis. En el relevamiento de los debates previos y posteriores en Francia va a resaltar la figura de Georges Politzer, quien previamente había intentado una apropiación marxista del psicoanálisis y que será retomado en el PCA por el psiquiatra y psicoanalista José Bleger, quién dará la nota discordante respecto a la posición oficial encarnada por otro psiquiatra ligado al PCA, Gregorio Bermann.

La tesis de Vezzetti, alrededor de la cual estructura el libro, es que ese “anatema del aparato comunista contra el freudismo tuvo consecuencias más prolongadas en Buenos Aires que en París”[8] . Son esas consecuencias las que se recorrerán a lo largo del libro, las que permitirían explicar el ocaso del marxismo estalinista dentro del campo psi y sobre el cual se recorta la emergencia de la crítica en clave estructuralista que dará sustento al lacanismo.

El capítulo siguiente analiza el surgimiento del discurso de la Salud Mental como parte del auge de un rol social de la psiquiatría en la inmediata posguerra, impulsado desde los EE. UU. en el marco de la “doctrina Truman” y el plan Marshall. Para esto se analiza el III Congreso Internacional de Salud Mental de Londres de 1948, el lugar que allí se dio al psicoanálisis y las críticas desde el PC francés.

El tercer capítulo se centra en lo que el autor denomina “partidismo” (básicamente, estalinismo) en psiquiatría. Se releva su despliegue en Francia, dando lugar a la “autocrítica” mencionada y al pavlovismo en las disciplinas psi y su recepción en Argentina, en particular en la Revista Latinoamericana de Psiquiatría dirigida por Bermann.

En el cuarto capítulo resalta justamente el intento de Bleger de “superación dialéctica del psicoanálisis, una síntesis capaz de integrar y superar sus contradicciones a partir de un estudio epistemológico que respetara la autonomía científica”[9], o, en otras palabras, “retomar los aportes del psicoanálisis dentro de una estructura teórico e ideológica distinta”[10]. Este será el intento puesto en juego en su libro Psicoanálisis y dialéctica materialista (1958), que merecerá la crítica furibunda de la dirección estalinista y su posterior expulsión.

El apartado final concluye analizando el paso al nuevo escenario en el que se afianzan corrientes que critican el dogmatismo estalinista y retoman el psicoanálisis como referencia válida, aunque manteniendo ciertas continuidades. En este punto Vezzetti analiza pormenorizadamente el plenario de psiquiatras del PCA de 1964, el ocaso del pavlovismo psiquiátrico y la emergencia con fuerza del psicoanálisis como referencia (junto a otras figuras novedosas como Lev Vigotsky), así como de nuevos actores de peso dentro de la intelectualidad marxista (Pasado y Presente, Sciarreta). Al mismo tiempo se recorre el surgimiento de la corriente estructuralista de Althusser, que va a poner al psicoanálisis y a Lacan en el centro, y su recepción en Argentina.

Ahora bien, hay dos aspectos problemáticos que pueden señalarse en el libro: uno que tiene que ver una posición política y teórica adoptada por el autor; y otro, acaso menor, que tiene que ver con el tipo de análisis elegido.

El primero concierne a la concepción del autor sobre lo que llama “marxismo de partido”, o “partidismo”, y que va a constituirse prácticamente en un leit motiv en el ensayo, que consistirá en amalgamar todo el marxismo revolucionario como un residuo del leninismo. Es que en este punto Vezzetti abreva en

los argumentos de Claude Lefort: “lo determinante en el episodio [del comunismo] era la forma política del partido, forjada en el leninismo, que establecía la dominación plena de la cúpula dirigente, la situaba más allá de la ley y eliminaba el debate y la democracia interna”[11].

De este modo, y al igual que su referente extrotskista francés, Vezzetti omite la existencia de las luchas políticas y teóricas del trotskismo contra el estalinismo (por ejemplo la crítica al “realismo socialista” en el arte, o sobre el régimen estalinista), con lo cual termina reproduciendo respecto al marxismo el tipo de relato teleológico que dice combatir. Peor aún, termina desplegando sus prejuicios de forma bastante deshonesta con el lector, atribuyendo por ejemplo a Lenin la teoría del reflejo sostenida por los pavlovistas vernáculos[12]. Pero esta omisión es acaso secundaria frente al problema mayor de esta posición, que es el de la impugnación de conjunto del marxismo como estrategia política leninista, lo cual se traduce, respecto al objeto específico del ensayo, en que cualquier intento de pensar al psicoanálisis desde el marxismo organizado en partido aparece de entrada condenado al fracaso, cuando en realidad lo único que queda demostrado es el fracaso del pensamiento y el tipo de organización burocrático estalinista.

Con respecto al tipo de análisis elegido por el autor, centrado en “las formas siempre contingentes en que la circulación de las ideas se cruza con los acontecimientos y las coyunturas políticas”[13], nos parece que el énfasis en las tramas discursivas termina lesionando la valoración de los acontecimientos políticos y sociales, así como la relación del plano de las ideas con el de las coyunturas políticas. Por ejemplo, uno esperaría un tratamiento más detenido sobre la complejidad de los orígenes políticos del estalinismo, o de la actuación de los PC en Argentina y Francia en los períodos analizados.

Ahora bien, teniendo en cuenta estos importantes ejes problemáticos, no tenemos dudas de que una lectura crítica desde allí puede ser provechosa para quienes intenten pensar hoy el psicoanálisis y las “disciplinas psi” desde un punto de vista anticapitalista y marxista.

[1] Buenos Aires, Bs. As., Siglo XXI, 2016.

[2] Al respecto, ver Díaz, Ariane, “La utopía de un social-liberalismo argentino”, en Lucha de Clases 4, 2004.

[3] Pasado y Presente (2002) y Sobre la violencia revolucionaria (2009), ambos publicados por Siglo XXI en Buenos Aires.

[4] Aventuras de Freud en el país de los argentinos. De José Ingenieros a Enrique Pichon Rivière (1996), y Freud en Buenos Aires, 1910-1939 (1989) y La locura en la Argentina (1983). Todos publicados en Buenos Aires.

[5] Vezzetti, p. 14

[6] Ibídem, p. 15.

[7] Que encuentra antecedentes en la promoción del realismo socialista en arte una década antes a nivel nacional, y se extiende según el autor hasta la muerte de Stalin en 1953. Esto, así como sus derivaciones locales (en las que tendrá lugar Gregorio Bermann), también está tratado en el libro.

[8] Ibídem, p. 51.

[9] Ibídem, p. 200.

[10] Ibídem, p. 234.

[11] Ibídem, p. 41.

[12] Ver Díaz, Ariane, “Un amigo de la dialéctica en medio de la guerra”, en IdZ 14.

[13] Vezzetti, ob. cit., p. 266.

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