Diez semanas de Trotsky en Nueva York

0
Share Button

A PROPÓSITO DE TROTSKY IN NEW YORK, DE KENNETH ACKERMAN

 

LARISA PÉREZ

VER PDF

El aniversario de la Revolución rusa provoca la intención de mostrar novedosas producciones sobre los sucesos, la cultura, el arte y, claro, sobre sus principales protagonistas.

Kenneth Ackerman buscó un lado poco explorado y popularizado de la vida de Trotsky, tal vez porque incluso él mismo no le dedicó mayor extensión a sus días vividos en Nueva York en su autobiografía Mi Vida. El autor, partiendo de esta premisa, se propone reconstruir hechos, debates, contexto histórico y la experiencia personal de sus protagonistas, de manera tal que resulte interesante y al alcance de un público amplio.

Desde el inicio nos introduce en un contexto que parece muy lejano. Los albores del imperialismo, el corazón del capitalismo americano: Estados Unidos. El crecimiento estrepitoso de las ciudades, la monstruosa maquinaria industrial, los millones de habitantes migrando de países europeos, la máscara de la democracia formal frente a las monarquías que sangraban Europa. Trotsky pone sus pies en Nueva York en este caótico momento.

La Primera Guerra Mundial desgarraba Europa; trincheras atestadas de cuerpos, sangre y barro, armas químicas y lo que pasó a la historia como una de las guerras más cruentas y salvajes: 16 millones de personas murieron. Esta gran convulsión con la que amanecía el siglo XX, a su vez, fue partera de nuevas crisis económicas, políticas, guerras y revoluciones. Sin embargo Estados Unidos no entró oficialmente en el combate hasta su último año. El Presidente Woodrow Wilson supo utilizar bien la posición inicial “neutral” de EE. UU. frente a la guerra para beneficiar a su propio desarrollo económico y a nombres que resuenan hasta nuestros días en la dominación financiera: JP Morgan y Rockefeller. La maquinaria siniestra del complejo militarindustrial norteamericano daba sus primeros pasos, devorando las ganancias por la guerra europea, en fábricas donde las explosiones de bombas y armamentos se cobraban la vida de obreros. Aunque no fuera en las trincheras, las consecuencias de la guerra no eran tan lejanas de la realidad de los millones de trabajadores neoyorquinos, víctimas de ésta.

No obstante, una clase obrera joven que vio la luz bajo los parámetros de la democracia norteamericana, una experiencia diferente comparada con la de sus hermanos cruzando el Atlántico, empezaba a crear sus organizaciones, gremios y partidos políticos también al calor de las influencias provenientes de Europa.

Entra en escena cómo y por qué nuestro protagonista Trotsky llega a Nueva York. Ackerman realiza una exhaustiva reconstrucción de los inicios de Trotsky en política, hasta que es condenado por el zarismo a la prisión siberiana debido a su rol dirigente en los soviets de Petrogrado en 1905, experiencia revolucionaria, antesala de 1917. De allí logra escaparse, dejando a su primera esposa e hijos. Luego de un exilio atravesando países como Suiza, Francia, Gran Bretaña, como tantos otros exiliados rusos, la hostilidad y la irrupción de la guerra exacerban su persecución política para ser definitivamente rechazado en todos los países, hasta España. Así es como determina la travesía desde Sevilla cruzando el Atlántico hacia el “Nuevo Mundo” por primera vez junto con su compañera Natalia y sus hijos, sin conocimientos del inglés, apenas de amigos que los aguardaran, y con la Policía de todos los países respirando sobre su nuca bajo riesgo de ser prisionero político:

“El último acto de la policía española es estupendo”, Trotsky escribió, burlándose con un amigo. “En Valencia y Málaga, agentes y gendarmes me rodearon en el bote para evitar que me escape junto a mi esposa e hijos” 1.

El autor nos lleva a imaginar, con su descripción de Nueva York, la población de medio millón de rusos exiliados escapando del zarismo, los pogromos y la miseria del campo, el impacto que implicó la llegada de Trotsky para los norteamericanos, y viceversa. Al principio, era como una intuición: fotógrafos y periodistas se reunían para recibirlo, y reflejar algún testimonio que condenara la barbarie del zarismo y la guerra. Titular de algunos diarios, más celebrado que condenado, a través de contactos logra instalarse en una casa. Las primeras noches, recibido por los militantes socialistas norteamericanos, rápidamente se introducen en la historia dirigentes bolcheviques también exiliados como Nikolai Bujarin y Alexandra Kollontai. Cada vez que entra un nuevo personaje a escena por los acontecimientos, el relato hace un flashback sobre su vida y biografía política.

 

La pelea de Trotsky dentro del socialismo norteamericano

Con el objetivo de hacer comprensible esta breve historia del paso de Trotsky por Nueva York, era necesario explicar las divisiones del movimiento socialista a raíz de la guerra. Con una reconstrucción minuciosa y muy amena, el lector puede comprender cuál era su rol en una internacional socialista que entró en crisis terminal al irrumpir la guerra imperialista y los partidos en cada país europeo, apoyarla. Las diferencias entre alas menchevique y bolchevique del partido socialdemócrata ruso se pusieron sobre la mesa en la primera cena de Trotsky en Nueva York, y como no podía ser de otra manera, a raíz de las discusiones sobre los objetivos revolucionarios en Norteamérica, la posición ante la guerra imperialista y qué estrategia debían adoptar los partidos de la clase obrera.

A esta altura, inevitablemente Ackerman debe introducir a Lenin como el principal dirigente que desde el exilio en Londres mantenía a otros emigrantes en lucha contra la traición chovinista de la II Internacional, y rearmándose para cuando irrumpiera la oportunidad revolucionaria en Rusia. En este momento, su relación con Trotsky era conflictiva, y muchos detractores –incluyendo traidores– acentúan su enfrentamiento político. El autor no se queda atrás, Kollontai es presentada como la confiable camarada de Lenin que vigila de cerca los pasos de Trotsky, cuando de hecho estaba intentando ganarse el favor y confianza de Lenin en el extranjero. La idea de “dictadura del proletariado” en la mesa de los socialistas americanos, así como los debates y nociones de “conciencia” a los que apuntaba la militancia marxista en la clase obrera son criticados por el autor:

Trotsky ridiculizaba todo el concepto de Lenin de “dictadura del proletariado” como equivalente a “Dictadura sobre el proletariado’” un pináculo de poder concentrado con Lenin como un autodesignado dictador2.

Interpretaciones como ésta, sumadas a detalles de las intensas discusiones entre ellos son algunas de las exageraciones de Ackerman, al hacer un recorte parcial y dar a entender una enemistad dramática y personal.

Pasada esta introducción social y política, la narración continúa con la inserción de Trotsky trabajando y desarrollando su labor política en el Novy Mir, un periódico ruso socialista donde tiene la posibilidad de ser editor. Esta posición le valdrá de mucho, ya que no maneja el idioma, al tener un público para influenciar e ir avanzando, paulatina pero firmemente, en lucha política con la dirección del partido socialista norteamericano. De a poco va apareciendo en discursos, aunque en ruso a veces con intérprete, y convenciones a los que era invitado como ruso y como socialista. Solo sería el preámbulo a su oposición al establishment del Socialist Party of America (SPA).

Desde su llegada el clima social de los dirigentes socialistas le resultaba chocante. Exitosos comerciantes, políticos de carrera con reiteradas elecciones y posiciones en los parlamentos; el socialismo se había transformado para ellos en buscar posiciones dentro del propio régimen democrático. Dicha concepción Ackerman la compara con el ala derecha del partido socialdemócrata, y deja entrever su simpatía al llamarlo “práctico” o “factible”. El enorme trabajo de investigación y construcción de este libro contrasta de lleno con los pasajes que intentan llenar algunas lagunas con la propia mirada desaprobadora del autor respecto de lo que da a entender como posiciones intransigentes por parte de Trotsky y los bolcheviques.

La entrada de EE. UU. a la guerra imperialista en el bando de los “aliados” abre el debate sobre qué posición debe adoptar el partido, y Trotsky es parte. Morris Hillquit, dirigente del SPA declara al New York Times: “Si nuestras tropas son enlistadas voluntariamente, los socialistas, de conjunto, nos rehusaremos a enlistarnos”, pero

…si el Ejército es reunido por reclutamiento obligatorio, por supuesto tendremos que ir al servicio como otros ciudadanos. No creo que los socialistas sean partidarios de ninguna huelga general industrial que obstaculice la preparación bélica del país. Y no creo que vaya a haber tal huelga3.

Trotsky junto a Louis C. Fraina aprovechan la oportunidad de ser miembros del Comité de Resoluciones para presentar una oposición a la postura de la dirección. Aunque no quedan registros de la discusión interna, sus exigencias fueron: que el partido denuncie en la prensa burguesa las declaraciones de Hillquit, que también denuncie el concepto de “defensa nacional” como excusa para la guerra ya que son internacionalistas de la clase obrera, que en las agitaciones el partido se distinga de las posiciones pacifistas que no estén dispuestas a luchar por el socialismo llegado el momento, y finalmente en caso de guerra, el partido debería comprometerse a acciones de masas como huelgas generales y protestas en las calles para bloquear movimientos de tropa, reclutamiento e industria bélica. Esta demanda era al fin y al cabo la síntesis de las diferencias respecto de la guerra, y donde no llegaron a un acuerdo, por lo cual el debate de la sección neoyorkina del partido se hizo público en una conferencia en el Lenox Casino. En última instancia, las implicancias eran considerar que la organización y/o sus miembros pasaran a la actividad ilegal. La victoria de Hillquit y sus seguidores fue solo por 22 votos de 180, lo cual evidenció un importante logro para Fraina y Trotsky, ya que la base de 79 apoyos luego crecería en consolidarse como oposición a la dirección del partido.

A la par de desarrollar el relato de estas discusiones, Ackerman da cuenta del surgimiento de los organismos de inteligencia como subproducto de la guerra. Gran Bretaña reclutaba a los primeros oficiales para el MI1 (que luego sería el MI64) entre los cuadros militares lisiados en combate para entrenarlos en espionaje e inteligencia, como William G. E. Wiseman, bajo la dirección de George Mansfield Smith-Cumming. La delgada línea entre enemigo por nación, clase e ideología se hace evidente; cualquiera que boicoteara el éxito de los aliados era un enemigo, perteneciente al bando

alemán, judío o marxista. En Estados Unidos se exporta esta persecución desde antes de ingresar formalmente a la guerra, pero con ésta pega un nuevo salto. La persecución a alemanes, ahora enemigos de guerra, va acompañada de la persecución a los socialistas y más aun aquellos revolucionarios, no tanto por su poder de fuego en Norteamérica sino por sus objetivos de revolución en Europa.

Es entonces cuando llega la noticia de la Revolución de febrero en Rusia. El conjunto de la comunidad migrante rusa festeja en las calles, casas, bares por la caída del régimen zarista y piensa en la posibilidad de la vuelta a casa. Una de las primeras resoluciones que llega es la amnistía a todos los exiliados políticos. En marcha se ponen, desde Lenin y Kollontai, hasta Trotsky en Nueva York, los planes para regresar, expectativa aumentada por la imperiosa necesidad de montarse sobre ese proceso para darle continuidad y salida revolucionaria. Igualmente se preparan los servicios de inteligencia para dificultar la tarea que podría resultar en que Rusia deje de participar en la guerra si la posición bolchevique triunfara.

 

Despedida y legado

Esta breve e intensa parte de la Historia vuelta a la luz en este trabajo da la posibilidad de reflexionar y revalorizar el paso de Trotsky por Nueva York para el lector que así lo quiera buscar, más allá de las opiniones del autor. En un sentido, el propio legado que dejan sus posiciones teóricas y estratégicas a la política marxista de ese país y sus organizaciones, que tendrán continuidad luego. Por otra parte, como momento transicional entre posiciones de Trotsky en el exilio y las que adoptara al volver a Rusia en medio de la Revolución de 1917, concluyendo en su unión a los bolcheviques y siendo uno de los principales dirigentes junto a Lenin de la Revolución de octubre en la que millones de obreros y campesinos derrocaron la opresión y conquistaron pan, paz y tierra. Al respecto,

Lenin escribía el 22 de marzo de 1917: “sólo una república proletaria, respaldada por los obreros agrícolas y el sector más pobre de los campesinos y los habitantes de la ciudad, puede asegurar la paz, brindar pan, orden y libertad”. El dirigente bolchevique veía en los soviets la institución que, como la Comuna de París de 1871, podía ser el órgano del nuevo gobierno proletario. Del mismo modo, Trotsky decía el 2 de abril (20 de marzo): “consecuentemente, el proletariado debe, desde ahora, oponer sus organismos de combate a los del gobierno provisional. En esta lucha, el proletariado, agrupando alrededor de sí a las masas laboriosas, debe tener como objetivo fundamental la toma del poder5.

Uno desde Suiza y otro desde Estados Unidos coincidían en evitar el desvío del gobierno provisional y llevar las tareas revolucionarias de los trabajadores hasta el final.

La fiesta de despedida al grupo de rusos exiliados, Trotsky junto a Chudnovsky y Guschon Melnichansky6, que volverían en el Kristianiafiord a la Rusia convulsionada por la revolución de febrero, reunió a los principales referentes del movimiento socialista y anarquista norteamericanos. Emma Goldman, una de las principales referentes del movimiento anarquista en Estados Unidos, luego deportada en 1919 a Rusia, describió el discurso de Trotsky esa noche (del cual no quedaron transcripciones):

Su análisis de las causas de la guerra fueron brillantes, su denuncia de la ineficacia del gobierno provisional en Rusia mordaz, y su presentación de las condiciones que llevaron a la Revolución iluminadoras. Cerró su discurso de dos horas con un tributo elocuente a las masas trabajadores de su tierra natal. La audiencia estaba alzada en el punto máximo de entusiasmo, y Sasha [Berkman] y yo nos unimos francamente a la ovación dada al orador7.

El paso breve por EE. UU. había asomado substanciales consecuencias. La pelea que Trotsky desarrolló al interior del movimiento socialista cuando Woodrow Wilson propusiera entrar a la guerra mundial, abrió un camino para que luego se fortaleciera una fracción que sería el Partido Comunista. Lo más interesante de la lectura es concluir lo devaluado que permanece para el propio movimiento obrero norteamericano, y también a nivel internacional, los aportes y el reconocimiento sembrado por Trotsky y sus posiciones. Su importante rol apoyando y desarrollando una línea política que continuarían Louis Fraina y James P. Cannon, miembro de IWW (Industrial Workers of the World) y del SPA que, luego de su expulsión en 1928 del Partido Comunista Norteamericano, conformó y presidió el Socialist Workers Party (SWP) en oposición al estalinismo y referente de la IV Internacional junto a Trotsky, entre otros. Ackerman los define como sus “protegidos”, destacando cómo Cannon asistió al enorme mitin de Morris Hillquit en Madison Square Garden sobre la Revolución rusa, dirigiéndose a la multitud: “Si no podemos conseguir la libertad con nuestros votos, usaremos las bayonetas que pongan en nuestras manos”, y culminando “La casa Rockefeller y la casa Morgan caerán como ha caído la casa Romanov en Rusia”8.

Las imágenes contrastantes de su llegada y su partida de Nueva York pueden verse como el preanuncio del creciente protagonismo que tendría en la historia del movimiento obrero mundial.

  1. Citado en Ackerman, Kenneth D., Trotsky in New York, Berkeley, Counter Point, 2016, Trotsky, Leon, Vingt Lettres de Leon Trotsky. Paris, La vie Ouvriere, 1919, p.24.
  2. Ibídem, p. 19.
  3. Citado en Trotsky in New York, ob. cit., New York Times, 11 de febrero, 1917, p. 161.
  4. El MI6 o SIS es la agencia de inteligencia exterior del Reino Unido, sus siglas corresponden a Secret Intelligence Service.
  5. Trotsky, Leon, 1917: Escritos de la revolución (compilación), Buenos Aires, CEIP León Trotsky, 2007.
  6. Colegas de Trotsky en el Novy Mir. Además viajarían junto al carpintero Konstantin Romanchinko y un hombre llamado W. SchloimaDukhom.
  7. Citado en Trotsky in New York, ob. cit., Goldman, Emma,Living MyLife, New York, Da Capo Press. 1931, 1970.
  8. Citado en Trotsky in New York, ob. cit., Volkogonov, Dmitri, Lenin: A New Biography. Nueva York, Pree Press, 1994, p. 233.

No comments

Presentación Ideas de Izquierda 3

EDITORIAL De la lectura de las elecciones primarias del  11 de agosto (PASO) se destacan dos hechos clave: la dura derrota del gobierno a manos ...