Día Internacional de las Mujeres: la primera página de la revolución

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CELESTE MURILLO

Número 36, marzo 2017.

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El año 2017 marca el centenario de la revolución que materializó las esperanzas de superar al capitalismo de millones de trabajadoras, trabajadores y oprimidos en todo el mundo. Lejos de la imagen monstruosa del “socialismo”, la revolución de 1917 generó una onda expansiva que influyó en la forma de pensar la acción política, la organización y la lucha de clases, las relaciones sociales y de género, influyendo en la cultura y las artes. A lo largo de los números de este año, dedicaremos páginas y secciones a rescatar su legado, no con afán meramente historiográfico sino con el objetivo de fortalecer las Ideas de Izquierda en el debate y el combate por una intelectualidad marxista que haga suyas las conclusiones de la revolución que tomó el cielo por asalto.

El texto que publicamos en este número es un volante publicado y distribuido el 6 de marzo de 1917 (el 21 de febrero, según el calendario juliano utilizado en Rusia en ese momento) por el Comité Interdistrital de Petrogrado, que durante ese año se fusionaría con la corriente bolchevique, para el Día Internacional de las Mujeres.

En la Rusia de 1917, la escasez de alimentos se instalaba como cotidianeidad. Diezmada por la guerra, asolada por el hambre y asfixiada por el régimen autocrático, albergaba huelgas y protestas políticas. Como señala la historiadora Barbara Allen en sus notas sobre el volante (1),

Durante la mañana del 8 de marzo (23 de febrero), la escasez de combustible en Petrogrado interrumpió el funcionamiento de las panaderías. Las mujeres (o sus hijos e hijas) que habían esperado durante horas en las filas no tenían pan para comprar. Anticipándose a los llantos de hambre de sus hijos e hijas, las trabajadoras alcanzaron el límite de su paciencia. Los socialistas radicales rápidamente decidieron agregar consignas contra la autocracia y la guerra a la exigencia de pan.

Ese era el clima político y social en el que se “amasaba” la revolución que tendría su día número uno en una fecha conmemorativa que, hasta ese día, no había tenido especial relevancia entre las organizaciones revolucionarias. Sin embargo, esto no quería decir que no existieran debates y experiencias previas. De hecho, la huelga de las textiles que pasaría a la historia no había sido la primera. Las luchas obreras entre 1905 y 1907 incluían en sus demandas las necesidades de las mujeres. No existió casi ninguna huelga que no mencionara de alguna manera demandas, como el pago de la licencia por maternidad, tiempo libre para la lactancia o la creación de guarderías en las fábricas (2).

En los años previos a la revolución, existía además (entre muchas otras) una discusión sobre la organización de las mujeres trabajadoras dentro del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (POSDR). La primera celebración del Día de la Mujer evidenció esas diferencias (3): los mencheviques impulsaban la movilización exclusiva de obreras, y los bolcheviques se oponían porque esa fecha debía ser conmemorada por toda la clase obrera, hombres y mujeres, abrazando la causa de la emancipación femenina. La política de la corriente bolchevique se materializaría más tarde en la publicación de Rabotnitsa (La Obrera), un periódico para las mujeres trabajadoras, dirigido por las principales dirigentes del bolchevismo: Inessa Armand, Nadezhda Krupskaia y Anna Ulianova-Elizarova. En 1915, en la Tercera Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas celebrada en Berna, la delegación bolchevique transformó la reunión en uno de los primeros polos donde se agruparon las fuerzas revolucionarias que se oponían a la política chauvinista de la socialdemocracia alemana, que apoyaba a su burguesía en la Primera Guerra. De esta conferencia saldrá la consigna popularizada por los bolcheviques de “Guerra a la guerra”.

Continuidades y rupturas

Luego de la toma del poder, las mujeres trabajadoras conquistarían rápidamente derechos por los que peleaban duramente o aun eran inimaginables para sus compañeras de género en Estados Unidos o Europa: derecho al voto, derecho al aborto, al divorcio, igual salario a igual trabajo, entre otros. La revolución, lejos del prejuicio alimentado por las visiones liberales, no relegó los derechos de las mujeres a un “lugar secundario”.

Por primera vez las mujeres disponían de su vida, ya no dependían de sus maridos para tener documentos, educación o trabajo. La revolución puso todo en cuestión: el poder de la Iglesia, el matrimonio, las uniones libres, el amor, la sexualidad, la familia, la educación, impulsaron la socialización del trabajo doméstico, entre tantas otras cuestiones de la vida cotidiana. El proceso no estuvo exento de contradicciones, tuvo avances y retrocesos, expresaba el desgarramiento entre la sociedad nueva por nacer y la vieja sociedad opresora que se derrumbaba (4).

El Código Civil de 1918 (5), resultado de debates y estudios de juristas, intelectuales y dirigentes bolcheviques, no tenía parangón en la legislación más avanzada de los países centrales europeos. Entre sus objetivos estaba garantizar la igualdad ante la ley de hombres y mujeres, pero especialmente trabajar en la transformación radical de todo aquello que obstaculizara la igualdad ante la vida, donde las mujeres permanecían atadas al trabajo doméstico, víctimas de opresivas costumbres ancestrales que era necesario arrancar de raíz de la cultura y la vida social soviéticas. Y aunque las dificultades económicas y políticas (las medidas más audaces se tomaron al mismo tiempo que la URSS enfrentaba la guerra imperialista y la guerra civil) nunca fueron un freno para los bolcheviques y la generación revolucionaria, el atraso económico, las hambrunas y, especialmente, la derrota de la revolución en Europa, prepararon un camino de retroceso.

 

Reacción y contrarrevolución

En dirección opuesta a los sueños libertarios de 1917, el régimen estalinista rindió culto a la familia como herramienta de disciplinamiento social, condenó nuevamente a las mujeres al hogar, limitó el desarrollo de la socialización de los servicios de guarderías, lavaderos y comedores, desconoció las uniones libres y estableció el matrimonio civil como única unión legal, suprimió la sección femenina del Comité Central del Partido Bolchevique, volvió a penalizar la homosexualidad (como en tiempos del zarismo), criminalizó la prostitución y prohibió el aborto.

Junto con la persecución de la oposición a la burocracia estalinista, realizada paradójicamente en nombre del socialismo, se desacreditaron las ideas debatidas ardientemente en los primeros años de la revolución. Como señala la historiadora Wendy Z. Goldman, autora de La mujer, el Estado y la revolución,

la tragedia más grande de todas es que las generaciones subsiguientes de mujeres soviéticas, desheredadas de los pensadores, las ideas y los experimentos generados por su propia Revolución, aprendieron a llamar a esto “socialismo” y a llamar a esto “liberación”.

Nada más lejos de la revolución que peleó codo a codo con ellas para alcanzar su emancipación, y soñó una sociedad liberada de las miserias materiales. La generación que asaltó el cielo en la Rusia del 1917 imaginó nuevas formas de relaciones humanas, despojadas de la coerción, la represión, el despotismo y la mezquindad familiar. En palabras de Alexandra Kollontai:

Si logramos que de las relaciones de amor desaparezca el ciego, exigente y absorbente sentimiento pasional; si desaparece también el sentimiento de propiedad lo mismo que el deseo egoísta de “unirse para siempre al ser amado”; si logramos que desaparezca la fatuidad del hombre y que la mujer no renuncie criminalmente a su “yo”, no cabe duda de que la desaparición de todos estos sentimientos hará que se desarrollen otros elementos preciosos para el amor (6).

 

***

¡CAMARADAS TRABAJADORAS!

Durante diez años, las mujeres de todos los países han visto el 23 de febrero [8 de marzo en el mundo, NdeT] como el día de las mujeres trabajadoras, como el “1° de Mayo” de las mujeres. Las estadounidenses fueron las primeras en señalar este día para medir sus fuerzas. De forma gradual, las mujeres de todo el mundo fueron sumándose. En este día, se realizan asambleas y reuniones para explicar los motivos de nuestra difícil situación y para mostrar una salida. Ya ha pasado mucho tiempo desde que las mujeres ingresaron a las fábricas y plantas para ganarse el pan. Durante mucho tiempo, millones de mujeres han estado de pie junto a las máquinas todo el día de igual a igual con los varones. Los patrones explotan a varones y mujeres hasta el agotamiento. Varones y mujeres son arrojados a la cárcel por salir a la huelga. Varones y mujeres deben luchar contra los patrones. Pero las mujeres entraron a la familia de los trabajadores después que ellos. A menudo, todavía temen o no saben cómo y qué exigir. Los patrones siempre se aprovecharon de la ignorancia y la timidez y todavía lo hacen.

Durante diez años, las mujeres de todos los países han visto el 23 de febrero [8 de marzo en el mundo, NdeT] como el día de las mujeres trabajadoras, como el “1° de Mayo” de las mujeres. Las estadounidenses fueron las primeras en señalar este día para medir sus fuerzas. De forma gradual, las mujeres de todo el mundo fueron sumándose. En este día, se realizan asambleas y reuniones para explicar los motivos de nuestra difícil situación y para mostrar una salida. Ya ha pasado mucho tiempo desde que las mujeres ingresaron a las fábricas y plantas para ganarse el pan. Durante mucho tiempo, millones de mujeres han estado de pie junto a las máquinas todo el día de igual a igual con los varones. Los patrones explotan a varones y mujeres hasta el agotamiento. Varones y mujeres son arrojados a la cárcel por salir a la huelga. Varones y mujeres deben luchar contra los patrones. Pero las mujeres entraron a la familia de los trabajadores después que ellos. A menudo, todavía temen o no saben cómo y qué exigir. Los patrones siempre se aprovecharon de la ignorancia y la timidez y todavía lo hacen.

Trabajadoras, no deben contener a los camaradas que siguen aquí, sino unirse en la lucha fraternal contra el gobierno y los patrones. Es por ellos que se desarrolla esta guerra, tantas lágrimas y tanta sangre derramada en todos los países. Esta terrible carnicería ya lleva  tres años. Nuestros padres, esposos y hermanos están muriendo. Nuestros seres queridos regresan a casa desdichados y lisiados. El gobierno zarista los envió al frente. Los mutiló y los mató, pero no le interesa su sustento.

No parece haber final a la vista del derramamiento de sangre obrera. Los trabajadores fueron acribillados el Domingo Sangriento, el 9 de enero de 1905, y los masacraron durante la huelga de Lena Goldfields en abril de 1912. Más recientemente, dispararon contra los trabajadores en Ivanovo-Voznesensk, Shuia, Gorlovka y Kostroma. La sangre obrera es derramada en todos los frentes. La Emperatriz negocia la sangre de los pueblos y entrega a Rusia pieza por pieza. Envían soldados casi desarmados a la muerte segura. Asesinan cientos de miles de personas en el frente y se benefician económicamente de ello.

Bajo el pretexto de la guerra, los propietarios de las fábricas intentan convertir a los trabajadores en siervos. El costo de vida crece terriblemente en todas las ciudades. El hambre golpea todas las puertas. Arrebatan a las aldeas el ganado y hasta los últimos trozos de pan para la guerra. Durante horas, hacemos filas por comida. Nuestros hijos e hijas pasan hambre. ¿Cuántos de ellos han sido abandonados o han perdido a sus padres? Están solos y muchos se han transformado en vándalos. El hambre ha empujado a muchas chicas, que todavía son niñas, a caminar las calles. Muchos niños y niñas están junto a las máquinas haciendo un trabajo que supera su capacidad física hasta altas horas de la noche. Las penas y las lágrimas nos rodean. La situación es difícil para los trabajadores en todo el mundo, no solo en Rusia. No hace mucho tiempo, el gobierno alemán reprimió cruelmente una revuelta por hambre en Berlín. En Francia, la Policía está enfurecida. Envían gente al frente por hacer huelga. En todas partes la guerra provoca desastres, un alto costo de vida y la opresión de la clase obrera.

Camaradas, trabajadoras, ¿al servicio de quién es esta guerra? ¿Necesitamos asesinar millones de trabajadores y campesinos austríacos y alemanes? Los trabajadores alemanes tampoco querían pelear. Nuestros seres queridos no van al frente con ganas. Son obligados a hacerlo. Los trabajadores austríacos, ingleses y alemanes van de la misma forma. La guerra es por el oro, que brilla a los ojos de los capitalistas, que se benefician de ella. Ministros, propietarios y banqueros esperan obtener ganancias en medio de la confusión. Se hicieron ricos en la guerra. Después de la guerra, no pagarán los impuestos. Los trabajadores y campesinos harán todos los sacrificios y pagarán todos los costos.

Queridas camaradas, ¿seguiremos tolerando esto en silencio por mucho tiempo, con explosiones ocasionales de rabia contra los pequeños comerciantes? De hecho, ellos no son responsables de las calamidades de la gente. Están arruinados. El gobierno es el culpable. Comenzaron esta guerra y no pueden ponerle fin. Ha arrasado el país. Es su culpa que ustedes pasen hambre. Los capitalistas son los culpables. La guerra es para su beneficio. Es tiempo de que gritemos: ¡Es suficiente! ¡Abajo el gobierno criminal y toda su pandilla de ladrones y asesinos! ¡Viva la paz!

El día del castigo se acerca. Ya hace mucho tiempo que hemos dejado de creer en los cuentos de los amos y los ministros del gobierno. La bronca popular crece en todos los países. En todas partes, los trabajadores comienzan a comprender que no pueden esperar que sus gobiernos pongan fin a la guerra. Si pactan la paz, esta implicará intentos de tomar las tierras de otros, robar otro país, y esto llevaría a nuevas masacres. Los trabajadores no necesitan nada que pertenezca a otros.

¡Abajo la autocracia! ¡Viva la revolución! ¡Viva el gobierno provisional! ¡Abajo la guerra! ¡Viva la república democrática! ¡Viva la solidaridad internacional del proletariado! ¡Viva el POSDR unido!

Comité Interdistrital de Petrogrado

Traducción: Celeste Murillo.

 

Notas

  1. La selección, traducción al inglés y comentario fueron realizados por Barbara Allen, autora de Alexander Shlyapnikov, 1885-1937: Life of an Old Bolshevik (Haymarket Books, 2016). La publicación del volante es parte de una serie llamada “1917: The view from the streets”, editada por el historiador John Riddell, disponible en johnriddell.wordpress.com y en socialistworker.org. La versión completa de sus anotaciones pueden leerse en inglés en “A day to prepare for conquering the enemy”, disponible en las páginas mencionadas anteriormente.
  2. Ver Wendy Z. Goldman, La mujer, el Estado y la revolución, Buenos Aires, Ediciones IPS, 2010.
  3. Los dirigentes de la corriente menchevique se oponían a impulsar la organización de trabajadoras; al contrario, la bolchevique impulsaba la creación de organizaciones políticas y sindicales de mujeres, incluso dedicaba una sección (“Trabajo y vida de las obreras”) en su periódico Pravda.
  4. Goldman, ob. cit.
  5. Ídem.
  6. “Carta a la Juventud Obrera”, 1921.

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