De vuelta a la estrategia

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MATÍAS MAIELLO

Número 34, octubre 2016.

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Por primera vez se publica en castellano, a instancias de Ediciones IPS-CEIP, el libro León Trotsky y el arte de la insurrección, de Harold Walter Nelson.

 

Se trata de un libro inquietante. Escrito por un Coronel del Ejército norteamericano, analiza de manera documentada la evolución del pensamiento militar de León Trotsky hasta el triunfo de la Revolución Rusa. Desde el otro lado de la barricada, Nelson descubre la profundidad del revolucionario ruso como teórico militar, como estratega y “general” revolucionario.

Si la insurrección de Petrogrado de octubre de 1917 pone de relieve la talla de Trotsky como estratega, sus análisis sobre la Primera Guerra de los Balcanes (1912-13) ya lo muestran como precursor de temáticas que serán fundamentales para el análisis del fenómeno de la guerra en el siglo XX, y que décadas después desarrollarán autores como John Keegan o Michael Howard1.

Desde este punto de vista, no llama la atención el interés de un militar como Nelson en la obra del fundador del Ejército Rojo. Tampoco sería el primero en tener esta inclinación; la tuvo, por ejemplo, el diplomático e ideólogo de la estrategia norteamericana de la “contención” en la Guerra Fría, George Kennan2.

Contradictoriamente, esta parte de la obra de Trotsky ha sido prácticamente relegada al olvido dentro del marxismo, incluidas las corrientes que se referenciaron o se referencian en la figura del revolucionario ruso. El propio Nelson señala, en relación a Isaac Deutscher, cómo incluso “el más competente de los biógrafos de Trotsky escogió omitir la discusión de su pensamiento militar”3.

Esto tiene sus causas. La IV Internacional después de la Segunda Guerra Mundial quedó diezmada, entre la persecución del fascismo, el stalinismo y el imperialismo “democrático”. En este marco, se produjo un quiebre en la unidad entre programa y estrategia. El resultado fue la adaptación a otras estrategias, como por ejemplo las “estrategias” guerrilleras que eran producto de revoluciones donde primaba el peso del semiproletariado y el campesinado, dirigidas por partidos en forma de ejércitos.

A la inversa, luego de la derrota del último ascenso de la lucha de clases internacional, que va desde Mayo Francés de 1968 al proceso revolucionario en Polonia de 1980-81, y la subsiguiente ofensiva imperialista a escala global, se produjo una especie de “trauma epistemológico” –como lo llamó Roberto Jacoby4– donde los problemas militares de la revolución prácticamente desparecieron del horizonte del marxismo.

Tanto el militarismo guerrillero como el pacifismo posterior desplazaron a la estrategia insurreccional, para la cual podía ser útil el pensamiento militar de Trotsky. De ahí el poco interés que éste ha suscitado dentro del trotskismo.

Más en general, son escasos –aunque significativos– los estudios comprensivos sobre el pensamiento militar de Trotsky. Entre esta escasa bibliografía, junto con el libro de Nelson, se encuentra el amplio trabajo del historiador norteamericano Neil M. Heyman, Leon Trotsky as a Military Thinker.

La publicación desde Ediciones IPS-CEIP de León Trotsky y el arte de la insurrección 1905-1917 busca contribuir a revertir aquella situación y es parte de un esfuerzo más amplio que incluye la publicación en castellano de los principales escritos militares de fundador del Ejército Rojo, los escritos de Trotsky y debates en la IV Internacional en torno a la Segunda Guerra Mundial y su génesis, Los marxistas y la Primera Guerra Mundial, así como el libro El Significado de la Segunda Guerra Mundial de Ernest Mandel.

Como parte de la “Colección de Estrategia y Cuestiones Militares”, próximamente publicaremos el libro Clausewitz, el marxismo y la cuestión militar, donde junto con el abordaje de la obra de Carl von Clausewitz y algunos de sus continuadores como Hans Delbrück, retomamos las principales polémicas y elaboraciones sobre estrategia –política y militar– de Trotsky, otros clásicos como Lenin y Gramsci, junto con marxistas posteriores como Mandel, Isaac Deutscher y su escuela. También, por primera vez en castellano, el mencionado libro de Neil Heyman sobre el pensamiento militar de León Trotsky.

 

Trotsky como estratega

La obra de Nelson reconstruye históricamente la maduración de Trotsky como estratega militar partiendo de sus intervenciones en la revolución de 1905 y las polémicas posteriores en el seno de la socialdemocracia rusa, para luego desentrañar su rica experiencia como corresponsal de guerra en los Balcanes en 1912-13, así como sus análisis sobre la Primera Guerra Mundial.

En este recorrido, Nelson muestra cómo el fundador del Ejército Rojo va extrayendo conclusiones y adquiriendo los conocimientos militares que le permitirán convertirse en el gran estratega de la insurrección de octubre en 19175.

Gran parte del trabajo está basado en las Sochineniia, obras de Trotsky que fueron publicadas en Moscú en 12 volúmenes entre 1925 y 1927, así como documentos y resoluciones del Partido Socialdemócrata Ruso y sus fracciones bolchevique y menchevique.

No se trata de un relato lineal, sino de un intento de reconstrucción histórico-biográfica que el autor busca ligar constantemente al contexto político, y en especial a las polémicas al interior de la socialdemocracia rusa de aquellos años.

El punto de partida son las lecciones de la derrota de la primera revolución rusa de 1905. A los 25 años, el joven Trotsky llega a estar a la cabeza del Soviet de Petrogrado. El inevitable conflicto armado que plantea la revolución lo encuentra con escasos conocimientos militares buscando comprender y abrirse paso como estratega al calor de los propios acontecimientos.

Sobre las conclusiones de aquel proceso elaborará la primera formulación de su teoría de la revolución permanente6. La insurrección, la relación con el ejército, la constitución de una fuerza armada de la revolución, serán algunos de los problemas de estrategia que acompañarán la reflexión de Trotsky a partir de entonces.

Será a partir de 1912, como corresponsal del periódico Kievskaia Mysl (“El Pensamiento de Kiev”) en la primera guerra de los Balcanes, que Trotsky entrará en contacto casi directo con el fenómeno militar. Pondrá todas sus capacidades al servicio de sumergirse en la “guerra real”, captar la fricción que la diferencia de la “guerra en el papel”7, las contradicciones de las sociedades en guerra y sus condicionamientos estratégicos y tácticos. Experiencia que continuará durante la Primera Guerra Mundial.

El libro de Harold Walter Nelson tiene como una de sus grandes virtudes, explorar esta etapa como parte de la evolución del pensamiento estratégico de Trotsky. Difícilmente podrían sobrevalorarse aquellos años formativos, en los que un lector atento puede ver preanunciados gran parte de los rasgos distintivos de la reflexión estratégica del fundador del Ejército Rojo. Muchos de los cuales podríamos distinguir como “clausewitzianos”, por su parentesco con los desarrollos del general prusiano.

Nelson muestra cómo Trotsky aborda en forma notable las alternativas estratégicas y tácticas de la ofensiva de la Liga Balcánica contra el Imperio Otomano de 1912. La precisión de estos análisis, que en su libro describe detalladamente, llevan a nuestro autor a afirmar que: “En retrospectiva, Trotsky parece haber sido mejor estratega que los que se encontraban en el Estado Mayor búlgaro”8.

Otro tanto muestra Nelson respecto en el análisis de las elaboraciones de Trotsky sobre la Primera Guerra Mundial. Entre los muchos aspectos que reseña, muestra cómo Trotsky fue un agudo intérprete de la guerra de trincheras, desde sus consecuencias en la psicología del soldado, hasta el análisis de sus características técnicas, pasando por sus consecuencias tácticas y estratégicas.

La profundidad de estas elaboraciones contradice las interpretaciones vulgares del revolucionario ruso que lo presentan como alguien supuestamente incapaz de comprender el valor de las “trincheras” y las “fortalezas” en la guerra moderna, en contraposición a interpretaciones –también vulgares– del pensamiento de Antonio Gramsci. Como señala Nelson:

Después de estudiar la guerra en los Balcanes y Europa Occidental, Trotsky aprendió las ventajas tácticas de la defensa […] había aprendido también que la victoria definitiva puede alcanzarse solo mediante la acción ofensiva9.

Este tipo de conclusiones acompañarán a Trotsky mucho más allá de lo militar, marcarán el tipo de pensamiento que lo distinguirá como estratega revolucionario a lo largo de toda su vida.

 

El “arte de la insurrección”

El tema central del libro de Nelson, alrededor del cual articulará los diferentes momentos de la trayectoria de Trotsky hasta 1917, como su título lo indica, es “el arte de la insurrección”. Se trata de la combinación de la fuerza del movimiento revolucionario de masas con la planificación consciente y la conspiración para hacerse del poder.

El recorrido que realiza Nelson, permite apreciar en forma sintética, la articulación estratégica entre el partido revolucionario, los organismos de autoorganización –soviets y comités de fábrica–, la milicia obrera, y los sectores del ejército ganados para la revolución, que da nacimiento a la fuerza armada para pasar a la ofensiva insurreccional de Octubre de 1917 en Petrogrado.

Nelson acierta en comenzar su recorrido del pensamiento estratégico de Trotsky por la cuestión de los soviets, dando cuenta de las consecuencias militares que el desarrollo de los mismos trae aparejadas. Sin entender el papel de los soviets resulta incomprensible la concepción estratégica de Trotsky sobre la insurrección: el desarrollo de la fuerza armada de la revolución está indisolublemente ligado a los organismos de autoorganización de las masas, ya sean soviets o instituciones de similares características. A su vez, estos no son un verdadero poder si no cuentan con una fuerza armada propia.

De la combinación entre partido revolucionario, organismos de autoorganización y fuerza armada propia, surgen los órganos de la insurrección, que como tales son el corazón una estrategia insurreccional para la toma del poder.

¿Cómo se formó esta fuerza armada de la revolución en 1917? ¿Qué disputas estratégicas se plantearon en torno a las vías para su desarrollo? ¿Cuál fue el papel de Trotsky, ya contando con un bagaje militar importante conquistado en los años anteriores? Estas son algunas de las preguntas que el lector encontrará desarrolladas en el libro Harold Nelson.

Alrededor de las mismas, nuestro autor va a reconstruir fundamentales polémicas estratégicas entre bolcheviques y mencheviques, cuya importancia para el marxismo revolucionario es inversamente proporcional a la reflexión sobre las mismas.

Una de ellas versa sobre los métodos de cada una de las fracciones de la Socialdemocracia rusa para hacer trabajo político sobre el ejército. En el caso de Rusia, tanto en 1905 como en 1917, el ejército contaba con una composición abrumadoramente campesina, reclutada masiva y compulsivamente para la guerra. Muy distinto era el caso de las fuerzas policiales “profesionales”.

De ahí que en febrero de 1917 la actitud de las masas revolucionarias haya sido muy diferente hacia cada una de estas fuerzas. Mientras que la policía fue destruida, en el caso del ejército se dividirá al inicio de la revolución producto de la combinación entre la fuerza material de la movilización revolucionaria de los trabajadores que se enfrenta cara a cara con las tropas, y la confluencia política con las masas de soldados-campesinos que se revelaban para no morir en el campo de batalla de la guerra imperialista.

Tanto los bolcheviques como los mencheviques consideraban fundamental el trabajo político en las filas del ejército. Pero sus métodos expresaron estratégicamente, dos concepciones opuestas: una que aspiraba “democratizar” el ejército para ponerlo del lado de la clase obrera, y otra que buscaba unir a los soldados con los trabajadores preparando el enfrentamiento revolucionario contra el Estado.

Otra de estas discusiones estratégicas reconstruidas por Nelson remite a la contraposición entre “milicia ciudadana” y “milicia obrera”. Una distinción fundamental, clave en las revoluciones, que sin embargo, no por eso deja de ser mayormente ignorada en la reflexión estratégica.

Las milicias ciudadanas eran heterogéneas desde el punto de vista de la composición de clase, y así lo fueron en la Revolución Rusa. Eran unidades que reemplazaban a la policía en el mantenimiento del orden y estaban bajo el control del Gobierno Provisional.

Las milicias obreras tenían un carácter muy diferente: eran unidades formadas a partir de las necesidades de autodefensa obrera y respondían a las organizaciones de base del proletariado, los comités de fábrica.

Como señalamos junto con Emilio Albamonte en el prólogo a la nueva edición del libro de Nelson, la milicia obrera fue un elemento clave para la estrategia revolucionaria, para enfrentar a la burguesía y tomar del poder. De su desarrollo dependió la capacidad de la clase trabajadora de ejercer la hegemonía sobre los campesinos en armas. Fue la fuerza material que pudo articular en torno a sí la fuerza armada capaz de imponer un gobierno obrero y campesino revolucionario, antiburgués y anticapitalista.

La disputa por los Soviets, por el desarrollo de la milicia obrera, el trabajo en el ejército, se trata de toda una serie de batallas político estratégicas simultáneas cuyo denominador común es el partido revolucionario.

 

Una cuestión estratégica fundamental

Aunque Nelson no define el “arte de la insurrección” conceptualmente, en su libro el hilo conductor de la evolución del pensamiento estratégico de Trotsky estará, justamente, en la relación entre las fuerzas elementales de la revolución y la preparación consciente de la conquista del poder.

El punto más destacado de Trotsky y el arte de la insurrección se encuentra en el abordaje de los aspectos militares de aquella relación. Como “defecto profesional” cabe señalar que el ojo penetrante del militar por momentos pierde de vista el peso de determinante de la lucha de clases.

Un contrapunto sobre este aspecto, así como un intento de conceptualización de los problemas reseñados aquí y otros como las tácticas de combate durante la insurrección, encontrará también el lector en el mencionado prólogo a la edición del IPS-CEIP del libro de Nelson.

Tan tarde como septiembre de 1924, el propio Trotsky señalaba:

Hay que confesar a las claras que nuestra indiferencia por los problemas relativos a la insurrección armada testimonia la fuerza considerable que todavía conserva entre nosotros la tradición socialdemócrata10.

Esta autocrítica del fundador del Ejército Rojo, no puede más que retumbar en los odios de quienes en la actualidad tenemos por objetivo la revolución socialista.

La publicación en castellano del León Trotsky y el arte de la insurrección que recomendamos a todos los lectores de Ideas de Izquierda, parte justamente de tomar en serio aquella advertencia de Trotsky.

 

  1. Cfr. Crawford, Ted, “Harold Walter Nelson: Leon Trotsky and the Art of Insurrection, 1905-1917”, en Revolutionary History, vol. 3, N° 1, verano 1990.
  2. Cfr. Gaddis, John Lewis, George F. Kennan. An American Life, New York, The Penguin Press, 2011.
  3. Nelson, H. W., Trotsky y el arte de la insurrección (1905-1917), Bs. As., Ediciones IPS-CEIP, 2016, p. 13.
  4. Jacoby, Roberto, El Cielo por Asalto, p. 27. Editado por la Cátedra “Sociología de la Guerra” (UBA), disponible en: https://sites.google.com/site/sociologiadelaguerra/Home/equipos-1/catedra/textos/el-asalto-al-cielo.
  5. Duarte, Juan, “A propósito de León Trotsky, el arte de la insurrección, 1905-1917 de H. W. Nelson”, IdZ 22, agosto 2015.
  6. Cfr. Liszt, Gabriela, prólogo a la compilación Trotsky, León, Teoría de la Revolución Permanente, Bs. As., Ediciones CEIP, 2011.
  7. Para la diferencia entre “guerra real” y “guerra en el papel”, cfr. Clausewitz, Carl von, De la Guerra, Tomo I, Bs. As., Círculo Militar, 1968, p. 129 y ss.
  8. Nelson, H. W., op. cit., p. 103.
  9. Ibídem, p.199.
  10. Trotsky, León, “Lecciones de Octubre”, en Teoría de la Revolución Permanente, op. cit., p. 245.

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