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Cuba después de Obama: ¿más cerca  del capitalismo?

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CLAUDIA CINATTI

Número 28, abril 2016.

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En solo una semana Cuba fue escenario de dos hechos inéditos: Barack Obama se convirtió en el primer presidente norteamericano en visitar la isla en más de 80 años y los Rolling Stones tocaron gratis en la Ciudad Deportiva, a menos de 10 minutos de la Plaza de la Revolución. Estos acontecimientos, aunque de distinta naturaleza y significado político, abonan la sensación de “cambio” inminente que parece haberse apoderado de La Habana. Para bien o para mal el futuro de la Revolución cubana se juega en el sentido que tome ese cambio. Contra todo fatalismo el final aún está abierto y dependerá no solo de lo que suceda en Cuba sino también de la dinámica internacional.

 

Balance provisorio de una visita “histórica”

Desde el escenario en la Ciudad Deportiva, Mick Jagger disparó en un español improvisado: “Sabemos que años atrás era difícil escuchar nuestra música, pero aquí estamos tocando para ustedes en su linda tierra. Pienso que los tiempos están cambiando. Es verdad, ¿no?”. Unos 500.000 cubanos respondieron eufóricos, todavía incrédulos de lo que estaban por vivir.

Días antes, el presidente norteamericano Barack Obama también había echado mano de su pobre español. “El futuro de Cuba debe estar en manos de los cubanos”, dijo en su discurso en el Gran Teatro de La Habana televisado para todo el país. Los que esperaban el equivalente al “Sr. Gorbachov tire ese muro” de Ronald Reagan en Berlín se desilusionaron, pero eso no tiene importancia ante la empatía que generó nada menos que el representante del imperio.

Para el régimen cubano resultó sencillo poner en el haber el recital de los Rolling Stones. Pero probablemente aún sea pronto para evaluar el alcance de las consecuencias de la visita de Obama. La reanudación de las relaciones diplomáticas y comerciales con Estados Unidos es política oficial del estado cubano, con la expectativa de terminar con el bloqueo comercial que causó pérdidas mayores a los U$S 120 mil millones a la isla. Sobre eso no parece haber discusión. Pero el presidente norteamericano le puso la mejor cara al imperialismo, y con gestos bien pensados, como aparecer en el programa de humor más visto, se hizo muy popular.

Ese es justamente el encanto del “softpower”, disfrazar una estrategia ofensiva con una táctica amigable. En el caso de Cuba, el objetivo es empoderar a los sectores procapitalistas que se vienen incubando en la sociedad y sobre todo en el Estado, y así lograr el “cambio de régimen” que Estados Unidos buscó y no pudo conseguir en más de medio siglo de hostigamiento imperial, intervención de Bahía de Cochinos y bloqueo incluidos. Esta política parece aún más atractiva cuando se tiene en cuenta que para 2018 ya no estarán los Castro ni la vieja guardia de la revolución en cargos ejecutivos.

Quizás para contrarrestar este efecto con un golpe propagandístico Granma sacó una serie de artículos contra la política norteamericana posteriores a la visita del presidente de Estados Unidos. El más importante es el balance de la visita que hizo Fidel Castro[1], en el que busca bajarle grados de entusiasmo recordando que más allá de los modales empáticos y de las “palabras almibaradas” de Obama, el imperialismo norteamericano sigue siendo el principal enemigo y que su estrategia es la subordinación colonial de la isla, como antes fue la de los españoles.

 

La coincidencia táctica entre Obama y Raúl

Para Estados Unidos, la “normalización” de las relaciones diplomáticas con Cuba se inscribe en una orientación más general de la política exterior –la llamada “doctrina Obama”–, que ve que en la relación de fuerzas actual, lo más adecuado es utilizar la diplomacia para bajar la intensidad de conflictos potencialmente incendiarios, como los del Medio Oriente. En esa orientación se inscriben, por ejemplo, el acuerdo nuclear con Irán y el apoyo al acuerdo de paz entre el Estado colombiano y las FARC, auspiciado por Cuba. Es otra manera de hacer prevalecer los intereses imperiales y recomponer el debilitado liderazgo estadounidense. En el mismo bloque milita el Papa Francisco, que precedió a Obama en su visita a Cuba y fue uno de los artífices, junto con la iglesia católica de la isla, del acercamiento entre ambos países.

En América latina, el bloqueo es rechazado por todos los gobiernos, incluso los más pronorteamericanos, que han incorporado a Cuba a las instituciones regionales y a los intercambios comerciales dejando a Estados Unidos solo sosteniendo la política de aislamiento. Con este giro Obama espera sacar ventaja de la nueva situación que vive la región, con el agotamiento del ciclo de los gobiernos populistas y el viento de frente en la economía para recuperar el terreno perdido en la última década en el histórico patio trasero yanqui.

La principal oposición a la política “Cuba friendly”, y al levantamiento del bloqueo, son la derecha republicana y los sectores más recalcitrantes de los gusanos de Miami (y sus aliados en la disidencia cubana), algunos de los cuales tienen negocios muy lucrativos con el embargo. Pero las generaciones más jóvenes del exilio ya no suscriben la línea dura. El apoyo al bloqueo cayó considerablemente: pasó del 87 % en 1991 al 48 % en 2014 y sigue la tendencia a la baja. Incluso gusanos prominentes como Carlos Gutiérrez, el exsecretario de Comercio de Bush (h) ahora milita por el fin del bloqueo.

Esto indudablemente tendrá repercusiones en las próximas elecciones presidenciales. Tradicionalmente, el exilio cubano ha sido base electoral el Partido Republicano y Ted Cruz, el precandidato de este partido para las elecciones de 2016, ha hecho del bloqueo una bandera de su campaña. Sin embargo, Obama logró captar el apoyo de importantes referentes y hombres de negocios cubanoamericanos y de esa manera ganar el estado de Florida en 2008 y 2012. Con Hillary Clinton el Partido Demócrata espera repetir ese resultado.

El objetivo de máxima de Obama es que el poder de seducción de mercancías y capitales ayude a desarrollar en poco tiempo una fuerza material con la potencia suficiente para liquidar lo que queda de las relaciones de propiedad establecidas por la revolución y el monopolio político del Partido Comunista. Pero lo más novedoso, y lo que es vivido como una traición por los “disidentes” cubanos más rabiosamente anticomunistas, es que también tiene un objetivo de mínima que implica acomodarse a un modelo de restauración del tipo de Vietnam o China, presionar para la liberalización política pero sin que esto sea una condición para hacer negocios, lo que significa aceptar en el mientras tanto el liderazgo del Partido Comunista de Cuba.

En los hechos, el “objetivo de mínima” de Obama coincide coyunturalmente con el plan de Raúl y de la mayoría del PCC y del aparato estatal, que se podría sintetizar como “apertura económica gradual + control del PCC”. Esto explica que el “deshielo”, por ahora, sea un negocio de conveniencia mutua.

 

¿Se dirige Cuba inexorablemente a la restauración capitalista?

Para quienes apoyan acríticamente la política del régimen cubano, meramente plantearse la pregunta equivale a “hacerle el juego a la derecha y al imperialismo”. Para los que no quieren pensar no hay remedio. En el otro extremo se ubican algunas corrientes de izquierda[2] que consideran que en Cuba ya se ha restaurado el capitalismo y que lo que hay que hacer es derribar un régimen dictatorial como otros que hubo en América latina, lo que los ubica en el mismo frente político con los gusanos de Miami y el imperialismo (antes de Obama).

La realidad es mucho más compleja. Desde la extinción de la Unión Soviética el régimen cubano ha alternado medidas de apertura con períodos de recentralización de la economía, respondiendo de contragolpe a las cambiantes condiciones externas e internas.

En la década de 1990, durante el llamado “Período especial en tiempos de paz” primaron las medidas de apertura combinadas con un control férreo de la vida social por parte del Estado. Se legalizaron las empresas mixtas y la pequeña propiedad, se suspendieron los mecanismos de planificación estatal de la economía a excepción de las áreas de salud, educación y defensa[3], prácticamente se desmanteló el monopolio del comercio exterior, se sancionó la ley de inversiones extranjeras de 1995. Se habilitaron zonas francas con condiciones excepcionales para los capitales. Se extendió el llamado “Perfeccionamiento empresarial”, un modo de gestión con criterios capitalistas de rentabilidad y eficiencia, y el pago de salarios por productividad e incentivos.

A partir de 2003 el péndulo volvió a la centralización en el marco del cambio en las condiciones económicas internacionales y el ascenso del “populismo” en América latina. Cuba recibió un fuerte apoyo económico de la Venezuela chavista, con petróleo a precio subsidiado y la compra preferencial de servicios médicos cubanos. Durante la llamada “batalla por las ideas”, el último período de Fidel en el gobierno, el sector cuentapropista se redujo al igual que las empresas mixtas y el volumen de la inversión extranjera directa. Aunque no se revirtieron las medidas estructurales adoptadas durante el período especial, el Estado recuperó el control de áreas de la economía por medio de la reintroducción de mecanismos de planificación estatal burocrática y de la centralización de las divisas, lo que afectó directamente al comercio exterior aunque no alcanzó para recomponer el 100 % del monopolio estatal previo (que existe de hecho en gran medida).

Con la crisis económica internacional y la llegada de Raúl al gobierno en 2008, se puso en marcha un proceso de reformas económicas, conocido como “Actualización del modelo”[4], basado en la reintroducción gradual pero sostenida de relaciones capitalistas en ciertas áreas de la economía. Este curso se aceleró con la crisis del petróleo y las enormes dificultades por las que atraviesa Venezuela, uno de los principales sostenes económicos de Cuba. A la vez se tomaron medidas que permitieron mayores libertades en el ámbito social y cultural, además de eliminar la autorización estatal para viajar al exterior (limitada por la posibilidad de obtener visados de los estados a visitar y por los altos costos para el grueso de la población), aunque no en el terreno político. El documento Lineamientos de la Política Económica, del Partido y la Revolución, aprobado por el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba de 2011, está dirigido sobre todo a apuntalar el sector no estatal emergente. Desde entonces se están produciendo los cambios más importantes en la estructura económica y social de la isla: se amplió el sector cuentapropista[5], se despidieron unos 500.000 empleados estatales (de un plan de más de un millón de despidos), se recortó la libreta de abastecimiento, se amplió el usufructo privado de tierras para la agricultura por parte de cooperativas (aunque sin afectar la propiedad). También se autorizó la venta de viviendas particulares, lo que ha provocado el comienzo de un proceso de acumulación capitalista en el terreno inmobiliario, fundamentalmente en lo que hace a la compra de inmuebles destinados al alquiler para turistas. En 2014 se votó una nueva Ley de Inversiones Extranjeras que contempla mayores facilidades para atraer capitales que hasta ahora han sido esquivos[6]. Esta ley mantiene la prohibición de contratar directamente por parte de las empresas a trabajadores cubanos, lo que se realiza a través de una agencia estatal específica que es la que se queda con el grueso del salario. Se espera que el VII Congreso del partido (que se va a realizar cuando esta revista esté en imprenta) reafirme este curso, aunque son más las especulaciones que las certezas porque esta vez los documentos no han sido públicos. La situación económica es complicada. Y aún el régimen tiene que lidiar con la doble circulación monetaria (CUP-CUC) y la doble tasa de cambio (que establece la paridad del CUP y el dólar para las empresas mientras que para el público es de 24 CUP por dólar).

El resultado de estas oscilaciones no es neutro. Por un lado, que el proceso sea gradual, y hasta ahora a paso de tortuga, impidió que se generalizaran las relaciones capitalistas que se fueron gestando en ciertas áreas de la economía. Aún hoy sigue primando la propiedad estatal de los medios de producción –entre un 75 y un 80 % de la economía sigue en la órbita estatal– y rigen mecanismos de control del comercio exterior. Pero a la vez, esta gradualidad conduce por la vía de medidas pragmáticas a un esquema de restauración capitalista “a la Vietnam” (que es alabado por parte de la cúpula gobernante), preservando el monopolio político del Partido Comunista[7].

Las principales fuerzas de la restauración están en el Estado, en particular en la alta jerarquía de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y en un sector aún minoritario de cuentapropistas que están haciendo su acumulación primitiva[8].

De ambas fuerzas protocapitalistas sin dudas las cúpulas de las FAR son decisivas. Los militares tienen un rol fundamental en la economía y también en el gobierno. Sus cuadros están formados como gerentes en empresas capitalistas. Su principal negocio es el holding GAESA (Grupo de Administración Empresarial, SA) que tiene a su cargo las empresas de turismo, hotelería, transporte (Cubanacán, Gaviota, Cubataxi, etc.); TDR-Caribe y Panamericana (Tiendas de Recuperación de Divisas) cadena de venta minorista en divisas (CUC); Almacenes Universales (operadoras de la Zona Especial del Puerto Mariel). El segundo es CIMEX dedicado a la provisión de documentos migratorios y al control de ingreso de remesas, maneja agencias de viaje como Havanatur, renta de automóviles (Havanautos), CUPET (empresa Cubana de Petróleo)[9], además de tiendas minoristas, paladares, bares y otros negocios. Esto sin contar las empresas específicas del área de defensa y comunicaciones. Al frente de estos negocios está el general Luis Alberto Rodríguez LópezCallejas, yerno (o ex yerno) de Raúl Castro[10].

Al igual que los altos funcionarios estatales, la jerarquía de las FAR goza de privilegios vedados a la población, viven en barrios (“ciudades”) militares, tienen complejos turísticos y marinas, acceden a precios subsidiados a bienes como electrodomésticos, computadoras y automóviles.

Este poder económico de la cúpula de las FAR encierra una cierta contradicción: individualmente, quienes están en gerencias de empresas y tienen contactos con el capital extranjero (incluso quizás cuentas en el exterior) son los que están mejor posicionados para dar el salto de “casta” a “clase poseedora” en caso de que se aceleren los ritmos de la restauración. Pero a la vez, como corporación su interés es mantener el gradualismo y evitar la apertura indiscriminada al capital extranjero, o un proceso generalizado de privatizaciones (lo que sucedió por ejemplo en Vietnam) ya que difícilmente quiera someterse a la competencia o renunciar al control monopólico que tiene sobre sectores estratégicos.

Quizás por esto, en una entrevista reciente el periodista norteamericano Jon Lee Anderson –conocedor profundo de la realidad cubana– afirma que “En Cuba no abrirán McDonald’s como en Praga y Varsovia”, pronosticando que la burocracia apostará a  sostener el equilibrio entre apertura y control. Pero eso está por verse. Este es el último congreso en el que estará la “vieja guardia”. Hasta ahora el sucesor de Raúl sería Miguel Díaz-Canel, aunque sin los Castro en el poder todavía tiene que demostrar que puede mantener la unidad estatal del partido y las fuerzas armadas en una situación en la que las tensiones sociales podrían ir en aumento.

El discurso de la burocracia gobernante es que para lograr un “socialismo próspero y sostenible” es necesario “actualizar el modelo” con reformas procapitalistas, que a la vez estarían produciendo una “sociedad más desigual pero más justa”. Lo que no es una sofisticación dialéctica sino una contradicción en los términos.

Como en cualquier otro país en el mundo, la “desigualdad” social solo aumenta las injusticias. Los émulos de los “nepman” están despabilando la conciencia igualitarista que históricamente caracterizó al pueblo cubano, relajada en los últimos años. Mientras un sector enriquecido presiona por profundizar medidas de restauración capitalista, en otros sectores crece la bronca contra los que se enriquecen sin trabajar y contra los privilegios de los funcionarios y militares. Esto se comprende con solo ver las enormes dificultades que tiene la mayoría de la población para garantizarse su supervivencia diaria con un salario de apenas 24 dólares promedio por mes[11]. Las reformas procapitalistas no resolvieron los problemas estructurales de la economía: la baja productividad y el atraso tecnológico. Cuba sigue importando alrededor del 80 % de los alimentos que consume. Muchos jóvenes siguen optando por la migración[12] ante la falta de perspectivas y el temor de que Estados Unidos ponga fin a las políticas preferenciales hacia la migración cubana. Otros dejan los estudios universitarios para emplearse en comercios u otros servicios en el sector privado con jornadas de trabajo que a veces superan las 15 horas diarias, pero quintuplicando el salario que obtendrían en el sector estatal.

La situación no es sencilla. Las presiones hacia el capitalismo son muy importantes, y surgen desde el interior del Estado, de la sociedad y del mundo. La burocracia gobernante con sus privilegios y negociados crea desde el estado mismo una “moral cínica” que se transmite a toda la sociedad y debilita cualquier idea de revolución. Sin embargo, a favor de evitar este curso están las conquistas que aún se conservan de la revolución (la salud, la educación y la vivienda gratuita –aunque las condiciones edilicias, sobre todo en La Habana, son malas–), y que son muy valoradas por la población. Y que a pesar del avance de la restauración, no se ha recompuesto aún la burguesía (sí existe en el exilio). De estos puntos parte el intenso debate que a pesar de la vigilancia del régimen se desarrolla en blogs y sitios de la “nueva izquierda” cubana[13]. Algunos sostienen que la salida es un modelo “mixto” favoreciendo la autogestión cooperativa. Otros buscan alternativas al régimen de partido único en el anarquismo. Pero los procesos de restauración en los países de Europa del Este han mostrado que estas variantes no son alternativa frente al avance del capital. Para evitar la restauración capitalista en cualquiera de sus variantes es preciso levantar un programa transitorio que incluya el levantamiento del bloqueo y el establecimiento pleno del monopolio del comercio exterior, así como la reversión de las concesiones realizadas al capital imperialista y el establecimiento de una planificación realmente democrática de la economía. Este programa debe partir de las demandas más sentidas y urgentes de las masas como el aumento general de salarios, el control de precios por parte de la población (cuya suba es una de las quejas principales de los trabajadores), terminar con los privilegios de la burocracia gobernante, el fin del régimen de partido único mediante la legalización de los partidos que defiendan las conquistas de la revolución y la libertad de organización sindical y política para los trabajadores en la perspectiva de transformarse en la verdadera clase dirigente del Estado y la sociedad.

 

[1] “El hermano Obama”, Granma, 28 de marzo de 2016.

[2] Esta es la posición del PSTU de Brasil y su organización internacional (LIT) que afirma que Cuba es directamente una colonia del capital español y canadiense (sic) y que la clave es derribar al régimen al que han llegado a comparar con la “dictadura de Videla”.

[3] Y. Martínez Pérez, El proceso de planificación empresarial en Cuba, Universidad de Cienfuegos, 2008

[4] Para un análisis profundo de estas medidas, ver: Reformando el modelo económico cubano, Mauricio A. Font Mario González-Corzo (comp.), Bildner Center for Western Hemisphere Studies, The Graduate Center, The City University of New York, 2014. Esta interesante compilación reúne artículos de importantes académicos cubanos, entre ellos Pavel Vidal Alejandro, Omar Everleny Pérez Villanueva, Camilia Piñeiro Harnecker y Juan Triana Cordoví. También J. Habel, “¿Será posible una reforma política?”, Le Monde Diplomatique Explorador 1, Cuba. Los dilemas del Cambio, marzo de 2016.

[5] Según las últimas estadísticas oficiales disponibles hay 4.949.800 asalariados, 1.147.000 en el sector privado y 483.400 autoempleados (cuentapropistas), a lo que hay que agregarle una cifra indeterminada de trabajo informal. La tasa de desocupación es de 2,7 % y el salario promedio es de 584 CUP (24 dólares). Anuario Estadístico de Cuba 2014, “Empleo y salarios”, edición 2015, Oficina Nacional de Estadística e Información.

[6] En su exposición ante la Asamblea Nacional del Poder Popular de fines de 2015, Marino Murillo, Ministro de Economía y Planificación, informó que de los múltiples proyectos solo se habrían establecido 37 negocios bajo la nueva regulación, de ellos apenas 6 en la Zona Especial de Desarrollo Mariel (Granma, 28 de diciembre de 2015).

[7] Hay pendiente una reforma de la ley electoral. Algunos especulan con que se podría instaurar un régimen que cuente con partidos satélite, como tenían algunos países del este europeo pero aún no hay señales ciertas que indiquen que esto vaya a concretarse.

[8] Richard E. Feinberg, Soft Landing in Cuba? Emerging Entrepreneurs and Middle Classes, noviembre de 2013. En este interesante estudio, el autor aborda el carácter heterogéneo del cuentapropismo (que va desde el carretillero que vende verduras hasta pequeños empresarios que explotan mano de obra). Según su análisis, la mayoría de los cuentapropistas considera que están haciendo un trabajo extra para aumentar los magros ingresos familiares, y solo una pequeña minoría podrá superar la etapa inicial de “acumulación primitiva familiar” y transformarse en empresaria. El sector más adinerado de los cuentapropistas proviene de emigrados a Estados Unidos que vuelven a invertir a Cuba.

[9] Grupos empresariales del MINFAR, Foresight Cuba, 7 de enero de 2016.

[10] Según el economista cubano Omar Everleny Pérez, las FAR tienen bajo su control el 50 % de los ingresos producidos en Cuba. Otros economistas ubican esta cifra en el 80 %.

[11] Para tener dimensión del asunto, un litro de leche en una TDR cuesta más de 2 CUC y una hora de internet 3 CUC.

[12] La última gran crisis migratoria está aún en curso, involucra a más de 1100 cubanos que a fines de 2015 quedaron varados en Costa Rica en su intento de llegar a Estados Unidos por vía terrestre.

[13] Uno de los más dinámicos es el Observatorio Crítico Cubano (www.observatoriocriticocuba.org) que a diferencia de otros sitios alternativos como 14ymedio, debaten más claramente desde una posición de enfrentamiento a la restauración capitalista.

1 comment

  1. Ruben Mordini 11 mayo, 2016 at 20:02 Responder

    Por favor hijita, Mira todas las explicaciones a tus necedades en ultimo informe del Congreso del PC cubano, alli el debate fue del pueblo y los trabajadores, verdaderamente me quedo con las criticas de los intelectuales capitalistas y con los anticomunistas , que con tus analisis hijita , por favor revisa tus conceptos, Como podemos generar unidad desde la izquierda con semejantes brutalidades intelectuales

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