Cuando rugió la pantera negra

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EL ACTIVISMO NEGRO NORTEAMERICANO DEL MOVIMIENTO POR LOS DERECHOS CIVILES A LAS PANTERAS NEGRAS

 

PAULA SCHALLER Y JAVIER MUSSO

Número 33, septiembre 2016.

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Luego de una primera entrega en IdZ 32 donde recorrimos la organización de la comunidad afroamericana desde la lucha abolicionista hasta la entre-guerras, analizamos aquí los fenómenos que llevaron al surgimiento de la autodefensa armada, sus alcances y límites estratégicos.

 

La Segunda Guerra Mundial fue un punto de inflexión en la lucha por los derechos negros, difundiéndose como consigna la “doble V de la victoria”, contra el fascismo exterior y el racismo interior. Millones de negros se sumaron al “esfuerzo de guerra”, profundizando la migración Sur-Norte que continuó en el boom de posguerra: si hasta 1940 el 75 % se hallaba en los estados sudistas, entre 1940 y 1970, 4 millones emigraron al Norte1, una enorme explosión demográfica que multiplicó ghettos negros en las grandes ciudades2. Allí hubo motines durante la guerra, como el de Harlem en 1943, donde se hacinaban 300 mil de los 485 mil afroamericanos residentes en Nueva York; y crecieron los linchamientos. En 1948 el presidente Truman (de pasado juvenil en el Ku Klux Klan) declaró ilegal la segregación en el Ejército, intentando frenar una polarización que crecía y fue la base para la extensión del movimiento por los derechos civiles.

 

El integracionismo: conciliación de clases y lobby demócrata

Aunque heterogéneo, el integracionismo compartió una orientación reformista, circunscripta a la lucha contra el segregacionismo como práctica y cuerpo legal, buscando la igualdad de derechos civiles y políticos de blancos y negros sin cuestionar las bases del orden capitalista. Hacia mediados de los ’50 este comenzó una fase caracterizada por las acciones de masas desde la perspectiva de la no-violencia: el arresto en 1955 de Rosa Parks3 fue el hecho emblemático que inició el movimiento de boicots a la segregación racial. Fue en el boicot de Montgomery que el pastor bautista, Martin Luther King, se convirtió en uno de los referentes de la desobediencia civil no violenta, fundando en 1957 con otros pastores, la Conferencia del Liderazgo Cristiano del Sur. En este contexto de extensión de boicots y piquetes se dio la emblemática Marcha por la Libertad y el Trabajo de Washington en 1963 donde Luther King pronunció su famoso “Yo tengo un sueño”, que decía que “un día (…) quienes fueron esclavos y los hijos de quienes fueron propietarios de esclavos serán capaces de sentarse juntos en la mesa de la fraternidad”. Orientación conciliadora que correspondía a su subordinación política al Partido Demócrata, que había virado hacia un programa desegregacionista como forma de cooptación de la lucha afroamericana, lo que explica el apoyo que el presidente Kennedy (asesinado ese mismo año) y periódicos como el New York Times o el Washington Post dieron al movimiento. La dirección de éste promovió la estrategia de convertir la lucha afroamericana en factor de presión sobre las instituciones y el Partido Demócrata en particular, predicando la conciliación de clases. Pero su moderantismo no le impidió ser blanco de la persecución del FBI conducido por el anticomunista Edgar Hoover: era plena Guerra Fría, donde el macartismo se hizo política de Estado para impedir toda radicalización. King fue asesinado en 1968, cuatro años después de que bajo la presidencia del demócrata Johnson se aprobara la Ley de los Derechos Civiles que prohibió la segregación en los lugares públicos y el mercado laboral. Es que el segregacionismo se amparaba en una opresión estructural de clase que sobrevivió a su manifestación legal: la comunidad negra siguió sometida a la represión policial, ghettización, marginalidad y desempleo: a fines de los ‘60 este era de un 5,5 % entre los blancos, y de 11 % entre los negros4. Su lucha se radicalizó política e ideológicamente al calor de una amplia vanguardia de masas que luchó contra la guerra de Vietnam.

 

Vietnam y la “guerra en el propio territorio”

Desde mediados de los ‘60 Estados Unidos se vio sacudido por innumerables protestas contra la guerra de Vietnam, desde enfrentamientos callejeros hasta multitudinarias movilizaciones como la de 1971 en Washington donde se congregaron medio millón de personas. Lo que el Pentágono definió como “guerra en el propio territorio” se combinó e influenció mutuamente con el movimiento de lucha negro. Las condiciones de vida de los afroamericanos empeoraron con la guerra, que implicó la conscripción y el aumento de la inflación que golpeó duro en los barrios más humildes y la regiones pobres del sur rural:

El acontecimiento más memorable del verano de la libertad en Mississippi, en 1964, demostró ser el asesinato de Chaney, Goodman y Schwerner a manos de extremistas blancos. Durante ese verano, que fue también el verano de los incidentes en el Golfo de Tonkín, hizo su aparición una forma diferente de acción social de la mano de las rebeliones que estallaron en muchos ghettos negros urbanos. Los hechos más graves desde las revueltas en Harlem, Detroit y Los Ángeles durante la Segunda Guerra Mundial. Las revueltas se difundieron en el verano de 1965, y para 1966 el patrón de “largos veranos calientes” parecía intensificarse año tras año5.

El movimiento por los derechos civiles se vio influenciado por el movimiento contra la guerra. Martin Luther King vinculó la violencia en los ghettos con la guerra:

No puedo volver a alzar mi voz contra la violencia de los oprimidos en los ghettos sin haberme claramente dirigido primero al mayor perpetrador de violencia en el mundo: mi propio gobierno6,

mientras Malcom X situó a los afroamericanos en el mismo bando que “esos pequeños granjeros de arroz”7 que habían derrotado al colonialismo francés. En julio de 1965 el Freedom Democratic Party de Mississippi8 llamó a los afroamericanos a no participar de la guerra de Vietnam, planteando que su guerra se libraba en casa:

Nadie tiene derecho a exigirnos que arriesguemos nuestras vidas para ir a matar a otros pueblos de color en Santo Domingo y Vietnam, para que los norteamericanos blancos se enriquezcan9.

En 1966 Stokely Carmichael, dirigente de las Panteras Negras, fue el principal orador en un acto realizado contra el napalm. Pero fue el impacto de la Ofensiva del Tet10 en 1968 el que nacionalizó el movimiento anti-guerra, que llegó a todas las universidades del país y centenares de fábricas, expresado en sabotajes, boicots y multitudinarias movilizaciones. Para 1968, año en que fue asesinado King, estallaron revueltas en 125 ciudades, y la radicalización también se expresó en los soldados y veteranos negros: docenas de estos fueron arrestados y juzgados ante una corte marcial por rehusarse a actuar contra manifestantes que protestaban contra la guerra en Chicago. Asimismo, uno de los más serios disturbios al interior de la Armada fue protagonizado por marineros negros a bordo del portaviones Kitty Hawk, donde las actividades organizadas contra la guerra (incluyendo la publicación del periódico antiguerra Kitty Litter) habían continuado sin interrupción durante su travesía de ocho meses por las costas de Vietnam. La ofensiva del Tet también influenció a los grupos más radicales del movimiento afroamericano, al mostrar que “los pueblos revolucionarios de color podían derrotar al enemigo común”11. El número de The Black Panther, órgano del partido, de marzo de 1968, contenía un artículo titulado “La lucha popular se extiende como reguero de pólvora por las ciudades y aldeas de Vietnam del Sur”, con llamados a la autodefensa armada de los negros: “Veinte millones de personas de color desarmadas es una cosa, pero 20 millones de personas armadas hasta los dientes no pueden ser ignoradas”12.

 

Nacionalismo negro: del confesionalismo a las Panteras Negras

Contra el integracionismo se fue consolidando una nueva versión del nacionalismo negro, que propugnaba el separatismo. Bajo una estrategia más moderada al principio, este se fue radicalizando al calor del impacto de la guerra de Vietnam. Desde inicios de los ‘60, una de sus figuras centrales fue Malcom X, referente del movimiento musulmán La Nación del Islam, del que luego se distanció condenando su reformismo y planteando la necesidad de luchar abiertamente contra la dominación blanca. Contra la resistencia pacífica, Malcom X llamó a la autodefensa de los negros contra la agresión racista, expresando su permeabilidad a la radicalización de la base afroamericana, cuestión que le valió su asesinato en 1965. Si bien Malcom X estuvo muy lejos de postular un programa revolucionario, convirtiéndose al sunismo que entre otras cosas propugna un rol subordinado para la mujer, el nacionalismo negro contribuyó a formular la consigna “Black Power” y de la autodefensa, programa alrededor del cual se articuló el Partido de Autodefensa de las Panteras Negras como ala más radical del separatismo negro. Influenciado por las ideas de Malcom X pero distanciándose de su confesionalismo fue fundado en 1966 por Bobby Seale, Huey P. Newton y Eldridge Cleaver, activistas negros de Okland, California, uno de los lugares con mayores índices de mortalidad infantil por desnutrición, desempleo de la población negra y casos de brutalidad policial racista. Amparándose en las leyes del Estado que permitían circular libremente con armas, los Panteras Negras (BPP por sus siglas en inglés) crearon patrullas armadas para controlar el accionar policial en un contexto de impunidad y represión. Su punto de partida fue el Programa redactado por Seale y Newton en 1966,

… el programa del partido intenta reflejar las necesidades y aspiraciones del negro del ghetto, la realidad de su vida cotidiana y su experiencia histórica, interpretadas según principios de aplicación universal13.

En efecto, los Panteras pretendían organizar a los estratos sociales más bajos, al “negro de la calle” (nigger of the block), y fue hacia este sector que dirigieron sus políticas.

 

El “nacionalismo revolucionario” de las Panteras: entre reforma y revolución

En The Black Panther Party. Reconsidered14 Charles Jones plantea que el BPP experimentó un rápido viraje político-ideológico. Si en una primera etapa primó la herencia del nacionalismo negro, bajo la idea de “unificar la identidad de la población negra” y de la autodeterminación, como reza el primer punto del programa “la gente negra no será libre hasta que seamos capaces de determinar nuestro destino”15, ya desde mediados del año ‘67 algunos líderes del partido como Fred Hampton, de Chicago, comenzaron a señalar los límites de su plataforma desde una perspectiva de clase: “usamos la palabra ‘blanco’ cuando deberíamos haber usado la palabra ‘capitalista’”16. Estos debates que cuestionaban la incapacidad del nacionalismo a secas para “cambiar las estructuras de opresión negra”17, marcaron el viraje hacia posiciones más radicalizadas, que se consolidaron en la dirección hacia 1968, acompañando la radicalización ideológica general producto del movimiento anti-guerra. En una entrevista con el periódico The Movement, Newton sostuvo que el BPP era una organización nacionalista revolucionaria, haciendo eje en que el objetivo final de la revolución del pueblo es empoderar a ese pueblo, “por lo tanto un nacionalista revolucionario necesita inevitablemente ser socialista”18. Newton contribuyó a delinear una diferenciación progresiva entre el nacionalismo cultural que buscaba la vuelta a las costumbres y culturas africanas como salida de fondo a la opresión racista, y lo que llamó el nacionalismo revolucionario, tomando el modelo de la independencia argelina y las ideas de Frantz Fanon, ligando la lucha antirracista con la lucha por la liberación nacional y el socialismo. Pero estas posiciones nunca fueron compartidas por todos los miembros, siendo Carmichael uno de los más enconados defensores de la oposición irreductible entre blancos y negros. Una de las características de los BPP fue su ausencia de homogeneidad ideológica: cada una de sus personalidades dirigentes fue asimilando distintos matices en la forma de entender la articulación entre organización negra y lucha anticapitalista, e incluso hubo diferencias estratégicas significativas, lo que se expresó en un permanente eclecticismo teórico-político.

Así, la radicalización en las posiciones de la mayoría de la dirección del BPP mostraba una amalgama entre posturas revolucionarias y socialistas con una práctica populista y políticas reformistas. Por un lado, su plataforma profesaba la necesidad de una revolución “en el país materno blanco, dirigida por radicales blancos y blancos pobres” combinada con una “liberación nacional en el mundo negro” norteamericano19. Por otro lado, según plantea Eldridge Clever, dirigente del BPP, aún luego de su viraje ideológico su programa siguió planteando como uno de sus “mayores objetivos políticos” la convocatoria a un plebiscito supervisado por la ONU, en el que sólo participasen negros, para determinar el futuro nacional de la comunidad negra, como rezaba en su plataforma de 10 puntos del año 196720. A partir de 1969, sectores de la dirección como Seale impulsaron políticas para expandir su base de influencia entre los blancos, como la Conferencia Nacional en Pro de un Frente Unido contra el Fascismo, abogando por un Frente de Liberación Norteamericano compuesto por todos los pueblos hacia la construcción de un nuevo Partido de Trabajadores. Este viraje produjo rupturas en la dirección, dimitiendo Carmichael que acusaba al partido de “contribuir a la sumisión de los negros a los blancos por su alianza con radicales blancos”21. Lo que es indiscutible es la visibilidad y expansión que logró el BPP entre 1968 y 1969, llegando a 5 mil militantes, extendiéndose a 30 de las principales ciudades y logrando una tirada de 125 mil periódicos semanales en un contexto de feroz persecución policial y ataques racistas. Si bien los panteras representaron el punto más alto a nivel ideológico programático de las organizaciones de lucha por los derechos negros, condensando un estado de ánimo general producido por el movimiento antiguerra y la lucha por la liberación nacional en el mundo colonial y semicolonial, nunca superaron sus múltiples contradicciones. Aunque nacieron formando patrullas de autodefensa y profesaban la guerra de guerrillas urbana como método táctico de acción para la resistencia, lejos estuvieron de formar una guerrilla. De hecho la autodefensa ni siquiera fue su principal táctica política. Su dinámica expansiva estuvo muy ligada a una práctica basada en una extendida red asistencial en los ghettos que combinaban desayunos gratis para niños, llegando a alimentar 200 mil niños al día, clínicas de atención gratuita, escuelas para adultos, distribución de ropa, asesoramiento legal, campañas para frenar la dependencia de drogas, entre otras cuestiones de asistencia sobre la comunidad negra. El BPP se caracterizó por pronunciamientos y definiciones radicales por el socialismo, la lucha de clases y posiciones anti imperialistas, pero el grueso de su práctica estuvo basada en la asistencia en los ghettos, teniendo poco que ver con el proletariado norteamericano. De hecho, fueron casi nulas sus experiencias con la poderosa clase obrera norteamericana, disociando su influencia política e ideológica entre los afroamericanos del objetivo de organizar corrientes políticas al interior del movimiento obrero, tarea que dejaron así a las distintas cúpulas sindicales ligadas a los partidos hegemónicos. El eclecticismo teórico y programático tuvo su correlato en una estrategia alejada de los objetivos generales declamados como el socialismo. La feroz política de persecución de la que fue objeto por parte del FBI de Hoover explica en gran parte el ocaso de la organización hacia la década del ‘70: campañas de incriminación falsas, ejecuciones de sus líderes, infiltraciones de agentes, contribuyeron a desarticularla. Pero frente a esta ofensiva estatal la volatilidad de su estructura política, carente de anclajes de clase, el eclecticismo en su práctica y una estrategia que en los hechos no asoció la lucha por los derechos negros a la pelea por la hegemonía obrera, expusieron las debilidades de la organización. La pantera rugió con la legítima y profunda bronca negra, pero no logró dotarse de las herramientas capaces de herir de muerte al gigante norteamericano.

 

  1. Foner, Eric, Garraty, John, The Reader’s Companion to American History, Boston, Houghton Mifflin Company, 1991, p. 109.
  2. White, Theodore, “El conflicto racial en las grandes ciudades de los Estados Unidos”, en AA.VV., Los racismos políticos, Barcelona, Nova Terra, 1968, p. 193.
  3. Afroamericana que se negó a ceder su asiento en un autobús en Montgomery, Alabama.
  4. White, Theodore ob. cit., p. 195.
  5. Franklin, H. Bruce, Vietnam y las fantasías norteamericanas, Bs. As., Final Abierto, 2012, p. 115.
  6. Ídem.
  7. Ídem.
  8. Partido creado en 1964 en Mississippi durante el auge del movimiento por los derechos civiles.
  9. Franklin, H. Bruce, ob. cit, p. 117.
  10. Operación militar desplegada por el Vietcong contra las fuerzas aliadas lideradas por Estados Unidos en la que murieron 4 mil soldados norteamericanos.
  11. Clever, Eldridge, Pantera Negra, México, Siglo Veintiuno, 1970, p. 56.
  12. Ibídem, p. 57.
  13. Jones, Charles, The Black Panther Party. Reconsidered, Baltimore, Black Classic Press, 1998, p. 132.
  14. Traducción para este artículo: Nazareno Maunier.
  15. Jones, Charles, ob. cit.
  16. Ídem.
  17. Ídem.
  18. Ídem.
  19. Clever, Eldridge, ob. cit., p. 45.
  20. Ídem.
  21. Ídem.

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