Correspondencia sobre El capital

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DOCUMENTOS

Número 18, abril 2015.

 

La extensa y fructífera correspondencia de Marx y Engels, más de mil trescientas cartas, abarca varias décadas y temáticas. Durante la elaboración de  El capital,  son numerosos los intercambios epistolares entre ellos y otros intelectuales de la época, referidos tanto a categorías y problemas económicos como a debates con economistas e intelectuales sobre otros problemas relacionados con la obra. Las cuatro cartas que reproducimos acá fueron tomadas de Karl Marx, Friedrich Engels, Cartas sobre “El Capital”, La Habana, Editora Política, 1983. Los resaltados figuran en mayúsculas según el original citado.

 

Marx a Lasalle

22 de febrero de 1858

 

… Voy a decirte como van mis trabajos económicos. He comenzado de hecho la redacción final desde hace algunos meses. Pero la misma avanza muy lentamente y la razón es que las cuestiones que desde hace años constituyen lo fundamental de mis estudios, cada vez que quiero darles fin, presentan siempre nuevos aspectos que requieren nuevas reflexiones. Además, no soy dueño de mi tiempo, sino rather [más bien] su criado. No me queda sino la noche para ocuparme de mis trabajos personales, y los ataques o recaídas muy frecuentes de un padecimiento del hígado dificultan todavía más estos trabajos nocturnos. En estas condiciones lo más cómodo para mí sería poder publicar todo el trabajo en entregas separadas, evitando demoras en la publicación. Y esta solución quizás tendría la ventaja de encontrar un editor más fácilmente, ya que los fondos a invertir en esta empresa no serían muy importantes. Te agradecería of course [por supuesto], veas si se puede encontrar en Berlin un editor con quien pudiera hacerse ese arreglo. Por “entregas” quiero decir cuadernos bastante análogos a aquellos en que se publicó poco a poco La estética [1] de Vischer.

Primeramente, el trabajo de que se trata es la CRÍTICA DE LAS CATEGORÍAS ECONÓMICAS, o bien, if you like [si quieres], el sistema de la economía burguesa presentado en forma de crítica. Es a la vez un cuadro del sistema y la crítica de dicho sistema mediante el análisis del mismo. No tengo ideas de cuántos pliegos de imprenta podría tomar el trabajo total. Si dispusiera del tiempo, la calma y los medios para elaborarlo todo, antes de entregarlo al público, lo haría mucho más conciso, pues siempre me ha gustado el método que consiste en condensar. Pero impresa en esa forma, en entregas sucesivas –lo cual quizás facilitaría la compresión del público, pero seguramente perjudicaría la forma– la obra tomará necesariamente un poco de amplitud. Nota bene: en cuanto sepas con certeza si se puede o  NO, resolver este asunto en Berlín, ten la bondad de escribirme, pues si no se puede lograr allá, trataré de hacerlo en Hamburgo. He aquí otro punto: es preciso que yo sea PAGADO por el editor que emprenda esta publicación, necesidad que podría hacerla fracasar en Berlín.

La exposición, quiero decir, el modo de exposición, es enteramente científica, por lo que no contraviene las regulaciones policíacas en el sentido acostumbrado. La obra está dividida en seis libros [2]: 1. Sobre el capital (contiene algunos vorchapters) [capítulos de introducción]. 2. Sobre la propiedad territorial. 3. Sobre el trabajo asalariado. 4. Sobre el Estado. 5. Comercio internacional. 6. Mercado mundial. Por supuesto, no puedo evitar hacer de vez en cuando alusiones críticas a otros economistas, polemizar, por ejemplo, con Ricardo, en la medida en que él mismo qua [como] burgués, está obligado a cometer equivocaciones AUN DESDE UN PUNTO DE VISTA ESTRICTAMENTE ECONÓMICO. Pero, en general, la  crítica y la historia de la economía política y del socialismo deberían ser objeto de otro trabajo. En fin, el breve BOSQUEJO HISTÓRICO del desarrollo de las categorías o de las condiciones económicas, constituiría un tercer trabajo [3]. After all [después de todo] tengo el presentimiento que ahora, cuando después de quince años de estudios, he llegado a poder dedicarme a la obra, los tempestuosos acontecimientos exteriores van de verdad a interfere [interferir]. Never mind [no importa]. Si he terminado demasiado tarde para llamar todavía la atención del mundo, sobre estos temas, sería evidente my own [mi propia] culpa.

 

[1] Friedrich Theodor Vischer: Aesthetik oder Wissenschaft des Schonen, 3 Teile [Estética o ciencia de lo bello], 3 partes. Reutlingen, Leipzig, 1846-1857.

[2] En las cartas que siguen se verá como Marx ha llegado a modificar este plan. En El capital son tratados los tres primeros puntos. Los tres últimos apenas serán abordados.

[3] Que constituiría Las teorías sobre la plusvalía o cuarto libro de El capital, que no fue publicado hasta después de la muerte de Engels.

Marx a Engels

15 de agosto de 1863

… Desde cierto punto de vista, mi trabajo (el manuscrito para la imprenta) avanza bien. En cuanto a la redacción definitiva, me parece que las cosas toman una forma POPULAR aceptable, abstracción hecha de algunas D-M y M-D [1]. Pero, aunque escribo todo el día, las cosas no marchan tan rápidamente como lo deseo, lo cual ha puesto a prueba mi paciencia desde hace tiempo. De todas maneras, la segunda entrega será 100 % más comprensible que la primera [2]. Por lo demás, cuando examino ahora esta construcción y veo cuánto he tenido que cambiar, y que he tenido que redactar incluso la parte HISTÓRICA basándome en una documentación parcialmente desconocida, entonces Isaac [3] me resulta bien cómico, él que ya tiene “su” economía política terminada, aunque todo lo que hasta el presente ha pregonado revela su condición de escolar que pregona por el mundo con la facundia más repugnante y más inmodesta, fórmulas presentadas como sus más recientes descubrimientos y que no son más que monedas de poco valor que desde hace ya veinte años nosotros distribuíamos mucho mejor que él entre nuestros partisans [partidarios]. Además este mismo Isaac recoge en su Manure-Fabrik [fabrica de estiércol] los excrementos desecados por nuestro partido, hace veinte años, y que deben servir para abonar la tierra de la historia universal…

 

[1] M = mercancía; D = dinero.

[2] La crítica de la economía política (1859).

[3] Economista contemporáneo de Marx.

 Marx a Engels

27 de junio 1867

… El último pliego que me llegó fue el 20. El total será de 40 a 42 pliegos. SEGUNDAS PRUEBAS, no he recibido otras después de las que te envié. A tu partida, devuélveme las que tengas en tu poder.

Respecto a lo que me dices sobre las objeciones inevitables del vulgo y de los economistas vulgares (quienes, por cierto, olvidan que ellos contabilizan el TRABAJO PAGADO bajo el nombre de SALARIO, y contabilizan el TRABAJO NO PAGADO bajo el nombre de GANANCIA, etc.), lo cual, en términos científicos, lleva a la cuestión siguiente:

COMO EL VALOR de la mercancía SE TRANSFORMA EN SU PRECIO DE PRODUCCIÓN, en la cual:

 

1. EL TRABAJO APARECE ENTERAMENTE COMO PAGADO bajo la forma de SALARIO;

 

2. El trabajo excedente, en cambio, o la plusvalía toma la forma de un AUMENTO DE PRECIO bajo el nombre  de interés, de ganancia, etc., que viene a AÑADIRSE a precio de costo (= precio de la fracción de capital constante + salario).

La respuesta a esta cuestión presupone:

I. Que la TRANSFORMACIÓN, por ejemplo, DEL VALOR DIARIO DE LA FUERZA DE TRABAJO EN SALARIO, O PRECIO DE LA JORNADA DE TRABAJO, haya sido expuesta primero. Esto se hace en el capítulo V de este volumen.

 

II. Que la TRANSFORMACIÓN DE LA PLUSVALIA EN GANANCIA, aquella de la GANANCIA en GANANCIA PROMEDIO, etc., haya sido expuesta. Esto requiere previamente la exposición del PROCESO DE CIRCULACIÓN DEL CAPITAL, puesto que la rotación del capital, etc., desempeña aquí un papel.

Esta cuestión no puede, pues, ser sino expuesta en el tercer libro (el volumen II contendrá los libros 2 y 3) [1]. En el mismo se verá de donde proviene la MANERA DE PENSAR DE LOS BURGUESES y de los economistas vulgares, es decir, que la misma proviene de lo que, en sus cerebros, no es otra cosa sino la FORMA FENOMENAL inmediata de las relaciones que se reflejan, y no las RELACIONES INTERNAS. Por otra parte si ese fuera el caso, ¿de qué serviría entonces una ciencia?

 

Si yo pues quisiera PARAR EN SECO DE GOLPE todas las críticas de ese género, arruinaría todo el método de desarrollo dialéctico. Por el contrario, lo bueno que tiene este método es que constantemente TIENDE TRAMPAS a estos individuos, y provoca manifestaciones intempestivas por parte de esos burros.

Por otra parte, inmediatamente después del capítulo 3, el último que has tenido a mano: “La tasa de plusvalía”, viene el párrafo: “La jornada de trabajo” (la lucha por la duración del tiempo de trabajo), en el curso del cual se demuestra ad oculos [con una claridad que salta a la vista] hasta que punto el señor burgués VE CLARO EN LA PRÁCTICA, en lo que concierne a la sustancia y a la fuente de su ganancia. Esto se ve también en el case [caso] Senior, donde la burguesía asegura que toda su ganancia e interés proviene DE LA ÚLTIMA HORA DE TRABAJO NO PAGADO…

 

[1] Ver prefacio de Engels a la primera edición alemana. Cf. Carta de Marx a Meyer del 30 de abril de 1867.

Marx a Kugelmann [1]

11 julio 1868

… Le estoy muy agradecido por sus envíos. SOBRE TODO, no escriba a Faucher [2]. Si no, esa marioneta se consideraría importante. Todo lo que se obtendría, si es que se publicara una segunda edición [3], sería propinar a Bastiat [4] en el pasaje en cuestión sobre la MAGNITUD DEL VALOR, unos buenos golpes bien merecidos de mi parte. Si esto no se ha hecho todavía, es porque el volumen III [5] debe contener un capítulo especial y detallado sobre esos señores de la “economía vulgar”. Por otra parte, ellos encontrarán natural que Faucher y compinches hagan resultar el “valor de cambio” de sus propios garabatos, no de la CANTIDAD DE FUERZA DE TRABAJO GASTADA, sino de LA AUSENCIA DE ESE GASTO, es decir del “trabajo ahorrado”. Y este “descubrimiento” tan bienvenido por esos señores, el digno Bastiat no lo ha hecho él mismo, sino que se ha limitado a “copiarlo” como es su costumbre, de autores mucho más antiguos. Por supuesto, Faucher y compinches ignoran todas sus fuentes.

En lo que concierte al Zentralblatt, nuestro hombre hace la mayor concesión posible al reconocer que, si algo quiere decir la palabra valor, se deben adoptar mis conclusiones. El desgraciado no ve que, aun cuando en mi libro no hiciera la menor referencia sobre el “valor”, el análisis de las relaciones reales que ofrezco contendrían la prueba y la demostración de la relación real de valor. La verborrea sobre la necesidad de demostrar la noción del valor proviene de una ignorancia total, no solamente de la cuestión de que se trata, sino también del método científico. Cualquier niño sabe que toda nación que dejara de trabajar, no digo ya por un año, sino por algunas semanas, se hundiría. Del mismo modo un chico sabe que las masas de productos correspondientes a las diversas necesidades exigen masas diferentes, cuantitativamente determinadas, de la totalidad del trabajo social. Self evident [es evidente] que dicha NECESIDAD de DISTRIBUCIÓN del trabajo social en proporciones determinadas no es de ningún modo suprimida por la FORMA DETERMINADA de la producción social; sólo la manera mediante la cual se manifiesta puede ser modificada. Las leyes naturales por definición, no pueden ser suprimidas. Lo que puede ser transformado, en las distintas situaciones históricas, es únicamente la FORMA en que dichas leyes operan. . y la forma en que dicha distribución proporcional del trabajo se realiza en un estado social donde la estructura del trabajo social se manifiesta bajo la forma de un intercambio privado de productos individuales del trabajo, dicha forma, es precisamente el VALOR DE CAMBIO de dichos productos.

Es precisamente privativo de la ciencia el desarrollar CÓMO obra esta ley del valor. Si se quisiera pues comenzar “explicando” todos los fenómenos que en apariencia contradicen la ley, sería preciso poder proveer la ciencia ANTES de la ciencia. Ese es justamente el error de Ricardo quien, en su primer capítulo sobre el valor, supone COMO DADAS, todas las categorías posibles, que es preciso explicar primero, para demostrar después su conformidad a la ley del valor.

Es cierto que la HISTORIA DE LA TEORÍA prueba, por otra parte, como usted lo ha supuesto con razón, que la noción de relación de valor HA SIDO SIEMPRE LA MISMA, más o menos clara, a veces envuelta en ilusiones, a veces mejor definida científicamente. Como el propio proceso del pensamiento dimana de las condiciones de vida, y es un PROCESO DE LA NATURALEZA, el pensamiento, así como asimila realmente las coas, debe ser siempre el mismo, y sólo puede diferenciarse gradualmente, según la madurez lograda por la evolución, así como según la madurez del órgano que sirve de vehículo al pensamiento. Todo lo demás es cháchara.

El economista vulgar no sospecha siquiera que las relaciones reales y cotidianas de cambio y las magnitudes de los valores no pueden SER INMEDIATAMENTE IDENTICAS. El ardid de la sociedad burguesa consiste justamente en esto, en que A PRIORI no existe reglamentación social consciente para la producción. Lo que la razón exige y lo que la naturaleza hace necesario, sólo se realiza bajo la forma de una media que obra ciegamente. Y entonces el economista vulgar cree hacer un gran descubrimiento, cuando, ante la revelación de la conexión interna de las cosas, se empeña en que estas, tal como aparecen, tienen otro aspecto. En efecto, se envanece de su apego a la apariencia que él considera como la verdad última. Entonces ¿para qué existe una ciencia?

Pero hay en esta cuestión una segunda perspectiva. Una vez que se ha visto claro en dichas relaciones internas, toda creencia teórica en la necesidad permanente del estado de cosas actual se hunde, antes que se produzca el hundimiento en la práctica. Las clases dominantes tienen pues un interés absoluto en perpetuar esta confusión y este vacío de pensamiento y si no pues, ¿por qué se pagaría a esos hablatines calumniadores que, en el terreno científico, no tienen otro triunfo en mano sino afirmar que en economía política no se debe reflexionar en lo absoluto?

Sin embargo, satis superque (es suficiente y más que suficiente). En todo caso, esto prueba hasta qué punto son degenerados esos acólitos de la burguesía, ya que los obreros, y hasta los fabricantes y comerciantes, han comprendido mi libro y han visto claro, mientras que esos “doctores de la ley” se lamentan de que yo pronostico demasiado bien sobre su inteligencia…


[1] Ludwing Kugelmann (1828 –1902) fue un médico alemán especializado, amigo y confidente de Karl Marx y de Friedrich Engels. Mantuvo una extensa relación epistolar con Marx. Fue miembro de la Asociación Internacional de los Trabajadores y también del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD).

[2] León Faucher (1803-1854) fue un economista y publicista francés. Fue elegido diputado por la ciudad de Reims en 1846; después de la revolución de 1848, entró en la Asamblea constituyente enviado por el departamento del Marne.

[3] Del Libro I de El Capital.

[4] Claude Frédéric Bastiat (1801 –1850) fue un escritor, legislador y economista francés, parte de la escuela liberal francesa.

[5] Se trata de las Teorías sobre la plusvalía, de las cuales Marx quería hacer el tomo III de su libro.

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