Contra la casta política, un programa anticapitalista

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PAULA VARELA

Número 14, octubre 2014.

La idea de la charla surgió en una marcha por Lear. Entre los obreros lo veo a Nicolás Del Caño y le digo “te vas para arriba en las encuestas de Mendoza… ¿un Pablo Iglesias mendocino?”. Se sonríe. “Justo acabo de terminar de leer un libro sobre Iglesias. Tiene cosas interesantes. Si querés te lo paso y nos juntamos a charlar”. Dicho y hecho. La semana siguiente, en una nueva marcha por Lear, pleno Obelisco de Buenos Aires, lo veo venir con el librito1 en la mano. “Se lee enseguida”. Así surgió esta conversación sobre PODEMOS de España, la casta política, la evasión del significante izquierda y el “fenómeno Del Caño” por Del Caño.

 

Jueves 25/09. Lluvia torrencial. Primera vez que ingreso al Anexo del Congreso para ir a ver un diputado. “Tiene que dejar el documento”. Ni mostrarlo, ni presentarlo, ni dictarlo: dejarlo. No pude evitar recordar la frase inaugural del kirchnerismo: “No voy a dejar mis convicciones en la puerta de la Casa Rosada”. Casi con sarcasmo, para ingresar al palacio de las leyes, te exigen que dejes tu carta de identidad en la puerta. Noveno piso, oficina 914. El pasillo es lo más parecido a un hotel o una clínica privada. Tiene esa asepsia, ese anonimato, esa falta de vida. Mientras camino hacia el fondo, veo la bolsa de basura que un diputado dejó en la puerta de su despacho. Un día lleno de simbolismos, pensé. Me atiende una de las compañeras del equipo de Del Caño y me indica que Nicolás está bajando las escaleras. Cuando llego lo encuentro con su ya clásico escote en V azul marino, haciendo cuentas en un papelito. “Hola, esperame un segundo que termino esto”. Traza la raya del total, apila una serie de tickets y tickecitos que recuerdan a almacén gallego, y le da el montón a la compañera que lleva las cuentas: “Acá está todo lo del viaje a Jujuy”. Cada cual con sus símbolos.

 

PV: Tomá el libro, gracias. Sin duda, la clave de la discusión está en el cruce entre juventud y casta política. Algo así como una imposibilidad de representación entre la generación post ‘90 y los partidos políticos tradicionales.

Claro. Lo de la juventud es un fenómeno mundial. Si el panorama internacional de 2010/2011 en adelante, encontrás distintos casos que van desde la primavera árabe, hasta las manifestaciones de Brasil del año pasado, pasando por Occupy Wall Street, donde los protagonistas son los jóvenes mezcla de clases medias empobrecidas (por eso tienen presencia estudiantil) y clase obrera empobrecida por la precarización laboral. Ahí se mezclan el hecho de que se enfrentan a proyectos políticos y sociales que los dejan “sin futuro”, con el odio a un personal político que encarna a esos proyectos y que, encima, lleva años en el poder. PODEMOS2 expresa electoralmente ese rechazo a una casta política que es la responsable de los planes de ajuste.

 

PV: Sí, pero lo que me llamó la atención en el libro es que la crisis económica, como partera del 15M de 2011, va perdiendo espacio, y cobra protagonismo el proceso “ciudadano” de búsqueda de representación, y PODEMOS como su respuesta. En el libro se percibe una suerte de disociación progresiva entre crisis económica y fenómeno político. ¿Te pareció?

No lo había pensado así, pero eso se puede ver en el acento que ponen en decir que no son de izquierda y que la dupla “izquierda-derecha” ya no sirve más.

 

PV: Pero ahí hay cierto punto de verdad: cuando en España hablan de dupla izquierdaderecha, están hablando de la dupla PSOEPP. Y efectivamente, no sirve más….

Claro. El esfuerzo que ha hecho el PSOE, pero también Izquierda Unida (con su participación en gobiernos de ajuste) para descalificar a la izquierda ha sido grande. Y sin duda, ya demostraron que no sirven como alternativa ni al PP ni a la crisis que tiene a España sumida en una desocupación enorme, con uno de cada 4 españoles que es pobre y con una juventud que está dentro de lo que llaman “la juventud sin futuro”. Pero también es cierto que en el rechazo a la dupla izquierda-derecha se mezcla otra cosa que no es únicamente el PP y PSOE. En el libro, Pablo Iglesias se queja de los periodistas que dicen que PODEMOS tiene un discurso antipolítico, tipo Beppe Grillo en Italia o Marine Le Pen en Francia. Y tiene razón, porque PODEMOS no es un populismo de derecha antiliberal. Pero el problema es que negar la actualidad de las posiciones políticas de izquierda o derecha, tiene un costado que remite al neoliberalismo, porque empalma con la idea del fin de los grandes relatos. La izquierda, aún hoy, con todo lo que ha hecho el estalinismo y todo lo que ha hecho la centroizquierda reformista para desprestigiarla, sigue estando ligada al “gran relato” de la igualdad, de que no haya pobres, de que todos tenemos derecho a una vida “digna”, de los derechos humanos, del derecho a ser, por ejemplo, sexualmente quien quieras ser. La derecha, por el contrario, está ligada a los principios de la competencia, de un “hacete a vos mismo” que termina en un “sálvate a vos mismo”, a la idea de que si te va mal (o sea, si sos un trabajador que no puede salir de la pobreza) es porque te lo merecés, porque sos vago (como dijo la Presidenta de los docentes), a la justificación meritocrática de las elites y de sus políticas. Entonces, si vos negás la existencia de izquierda y derecha, obligadamente (quieras o no) empalmás con un discurso antipolítico de tipo neoliberal. Macri también se presenta contra “la política tradicional”, que acá es el peronismo y el radicalismo en una dupla que no es derechaizquierda sino más bien populismo-republicanismo.

Macri no se anima a hablar contra la “casta política” porque sería muy caradura teniendo el apellido que tiene, pero hace un discurso dirigido al joven emprendedor (y con esa idea de “emprendedor” quiere incluir al joven de clase media acomodada y también al joven trabajador que quiere progresar), para proponerle una “renovación” de la política basada en la política que hace “la gente” y no “los políticos”.

 

PV: De hecho, leyendo el libro y viendo la cantidad de veces que hablan de “la gente”, me acordaba de una discusión que se abrió en la carrera de Ciencia Política (de la UBA) a partir de la campaña electoral de De la Rúa. Una campaña que, crisis del bipartidismo mediante, no le hablaba ni a los pobres, ni a los ricos; ni a los trabajadores, ni a los empresarios; ni a las mujeres, ni a los varones… sino a “la gente” (que, casualmente era la clase media). Es como si “la gente” fuera el significante último de los “partidos catch all” en momentos de crisis de régimen. Pablo Iglesias tiene como leitmotiv: “la política en manos de la gente normal”.

En un sentido, la idea de la política en manos de la gente levanta la consigna de “democracia ya” del 15M. Pero a su vez tiene un costado ambiguo porque siembra la ilusión de que puede haber un “gobierno de la gente” a través de algo así como una “revolución procedimental”. Ya no una “revolución social” y menos aún una “revolución socialista”. Pero eso pasa justamente porque separan, cada vez más, la lucha contra la casta política de un programa de izquierda. No hay lucha contra la casta política sin un programa anticapitalista, porque la casta política es la representación política de la burguesía. Te guste o no te guste hablar de izquierda y derecha, de burgueses y trabajadores, “la casta” es el personal de los banqueros, de los empresarios, de los responsables del ajuste en Europa. Entonces, esa separación entre la casta y los que la casta representa, es ficticia. Y significa un nuevo fracaso. Para derrotar a la casta política (que es el programa de PODEMOS) hay que apuntar a los que le dan de comer. Porque si no, ese sentimiento contra los políticos profesionales es usado para reforzar los proyectos liberales. El otro día, cuando estaba en Jujuy junto a Alejandro Vilca para lanzar la campaña contra el piso electoral del 5 % (que le impidió acceder a una banca en su provincia en 2013), un periodista me decía que era muy importante nuestra política de que un diputado gane lo mismo que una docente porque eso iba a transformar al sistema político jujeño en un sistema confiable para los empresarios. O sea, en una provincia donde todos los peores rasgos de la casta política se potencian, porque son las mismas familias las que gobiernan (en Jujuy están los Morales radicales y los Fellner peronistas; en Santiago del Estero los Juárez; en Neuquén el sapagismo; y en Mendoza, si bien hay una mayor sofisticación democrática de dos partidos que se alternan en el poder –la UCR y el PJ–, con un tercer partido tradicional –el PD que viene en franca decadencia–, el personal político es siempre el mismo), la crítica a la casta política que nosotros hacemos la tomaba para decir “necesitamos una renovación del personal político para que sea confiable para las inversiones”. O sea, en un sentido completamente opuesto al que nosotros lo planteamos. El discurso del periodista en Jujuy no es tan distinto de lo que salió publicado ayer en una nota de La Izquierda Diario3:citan a una dirigente de PODEMOS que festeja el apoyo que reciben de los empresarios, con un discurso que contrapone un empresariado honesto y decente (el de las pymes), vs. un personal político corrupto y ladrón. Eso termina en un mensaje del tipo: necesitamos bajar los niveles de corrupción para que los empresarios confíen en el sistema político y por ende, inviertan.

Por eso es peligrosa la separación que hace PODEMOS de poner “la casta” por un lado, el contenido social del proyecto político por el otro. En Argentina, el contexto nacional es diferente. El discurso kirchnerista no es contra la casta política porque ellos son la casta política. Por eso La Cámpora tiene el problema de que quiere presentarse como dirección de la nueva politización de la juventud, pero no puede porque por más que llene un estadio, no dirige nada. No dirigen las Universidades importantes, no tienen fracción propia en los sindicatos, no dirigen las comisiones internas, ni siquiera dirigen organizaciones territoriales fuertes, y tampoco tienen candidatos que midan bien electoralmente. Uno se pregunta: ¿por qué? Y creo que, por más que Natanson en su libro intente mostrarla como continuidad de 2001, lo que se ve es que es La Cámpora es la negación del 2001. Es una organización creada desde arriba, desde el Estado, cuya dirigencia es lo mismo de siempre pero con 30 años menos. Kicillof pagando la deuda externa casi tan disciplinadamente como Cavallo (aunque lo haga sin ponerse corbata); Máximo, alguien cuyo único mérito conocido es su apellido (nada que envidiarle a lo que te contaba recién de cómo funciona la casta política en las familias de las provincias); Recalde que terminó al frente de una empresa pública y declarando un patrimonio de 5 millones de pesos (una cifra a la que ningún trabajador puede aspirar en toda su vida). Entonces, uno podría sacar la conclusión siguiente: que si querés barrer con la casta política tenés que ir contra las corporaciones que las mantienen y reproducen; y que si no hacés eso, la juventud sólo renueva generacionalmente a las mismas castas de siempre.

 

PV: ¿Pero es combinable esta necesidad de una “nueva política” con un programa (y formas partidarias) que, por ponerte un ejemplo mediático, Verbitsky llama paleoizquierda?

(Sonrisa). El fenómeno del FIT no puede explicarse sin la mezcla del 2001 como momento de rechazo masivo y popular a la crisis y a la casta política, y del kirchnerismo como imposibilidad de cumplir con su propio relato. En ese cruce nosotros, que venimos de una vieja tradición de izquierda, el trotskismo, sin embargo somos “lo nuevo”. Por un lado, porque somos los únicos que estamos en la calle con los que en el 2001 protestaban contra la hiperdesocupación (y después en el 2002 les sacaron el 35 % de salario con la  devaluación), que son los mismos que hoy se resisten a perder de nuevo. Estamos con los obreros de Lear que no quieren perder el trabajo. Y los responsables de que pierdan su trabajo no es la “casta política” autónomamente, ni siquiera es Berni en su show clasista y xenófobo; es la casta como representación de los grandes monopolios. El ministro Tomada, como parte de esa casta política, hace lo que hace porque el gobierno de Cristina tiene acuerdos estratégicos con las multinacionales.

Pignanelli, como parte de la casta burocrática de los sindicatos, ataca a los trabajadores que luchan porque defiende los intereses de las multinacionales que son las que le bancan sus privilegios. Ahí se ve clarito que no podés ir contra la casta sin ir contra sus representados. Si vos no vas contra Lear, terminás tarde o temprano, bancando a sus representantes políticos y a sus burocracias sindicales. Y esos representantes de Lear hoy se llaman kirchnerismo, mañana se llamarán sciolismo, o massismo, o macrismo. Sería completamente demagógico que nosotros levantemos la consigna de que un diputado gane lo mismo que una maestra, si al mismo tiempo no estamos en la Panamericana y en la fábrica con los obreros de Lear. Pero hay otro motivo por el que nosotros somos “lo nuevo” aunque Verbitsky nos coloque en el paleolítico: el hecho de que el trotskismo tiene en su ADN la lucha contra la casta política porque nace contra la burocracia de la Unión Soviética. Nosotros no tenemos que renegar ni de la organización partidaria, ni de la tradición de la que venimos. El trotskismo se forma contra la degeneración de lo que fue la revolución más audaz de la historia, en una burocracia conservadora y totalitaria, la burocracia estalinista. El trotskismo se forma sacando las conclusiones teóricas de ese proceso que fue terrible para los revolucionarios (y les costó la vida, como a Trotsky) y tratando de elaborar un programa político contra esa degeneración. Vos ves en La revolución traicionada (que acaban de editar las compañeras del CEIP), el esfuerzo de Trotsky por buscar las formas de defender la propiedad nacionalizada contra la burocracia que expresaba en Rusia (como hoy en Cuba) la restauración, o sea la reversión de las conquistas de la revolución. Y el centro de su programa (que se llama Revolución política) está la democracia de los trabajadores, lo que se llama democracia soviética.

En ese esfuerzo por luchar contra la burocracia soviética, el trotskismo entiende mejor que ninguna otra corriente hasta ahora, la relación entre el régimen político (los problemas de la democracia, sistema de partidos, el lugar de las instituciones parlamentarias) y el contenido de clase de un Estado. Hay más democracia cuanto más control de los trabajadores hay sobre la economía, sobre los recursos, sobre los medios de producción. Y para que ese control sea posible es necesario expropiar, porque te imaginarás que los empresarios no van a regalarte el control de sus capitales así porque sí. Entonces, la lucha contra la casta política acá, en España o en cualquier otro país capitalista, implica la combinación de medidas para que las fábricas, los bancos, el comercio exterior, los transportes, dejen de ser propiedad de una minoría (que de decente no tiene nada) y pasen a ser propiedad de las masas (eso es una nacionalización); con medidas de organización democrática para administrar todos esos recursos, una democracia de trabajadores.

 

PV: En una encuesta de Los Andes te da una imagen positiva de 36,6 % y segundo en intención de votos para gobernador, detrás del radical Cornejo. Con la mano en el corazón, ¿vos crees que a esos potenciales votantes les llega algo de esta tradición política del trotskismo o te votan porque sos joven, no transás, expresás a la gente común? Para preguntártelo en clave PODEMOS, ¿vos creés que votan más a un Nicolás Del Caño de la tradición trotskista o a un Pablo Iglesias del “gobierno decente”?

Cuando el año pasado duplicamos los votos entre agosto y octubre, muchos nos dijeron: “esperen a que empiecen a hacer política y cuando los mendocinos se den cuenta que votaron a un trosko, no lo votan nunca más”. Ya llevamos 10 meses en el Congreso y en la calle, y la intención de votos sube. Eso no quiere decir que los votantes nuestros en Mendoza sean trotskistas. Pero lo que creo que pasa es que cuando nos dijeron que nuestra candidatura era un fenómeno efímero, no entendieron que lo que significa el rechazo a la casta política en Mendoza. En la juventud, donde están la mayoría de nuestros votantes (pero tampoco en una proporción tan polarizada), la precarización laboral impide toda posibilidad de que un trabajo dé acceso a vivienda, educación superior, diversión o cultura. Esa falta de perspectiva de la juventud se combinó, en estos años de kirchnerismo, con la expectativa de una vida mejor, de ascenso social (más, si vos ves, el crecimiento económico empresario que se vivió en la provincia). Entonces, ahora que esas expectativas se chocan con que no existe más el “nunca menos”, el rechazo a la casta política encuentra en nosotros una fuerza partidaria que ha dado batallas políticas, tanto en el recinto como fuera. Mis compañeras Cecilia Soria (que es la legisladora más joven de la historia, con 22 años) y Noelia Barbeito vienen llevando a la Legislatura provincial la lucha de las organizaciones sociales contra la Trata de personas y el reclamo por el esclarecimiento del caso de Johana; o las presentaciones realizadas para la implementación del aborto no punible en la provincia; o la campaña “Paremos los despidos: organicemos la defensa de los puestos de trabajo” que impulsamos con trabajadores municipales, madereros, bodegueros, rurales, del transporte; o el mismo hecho de que realmente cobramos $ 8.500 y publicamos al alcance de cualquiera nuestros gastos corrientes.

Son todas cosas que, al contrario de lo que pronosticaban, generan simpatía porque mostró que lo que nosotros planteamos en la campaña electoral era lo que llevábamos adelante antes de ganar una banca y lo llevamos adelante ahora, después de ganarlas. Entonces creo que hemos podido hacer una combinación entre una nueva política con un contenido no sólo de defensa de la clase trabajadora sino de superación del régimen capitalista.

 

VER PDF

1. Jacobo Rivero Rodríguez, Conversación con Pablo Iglesias, Madrid, Libros Urgentes, 2014.

2. PODEMOS es una nueva fuerza política española, creada luego de las elecciones al Parlamento europeo del 25M por un grupo de profesores universitarios junto a Izquierda Anticapitalista (organización de la tendencia mandelista española). La candidatura de su principal referente, Pablo Iglesias, logró capitalizar en gran parte la “indignación” así como el desencanto de muchos votantes con el PSOE, que realizó la peor elección de su historia. En las elecciones europeas Podemos obtuvo 1.245.948 de votos, 5 eurodiputados y una importante proyección política.

3. Diego Lotito, “Podemos ser o no ser de izquierdas”, La Izquierda Diario, 24/09/2014.

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