Contorno

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Revistas que marcaron época

ARIANE DÍAZ

N.4, octubre de 2013.

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Con 10 números (entre simples y dobles) y dos Cuadernos, el trayecto de la revista Contorno estuvo marcado por los acontecimientos y discusiones de los años en que fue editada (1953 a 1959), tanto como ella misma marcó posteriormente buena parte de los debates de la intelectualidad argentina.

El grupo editor –compuesto entre otros por Ismael Viñas, David Viñas, Adolfo Prieto, Noé Jitrik, Juan José Sebreli, Adelaida Gigli, Carlos Correas, Ramón Alcalde– no tuvo una posición homogénea ni con respecto a la lectura que se haría de las tradiciones culturales, ni en cuanto a los posicionamientos políticos adoptados, que en algunos casos llevarían a alejamientos. El balance posterior de la experiencia tampoco es unánime entre ellos. Sin embargo, ésta no solo tiene frutos en lo que de conjunto constituye una renovación de la crítica cultural, que encontraría más tarde expresión en la obra de muchos de sus exparticipantes, sino que canaliza problemas en cuanto a la relación entre intelectuales y política que en los años posteriores seguirían desarrollándose, y en los que el contornismo dejará huella.

Formada por jóvenes intelectuales en su mayoría provenientes de la revista Centro de Filosofía y Letras de la UBA, Contorno atraviesa hitos de la historia nacional que marcan los posicionamientos políticos de la intelectualidad. El período previo a la “Libertadora” era el hábitat de un frente único que hermanaba, contra Perón, a sectores heterogéneos e incluso tradicionalmente opuestos (desde la oligarquía más rancia hasta el PC argentino). La Universidad en la que los miembros de la revista participaban estaba marcada por el antiperonismo, pero el golpe de 1955 romperá ese frente único, y la revista puede contarse como una de las primeras expresiones que en dichos ámbitos señale la necesidad de diferenciarse.

 

El denuncialismo

El trayecto de Contorno en buena medida se dibuja como contraposición a la liberal revista Sur de Victoria Ocampo, referencia cultural importante de aquellos años, en cuya redacción se contaron a Borges, Bioy Casares o Girondo. Esto no la reduce a ser su mera contraparte: en este camino de diferenciación, Contorno fue sentando una nueva tradición. Uno de los primeros reproches a Sur fue su escasa referencia a la realidad social y política, aquello que el nombre elegido, Contorno, viene a contrarrestar. Para los contornistas, se atravesaba un tiempo de “desorientación”, donde era difícil “tomar posición”, pero en el que estaba “prohibido guardar silencio” (I. Viñas, 1953). Declarando una falta de referentes previos, se imponía la necesidad de construcción de una nueva genealogía donde encontrar su lugar, pero a su vez se criticaba el planteo generacional de Sur: “Lo que se proponen los jóvenes, más que cambiar la vida como quería Rimbaud o modificar el mundo como decía Marx, es sobre todo molestar a sus padres burgueses” (Sebreli, 1953).

El “denuncialismo”, tonalidad predominante que adoptan ya desde el primer número –el aviso del segundo número incluso se autodefinía como “denuncialista”–, entendido como voluntad de ser la voz de los que no tienen voz, no sería una ubicación cómoda para quienes darían peso, en sus análisis, al origen de clase de los escritores. Ellos mismos se reconocerán según remarcan, viciados por su procedencia. Allí entra con fuerza el problema de definición del intelectual. La intelectualidad debe ser crítica, pero estará marcada por la culpa. David Viñas dirá, contra quienes buscaban en el “otro” su chivo expiatorio: “Hoy la culpa es de todos, y es necesario escribir y vivir como culpables […] Los otros somos nosotros mismos” (D. Viñas, 1954). El lugar del intelectual, preocupación que se encontraba desde el primer número en artículos como “La traición de los hombres honestos” de Ismael Viñas, se ubicará así bajo el signo de Sartre, a quien remite la adopción de esta versión del intelectual comprometido, vocero de los oprimidos o excluidos, situado socialmente, interpelado a actuar, y por tanto, una figura que tiene las “manos sucias”: “individuos que escriben mojados después de la lluvia, no como aquellos que se pretenden secos, intactos, y señores de todo el Universo” (Contorno, 1956). También en este espíritu sartreano, pero adoptando un sesgo propio, podemos ubicar la apelación en su literatura a “poner el cuerpo” de David Viñas.

Un eje que se mantendría a lo largo de sus tiradas es que el panorama nacional se mostraba mucho más problemático que las dicotomías manejadas en Sur, que no acertaba a ver los matices y novedades de la historia nacional, donde todo lo bueno se ubicaba del bando elegido y “lo otro” era observado como el Mal Absoluto. Rozitchner en el último número resume las diferencias con la generación anterior: “el infierno son los otros” es el postulado literal con que los intelectuales de la generación previa se manejaban, pero en Contorno se asumirá (como en la obra A puerta cerrada, de Sartre), que lo son porque nos muestran las propias miserias. Además de algunas herramientas de análisis, la matriz sartreana les serviría para sustentar los cargos con que se enjuiciaba la intelectualidad que los precedía.

 

Una literatura nacional

Centrada en sus inicios en temas literarios, la política iría cobrando peso hasta superar los temas culturales. Pero en ese trecho, y lo que sería uno de sus legados distintivos, hay una reconstrucción de la historia de la literatura nacional, que se irá organizando a través de los fenómenos políticos y de las respectivas posiciones de clase y políticas de los autores.

La relectura de Arlt del número 2, o de Martínez Estrada en el 4, desafían las definiciones canónicas sobre estas figuras, tanto de la Academia como de otras instituciones culturales –sean la misma Sur o aquellas promovidas por el PC. El número 5/6, dedicado a la novela argentina, refuerza los ataques a estos blancos a la vez que traza una nueva matriz crítica que se nutre de referencias sociales y políticas. Jitrik por ejemplo discute con los comunistas tanto como con la lectura hecha en Sur sobre Adán Buenosayres de Marechal –revista a la que no se privan de atacar también Adelaida Gigli y Rozitchner, quien la emprende contra las mistificaciones de Mallea–. David Viñas (con el apodo de Raquel Weinbaum) esboza la crítica al canon literario liberal que luego desarrollaría en su influyente Literatura argentina y realidad política, redefiniendo el lugar del romanticismo. Ramón Alcalde reseñará críticamente la lectura populista que la “izquierda nacional”, por boca de Jorge Abelardo Ramos, realizara sobre la tradición liberal –en un simplismo asimilable al de Sur invertido, que Alcalde no considera digno de quien se considera parte de la tradición de Literatura y revolución, de Trotsky–, pero reconocerá que el imperialismo busca reforzar su dominio económico y social en el terreno cultural, así como la falta de una conciencia nacional en las clases altas y medias del país.

Aunque los abordajes no son, como dijimos, homogéneos, en ellos se configura la problematización de la figura de “lo nacional” en relación a la tradición europea y americana, y se propone como clave de lectura, tanto contra los que prefieren evitarla como contra quienes hacen de ello una lectura mecánica, la condición de clase del novelista y de su público, aunque en análisis concretos que no caigan en dicotomías simplificadoras. La perspectiva adoptada no solo se delimita de las generaciones previas. El número también incluye el repaso de “escritores jóvenes” y delimitaciones como las del artículo de Osiris Troiani con el surrealismo de un Aldo Pellegrini, que considera, a contramano del original francés, despolitizado.

 

El divorcio con las masas

La relectura de la ubicación política de los intelectuales irá tomando valores más concretos al momento de evaluar la postura frente al peronismo. Los contornistas estaban alejados de unas masas que intervenían en la vida nacional y aparecían como un factor político de peso, defendiendo una “ideología” que ellos combatían por paternalista y autoritaria. Dando cuenta de este problema, la estrategia elegida por la revista, y lo que hace predominar a partir de aquí la discusión política, será separar en el análisis a las masas de Perón, en la búsqueda de una “tercera posición”. La discusión estuvo marcada por la apelación de Sur de noviembre de 1955, donde Victoria Ocampo llama a la unidad antiperonista para “reconstruir” la nación, elogiando a los “hombres que se jugaron la vida” dando el golpe. La apelación abrirá dentro de la revista respuestas que, aunque ninguna favorable a Sur, muestran diferentes visiones del peronismo. En el N° 7/8 estallará esta discusión en la revista: mientras Rozitchner llamará a Perón “titiritero” y “Gran utilizador” (Rozitchner, 1956), Troiani afirmará que “las revoluciones que no se hacen con el pueblo no son revoluciones” en respuesta a la persistencia del discurso peronista ampliamente difundido entre las masas (Troiani, 1956). El Editorial se ubica una vez más contra las dicotomías cuyo “esquema” viene a romper el peronismo, reconociendo a la vez la falta de “herramientas” para analizar el fenómeno que arrastran. Los enfoques adoptados son diversos. Se incluyen desde perspectivas como la de Halperín Donghi, analizando sociológicamente por qué el peronismo no sería una vertiente del fascismo; hasta una ficcionalización de David Viñas donde se caracteriza a Perón como un experto demagogo al que responden unas masas casi animalizadas y la incómoda posición de un “espectador” fácilmente identificable con los contornistas.

Pero también se encuentran diferencias en la evaluación de las propias posiciones asumidas frente al golpe. Mientras entre otros resalta que Ismael Viñas no deja de tener alguna esperanza puesta en la Libertadora, Troiani plantea la necesidad de autocrítica de sus propias posiciones. Concluirá que: “a) no pudimos aceptar la mistificación peronista; ni b) la restauración oligárquica, su única alternativa; y que c) fuimos incapaces de organizar una posición revolucionaria […] No hemos legado nada. Ni un partido de izquierda, ni una hoja periódica audaz e inteligente, ni un libro encendido” (Troiani, 1956).

Masotta agregará un disenso más tajante, considerando que en su caracterización del peronismo, no distaban mucho de la visión de la que querían separarse: donde “hay víctimas y verdugos, como se ha dicho, no se puede estar con los primeros sin hacerse cómplice de los segundos”. Concluirá, en lo que parece una respuesta a Ismael Viñas que en el mismo número hablaba del “miedo” vivido durante el régimen peronista, que “el miedo es la contraparte o la otra cara del conservadurismo” (Masotta, 1956).

 

Matrimonios mal avenidos

La discusión sobre la posibilidad de una tercera posición llevaría también a la discusión, ya existente en el terreno cultural, con la izquierda. A pesar de las referencias a categorías y autores marxistas que existían en la revista, la izquierda que les era contemporánea no les parecería una alternativa por ser deudora de ideas liberales. En el Nº 9/10 la discusión ya será en netos términos políticos, pero en los primeros números, la referencia sartreana cobraba otra ventaja para los contornistas en este aspecto: su lugar diferenciado del PC francés les permitía jugar con una figura de intelectual que se ajustaba a su propio lugar. En el último número algunos planteos remitirían a una teorización sobre la intelectualidad con reminiscencias gramscianas, pero en la amplia mayoría de los escritos de la revista, los planteos sartreanos seguirían siendo el eje.

En esta situación, el surgimiento del frondizismo apareció como la posibilidad de un proyecto no alejado de las masas, sin necesidad de hacerse peronistas. Apoyaron su campaña desde la revista. En el Cuaderno de Contorno Nº 1, el análisis del peronismo está ligado a la esperanza en el frondicismo. En “Resollando por la herida” (Contorno, 1957), donde se relata los conflictos abiertos con el ala derecha del mismo, puede verse cómo se figuraban su propia ubicación: pelear por ser una presión de izquierda a su interior. Pero la ilusión duró poco. Con la llamada “traición” de Frondizi, esto es, su corrimiento abierto a la derecha, cuyos ejes fueron la discusión con la Iglesia por la política educativa (conocida como “laica o libre”) y los acuerdos con empresas imperialistas en que se convirtió la promesa desarrollista, las divisiones se profundizan en el seno de la revista. El Cuaderno Nº 2 tratará aspectos de la política económica con un artículo de Ismael Viñas y otro de Liceaga –más crítico–, pero será en el Nº 9/10 donde Ismael Viñas dedicará un análisis detallado a la situación nacional en “Orden y progreso”. En el artículo se caracterizaba cada una de las fuerzas políticas desde la izquierda a la derecha, junto con un análisis de la estructura económica y social del país, cuya conclusión intentaba demostrar que la llamada “traición” estaba incluida en lo contradictorio del frondicismo como expresión de estas tendencias, y donde sin embargo ellos podían ser un polo que presionara a esas fuerzas hacia izquierda.

Pero por los escasos artículos del último número 9/10, donde sólo escriben Ismael Viñas, Halperín Donghi y Rozitchner, para la mayoría de los intelectuales relacionados con la revista una vez más parece pesar la dificultad de hablar por una clase a la que no se pertenece, y los consecuentes desvíos hacia políticas que terminan en desengaño, a lo que se le agregaba ahora haber apoyado al gobierno explícitamente. Los argumentos serán parecidos a aquellos esgrimidos en la relectura de la literatura nacional. Según Ismael Viñas, de entre los tradicionales representantes de la izquierda, el PS y el PC, el primero estaba en un claro viraje derechista, y el segundo se subordinaba al liberalismo con ideas fatalistas de “progreso” histórico, trastocando su ventaja de tener una perspectiva internacionalista en una embotada referencia a la URSS como modelo, es decir, también aplicando modelos externos a la historia nacional. Es cierto que además de sus “desviaciones” teóricas, sin mencionar que el internacionalismo proletario no era para él más que un eco del pasado, el PC había sido parte del bloque gorila. Pero a pesar de lo exhaustivo del análisis, Ismael Viñas no logra hacer más concretas las críticas al PC por una política que lo llevó a perder el peso ganado en sectores del movimiento obrero en la década de 1930 –momento de ascenso de un nuevo proletariado industrial y de consolidación de los sindicatos por rama–, que el PC dilapidó con la aplicación del la política de “Frentes populares” votada por la Internacional estalinizada, que implicó en el país una política de seguimiento a sectores “de oposición” patronales. La continuidad de esta política los llevó a traicionar las huelgas de principios de la década de 1940, dejando el terreno libre para el avance del peronismo. Pero Contorno no puede realizar estas críticas con mucha autoridad, no tanto por su pertenencia de clase, sino por sus erradas ubicaciones políticas frente al peronismo y el frondicismo1.

La revista dejaría de editarse por estos años. Sin embargo, las discusiones alrededor del posicionamiento de la intelectualidad serían un rasgo que la posicionaría como predecesora de las discusiones de la “Nueva Izquierda”: la crítica a la aplicación de modelos externos y la subordinación al liberalismo del PC serían retomadas en la década posterior. Se acercaba la revolución cubana que le daría un nuevo cariz a la discusión sobre “lo nacional”: la perspectiva latinoamericanista, que será la marca seguida por varios de sus representantes. Este proceso tensionaría al máximo la relación intelectuales-política, con la discusión del intelectual “revolucionario” –leído en claves gramscianas o tercermundistas– y ya no “comprometido”. Los intelectuales reunidos en Contorno ya no intervendrían como grupo, pero sus planteos en buena medida empalmarían como antecedentes de aquello que en una nueva escala se plantearía para todo el continente, y que encarnaría también otras experiencias de revistas político-culturales.

 

Bibliografía:

– Las referencias a la revista corresponden a la edición digital del CEDINCI y la New York University, Buenos Aires, s/f.

Contorno, 1956: editorial de Contorno 7/8.

Contorno, 1957: “Resollando por la herida” en Cuadernos de Contorno 1.

– Masotta, Oscar, 1956: “Sur o el antiperonismo colonialista” en Contorno 7/8.

– Rozitchner, León, 1956: “Experiencia proletaria y experiencia burguesa” en Contorno 7/8.

– Sebreli, Juan José, 1953: “Los ‘martinfierristas’: su tiempo y el nuestro” en Contorno 1.

– Troiani, Osiris 1956: “Examen de conciencia” en Contorno 7/8.

– Viñas, David, 1954: “La historia excluida: ubicación de Martínez Estrada” en Contorno 4.

– Viñas, Ismael, 1953: “La traición de los hombres honestos” en Contorno 1.

– Viñas Ismael, 1959: “Orden y progreso” en Contorno 9/10.

 

1 Ismael Viñas también incluye en su paneo al trotskismo. De hecho, da cierta verosimilitud, aunque exagerada, en las acusaciones reiteradas de “trotskismo” a posiciones radicalizadas que se expresaban en la realidad: “es difícil determinar con exactitud cuál es la influencia real de estos grupos, pero parece indudable que las vacilaciones del peronismo en la conducción del proletariado industrial y la desilusión causada a parte de los cuadros juveniles de clase media por el actual gobierno, ha provocado entre ellos una corriente de acercamiento hacia aquellos” (I. Viñas, 1959). Sin embargo, aunque parece conocer de primera mano las ideas que agrupa dentro de este sector, lo desdeña por sus “constantes divisiones”.

 

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