Cómo entrar a la vida de los otros

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ENTREVISTA MARÍA TERESA ANDRUETTO

 

DAVID VOLOJ Y LAURA VILCHES

Número 31, julio 2016.

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La obra de María Teresa Andruetto explora la narrativa, la poesía y la literatura infantil y juvenil. En este último campo obtuvo un vasto reconocimiento, al punto que en 2012 se convirtió en la primera escritora hispanohablante en ganar el Premio Hans Christian Andersen. Pero más allá de las distinciones, esta escritora cordobesa se ha hecho un lugar propio en la literatura argentina a fuerza de “construir lectores”, tarea a la que dedicó gran parte de su vida, sea en centros de promoción de la lectura, talleres literarios u otros espacios de formación.

Su deseo por escuchar y contar historias viene con la de un legado familiar. Por un lado está su madre, lectora voraz que apenas completó los estudios primarios, y por otro está su abuela, colchonera y autodidacta, que “enseñaba a leer a otros” desde sus precarios conocimientos de la escritura y la literatura. Asimismo, Andruetto proviene de una familia de italianos que cruzaron el mar huyendo de la Segunda Guerra. Su padre perteneció al movimiento partisano y tenía la “biblioteca de un inmigrante: libros sobre socialismo, anarquismo, historia social, diccionarios enciclopédicos, historia de la pintura, de la música”. Quizás allí se pueda rastrear no sólo su amor por los libros sino el interés político y social de su creación literaria, siempre atenta a señalar las contradicciones de un mundo marcado por la explotación y la opresión en formas diversas.

En líneas generales, la narrativa de María Teresa Andruetto se construye en torno a las problemáticas de las mujeres y los enigmas familiares signados por la historia social. Los interrogantes se convierten en el epicentro del dolor y los personajes, en la búsqueda de respuestas, se abren a otras voces, a puntos de vista que se enfrentan entre sí y testimonian los efectos del miedo. De esta manera, la verdad se exhibe en sus contradicciones y el texto literario se cruza con el texto social, con los relatos de la historia argentina y latinoamericana.

La novela La mujer en cuestión, por ejemplo, gira en torno a la investigación que se hace sobre una militante (ex) detenida-desaparecida durante la última dictadura militar. Estructurada como un informe, los datos tratan de capturar una identidad esquiva que se compone de relatos parciales, fragmentarios, que aporta una multiplicidad de personajes.

Andruetto revisita la última dictadura argentina desde distintos ángulos: “he intentado mirarla desde la hija de una militante que no se ha llevado tan bien con su madre; desde unas viejas del noroeste o desde una mujer entrampada en una relación perversa con su represor. Son distintas miradas que no se invalidan unas con otras”.

IdZ: Hablamos de tus preocupaciones como escritora y, en esa línea, marcabas la necesidad de construir un texto que deje hablar a los personajes sin que esto transparente tu posicionamiento ideológico.

A mí me parece que casi todo eso se resuelve si uno puede entrar en una voz narrativa que no es la de uno. El salto a la ficción es una salida, es descalzarse de uno y entrar en un punto de vista, que es el de un narrador que cuenta una historia. Ese narrador puede coincidir con el personaje o no, pero se supone que siempre es distinto del autor, aun cuando pueda funcionar como un alter-ego. Si uno le entrega la palabra a otro, eso nos saca del lugar del “autoritarismo”, del lugar de la explicitación de las convicciones personales. Uno se fuerza, también por el hecho de ser lector, a mirar desde otro punto de vista, que puede ser mirar desde otra condición ideológica, social, de edad, geográfica. Y aparecen mil verdades que uno no había contemplado. Obviamente que, como autor, uno sostiene a esos narradores, porque los ha elegido, pero no es ya mi propia voz la que está diciendo directamente lo que pienso o lo que siento.

Andruetto señala que, en su perspectiva de la literatura, “el narrador es lo más interesante. Es lo que genera literatura, ambigüedad, multiplicidad de sentidos, y nos corre de ese lugar de lo políticamente correcto, lo bien habido, lo bien pensante. Es una elección que nos pone en el lugar del pensamiento de otro. Eso que dice Darcy Ribeiro de una manera tan contundente: escribo para ver el mundo desde los ojos de los demás”.

Esto ocurre en su última novela, Los manchados, que se introduce en un pueblo imaginario del norte argentino, donde se dan cita un puñado de voces femeninas que recuerdan al padre desaparecido de Julieta, una hija que intenta conocer parte de su propio pasado a través de los otros. Los vacíos identitarios se van completando con relatos y testimonios, a veces huidizos, a veces pasionales, pero siempre subjetivos.

IdZ: ¿En qué momento tuviste clara la importancia de encontrar una perspectiva, un punto de vista diferente al propio?

Con el tiempo fui ganando en la complejización de ese punto de vista, pero siempre sentí que debía salir de mí. Nunca quise escribir sobre mí ni me planteaba ser escritora; pero sí tuve mucho interés por las historias de los otros, aún de chica. Se me quedan en la cabeza, inclusive cosas de gente que vi un solo día en la vida, un rato, en un ómnibus. Tengo como una biblioteca de eso, como una colección, y me habitan. Así que mi búsqueda en la narrativa es eso, ¿no? Cómo entrar a la vida de los otros.

IdZ: En Los manchados se puede notar un notable trabajo con la oralidad y la fragmentación, donde el protagonista termina siendo el lenguaje, la voz colectiva.

Estuvo claro desde el principio. En Los manchados, el objetivo era llegar a un universo coral. Y eso aparece cada vez más en lo que escribo, y trabajo con los géneros discursivos que tienen que ver con lo fragmentario, lo coral, como la carta o el rumor. La forma es algo que me preocupa mucho. Más que asuntos, me planteo desafíos formales. Es como si los asuntos vinieran solos y lo otro lo buscara yo, de manera más intelectual, más cerebral, aunque a veces aparece como una revelación. Esas búsquedas me sacan del lugar del discurso más monolítico de mis convicciones ideológicas, que es lo que yo soy por fuera del texto. Porque tengo posiciones tomadas sobre muchas cosas y, si le diera rienda suelta de manera lineal, no resultaría un texto para pensar o para entrar en contradicción, sino uno más afirmativo, más aseverativo, más “autoritario” también, que no es lo que me interesa.

IdZ: En cierta línea de la literatura argentina política que, por ejemplo en el siglo XIX, roza el panfleto…

Sí, y mucha literatura contemporánea también, literatura que hace pesar mucho en las convicciones de quien cuenta y de los personajes. A mí me parece que la base de lo ideológico en mi escritura, por lo menos, está en ponerme en contradicción, probarme y que eso finalmente sea lo que le suceda al lector, bueno, preguntarse acerca de ciertas cosas y no darlas por sentado. No decirle qué sino hacerlo tambalear un poquito.

 

Militar la literatura infantil y juvenil

Desde la fundación del Centro de Difusión e Investigación de Literatura Infantil y Juvenil en Córdoba, en los ‘80, Andruetto ingresa en un campo en formación de la mano de sus compañeras de ruta. En esta época empieza a compartir sus propios textos con otras escritoras como Lilia Lardone o Estela Smania, y avanza en poner en pie el CeDILIJ, referencia ineludible para quien rastree pasado y presente de la literatura juvenil en nuestro país. Allí, encontró además, la forma de darle continuidad a su actividad política en la izquierda universitaria de los años ‘70.

IdZ: Fuiste una de las fundadoras del CeDILIJ.

Sí, éramos un grupo de mujeres que en su mayoría venía de la literatura o la pedagogía. Armamos el centro, que llamamos Centro de Difusión e Investigación de Literatura Infantil y Juvenil, aunque el foco estaba puesto en la formación de maestros y profesores para que la literatura volviera a la escuela después de la dictadura. La militancia que yo había tenido antes, ahora adquiría esa forma. Estuve hasta el ‘95, y bancábamos todo nosotras: limpiábamos, escribíamos, atendíamos. Era un trabajo socializado muy fuerte. Con las actividades sucedía lo mismo porque, si nos llamaban para que leyéramos en un geriátrico, considerábamos que éramos del CeDILIJ y lo hacíamos por eso, dejando el 20 % o el 30 % de lo que ganábamos, para mantenerlo.

IdZ: ¿Qué sucedió después?

En los ‘90 el Centro empezó a verse mucho desde Buenos Aires, y llegaban propuestas. Había ciertos proyectos y actividades que daban dinero y otros que no, como la revista que se llamaba Piedra Libre, por la que no cobrábamos nada. En ese momento, había sólo dos las revistas en Latinoamérica sobre literatura infantil y juvenil, y una de ellas la sacábamos en Córdoba. El centro de documentación, que tampoco daba dinero, era una comisión que analizaba y fichaba cada libro publicado que mandaban las editoriales. Teníamos un registro de cada obra publicada, así que los proyectos que daban dinero debían hacer un fondo para sostener a los que no. Yo me fui en el ‘95 pero el centro siguió funcionando.

Según relata Andruetto, los ‘80 serán los años de conformación del campo de la literatura infantil y juvenil a nivel nacional, con el surgimiento de otros centros de estudio y difusión en Neuquén, Tucumán, Salta, Santa Fe, Buenos Aires, es decir, varios grupos que emergieron a la vez y todavía hoy trabajan. En ese marco, uno de los aportes más significativos será la traducción de artículos como los del escritor y pedagogo italiano Gianni Rodari para la revista Piedra Libre, dirigida por la autora. Los textos teóricos y literarios de Rodari signaron el pensamiento y la producción de la escritura creativa en Argentina.

IdZ: ¿Cuáles creés que son los espacios de formación de lectores?

Centralmente, la escuela. Un lector se puede formar en cualquier parte, es cierto. Si ese chico tiene padres lectores, abuelos lectores, libros en la casa, tiene acceso a la librería, a la biblioteca, vive en la ciudad y todo eso, tal vez se forme en cualquier parte. Pero si uno quiere o tiene una idea inclusiva de la lectura, ese lugar es la escuela pública. La escuela es el gran desafío, el lugar donde hay que trabajar. Y eso, ¿cómo se hace? Con maestros y profesores formados, lectores ellos, con un tiempo y espacio destinado a la lectura, con libros. Y con un Estado que proporcione libros de calidad, gratuitos y muy bien seleccionados. Tengo que decir que, en ese sentido, la gestión anterior, entre 2008 y 2013, hizo un aporte enorme de libros a las escuelas. Son libros de alto costo, muchos que yo o un papá común no hubiéramos podido comprar por la sofisticación editorial.

IdZ: Pero solo con los libros no alcanza. ¿Quién los conoce, quién y cómo se los apropian para despertar el interés por la lectura?

Ahí está el otro tema, porque la formación lectora de maestros y profesores es complejísima. Y un maestro, lector o no lector, es una persona que, si vive de su sueldo, vive muy ajustado. Entonces, si un libro ilustrado hoy cuesta más de 300 pesos, ¿de dónde saca para pagarlo? ¿Y en qué momento lee, si tiene dos turnos? Y si además debe hacer las tareas de la casa, porque la mayoría son mujeres, ¿se puede capacitar? Creo que las horas de capacitación lectora de ese docente deberían estar cubiertas, así como el pago de esas horas invertidas en capacitación. Debiera estar contemplado, pero estamos lejos.

 

Nadie escribe sobre la nada

Como mujer y escritora, Andruetto también “milita” para reivindicar a otras narradoras que la precedieron; muchas olvidadas por el canon y el mercado, y que “están en la base de lo que se escribe hoy, porque nadie escribe sobre la nada”. Junto a Carolina Rossi y Juana Luján se ocupa de la colección de “Narradoras argentinas” para la editorial de la Universidad Nacional de Villa María (EDUVIM). Andrea Rabih, Paula Wajsman, Amalia Jamilis, Fina Warschaver, Elvira Orphée, Libertad Demitrópulos, Clementina Quenel son algunas de las escritoras recuperadas.

IdZ: ¿Cuál es el objetivo de la colección?

Buscamos rescatar a escritoras que ya no están o ya no producen y pensamos en ponerle el cuerpo, la presencia y la difusión a las que ya no lo pueden hacer. El recorte es el de las escritoras que se dedicaron a la narrativa entre los años 40 y 90, mujeres que vienen de distintos lugares del país, de distintos sectores culturales, con estéticas también muy diversas: novela social, novela erótica, política, cuentos. La diversidad de esos rescates es uno de nuestros nortes. Calidad y diversidad.

IdZ: ¿Hay rasgos en común?

La mayoría de ellas está atravesada por la posibilidad de haber hecho estudios superiores, es decir, proviene de un sector medio que pudo hacerlos. Lograron posicionarse como mujeres y por eso escribieron; sino, es como no tener palabra. Varias de ellas son contemporáneas de varones que han tenido mucho reconocimiento, mientras que ellas no tanto: Fina Warschaver era contemporánea de Borges y Bioy; Jamilis, de Cortázar. Hay otros casos que son más extraños como por ejemplo Elvira Orphée, mujer de Miguel Ocampo, el pintor que fue diplomático, embajador argentino e italiano. Ella fue directora de una colección de Gallimard, encargada de la traducción al francés de grandes escritores latinoamericanos como Rulfo. Publicó y tuvo difusión en su momento, pero no la que hubiese tenido siendo un varón; creo que un varón, en ese lugar de poder, hubiera sido visto de otra manera.

IdZ: Bueno, esta diferenciación entre las tareas intelectuales “reservadas” para los hombres y las tareas manuales de organizar la colección, de gerenciar ella…

Claro, y poniendo su esfuerzo para otros, maternando, una cosa que nos sale mucho a las mujeres, sobre todo mi generación o las anteriores, poner el esfuerzo para otros. Ella hizo que saliera Rulfo allá, que salieran Borges, Cortázar.

IdZ: A propósito de las mujeres escritoras. ¿Cómo ves hoy la situación?

Hay un salto muy grande entre las escritoras hasta los años ‘80, ‘90, y lo que vino después, el hoy. Eso se da, por un lado, porque hubo una fuerte militancia en torno al género, y por otro por las redes y la tecnología, que hacen que se democratice la circulación de los bienes culturales. Además de que hay una especie de moda y los escritores varones hoy se animan más a recomendar mujeres. Sin embargo, persiste una cuestión de “cuerpo” entre ellos, porque cuando se le pide a un escritor que recomiende escritores, por lo general recomienda a otros varones; al final aparece el nombre de una mujer, como si fuese una cuestión de un cupo, ¿no?

IdZ: El deseo de la escritura que existe en las mujeres hoy quizás se concreta más. Después está el tema de los espacios de validación, de legitimación, de circulación.

También hay una especie de estereotipos: las mujeres ligadas al amor, a lo pasional, o a lo maternal, a la literatura para niños. A mí me costó mucho ser vista como una escritora a secas, no sólo como una escritora para niños, lo que tiene un lugar maternal. La mujer asociada a lo maternal, por ejemplo, y poco en el mundo de la justicia… ¿Qué lugar ocupan las mujeres en lo política, incluso en la docencia? Escuela donde voy, si hay un varón, ocupa el lugar de la dirección. Y más abajo también están pagos diferentes, etc. Por supuesto que la sociedad se va transformando, hay nuevas leyes, y en ciertos sectores culturales y sociales ya no están bien vistas ciertas prácticas que antes estaban muy naturalizadas. Pero creo que no hay que creerse que, porque una logró algunas cuestiones, ya eso hace que existan menos problemas.

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MARÍA TERESA ANDRUETTO

Nació en 1954 en Arroyo Cabral, Provincia de Córdoba. Es escritora, poeta, ensayista y coordinadora de talleres literarios. Estudió Letras en la Universidad Nacional de Córdoba y contribuyó a la creación del Centro de Difusión e Investigación de la Literatura Infantil y Juvenil (CEDILIJ). Su obra ha obtenido reconocimiento nacional e internacional. Ha publicado Tama (Premio Municipal Luis de Tejeda), La mujer en cuestión, Stefano, Lengua Madre, Cacería y Los manchados; los poemarios Kodak, Pavese y otros poemas y Beatriz. Entre sus libros para jóvenes lectores se cuentan Huellas en la arena, El árbol de lilas, Benjamino, Stefano, Campeón y La mujer Vampiro. Obtuvo numerosos premios entre los que se destacan el Premio Municipal Luis de Tejeda, el Premio Novela del Fondo Nacional de las Artes, Premio Internacional de Cuento Tierra Ignota, y El Premio Hans Christian Andersen de Literatura infantil y juvenil.

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