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Debates en torno al FIT y la izquierda

 

EDUARDO CASTILLA y FERNANDO AIZICZON

Número 19, mayo 2015.

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Bancate ese defecto…

La incorporación de sectores de la izquierda independiente en las boletas electorales del Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) desató una serie de análisis y reflexiones en sectores identificados con aquella tendencia. Un elemento común fue destacar el “proceso de maduración” que eso implicaba. Sin embargo, se sostuvo toda una serie de críticas basadas en prejuicios que este sector político y sus intelectuales afines, dirigen hacia los partidos de la izquierda trotskista.

Los argumentos que hasta ayer constituían fundamentos irrenunciables de la crítica a la “vieja izquierda”, sirven hoy como base del apoyo electoral. Esto limita cualquier posibilidad de debate serio, más allá de las coyunturas electorales, sobre las vías de construcción de la izquierda revolucionaria, cuestión sobre la que hemos venido insistiendo1.

Pareciera que los argumentos políticos quedan en segundo plano en aras de no ser marginal a un proceso político que plantea la posibilidad de un crecimiento en votos y puestos legislativos. Se trata de participar a como dé lugar, aunque el costo sea evitar sacar conclusiones sobre el proceso que los llevó a pedir ingresar al FIT. En otras palabras, si no fue una confluencia en las luchas y las calles, ni un reconocimiento o incorporación de estrategias o tradiciones teórico-políticas distintas, menos aún un proceso de autocrítica, ¿cómo explica la izquierda independiente su actual seducción por la “vieja” izquierda?, ¿qué ocurre hoy en aquellas identidades políticas cuya genealogía fue el rechazo a la forma partido-leninista?

La crisis de la izquierda independiente dio lugar a tendencias centrífugas, resultado lógico de su heterogeneidad estratégica. Algunas de sus corrientes, tempranamente, se inclinaron hacia el kirchnerismo. Otro sector, después de años de crisis y discusión interna, se dividió entre quienes terminaron confluyendo en el proyecto reformista de Claudio Lozano y aquellos que pidieron, de manera insistente, el ingreso al FIT. Recientemente, un artículo publicado en la edición digital de abril de Le Monde Diplomatique se suma al historial de contradicciones que hoy sacuden a ese sector. Desde fuera de las organizaciones de la izquierda independiente y bajo el título “La izquierda radical en tiempos electorales”2, Pablo Stefanoni y Horacio Tarcus intervienen en el debate. Este último, funcionario kirchnerista por un tiempo, carga un historial en el arte de atacar a la izquierda trotskista.

En el artículo reconocen dos cuestiones no menores: 1) que existe la izquierda radical y que en Argentina esa izquierda es sinónimo de FIT; y 2) que lo que llaman “divisionismo” parece no ser una característica privativa del trotskismo, sino de toda organización política. Ambos reconocimientos son un avance, aunque el mismo dure lo que un renglón. De inmediato retornan los viejos fantasmas siempre invocados: los autores vuelven sobre el “dogmatismo” y “arcaísmo” de las ideas trotskistas.

 

Ojos de video tape…

Los autores intentan basar el “éxito” del FIT en el supuesto aggiornamiento de la izquierda trotskista y en el carácter “oportunista” de ese frente. Dos atributos poco felices en la jerga política brindarían la clave de bóveda para interpretar el auge del trotskismo local que, como una anomalía no deseada, ocurre a contracorriente del boom de nuevas izquierdas florecientes en Europa y las viejas izquierdas latinoamericanas. Tarcus y Stefanoni juegan con una distorsión que cumple la función de mostrar una izquierda madura y moderada, acorde al paladar del votante imaginario o del contrariado militante del espacio independiente. Dicen:

 

…la vieja cultura obrerista de la izquierda radical, el reclamo en voz airada, el ceño fruncido, el puño golpeando la mesa (.) se han visto parcialmente desplazados por intervenciones más argumentativas y persuasivas, enunciadas en tono enérgico pero sin vulnerar la amabilidad de los códigos televisivos.

Añaden que

 

…de las fuerzas del trotskismo, el PTS es el que ha ido más lejos en modernizar su aparato de difusión (…) ha creado sucesivamente una editorial, una revista de difusión masiva (Ideas de Izquierda), un canal de televisión (TV.PTS) y últimamente un diario digital (La Izquierda Diario). (…) la modernidad de los medios contrasta de modo acuciante con el arcaísmo de los contenidos (…) las ideas de izquierda se agotan pronto en una formación política que (…) se ha caracterizado por el anti-intelectualismo.

 

Posiblemente los “arcaísmos” estén de moda. Al cierre de este artículo, La Izquierda Diario contabilizaba 2 millones y medio de visitas desde enero de 2015. Solo en el mes de abril se habían producido 1 millón de ellas. El desarrollo de los sitios de La Izquierda Diario en Brasil, Chile y México, también con excelente repercusión, daba cuenta de un crecimiento importante. Por otro lado, en la revista Ideas de Izquierda han escrito y han sido entrevistados un amplio abanico de referentes intelectuales. Una breve lista incluiría a Omar Acha, Maristella Svampa, Juan Carlos Torre, Mabel Belluci, Leo Panitch y Terry Eagleton, entre muchos otros. ¿Cabe la definición de “anti-intelectualismo”? Categóricamente no. Si los spots electorales del FIT no muestran un militante enojado –como la representación caricaturesca que se intenta atribuir– y hasta son destacados en la prensa burguesa por su creatividad y humor, esto se debe menos a  un aggiornamiento que a la utilización de determinados parámetros estéticos en función de difundir ideas propias. Algo que, de ningún modo, significa no decir las cosas como son, menos aún adecuarse al vacío ideológico que practica la centroizquierda con sus slogans despolitizados (“una ciudad mejor”, “caminar distinto”, etc.).

En medio del horizonte desértico que cultivan todos los partidos dominantes, las ideas de izquierda suenan en la actualidad no como “la moda” sino como ideas-fuerza que desnudan la brutal inequidad del sistema y tienden a plantear una perspectiva política global. De ahí la simpatía que despiertan en amplios sectores.

 

No soy un extraño

Tarcus y Stefanoni afirman que el peso del FIT en el Parlamento ya no

 

… justifica restringir la labor del diputado de izquierda a la denuncia, la propaganda y los grandes gestos (…) los diputados de izquierda están en condiciones de hacer “política” en el Parlamento (…) es posible que la experiencia de la gestión parlamentaria termine por poner en tensión la vieja concepción según la cual tales prácticas eran mero reformismo u oportunismo.

 

Esa “vieja concepción” fue profesada, hasta ayer nomás, por un amplio sector de la izquierda independiente, no por las corrientes trotskistas. Resulta falsa la contraposición entre política “parlamentaria” (acuerdos, presentación de proyectos, etc.) y la denuncia activa sobre el rol de esas instituciones. Una concepción revolucionaria supone unificar ambos planos en función de aportar a la organización y movilización extraparlamentaria de franjas de los trabajadores y la juventud3. Ahí reside el elemento estratégico de la política revolucionaria en la arena parlamentaria.

Es esto lo que explica que, junto a la presentación de cientos de proyectos en todas las instancias legislativas donde está el FIT, un plus esencial de su actuación haya sido el apoyo activo a las luchas obreras. El aporte permanente de los parlamentarios del PTS, tanto económico como con su presencia, en múltiples reclamos es una confirmación de una práctica cuyo centro está en la organización de los explotados. En ese marco, resulta sorprendente que en todo el artículo no se haga mención al peso conquistado por la izquierda en franjas combativas del movimiento obrero. Resulta aún más curioso cuando la edición en papel de Le Monde del mismo mes publica una nota donde se reconoce que “desde Campana hasta la General Paz hay unos cien mil obreros industriales e intensa presencia sindical trotskista”4.

Tampoco se hace mención alguna al conflicto de Lear Corporation, considerado el más importante de 2014 por los CEO de las grandes patronales, y donde la izquierda –en particular el PTS– jugó un rol central. Tanto ese conflicto como la pelea de los trabajadores de MadyGraf (ex Donnelley) en defensa de la gestión obrera, o el peso conquistado en comisiones internas y cuerpos de delegados de la zona norte del Gran Buenos Aires, evidencian una influencia creciente del trotskismo en el movimiento obrero. Cuestión que se expresó además en los cuatro paros nacionales que tuvieron lugar desde 2012, donde los piquetes le permitieron a la izquierda aparecer como alternativa a las conducciones burocráticas.

¿Cómo se explica tanto silencio ante algo reconocido por los medios de comunicación de la propia burguesía? La omisión no es ingenua. Por el contrario, es sintomática de cómo el alejamiento voluntario de algunos intelectuales respecto de las luchas concretas de los trabajadores y su reclusión en el ámbito de la academia, no hace sino reforzar una perspectiva sui generis, donde el desarrollo de la izquierda aparece únicamente como fenómeno electoral.

Este síntoma de época, que merecería mayor desarrollo, es la condición de posibilidad de los movimientos previos. Reducir la izquierda a un cómic, realizar apreciaciones superficiales sobre innegables avances en la práctica de medios y redes sociales, omitir discusiones clásicas y actuales sobre parlamentarismo y, sobre todo, ignorar deliberadamente los procesos reales de recomposición subjetiva en la clase obrera, son modos de obturar cualquier debate serio de estrategias en el camino de la construcción de una izquierda revolucionaria o, en los términos del artículo, radical.

 

Dos, cero, uno…

 

La izquierda tradicional –señalan– no piensa la política en términos de construcción hegemónica, dentro de la cual las identidades y los programas no quedan fijados de antemano, sino que se reformulan en el propio proceso de construcción e incorporación de nuevas fuerzas y nuevos sujetos sociales.

 

Este argumento5, presentando con sofisticación “teórica”, solo viene a justificar alianzas políticas más amplias. Desde esa concepción los autores, como una importante franja de la intelectualidad de izquierda, adhirieron a los fenómenos de nacionalismo burgués en América Latina y ahora lo hacen a las “nuevas” izquierdas de Podemos y Syriza. Si la actualidad de nuestro continente devuelve la imagen del estancamiento y la crisis de los gobiernos posneoliberales, el escenario europeo muestra la progresiva moderación de las izquierdas radicales6.

Stefanoni y Tarcus abrazaron las experiencias de aquellos gobiernos latinoamericanos al ritmo de la denostación contra la izquierda trotskista, de la que Tarcus decía en 2011 que “no aprendió y no aprende nada”7. Allí afirmaba que “durante esta elección, las ideas de la izquierda han estado en disputa entre las dos principales fuerzas: el FpV (Frente para la Victoria) y el FAP” (sic). Poco antes, Stefanoni8 describía su posición sobre los gobiernos progresistas como de ‘apoyo crítico’, donde –en la práctica (…) es difícil posicionarse entre el oficialismo y la oposición ‘destituyente’ sin aparentar neutralidad o dar la imagen de un purismo intelectual”.

En octubre de ese año el FIT lograba casi 700 mil votos y empezaba a conformarse un nuevo espacio político en Argentina. La actual situación, donde el kirchnerismo se desliza hacia la derecha, mimetizándose con el sciolismo, mientras crece electoralmente la izquierda trotskista, presenta un panorama más que incómodo para estos intelectuales.

 

Plateado sobre plateado…

El conjunto del artículo que reseñamos apunta en la dirección de construir una izquierda más amplia. De ahí que celebre la incorporación de la izquierda independiente y critique al PTS por haber puesto reparos. Lo que son diferencias de estrategia, programa y, consecuentemente, práctica política, son reducidos a problemas de conveniencia de partido. Una simplificación que les “ahorra” tener que argumentar seriamente.

Si esas diferencias no pudieron abordarse fue porque tanto las corrientes de la izquierda independiente como PO e Izquierda Socialista hicieron primar la discusión sobre cargos9. Finalmente fueron esos partidos quienes otorgaron parte de sus lugares en las listas, sin incorporarlos formalmente al FIT. Pero, por más que a los autores les disguste, las diferencias de perspectiva estratégica son sustanciales.

Mientras las fuerzas que integran el FIT se ubican dentro del espacio de independencia política de los trabajadores y sectores populares, la izquierda independiente aún reivindica las experiencias de nacionalismo burgués como el chavismo, donde la clase trabajadora se halla políticamente subordinada.

Lógicamente, las diferencias en la práctica política también resultan notorias. Mientras la izquierda independiente divagó detrás de múltiples sujetos indeterminados socialmente, las corrientes trotskistas –esencialmente el PTS– volcaron un esfuerzo de construcción al interior de la clase trabajadora. Dicha tarea implica el enfrentamiento constante con la burocracia sindical peronista, como ocurrió en la lucha de Lear.

Precisamente esta es una cuestión que delimita las discusiones entre el PTS, PO e Izquierda Socialista al interior del FIT. Desde la perspectiva del PTS, el peso conquistado en el terreno electoral y parlamentario debe estar en función de aportar a la reconstrucción de los lazos de solidaridad internos entre los trabajadores, la recuperación de sus organizaciones sindicales y el desarrollo de una tradición combativa. Se trata de componentes necesarios para que la clase trabajadora pueda elevarse a sujeto político independiente. Esa tarea estratégica no puede realizarse solo mediante la agitación política sino que requiere inserción real en la clase trabajadora.

Lejos del “obrerismo” que estos intelectuales adjudican al trotskismo, esa independencia es una condición necesaria para que la clase trabajadora pueda desplegar una política hegemónica hacia el conjunto de los explotados y oprimidos por el capital. Las discusiones de estrategia y práctica política son un aspecto esencial de todo debate sobre la izquierda revolucionaria, sus avances y sus perspectivas. Un debate que, creemos, debe continuar.

 

1. Debatimos sobre estas cuestiones en “De viejos y nuevos dogmatismos”, IdZ 10 y en “Lenin, el partido y otros demonios”, IdZ 11.

2. Edición digital de abril, www.eldiplo.org.

3. Para profundizar ver Paula Varela, “Nicolás del Caño: la ‘militancia de Palacio’ es la negación de una política de izquierda”, IdZ 18.

4. Martín Rodríguez, “Las izquierdas emergentes”, Le Monde Diplomatique, abril de 2015.

5. Para un debate sobre esta concepción de hegemonía ver Claudia Cinatti, “Ernesto Laclau y el elogio de la hegemonía burguesa”, IdZ 9.

6. Al cierre de este artículo se conoce la posible renuncia de Juan Carlos Monedero a la dirección de PODEMOS, acusando sus semejanzas crecientes con la vieja casta política.

7. Tarcus, Horacio, “Después del 2001, la izquierda tradicional no aprendió nada”, Agencia CTYS, UNLaM, www.ctys.com.ar.

8. Nuevo Topo 8, septiembre/octubre 2011.

9. Ver “¿Cómo ampliar el Frente de Izquierda?”, La Izquierda Diario, 12/03/15.

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