BRICS: ¿Una alternativa al orden imperialista?

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PABLO ANINO

Número 13, septiembre 2014.

La realización durante julio de la sexta cumbre de los BRICS en Fortaleza, Brasil, instaló en la prensa y entre los analistas, como así también en los planteles gubernamentales, la idea de explorar nuevas asociaciones estratégicas para los países latinoamericanos como alternativa a los EE. UU.

 

La cumbre de Fortaleza fue la más significativa desde el punto de vista de los resultados. Allí se anunció la creación de un Banco de Desarrollo (BD) y un Acuerdo de Reservas de Contingencia (ARC). Se habla de un mundo en transformación, “multipolar”, donde la hegemonía en decadencia del país del norte, sería compensada con nuevo polos de poder. El bloqueo de la Unión Europea y EE. UU. a Rusia a partir del conflicto por las regiones en disputa con Ucrania fue respondido con un acuerdo estratégico de Rusia para proveer a China un tercio del gas que consumirá durante los próximos 30 años. Asimismo, como medida defensiva, Rusia realizó la apertura para la compra de materias primas a Latinoamérica en reemplazo de los proveedores europeos. En particular, Chile y Brasil se están favoreciendo de esta situación. Por otro lado, la confrontación del gobierno argentino con los “fondos buitre” alentó la esperanza de obtener financiamiento “heterodoxo” desde los BRICS como una opción distinta a los “mercados”. La llegada a Argentina de los presidentes de Rusia y China (este además visitó Cuba y Venezuela) con promesas de inversiones pareció confirmar esta posibilidad. En este artículo exploramos qué son los BRICS y cuánto hay de realidad y cuánto de mito en su proyección como las potencias económicas del futuro.

 

Orígenes: una oportunidad de inversiones para las grandes corporaciones

El acrónimo BRIC lo creó el economista Jim O’Neill1 de la banca Goldman Sachs en 2001 Ilustración: Juan Atacho para referirse a Brasil, Rusia, India y China. En 2003 la banca de inversión emitió un documento2 donde desarrollaba su visión. Consideraba que estos países, entre las economías emergentes, alcanzarían una gran importancia hacia 2050. El fundamento de ese pronóstico era la gran extensión territorial, las enormes masas de población, los recursos naturales disponibles y la dinámica económica (con un crecimiento por encima del promedio mundial) que tienen esos países. Para Goldman Sachs ese pronóstico significaba una oportunidad para los inversionistas. No obstante, señalaba un límite a los BRICS: estos alcanzarían a estar entre las economías más importantes en 2050, pero no entre las más ricas. Aún en 2050 el PBI per cápita de China o Brasil serían de la mitad que el de EE.UU. Indicaba, a la vez, que China e India se transformarían en grandes proveedores de tecnología y servicios, mientras Rusia y Brasil constituirían en los principales oferentes de materias primas. Asimismo, la población de estos países proyectaba un gigantesco mercado: 950 millones de habitantes con más de u$s 5 mil de ingresos anuales para 2015 y más de 600 millones de habitantes con percepciones mayores a u$s 25 mil desde 2025. Los grandes inversores y las multinacionales irían a la caza de ese mercado, de los recursos naturales y de la mano de obra barata.

 

¿Qué buscan los BRICS?

Más de diez años después de estos pronósticos, los BRICS pretenden ir más allá del mero agrupamiento en siglas en provecho de los inversores. En el contexto de la crisis iniciada en 2007 en EE. UU., que tiene a las economías más ricas (especialmente a Europa) marcando un ritmo de crecimiento débil, este conjunto de países mantuvieron sus economías en expansión. Los BRICS, en particular China, actúan como motor de la economía mundial. Esa situación se modificó parcialmente desde 2011/2012 con la desaceleración de los emergentes, pero no obstante se mantienen las dos velocidades en el crecimiento mundial.

Los BRICS aportan más del 20 % del producto mundial, pero sus votos en el FMI representan solo el 11 % del total. Existe un acuerdo tácito desde los tratados de Bretton Woods a partir del cual EE. UU. define el presidente del Banco Mundial y Europa el del Fondo Monetario Internacional (FMI). Las primeras cumbres de los BRICS fueron impulsadas como una plataforma para incidir en las reuniones del G-20 en pos de lograr una reforma del sistema financiero mundial que contemple una mayor participación de las economías emergentes en las decisiones en el FMI y del Banco Mundial. EE. UU. y las grandes potencias vienen rechazando cambiar este estado de cosas. Por su parte, el recientemente anunciado Banco de Desarrollo de los BRICS tendrá un capital inferior a la mayoría de otros bancos de desarrollo.

No solo eso. Barry Eichengreen destaca que hay una proliferación de bancos de desarrollo que han cooperado con el Banco Mundial y que el de los BRICS no debería traer mayores contradicciones. Incluso podrían verse alineados los intereses de las grandes constructoras chinas con las necesidades de infraestructura de los países en desarrollo. Por el contrario, la constitución de un ARC choca con el hecho que más del 60 % de las reservas de los bancos centrales del mundo está en dólares y el 85 % de las transacciones comerciales se realizan en esa divisa.

Además, en el caso del ARC los intereses no estarían tan alineados como en el caso del BD. Es que los condicionamientos que supondría, igual que cuando presta un organismo internacional, traería fricciones entre los países acreedores y deudores. La Chiang Mai Initiative, una cadena de créditos y swaps entre países asiáticos, mostró este tipo de fricciones dado que establecía que quien requería un swap por más del 30 % de sus tenencias debería acordar un programa con el FMI. La ARC establece lo mismo. Llamativamente la unidad de medida de la ARC será el dólar. Una muestra de que no se busca ser una alternativa a la moneda de EE. UU. Para este profesor, el ARC es “sólo simbolismo vacío”3.

Hay dentro de los propios BRICS diferencias sustanciales. China es quien más aspiraciones tiene de convertirse en una potencia imperialista, más allá de los debates que hay sobre sus posibilidades reales de hacerlo. Con la división internacional el trabajo que se configuró con el neoliberalismo se convirtió en el “taller del mundo”. Comenzó a exportar capitales y a buscar garantizarse el aprovisionamiento de materias primas en el resto del mundo. Si bien sostiene una disputa con EE. UU. por la influencia en el Este asiático, todavía no constituye un desafío en otras regiones4, si bien tiene inversiones en América Latina y África. Rusia también juega un rol destacado dentro de los BRICS, pero en los últimos años se primarizó y creció en base a la exportación de hidrocarburos. La restauración capitalista en la ex URSS fue enormemente regresiva desde el punto de vista industrial y de conquistas sociales. En el conflicto con Ucrania más bien trata de limitar la pérdida de influencia en un país donde avanzaron en posiciones los pro europeas. Brasil se ubica en una jerarquía menor y su pretensión en proyectarse con potencia regional. En los últimos años, su crecimiento (y de toda Latinoamérica) estuvo empujado por la evolución de los negocios agrarios y de materias primas con destino al país asiático, como así también en el descubrimiento de recursos energéticos. Sudáfrica fue incluida en los BRICS como forma de tener una pata en el continente africano. En India, aunque se desarrolló fuertemente la producción de sevicios, el 20 % de su economía es agrícola (en países desarrollados es 1 %) y tiene más del 20 % de la población bajo la pobreza. En la tercera cumbre de los BRICS, realizada en el transcurso de la guerra civil en Libia, no hubo una condena a la intervención de la OTAN, a pesar que Rusia y China la rechazaban. Los avances concretos en cooperación económica, como las iniciativas de la sexta cumbre, dan cuenta que los BRICS tejen alianzas defensivas frente al desaceleramiento de sus economías en el marco de la crisis capitalista mundial, aprovechando la tendencia a la decadencia hegemónica de EE. UU.

 

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¿La reversión del desarrollo desigual?

En esta situación, ¿qué lugar ocupa este conjunto de países? Su desarrollo encierra todas las particularidades de la actual fase de internacionalización productiva. Mientras mantienen muchas de las características de los países sub desarrollados como altos niveles de pobreza e indigencia en su población, altas brechas en cuanto a desigualdad en el ingreso, a la vez, lograron ser atractivos para la inversión de capitales. Este es un cambio importante: hace veinte años “los mercados de valores del Tercer Mundo estaban simplemente fuera del radar de la mayoría de los inversionistas internacionales, aunque empezaban a crecer; les di el nombre de ‘mercados emergentes’”, señala un ex funcionario del Banco Mundial5. También destaca que para ese entonces Rusia estaba detrás de la Cortina de Hierro, China trataba de recuperarse de la Revolución Cultural y de la Plaza Tiananmen, Brasil había transitado la década pérdida e India era una pesadilla burocrática. El gran cambio de estos países fue su apertura a los mercados en un contexto de ofensiva neoliberal.

La apertura económica no solo brindó grandes oportunidades al capital, sino que ofreció una mercancía particular a muy bajo precio: la mano de obra constituye el principal factor de competitividad y productividad de los BRICS. Aprovechando esa “ventaja competitiva” muchas empresas de los BRICS se convirtieron en fabricantes de segunda categoría de productos baratos (smartphones, semiconductores, software y aviones). En China, Lenovo se hizo cargo del negocio de computadoras de IBM. Las empresas de producción de cerveza en Brasil y Sudáfrica se transformaron en líderes mundiales. Además, los BRICS están desarrollando nuevas fuentes de competitividad. Las plantas industriales chinas están más actualizadas que las de EE. UU. y estarían más involucradas en la búsqueda de la innovación, principalmente en telecomunicaciones. Los medicamentos genéricos en la India intentan incursionar en el mundo, los productores de proteínas de Brasil dominan los mercados y los oligarcas rusos invierten en otros países. Aunque la propiedad intelectual sigue siendo dominada por las grandes potencias, los BRICS muestran una dinámica significativa: en telecomunicaciones la compañía china ZTE desplazó a la japonesa Panasonic del primer lugar en solicitud de patentes, mientras que Huawei (también de China) se ubicó en tercer lugar y la estadounidense Qualcomm retrocedió al sexto6.

En cuanto costo de la mano de obra, si bien Van Agtmael podría estar exagerando los resultados, indica que el estancamiento salarial de EE. UU. permitió reducir la brecha salarial con China o India. La robotización de tareas (que puede llegar a reemplazar hasta 10 humanos) sería otro de los factores que completan el panorama de una posible reemergencia de las multinacionales tradicionales. Al mismo tiempo, en relación a otros emergentes la brecha salarial se está reduciendo: los salarios chinos pasaron de ser el 33 % de los de México en 1996 hasta el 85 % en 2010. El efecto del incremento de los costos salariales está haciendo menos atractivos a los BRICS para invertir que lo que lo eran años atrás. Las tasas de retorno que obtienen los inversores se redujeron significativamente.

El pronóstico establecido por Goldman Sachs a principio de siglo sobre una expansión superior de los BRICS en relación a las actuales potencias económicas no está para nada claro que se vaya cumplir. Antoine Van Agtmael señala que:

 

las multinacionales tradicionales, después de años de retiro, están compitiendo de nuevo, desde General Motors que intenta ganar la mayor cuota de mercado en China, pasando por la incursión de General Electric en la producción de equipos médicos de bajo costo, hasta la invención de Nestlé de las máquinas Nespresso tremendamente exitosas, convirtiendo al café de alta gama de un lujo comprado en la tienda hacia una conveniencia del hogar. La ventaja competitiva puede estar girando de nuevo a Occidente mucho más rápido de lo que pensábamos.

 

Según este mismo analista, las perspectivas de abundante shale gas, que está atrayendo inversiones a EE. UU., podrían hacer que las exploraciones en el Ártico de Rusia y en Brasil sean demasiado caras. Los avances en hidrocarburos no tradicionales renovaría la competitividad de las industrias de las principales potencias imperialistas que consumen intensamente energía.

El aprovechamiento de la “ventaja competitiva” de la mano de obra barata se desarrolló en un contexto de globalización de las firmas. La deslocalización de empresas desde las potencias económicas se realizó a donde encontraron bolsones de fuerza de trabajo mal remunerada. De este modo, las empresas de los BRICS que emergieron a competir en el mercado mundial, en general lo hicieron en asociaciones subordinadas con empresas imperialistas. Como plantean Peter Nolan y Jin Zhang en New Left Review 64:

 

[…] los “puestos de mando” de la economía mundial están casi completamente ocupados por firmas provenientes de los países de altos ingresos, cuyos principales clientes son la clase media global. En muchos sectores, dos o tres firmas concentran más de la mitad de los ingresos por ventas. En este contexto, las firmas instaladas con tecnologías superiores y marcas poderosas han emergido como “integradores de sistemas”, en la cúspide de las cadenas de valor. En el proceso de consolidar su liderazgo, estas compañías gigantes ejercen una fuerte presión sobre sus proveedores, incrementando aún más la concentración en tanto las firmas que elaboran los componentes pelear para cumplir los requerimientos. Este “efecto cascada” tiene profundas implicaciones para la naturaleza de la competencia y el progreso técnico. También significa que el desafío que enfrentan las firmas de los países en desarrollo es mucho mayor de lo que parece a primera vista. No solo afrontan grandes dificultades para ponerse a la par de los integradores de sistemas líderes, la parte visible del “iceberg” de la estructura industrial. También deben competir con las poderosas firmas que ahora dominan casi todos los segmentos de las cadenas de oferta global, la parte invisible del “iceberg” que yace bajo el agua7.

 

Como se ve, la fortaleza actual de los BRICS se basa, excepto de forma relativa en el caso de Rusia, en las profundas transformaciones generadas en sus economías por el capital trasnacional, del cual no han logrado desprenderse. Incluso en el caso de China, aunque hoy cuenta con 90 de las 500 empresas más grandes según el ranking de Fortune, esto lo ha logrado traducirse en una influencia exterior equivalente de sus empresas, aunque en algunas zonas dependientes su avance se hace sentir fuerte. A pesar de la vista imponente que ofrece la locomotora china en comparación al débil crecimiento de las economías ricas, las grandes firmas de estas regiones [Europa, Norte América y Asia del Este] están profundamente insertas en la economía china, mientras que las firmas de China son casi invisibles en el núcleo desarrollado: “te tengo dentro de mí, pero vos no me tenés dentro de ti”8.

 

Es falso que se hayan borrado las fronteras entre países desarrollados y atrasados, como sostiene Antoine Van Agtmael. Aun con todas las conquistas de mercado y sus rasgos de imperialismo, el “modelo” chino hoy tiene un PBI per cápita que es apenas el 8 % del de EE. UU. (Banco Mundial) y tiene muchos de los sectores más dinámicos de su economía bajo control de capital imperialista, o bajo capitales nacionales pero en asociaciones subordinadas del tipo de las que Foxconn es paradigma. Brasil mostró en la previa del Mundial de futbol como el desaceleramiento económico llevó a que las ilusiones populares chocaran con las políticas de ajuste del PT. Incluso, su crecimiento en la última década estuvo por debajo del promedio de América Latina. Sudáfrica es recorrida por masivas huelgas. India es otro reservorio de mano de obra barata. Rusia primarizó su economía y retrocedió en conquistas sociales con la restauración capitalista. Aunque los BRICS quieren aprovechar su momento y hacerlo pesar en los organismos multilaterales, buscando ganar márgenes de autonomía y hasta conquistar cierta proyección geopolítica, como pretenden China y Rusia, todavía no parece haber habido un cambio sustancial en sus economías que las libere de la subordinación a los centros de dominación del mundo.

 

VER PDF

 

1. “Building Better Global Economic BRICs”.

2. “Dreaming With BRICs: The Path to 2050” (“Soñando con los BRIC: el patrón hacia 2050”), Global Economics Paper 99, 1 de octubre de 2003.

3. Barry Eichengreen, “¿Necesitan los Brics su propio banco de desarrollo?”, The Guardian, 14/8/2014.

4. “Lo que China quiere”, The Economist, 23/8/2014.

5. Antoine VanAgtmael, “Pensando de nuevo: los BRICS”, www. foreignpolicy.com, 8/10/2012.

6. “Pensando de nuevo: los BRICS”, op.cit.

7. “Global Competition after the financial crisis”, New Left Review 64, Julio-agosto 2010.

8. Ídem.

3 comments

    • ovidio diaz 16 octubre, 2014 at 20:30 Responder

      No hay otro camino que entrar en la UE, pero el grado de subordinación es lo que importa, tal vez, argentina pueda recibir una inyección de capitales de China y de Rusia,que habrá que negociar, porque querrán la chancha y los cuatro reales, debemos elegir, hay que optar, lo otro(FMI, y BM, ) ya sabemos que es malo y sin perspectiva, es deuda sin desarrollo, en fin es una modesta opinión.

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