Brasil: El gigante entra a la cancha

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Sobre las movilizaciones obreras en medio de la Copa del Mundo

IURI TONELO

Número 10, junio 2014.

 

Brasil vuelve a la escena internacional. Desde la crisis económica de 2008 en adelante, apareció con impacto en dos oportunidades: la primera fue en junio de 2013, con las multitudinarias manifestaciones de la juventud. Y ahora toda la prensa internacional vuelve a hablar de Brasil: el motivo es parecido, las manifestaciones, pero la cuestión central ya no es solamente la cantidad de gente descontenta sino el sujeto que las impulsa: los trabajadores.

 

Pero las manifestaciones no florecen en cualquier terreno: la arena en la cual brotan las diferentes reivindicaciones y reclamos es la Copa del Mundo que se realizará en Brasil, la llamada “Copa de las Copas”. Los gastos millonarios del gobierno en este evento, dejando a la población en una situación de transporte, educación y salud públicos al borde del colapso, hacen que la gente no pueda permanecer callada: en el país del fútbol, los brasileños ya no están dispuestos a vibrar con los partidos sin pensar, la juventud ya no quiere soñar con el Mundial sin mirar su futuro y los poetas ya no quieren cantar la poesía de la desigualdad.

La Copa aparece, entonces, no como el sueño del PT del gran evento que coronaría su gobierno de 12 años del “Brasil potencia” y sus avances. Más bien será un gran evento donde la juventud y los trabajadores harán sus reclamos de cara a los trabajadores de todo mundo. El pueblo “alegre y pasivo” brasileño fue sustituido por un pueblo luchador, un pueblo de reivindicaciones y sueños que no siempre caben en el fútbol y las telenovelas.

 

Las condiciones económicas y políticas del cuestionamiento

El mar de rosas del lulismo no se desmorona sin un cuestionamiento económico más profundo. Nuestro análisis del período anterior1 intentaba mostrar que un crecimiento basado en el trabajo precario y el sistema de crédito podría estrangular el sistema económico, en la medida que el endeudamiento de los brasileros alcanzara el límite. Por ejemplo, en la capital paulista los datos de la federación de comercio de bienes, servicios y turismo del estado, señalan que la deuda de los paulistas ya supera el 50 % de su renta.

Esto es producto de la inflación en un país en el que ésta parece empezar a salirse de control. Esa situación económica, ligada a la total precarización de los servicios públicos, del transporte, la salud y la educación, ha hecho que las luchas reivindicativas por salarios y mejores servicios se planteara de forma más sistemática en Brasil. Esto se profundiza por las contradicciones que genera el Mundial: existe el riesgo de que en el corto plazo falte agua y luz o se implementen medidas de racionamiento, lo que sería el punto más alto de las contradicciones estructurales del país. Este hecho, sumado a los casos de corrupción relacionados con la construcción de estadios e infraestructura, ha alimentado la mala imagen del Mundial entre la población.

Según datos de Datafolha, el 90 % de los brasileros creen que hay corrupción en las obras del Mundial, el 73 % dice que Brasil no está preparado y el 66 % dice que traerá más problemas que beneficios.

Por otro lado, la debilidad del gobierno le dejó más espacio a la oposición burguesa y a la Justicia para investigar los casos de corrupción, de los que el escándalo de Petrobras fue su expresión más profunda. Este último se inició con la denuncia de la compra de una refinaría en Pasadena, Estados Unidos, con la pérdida de millones en la supuesta sobrefacturación de EE. UU. en esa compra, cuando Dilma Rousseff era presidenta del consejo administrativo de la empresa. Este fue el primero de otros escándalos que involucran a Petrobras.

La sensación es que por la combinación del descontento con el Mundial, las dificultades cada vez mayores generadas por la inflación y la certeza de que existe una corrupción extendida en el país (y sobre todo en las obras de la Copa), hace que haya muchas ganas de “aprovechar” el evento internacional para conseguir mejores salarios (el sentimiento de “Quiero más”), para que no sean solo los empresarios los que “bailen” el ritmo del Mundial. De esta forma, los problemas económicos, y las contradicciones más estructurales del país, agravados por la Copa, son terreno fértil para las movilizaciones y el cuestionamiento del proyecto de país.

 

De las movilizaciones de la juventud…

Todo el mundo acompañó las movilizaciones de junio de 2013 en Brasil. Es evidente que en un movimiento tan amplio de millones en todo el país sería impreciso y un error señalar solo un sector de clase presente: las manifestaciones fueron muy heterogéneas en su composición.  Pero hubo un actor destacado durante toda el movimiento: la juventud. La demanda por transporte público y las protestas impulsadas por la juventud en las redes sociales se hicieron eco en el conjunto de la sociedad y movilizaron a millones en las calles2.

Viendo el desarrollo del proceso de conjunto, podemos retomar dos ideas muy importantes de León Trotsky. La primera es que los estudiantes actúan como una caja de resonancia de las clases de las que provienen3, o sea, en las manifestaciones, los estudiantes de clase media y más ampliamente, el conjunto de la juventud de las escuelas públicas y las facultades privadas (cuya mayoría proviene de la clase trabajadora) fueron como un termómetro, mostrando las primeras señales de fiebre, aún cuando no estaba clara la “enfermedad” social del país, que ya afectaba tanto a la clase media (que ya no podía tener las mismas condiciones de vida que antes y vivía para pagar una educación y una salud carísimas, o presa del caos del transporte), como a la clase obrera (que empezaba a perder sus “ilusiones” de cambio gradual en sus condiciones de vida, que las cosas siempre mejorarían, etc.). El mes de junio de 2013 sería solo el primer síntoma de la enfermedad del país, que se expresa hoy en mayo y junio, cuando nuestro “enfermo” quiso salir a pasear por la Copa del Mundo.

La segunda idea, también de Trotsky, es que la juventud no tiene responsabilidad con el pasado y, en ese sentido, no trae consigo las derrotas pasadas4. De esta forma, fue el primer sector que se distanció enérgicamente del PT y la ideología petista, de sus ilusiones y promesas que, en realidad, solo servían para profundizar las contradicciones del país, el trabajo precario, la violencia contra la mujer, la falta de servicios básicos, el acceso al arte y la cultura, o sea, la juventud percibió que el PT no tenía ningún compromiso con su futuro.

 

…a la entrada en escena del movimiento obrero

El proceso de junio, en el que los trabajadores en general asistieron de forma entusiasta pero sin tener un papel destacado, sirvió como parte de la toma de conciencia más de conjunto y para profundizar la experiencia con el PT. Son procesos que heredan muchas contradicciones del pasado, y están avanzando en calidad a partir de las diferentes experiencias y lecciones de la propia gimnasia de la lucha de clases. De esta forma, la clase obrera viene avanzando cuantitativamente en las huelgas, pero con elementos cualitativos más iniciales. En ese sentido, la conflictividad obrera viene aumentando de forma sistemática en las huelgas y, en paralelo con las grandes movilizaciones, se llevaron adelante importantes huelgas ya en 2013, como escribe Leandro Lanfredi en la revista Luta de Classes5:

 

En mayo de 2013 el DIEESE publicaba su informe sobre las huelgas de 2012. Habían aumentado de 554 en 2011 a 873 en 2012, alcanzando el mayor número desde 1996. El número de horas paradas superaba todos los años de 1990 en adelante (…) [posiblemente estos números aumentarán] contando aún con la extendida huelga de los profesores municipales de Río de Janeiro, la huelga sobre todo política que los petroleros realizaron durante 5 días contra las licitaciones petroleras, la prolongada huelga de los bancarios, las huelgas de las obras del PAC como la del COMPREJ, en Jirau, entre otras.

 

De este modo, ya al final de 2013 se desarrollaron algunas huelgas importantes, pero con el cambio de año se iniciaba un giro. Primero la huelga en el sector del transporte en el sur del país (Porto Alegre), profundizando las luchas que ya existían en 2013, que ya mostraban un cambio cualitativo, paralizando totalmente el transporte de una ciudad importante (Río Grande do Sul) durante más de 14 días. La consolidación del cambio, como un punto de inflexión del movimiento obrero ocurrió en marzo: los recolectores de residuos de Río de Janeiro deciden preparar una gran huelga y enfrentan, con comisiones independientes del sindicato, el plan de la burocracia sindical, la policía y el gobierno. Inician una huelga en medio del Carnaval, ponen de rodillas al alcalde de la “Ciudad Maravillosa”, y obtienen un 37 % de aumento salarial más beneficios.

Por más que los medios intentaron ocultar la huelga, ésta permitió, de cierta forma, que los trabajadores hicieran un cambio en su subjetividad a nivel nacional. Eso se expresó con fuerza en una de las mayores olas de huelgas obreras en dos décadas, con énfasis en el “mayo obrero”, con una oleada de huelgas a comienzos de junio, a pocos días de la Copa. Los profesores municipales de San Pablo con una huelga de semanas, reivindican un piso salarial más cercano a la canasta familiar; los choferes de autobuses de Río de Janeiro comienzan una huelga dura con piquetes, desatando un movimiento en ciudades importantes de San Pablo, como Campinas y otras decenas de ciudades menores, y también estados como Minas Gerais, Paraná, Bahía y otras. Quince mil obreros tercerizados en Cubatão (cerca de Santos, San Pablo) que prestan servicio a Petrobras, también hicieron paro por mejoras salariales. Los trabajadores del subte votaron ir a la huelga y en las universidades estaduales paulistas pararán todos los sectores (trabajadores no-docentes, docentes y estudiantes, una especie de huelga general de las universidades estaduales en San Pablo), entre otros procesos en curso. Aún no es posible prever qué puede pasar en Brasil con el desarrollo de estas huelgas en medio del Mundial, pero ya no es posible esconder en el país y en todo el mundo, la emergencia del proletariado brasileño en el escenario nacional.

Ese proceso marca, en un primer momento, la entrada de sectores del proletariado de servicios estratégicos en general, y/o relacionados con las “demandas de junio”, fundamentalmente educación y transporte. Es como si las demandas de junio se hiciesen carne en las huelgas obreras.

 

¿Qué trae de cualitativo en su emergencia el proletariado brasileño?

El movimiento obrero en lucha en Brasil puso de relieve algunas cuestiones (embrionarias en muchos casos) adormecidas desde hace mucho tiempo en el país, que ahora vuelven con el frenesí del grito aprisionado en la garganta. Desde el punto de vista político, esa emergencia trae consigo la decadencia más profunda del lulismo, en tanto gobierno de control de las organizaciones de masas y del movimiento obrero de conjunto. Sin embargo esto se manifestó, necesariamente, de un modo contradictorio, en una batalla entre lo viejo y lo nuevo, entre los elementos de la herencia petista y los elementos de ruptura, entre lo que resiste y lo que revoluciona en la conciencia de los trabajadores brasileños.

Lo que manifiesta agudamente esa decadencia es la debilidad de la burocracia sindical para controlar el movimiento obrero, pues en distintas movilizaciones los trabajadores paran en contra de los acuerdos de la burocracia sindical con el gobierno, desarrollando aún embrionariamente comisiones internas y otras formas ad hoc de autoorganización. Como pilar importante del régimen capitalista, las debilidades de la burocracia sindical expresan la experiencia del movimiento obrero con el gobierno (y con esa misma burocracia).

Pero los trabajadores, para romper con el control de los sindicatos dirigidos por verdaderas mafias (que actúan con métodos gansteriles), tienen que radicalizar sus huelgas para vencer: de este modo, el proletariado de conjunto viene retomando sus métodos clásicos de lucha para conducir sus huelgas a la victoria. Entre esos métodos están los distintos tipos de piquetes, que tuvieron en los choferes sus formas más expresivas. Los choferes de San Pablo utilizaron un método novedoso, abandonando los autobuses en distintas avenidas de la ciudad, bloqueando el tránsito y paralizando la ciudad.

Los trabajadores, no contando con su herramienta de lucha (el sindicato), tuvieron que desarrollar formas de plantear sus reivindicaciones pasando por encima al sindicato. Pusieron en pie comisiones de representantes [que funcionan por fuera del sindicato, NR], como en el caso de los recolectores de Río de Janeiro, e incluso las hicieron revocables. Dada la fuerza del movimiento, los trabajadores están imponiendo, en algunos casos, que estas comisiones sean reconocidas como legales, ya que las empresas no las reconocen como tales por no pertenecer a los sindicatos (que ya están vendidos en la negociación). Son una especie de “sindicalismo de base” embrionario a nivel nacional, aunque inicialmente no desarrollen una politización que se choque de forma abierta con el gobierno nacional.

A contracorriente de la burocracia, algunos sindicatos combativos desarrollan esas tendencias entre los trabajadores, especialmente en el SINTUSP6, que alimenta elementos de autoorganización de los trabajadores, que viene dirigiendo una huelga que va más allá del corporativismo (por la educación pública) y con distintos ejemplos de internacionalismo mientras desarrolla la huelga, entre otros ejemplos.

Tomando el fenómeno nacional de conjunto, aún con algunas debilidades, estos métodos están ligados a una transformación en la subjetividad de los trabajadores que empiezan a actuar confiados en que pueden vencer a la empresa y al gobierno. Esto es un gran logro de la huelga de los recolectores y su victoria. Más aún, se destaca la “capacidad hegemónica” de los trabajadores pues, aún con toda la frenética campaña antiobrera de la prensa nacional, la mayoría de la población apoya las huelgas y manifestaciones, según datos de la última encuesta7.

Estos elementos, tanto en el contenido como en la forma de luchar (métodos), que tardaron años o décadas en reaparecer en otros países, en Brasil de forma embrionaria pero cualitativa, aparecen juntos en pocos meses de intervención del movimiento obrero y es una muestra de los elementos dinámicos en la situación nacional del país en general y la subjetividad de la clase obrera en particular.

 

La Copa será la vitrina de un país de contradicciones

Los gobiernos y los empresarios esperaban que la Copa fuese la vitrina del “país maravilloso”, pero está inclinada a ser la vitrina de un país de contradicciones.

El resultado de la lucha de clases no parece haber sido suficiente para “embarrar” el Mundial, como decían sobre las reivindicaciones de la juventud desde comienzo del año. Pero dejó una marca subjetiva en el movimiento obrero que será definitiva para su emergencia en Brasil. En este sentido, los trabajadores necesitan el desarrollo de un partido de izquierda que esté a la altura de los acontecimientos, muy distinto de lo que se vio en junio y ahora, con la izquierda tradicional con alguna participación sindical en los procesos, pero totalmente por detrás en desarrollar los elementos de clasismo fundamentales para el avance de la subjetividad de la clase obrera y, en otro nivel, hacer de las huelgas verdaderas batallas del conjunto de la clase en contra el proyecto patronal de Dilma y los banqueros. Tal proceso podría darse, siguiendo el ejemplo del paro nacional del 10A en Argentina, con la convocatoria de las centrales sindicales de izquierda a un paro nacional y la exigencia de que las centrales de masas paren, con asambleas de bases, piquetes y actos callejeros. En un momento de gran politización del país y distintas huelgas en curso podría unificar las luchas y hacer emerger el proletariado como sujeto político hegemónico, posibilitando un nuevo “junio obrero”.

Por la positiva, el proceso ya trae un avance enorme que en el movimiento obrero, en los más diversos sectores se va formando una vanguardia de trabajadores con experiencias contra el gobierno y el petismo, como herencia en general, confiando solo en sus fuerzas. Nos recuerda al gran poeta brasileño Carlos Drummond de Andrade, cuando escribió sobre la copa del ‘78 en un espíritu que parece mirar a los trabajadores del Brasil actual: “El pueblo, en otro torneo/ Si tiene tenacidad/ Ganará, firme y certero/ La copa de la Libertad”8.

VER PDF

1. Ver Daniel Matos, “Qual projeto de país? Brasil: Entre o gradualismo reformista e as contradições estruturais do país”, Estratégia Internacional Brasil 5.

2. Ver Iuri Tonelo, “Herencia de junio: empieza a surgir un ‘sujeto peligroso’ en Brasil”, IdZ 5, noviembre 2013.

3. León Trotsky, “La intelligentsia y el socialismo”, Literatura y revolución.

4. León Trotsky, El programa de transición.

5. “O gigante operário está acordando”, Luta de Classes, mayo 2014.

6. Sindicato de Trabajadores de la Universidade de San Pablo.

7. “Apoio à Copa divide paulistanos: 45% são a favor do mundial, e 43%, contra”, www.datafolha.folha.uol.com.br.

8. Carlos Drummond de Andrade, “La Copa de la libertad”, Jornal do Brasil, 24/06/1978.

2 comments

  1. Ramiro Cora 19 julio, 2014 at 21:44 Responder

    Evidentemente, las esperadas manifestaciones callejeras no se repitieron y… donde hubo no pasaron de grupos elejados de la atención de la inmensa mayoria de la sociedad brasilera (principalmente de las clases populares). La Copa en Brasil fue un enorme e inegable suceso. Fue un triunfo del único gobierno, considerando toda la historia de Brasil como nación, que había consiguido retirar de la extrema miseria a más de 30 millones de personas, en 10 años.

  2. Sérgio Pestana 21 julio, 2014 at 20:03 Responder

    Não sei escrever em espanhol. Porém, posso me expressar muito bem e dizer aos amigos o seguinte: as manifestações tão comentadas e incentivadas pelos grupos direitistas do Brasil, aliás, protofascistas, nada tinham ou têm de original, pois defendem o neoliberalismo. Aparentemente transmitem uma posição de esquerda, mas esta escondem ou escamoteiam as reais intenções de derrubar o governo federal. Vale dizer, de Dilma Roussef. As dificuldades sociais foram diminuídas e muito em nosso país; os trabalhadores começaram a ter empregos e meios de adquirir bens de diversas ordens, desde de carros, moradias, e consumo de alimentos muitas vezes dificeis de obterem nos governos reacionários e conservadores como foram os anos de Fernando Henrique Cardoso. Nossa educação e saúde receberam sim, bilhões de reais para melhorar seus parâmetros, que eram terriveis nos anos anteriores ao governo de Lula/Dilma Roussef. A classe trabalhadora melhorou e muito suas perspectivas como cidadão e como classe ascendente. Claro, ainda falta muito a fazer, a realizar, a construir, não temos dúvidas sobre isso. Mas demonstramos ser um povo de luta e haveremos de consagrar a presidenta do Brasil novamente para o bem de nosso povo e para afiançar aos companheiros da América Latina os propósitos de erigirmos uma sociedade comum com os sonhos acalentados durante todos os séculos anteriores e futuros de sermos irmanados e sujeitos de nossa história. Desculpe-me as palavras mais candentes. É evidente, que as condições objetivas e subjetivas ainda não estão plenamente amadurecidas para se romper esse círculo de ferro que nos envolve, inclusive os amigos da A.Latina, mas temos a esperança de gradualmente avançarmos nessa construção de um futuro melhor. O Partido dos Trabalhadores (PT) está aos poucos atingindo seus propósitos como muita luta por que o Congresso brasileiro é composto em sua maioria de empresários, ruralistas, representantes de bancos e poucos são os representantes classe trabalhadora. Daí as dificuldades, os confrontos diários com a imprensa reacionária e golpista em seu DNA. A rigor, O PT é atualmemte um representante da social-democracia. Nas palavras de Rosa Luxemburg: “A Social-Democracia está destinada a melhorar o capitalismo”. Infelizmente. A luta é grande e longa, mas saberemos juntos superar os obstáculos para alcançarmos o objevivo maior, ou seja, o socialismo pleno e democrático.

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