Arriando las últimas banderas

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ESTEBAN MERCATANTE

Número 15, noviembre 2014.

En Ideas de Izquierda 13 decíamos que, bajo el impacto de las turbulencias que siguieron al default obligado por el litigio con los buitres, el gobierno aceleró un movimiento febril que va, sin solución de continuidad, hacia un rumbo y el opuesto al mismo tiempo. Las novedades más recientes no desmienten esta lógica, aunque la balanza tiende a inclinarse cada vez más a la derecha en la política oficial.

 

Manotazos para llegar hasta enero

El primer mes del año próximo concentra todas las miradas. Se mantiene la expectativa entre los analistas de un acuerdo con los buitres para cerrar los litigios en el exterior y regularizar toda la deuda pública. Esta sería la vía para que el gobierno pueda pilotear la situación hasta diciembre de 2015, tomando nueva deuda en el exterior para afrontar los compromisos en dólares y descomprimir la tensión cambiara de los últimos meses.

Pero claro, antes hay que llegar a enero. Los yuanes traducidos a dólares del acuerdo con el Banco Central de la República Popular de China, y el lanzamiento de un bono en pesos atado al dólar a pagar en dos años (otra desmentida al desendeudamiento) no alcanzan. Volvió la presión sobre las cuevas y los bancos, para frenar el dólar paralelo y el contado con liquidación –que consiste en comprar dólares a través de operaciones con bonos–. También lograron que las exportadoras cerealeras se comprometan a liquidar 1.200 millones de dólares más de lo que tenían previsto hasta fin de año. Con este “blindaje” y el freno a las importaciones (que significa más recesión), el gobierno aspira a llegar a enero. Entonces los buitres se transmutarán en bellas aves a las que sí se les puede dar lo que piden. El gran acuerdo nacional entre los principales partidos patronales es que ahora es el momento del “re”endeudamiento. Sabemos cómo termina. Por eso, el Frente de Izquierda ha reclamado que no se negocie esta hipoteca de espaldas a los trabajadores y el pueblo, exigiendo un referéndum donde puedan plantearse todas las alternativas, para proponer desde la izquierda el no pago de la deuda usuraria acompañado de otras medidas fundamentales.

 

Código Berni

Desairando a buena parte de la progresía oficialista (de todos modos siempre presta a ampliar la ingesta de sapos), la presidenta presentó un nuevo Código Procesal Penal con el que intenta mostrarse más dura en materia penal. Uno de los aspectos que entró al primer plano del debate público es la deportación exprés de los extranjeros, uno de los  aspectos más reaccionarios que pretende incorporar el nuevo código y que nos trae el recuerdo de la Ley de Residencia de 1902.

El secretario de Seguridad Sergio Berni no pudo más que sentirse respaldado. Venía de ser cuestionado incluso por sectores del oficialismo debido al caso del gendarme “carancho”, que se lanzó sobre un auto para inventar una causa contra participantes de la caravana solidaria con los trabajadores despedidos de Lear. A raíz de la repercusión de la denuncia realizada por la izquierda, levantada por todos los medios (incluso el oficialista Página/12) Berni tuvo que despedir a Roberto Ángel Galeano, el jefe de dicho operativo.

Ahora Berni se transformó en vocero del nuevo Código Procesal Penal. Recorriendo todos los medios con el planteo de que “estamos infectados de delincuentes extranjeros”. El ministro de Seguridad de Scioli, Alejandro Granados, se manifestó “totalmente de acuerdo con Berni”. Sergio Massa salió a decir que con el nuevo código le dieron la razón a las críticas que había realizado al proyecto presentado a comienzos de este año.

En la misma semana de estos anuncios, la Gendarmería volvió a arremeter contra los trabajadores de Lear en su decimosegunda Jornada Nacional de lucha el pasado 23 de octubre. La represión dejó como saldo cincuenta heridos (trece de los cuales debieron ser hospitalizados) y dos detenidos. Fue repudiada por todos los bloques en el Congreso de la Nación, que se solidarizaron con el diputado nacional Nicolás del Caño (PTS-FIT), uno de los heridos con bala de goma, quien presentó también un proyecto de derogación del artículo 194 del Código Penal, una de las principales herramientas jurídicas de la represión y criminalización de la protesta.

Algunos sectores del oficialismo, como los diputados del Evita, anticiparon su rechazo a la reforma del Código Procesal Penal. Pero este rechazo puntual no se traduce en una impugnación en el rumbo cada vez más abiertamente derechista en el que se enmarca, cuya coronación son los preparativos para aceptar a Daniel Scioli como sucesor en las presidenciales de 2015. Son los mismos sectores que acaban de votar sin comentarios la Ley Chevron.

 

América Latina: fines de ciclo y sucesión continuista

Los procesos electorales de Uruguay (donde Tabaré Vázquez ganó la primera vuelta el 26 de octubre, posicionado para un triunfo en el ballotage) y de Brasil (donde Dilma Rousseff consiguió un apretado triunfo en la segunda vuelta contra el candidato del PSDB, Aécio Neves, que logró sin embargo revitalizar a una oposición de derecha en el país vecino) se convirtieron en un acontecimiento en la política doméstica. Dejaron ganadores y perdedores, y todos los referentes de la política burguesa intentaron darle un “uso” para sus propios fines.

Fue Daniel Scioli, el candidato “mejor posicionado” de la coalición oficial, el que se sintió heredero natural de los resultados electorales que marcaron la continuidad de los respectivos oficialismos. Los movimientos de sectores del kirchnerismo para encolumnarse detrás de Scioli, aunque amagando con la posibilidad de apoyar alguna candidatura que le haga frente en las primarias para disimular un poco, no han hecho más que acelerarse. Entre Berni y Scioli, se debate la peculiar “continuidad” del kirchnerismo, que no ha dejado ninguna de sus “banderas” sin arriar.

Mientras tanto, lejos de una pared, a la izquierda del kirchnerismo hay una fuerza que emergió política y electoralmente en 2013 y convirtió a la Panamericana en el símbolo de la resistencia para enfrentar las políticas de ajuste del gobierno nacional y la oposición patronal, protagonizando luchas que están haciendo historia como las de los trabajadores de Lear y Donnelley. Una fuerza social que, mientras el progresismo K acompaña con mayor o menor reticencia la agenda a la derecha del gobierno, es la única que lleva adelante las batallas políticas (en las demandas legales en la Justicia, en los medios de masas, en las intervenciones en el Congreso) para deslegitimar el poder burgués. Y que con el lanzamiento de La Izquierda Diario, que a un mes de andar ha recibido más de 500 mil visitas, apunta a mostrar un conjunto de políticas, acciones e ideas a centenares de miles para forjar una izquierda militante de las trabajadoras, los trabajadores y la juventud.

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