Aricó y la deconstrucción del marxismo

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A PROPÓSITO DE UN NUEVO MARXISMO PARA AMÉRICA LATINA. JOSÉ ARICÓ: TRADUCTOR, EDITOR, INTELECTUAL DE MARTÍN CORTÉS

GASTÓN GUTIÉRREZ

Número 28, abril 2016.

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La aparición de este libro1 se da en un contexto en el que la atracción por José “Pancho” Aricó (1931-1991) en las discusiones más recientes sobre el marxismo latinoamericano ha cobrado un nuevo interés. Se han realizado Jornadas José Aricó en la Universidad de Córdoba y en el Museo del Libro y de la Lengua; han proliferado los ensayos y revistas de historia intelectual como Prismas que dedicó un amplio dossier a discutir la revista Pasado y Presente; la misma revista icónica de la nueva izquierda de los ‘60 y ‘70 ha vuelto a las librerías en edición facsimilar de la Biblioteca Nacional; y los libros de Aricó conocieron nuevas ediciones como la de Marx y América latina y el curso inédito Nueve lecciones…2.

En este marco el libro aborda la obra de Aricó en clave de historia intelectual ofreciendo una síntesis conceptual de la trayectoria del autor y editor de Villa María.

 

La traductibilidad de Aricó y el “mamotreto”

Basado en un trabajo archivístico y comparativo de los materiales que componen el corpus fragmentario de Aricó (el conjunto de textos e iniciativas editoriales de su trayectoria), Cortés considera que escribir y editar son formas de un trabajo concreto que despliega a su vez un trabajo con la teoría. En este punto su enfoque no es nuevo, ya que retoma lo que se ha señalado varias veces: que Aricó leyó a Marx en contra del “marxismo” entendido como una sistematización en clave positivista, que abarca tanto a Engels, al diamat ortodoxo del comunismo oficial y gran parte del marxismo del siglo XX3. La investigación muestra cómo esta inquietud está ya presente desde la revista Pasado y Presente y acompaña cada uno de sus periodos y empresas, pero que fue en el periodo del exilio mexicano donde adquirió mayor volumen y originalidad. Allí escribe sus libros más importantes y culmina la edición de los casi cien “Cuadernos de Pasado y Presente” y lo más sustantivo de la “Biblioteca del Pensamiento Socialista” de Siglo XXI (entre otros emprendimientos editoriales).

Cortés propone una lectura del pensamiento de Aricó como un amplio ejercicio teórico de “traducción” en el sentido gramsciano, es decir como la posibilidad de realizar una ‘traductibilidad’ de los lenguajes políticos entre situaciones nacionales distintas a partir de una universalidad que la hace posible (el ejemplo archiconocido de traductibilidad para Gramsci es el de la experiencia bolchevique aplicada a Italia). Esto implica tanto la posibilidad de establecer similitudes entre distintas realidades geográficas, históricas y sociales, como no soslayar sus diferencias, mediante conceptualizaciones que permitan comprenderlas precisamente porque hay una universalidad que las incorpora4. El marxismo de Aricó se presenta como el conjunto de estas operaciones de traducción hacia la realidad latinoamericana. Desde sus orígenes estalinistas, a la ruptura con el PCA, la figura de Gramsci es puesta en función de leer la nación en contraposición al esquematismo dogmático. A través del repaso sobre su trayectoria5, Cortés señala que para Aricó el marxismo es un “objeto múltiple” y en su interior hay disputas entre muchos “marxismos”.

Para Aricó, Gramsci es el puente permanente que le permite un discurrir zigzagueante por distintas teorías y proyectos políticos estratégicos (y un diálogo crítico con la cultura burguesa).

En el exilio mexicano se despliegan las potencialidades inscriptas en este “modo de hacer marxismo” (40) cuando esta operación de traducción se extiende hacia América latina para indagar en las causas más profundas de una derrota que reside para él en el divorcio del marxismo y las masas populares. Allí proyecta un estudio general comparativo de los orígenes del comunismo y el socialismo en América latina, lo que él llama en sus cartas el “mamotreto”6. De allí proviene el reencuentro con el marxismo de Mariátegui, el ensayo sobre Juan B. Justo y la ‘comunicación’ sobre la “geografía del gramscismo en América Latina” que posteriormente se transformará en el libro La cola del diablo. El “excursus metodológico” de esta empresa es el curso publicado (Nueve lecciones…) en el que contrapone el marxismo de la II y III internacional con un conjunto ecléctico que abarca tanto al marxismo de Bernstein (contra la “ortodoxia”), como a Lenin y Gramsci junto al austro-marxismo y el eurocomunismo (de los que retoma sus hipótesis acerca del Estado y la estrategia)7. Pero incluye también los proyectos de edición de libros que se salen de la tradición marxista donde se destaca la presentación a C. Schmitt o H. Kelsen, así como los debates en las revistas Controversia sobre las implicancias de la “crisis del marxismo”, y posteriormente en Punto de Vista y La ciudad futura donde Aricó realiza una “socialdemocratización” avant la lettre. Cortés lee todo este camino como uno en el que Aricó va avanzando en su crítica del “marxismo” entendido como una “impostación de una filosofía idealista de la historia” que encuentra en las virtudes epistémicas de la periferia sus claves deconstructivas.

 

Las virtudes del atraso y el “marxismo”

El problema teórico que obsesiona a Aricó puede resumirse en que hay que despojar al marxismo de cualquier procedimiento apriorístico y evitar toda deducción mecanicista que parta de un esquema general para encorsetar los procesos específicos, porque esto obstaculizó la relación entre el marxismo y América latina. Para Aricó el pensamiento de Marx es asistemático y solo una construcción posterior sobre su obra lo “sistematizó”. Su hipótesis (compartida por Cortés) es que las virtudes epistémicas del “atraso” son las que permiten visualizar el locus de la nación, no mediante una deducción a priori según la cual las naciones atrasadas siguen el mismo camino que las más avanzadas (de te fabula narratur había dicho Marx), sino atendiendo a su propia historicidad. Este locus de la Nación es el terreno de validación de la teoría. Para esto Aricó repone los intercambios epistolares de Marx con Vera Zasulich y otros materiales que le permiten pensar la periferia capitalista partiendo del desarrollo desigual.

Cortés sintomáticamente aclara “no necesariamente combinado” (16). La conclusión de Marx es que Rusia no tenía porque repetir el mismo camino que el capitalismo occidental y advierte contra cualquier lectura supra-histórica. Una muestra concluyente en contra de una caricatura del marxismo como filosofía de la historia (ni hablar de la crítica de euro- centrista, común tanto en la vulgata nacionalista como en el poscolonialismo más posmoderno). Reponer los desarrollos del “Marx tardío”8 que sitúa su atención en luchas anti-coloniales en India, China e Irlanda es un mérito del trabajo de Aricó que actualmente puede ponderarse con nuevas investigaciones y materiales que permiten discutir el comienzo no tan tardío de este “viraje” de Marx (a fines de 1850 apoya el levantamiento cipayo y la segunda “guerra del opio” en China) y el más amplio alcance de sus estudios9. Sin embargo la discusión sobre la periferia y el “privilegio del atraso” que enlaza a Aricó con otras investigaciones marxistas precedentes y posteriores se realizan desde un trabajo conceptual que merece ser puesto en cuestión, ya que su objetivo general es más equivoco.

Aricó reivindica el análisis de Marx sobre Rusia como un “punto de fuga” desde el cual puede elaborar sus propias posiciones10 y en una traslación inadecuada de los debates rusos sostiene el punto de vista de los populistas como una posición anti-mecanicista de la historia. En este punto, Aricó se aleja de Marx, para éste no se podía excluir teóricamente que en base a la estructura colectiva de la obschina se pueda pegar un salto histórico, sin embargo aclara que esa posibilidad es algo que ve extremadamente difícil:

… todo depende del ambiente histórico en que se halla… Estas dos soluciones (colectivismo o capitalismo) son posibles a priori, pero, tanto la una como la otra requieren sin duda ambientes históricos muy distintos11.

Y complementa:

Por una parte, la “comunidad rural” ha sido llevada casi al último extremo y, por otra, la acecha una poderosa conspiración con el fin de asestarle el golpe de gracia (…) No se trata ya, por tanto, de un problema que hay que resolver; trátase simplemente de un enemigo al que hay que arrollar. Para salvar la comunidad rusa hace falta una revolución rusa. Por lo demás, el Gobierno ruso y los “nuevos pilares de la sociedad” hacen lo que pueden preparando las masas para semejante catástrofe. Si la revolución se produce en su tiempo oportuno, si concentra todas sus fuerzas para asegurar el libre desarrollo de la comunidad rural, ésta se erigirá pronto en elemento regenerador de la sociedad rusa y en elemento de superioridad sobre los países sojuzgados por el régimen capitalista12.

La revolución suele no llegar en su tiempo oportuno, la guerra campesina solo apareció posteriormente y combinada con un ascenso obrero. La posibilidad señalada por Marx para las comunas no tuvo lugar, las reformas agrarias posteriores a la derrota de la revolución de 1905 (“un obús capitalista disparado contra el régimen comunal” las llamo Trotsky) serán su golpe de muerte. La vía no capitalista para Rusia no pasó por la “expansión de la obschina”, el desarrollo desigual del capitalismo impidió ese “punto de fuga”. Contrariamente a la lectura de Aricó más centrada en establecer una vía nacional (no casualmente reivindica al Bujarin del “socialismo en un solo país”) el análisis de Marx partía de las posibilidades que la “contemporaneidad” internacional del capitalismo ofrecía para situaciones nacionales (“no contemporáneas”)13.

 

Punto de fuga o totalidad abierta

Si no se hubiera escamoteado esta historia se podrían haber visualizado las insuficiencias más generales del discurso de Aricó. En sus lecciones del ‘77 el cordobés señalaba la necesidad de retomar el concepto de “formación económico-social” desarrollado por Lenin supuestamente en contraposición a las interpretaciones en términos de “modo de producción”. Para Aricó había una contraposición entre ambos conceptos, uno apriorístico (modo de producción) y otro capaz de dar cuenta de las particularidades nacionales (formación económico-social). Esto puede ser criticado, no solo filológicamente14, sino en el sentido teórico de la interpretación de Aricó. La extensión del capitalismo a escala global y el encuentro a su paso de toda una serie de culturas y sociedades preexistentes, dio lugar a procesos históricos no asimilables a la evolución del capitalismo en el noroccidente de Europa. Lo que vio Marx a la hora de analizar la sociedad rusa hacia el final de su vida se desplegó con toda su complejidad hacia el final del siglo XIX e inicios del XX. Para dar cuenta de las particularidades nacionales había que focalizarse en la asimilación que el capitalismo en expansión hacía de las relaciones de producción que iba encontrando a su paso. Esto Cortés lo menciona al decir que el análisis de Marx es “testimonio de la posibilidad de ‘combinación’ entre formas productivas” (132), pero lo hace desde un Aricó leído en un enfoque althusseriano. Dar cuenta de estas combinaciones específicas suponía un trabajo con la teoría, algo de eso hizo  Trotsky con la teoría del desarrollo desigual y combinado. Esta teoría, omitida tanto en los debates del gramscismo como del althusserianismo, representa una teoría superadora de la dicotomía que propone Aricó. Trotsky toma como punto de partida la expansión desigual del modo de producción capitalista al conjunto del globo para establecer los procesos que diferencian a la periferia del centro: el capitalismo no apareció simultáneamente en todos los sitios a partir de las mismas condiciones sociales y culturales, tuvo su centro en Europa y de ahí se expandió y se impuso en sociedades preexistentes cuya evolución había sido obviamente diferente (y para los cuales Inglaterra no representa de ningún modo un modelo). Para captar esto no hay necesidad de abandonar el punto de vista de la totalidad y adoptar un punto de vista nacional, sino al contrario exponer cómo la extensión planetaria del modo de producción capitalista hace que “azotados por el látigo de las necesidades materiales, los países atrasados se vean obligados a avanzar a saltos”15. Esto permite evitar una contraposición artificiosa entre “modo de producción” y particularidades nacionales.

 

La traductibilidad y la “crisis del marxismo”

La traductibilidad que inspiraba el “mamotreto” de Aricó no encontró una conclusión satisfactoria porque al enfatizar unilateralmente el carácter periférico se alienó del principio de universalidad. Contrariamente para Cortés la “traducción” de Aricó es un “aporte sustantivo a la teoría política latinoamericana basada en el carácter asincrónico en el que se enlazan economía y política” (245), concluyendo que:

…una vez que se considera que el proceso histórico capitalista, aún en su tendencia universalizante, no tiene un centro que le provea sentido, también entra en crisis la hipótesis de la existencia de un sujeto histórico concreto privilegiado por ser portador de la transformación social (176).

Pero esta derivación teórica no se impone de ningún modo, si el desarrollo desigual permite captar una “aproximación de las distintas etapas del camino y a la confusión de distintas fases, a la amalgama de formas arcaicas y modernas”16, también sirve para distinguir nuevas diferenciaciones al interior de la nación. Y con ellas, la aparición de nuevas “combinaciones” de las relaciones de clase que trastocan las posibilidades estratégicas. La compilación de Aricó sobre El Gran debate (1924-1926) acerca de la revolución permanente habría sido un buen punto de partida para esto, pero el libro de Cortés elige reconstruir la llamada “crisis del marxismo” en Europa y Latinoamérica recuperando la perspectiva de Aricó que la ve como un momento “productivo”. Si la crítica a la filosofía de la historia compuso un lugar común post ‘8917, un mismo problema puede tener diferentes “salidas”. Su deconstrucción desde la periferia culmina, en su epílogo a Marx y América Latina, reproduciendo acríticamente pasajes posmarxistas y la deconstrucción que propone se basa en una crítica al apriorismo que tiene constantes reminiscencias anti-dialécticas. No solamente por la influencia del último Althusser18, sino en la valoración de Bernstein que recupera de Colletti –un punto de contacto con Laclau19– y que emparenta al marxismo deconstruido de Aricó con la deriva del resto del marxismo “latino”. Su búsqueda de la autonomía de lo político se basó en este contingencialismo posterior que acompaño a la debacle del PCI y del PCF, y con ellos, de la estrategia reformista eurocomunista que Aricó valoraba en una entrevista como “un intento, todo lo insuficiente que se quiera pero el único, de dar una respuesta teórica a la altura de la crisis”20. Fracasada ésta, el marxismo de Aricó se eclipsó en los mares consensuales de la transición democrática, y aunque Cortés quiere separarse de esta deriva en sus conclusiones, considera que es un riesgo potencial “inevitable” al renunciar a las certezas de la “razón histórica”.

 

  1. Buenos Aires, Siglo XXI, 2015. 264 páginas. Los números de página se indican entre paréntesis.
  2. Revista Pasado y Presente, edición facsimilar, Buenos Aires, Biblioteca Nacional, 2014. Revista Prismas 18. José Aricó, Nueve lecciones sobre economía y política en el marxismo. Curso en El Colegio de México, Buenos Aires, FCE, 2012, y Marx y América latina, Buenos Aires, FCE, 2009.
  3. Juan C. Portantiero, “José Aricó: las desventuras del marxismo latinoamericano”, introducción a José Aricó, La hipótesis de Justo. Escritos sobre el socialismo en América Latina, Buenos Aires, Sudamericana, 1999. Emilio De Ípola, “José Aricó: pensar entre reflejos desplazados”, Las cosas del creer, Buenos Aires, Ariel, 1997. Horacio Crespo, “El marxismo latinoamericano de Aricó. La búsqueda de la autonomía de lo político en la falla de Marx”, en Marx y América latina, Buenos Aires, FCE, 2009.
  4. Antonio Gramsci, “Traductibilidad de los lenguajes científicos y filosóficos”, en El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce, Buenos Aires, Nueva Visión, 2008, p. 72.
  5. Raúl Burgos, Los gramscianos argentinos, Buenos Aires, Siglo XXI, 2004.
  6. Crespo, op. cit.
  7. Juan Dal Maso, “Sobre las Nueve lecciones y el marxismo de José Aricó”, IdZ 2, agosto 2013.
  8. Theodor Shanin, El Marx tardío y la vía rusa, Madrid, Editorial Revolución, 1990.
  9. “No solo el capital y la clase: Marx sobre las sociedades no occidentales, el nacionalismo y la etnicidad”, Kevin B. Anderson, en Marcello Musto (editor), De regreso a Marx. Nuevas lecturas y vigencia en el mundo actual, Buenos Aires, octubre, 2015, y “Clase, nación, raza. Los análisis de Marx y Trotsky a partir de una obra de Kevin Anderson”, de Emmanuel Barot, IdZ 22, Agosto 2015.
  10. Inspirado por el trabajo de Rosdolsky sobre los “pueblos sin historia” (que edita y publica en castellano en el mismo momento de elaboración de su libro) Aricó decide atribuir a Marx un hegelianismo de última hora que le habría impedido pensar América latina y los fenómenos de la independencia. Paradójicamente lo acusa al mismo tiempo de no comprender el rol productivo del Estado por mantenerse en una crítica anti-estatalista que dirigió oportunamente a Hegel (para una crítica de este punto, ver Juan Dal Maso, La revolución diplomatizada, Lucha de Clases 8).
  11. Karl Marx, Primer esbozo de respuesta a la carta de V. Zasulich del 16 de Febrero de 1881, disponible en Marxist Internet Archive.
  12. Ídem.
  13. Daniel Bensaïd, Marx Intempestivo, capítulo 1, Buenos Aires, Herramienta, 2003.
  14. Constanza Bosch Alessio y Laura Catena, “El concepto de formación socio-económica en la obra de José María Aricó: Un cotejo con las fuentes marxianas”, Revista Izquierdas 17, Chile, 2013.
  15. León Trotsky, Historia de la Revolución Rusa.
  16. Ídem
  17. Gastón Gutiérrez, “Cartografías intelectuales”, IdZ 16, diciembre 2014.
  18. Gastón Gutiérrez, “Una nueva lección de Althusser”, IdZ 25, noviembre 2015.
  19. Gastón Gutiérrez, “Laclau y el rechazo a la dialéctica”, IdZ 10, junio 2014.
  20. “El limbo de la izquierda”, Nexos, abril de 1985.

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