Anwar Shaikh: Recuperar la economía política

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A PROPÓSITO DE CAPITALISMO. COMPETENCIA, CONFLICTO Y CRISIS

 

ESTEBAN MERCATANTE

Número 39, julio 2017.

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El capital de Marx es al mismo tiempo una reconstrucción conceptual de la economía capitalista con los desarrollos que esta había mostrado en su época (desde sus determinaciones más abstractas hasta la “superficie” más concreta, a pesar de ser una obra inconclusa) y una revisión crítica de las principales teorías sobre el capitalismo producidas hasta ese momento. El libro publicado el año pasado por Anwar Shaikh, Capitalismo. Competencia, conflicto y crisis1 procede de la misma manera, moviéndose en ambos terrenos para dar cuenta del capitalismo del siglo XXI. Shaikh condensa décadas de arduo trabajo en esta obra verdaderamente monumental que ofrece una “teoría general” del modo de producción capitalista alternativa tanto a la corriente neoclásica en sus derivaciones modernas, como a las “heterodoxias” poskeynesiana o neorricardiana.

Shaikh se ubica dentro de lo que define como economía política clásica, que para él no solo incluye a Adam Smith y David Ricardo, junto a otros precursores como William Petty, sino que se extiende hasta Karl Marx (y puede incluir algunas contribuciones –o al menos intuiciones– de Keynes, Kalecki, o Sraffa, sin dejar de separarse de muchos de sus supuestos y postulados). El objetivo de este libro es mostrar la mayor consistencia del análisis clásico para explicar la dinámica turbulenta del capitalismo. Se trata por supuesto de un posicionamiento que daría para un extenso debate: Marx se separaba de la economía clásica, por la cual guardaba el mayor de los respectos por sus aportes para explicar científicamente la sociedad burguesa, pero señalando que al mismo tiempo la naturalizaban. Por eso, consideraba que su obra representaba una crítica de la misma, no su continuación. Este posicionamiento de Shaikh no disminuye la importancia de Capitalismo… para los marxistas, ya que de hecho es la corriente de la crítica de la economía política –el marxismo– la que mantiene y ha seguido desarrollando los que podríamos considerar algunos núcleos centrales de la economía clásica de los cuáles las corrientes dominantes del pensamiento burgués se han distanciado hace tiempo. Estamos hablando de nociones como la de que el valor que expresan los precios de las mercancías no encierran otra cosa que el trabajo humano que las ha producido (lo que le permite a Marx desarrollar el concepto de plusvalía), o que la tasa ganancia es lo que determina las decisiones de producción y es el determinante central de las oscilaciones cíclicas que caracterizan a este modo de producción.

Capitalismo… es un libro dirigido a los que cuentan con o están interesados en iniciar un estudio serio de economía, y está escrito en un lenguaje destinado a incidir en los debates en la academia. Abunda en desarrollos algebraicos y demostraciones. Tiene muchísimos puntos fuertes (algunos que Shaikh ya había presentado en trabajos anteriores) y también varios planteos discutibles2. Acá abordamos algunos de los aspectos más novedosos y las principales objeciones que suscita.

 

Estructura y método del libro

El libro está organizado en tres partes. La primera de ellas establece los fundamentos metodológicos, las determinaciones de la producción y los costos, intercambio, dinero y precio, el capital y la ganancia. La segunda sección analiza la competencia real, que Shaikh va a contraponer a las nociones de competencia perfecta e imperfecta. La tercera parte se dedica al análisis de la macro dinámica que caracteriza al capitalismo.

La ortodoxia neoclásica considera a la economía capitalista como una que está en permanente equilibrio, mientras que los cuestionamientos hoy dominantes a esta corriente (keynesianos o poskeynesianos) enfatizan las “ineficiencias, desigualdades, y desequilibrios generados por el sistema”, pero ven la mayor parte de los resultados económicos como contingentes, desdeñando la idea de que hay un orden en el desorden. En cambio, Shaikh expone una noción diferente de equilibrio: no como un estado alcanzado sino como un proceso gravitacional. Así es como los precios convergen hacia los costos del capital regulador en cada rama (aquel que es más competitivo), o los capitales se mueven entre las ramas buscando siempre la máxima ganancia (proceso que lleva a la igualación de la  tasa de ganancia para las nuevas inversiones), y en los patrones de crecimiento y fluctuaciones del sistema en su totalidad. El equilibrio así entendido es siempre un fenómeno turbulento, como va a destacar muchas veces a lo largo del libro.

Uno de los aspectos más novedosos son los criterios que el autor establece para pasar del nivel de los agentes individuales al de los agregados, a partir de los cuales demuestra las inconsistencias –teóricas y empíricas– de la noción del agente representativo de la economía neoclásica a partir de la cual esta integra los planos micro y macroeconómico. Los expositores de esta corriente consideran que es un punto fuerte esta capacidad de desarrollar el esquema de equilibrio general a partir de las decisiones de los agentes basadas en criterios de maximización individual; esto sería una ventaja respecto de la economía keynesiana, que supo producir una interpretación de los fenómenos agregados pero sin basarlas en una explicación de los comportamientos individuales, “vacío” que muchos keynesianos (o “neo”) llenan adoptando los fundamentos neoclásicos.

Shaikh argumenta que algunos factores que pueden ser de gran importancia al nivel individual de las empresas o de los trabajadores, pueden dejar de serlo al nivel agregado macroeconómico. Los casos individuales son siempre heterogéneos, y su  integración da lugar a características novedosas que no se encuentran en el plano individual.

El comportamiento de la totalidad no puede ser caracterizado por el de ninguno de sus elementos constitutivos porque el todo es más que la suma de sus partes, o como está de moda decir ahora, los agregados tienen propiedades emergentes (84).

La agregación es “robustamente transformacional”. De esto se desprende que los comportamientos que se registran a nivel agregado pueden resultar compatibles con distintas explicaciones de los comportamientos individuales. Esto significa que la prueba para explicaciones en disputa sobre la manera en la que operan los agentes, no puede encontrarse en su ajuste con los movimientos observados a nivel agregado. La forma

… funcional agregada será muy diferente de las correspondientes a nivel microscópico, lo que implica que no hay tal cosa como un agente representativo (102).

A la vez, “siempre habrá varios micro fundamentos consistentes con cualquier patrón registrado a nivel agregado”, por lo que “no debería confundirse el sustento empírico para una hipótesis a nivel agregado con un respaldo empírico para cualquier micro fundamento particular que explique dicho patrón”. La validez de los microfundamentos en disputa debe evaluarse en su consistencia lógica y empírica en sí mismas, sin que sea suficiente prueba cómo se “ajustan” con los comportamientos macro.

 

Competencia real

La noción central que recorre todo el libro es la de competencia real. Con esta categoría Shaikh busca caracterizar la competencia bajo el capitalismo como un proceso muy diferente al que se suele entender con las nociones de competencia perfecta (de que está tan alejado “como lo está la guerra respecto del ballet”, 259) y su reverso, la competencia imperfecta. Mientras que la teoría neoclásica asume que las firmas son pasivas tomadoras de precios, en la teoría de la competencia real las firmas son fijadoras de precios y compiten recortándolos (262). El capital que logra en una industria los menores costos se trasforma en el capital regulador. Este es el que cuenta “con las mejores condiciones reproducibles de manera general”, lo que quiere decir que no son condiciones favorables particulares, como puede ser una mayor fertilidad del suelo. Shaikh muestra cómo la firma que logra esta posición es la que va a terminar fijando las condiciones para toda la industria, y lo hace de tal manera que la relación de precios y costos le permite llevarse los mayores beneficios. Junto a este capital regulador, subsisten siempre otros capitales que cuentan con medios de producción más viejos y menos eficientes, los cuales afrontan mayores costos y, en las condiciones de precios impuestos por el capital regulador, tienen una tasa de ganancia inferior. El libro presenta abundante evidencia de que en cada industria conviven en un momento dado capitales con distintos costos, y también con distintos precios; no hay un precio único.

Las firmas fijan precios buscando atraer clientes y dañar a sus competidores. La difusión de los clientes hacia los precios más bajos fuerza a los vendedores a mantener sus precios, ajustados según los costos de transporte e impuestos, a corta distancia uno de otro.

El resultado es en todos los sectores una tasa de ganancia promedio que será inferior a la tasa de ganancia del capital regulador.

La competencia real ocurre no solo en cada industria (en sentido amplio), sino entre industrias. Acá rige el principio de “la movilidad de capital entre industrias y la consecuente ecualización de las tasas de ganancia”. Los inversores gravitan hacia las mayores tasas de retorno, lo que significa que las nuevas inversiones fluirán más velozmente hacia los sectores con tasas de ganancia más elevadas. Finalmente, esto va a significar que la producción va a crecer en relación con la demanda en estos sectores, empujando a la baja los precios y las ganancias; lo contrario va a ocurrir en los sectores con tasas de ganancia más bajas, y que por lo tanto no resultan polos de atracción para nuevas inversiones (264). Esto produce como resultado (de manera turbulenta y a través de permanentes reajustes) una igualación de la tasa de ganancia. Shaikh observa que la que se iguala no es la tasa promedio de ganancia de todos los sectores, sino la tasa de ganancia de las últimas inversiones, es decir las de los capitales reguladores de cada industria.  Es de señalar que para él, la incursión de nuevos jugadores con técnicas productivas menos costosas para desbancar a los capitales dominantes tendrá lugar incluso si los volúmenes de capital requeridos para lograr los menores costos implican una menor tasa de ganancia, lo que tiende a ocurrir porque “los costos operativos más bajos estarán asociados con mayores costos de capital” (324). En síntesis, la puja por la reducción de costos desemboca en la caída de la tasa de ganancia.

La teoría de la competencia real, que Shaikh fundamenta sólidamente en abundante evidencia de estudios propios (y de numerosos investigadores de las más variadas corrientes) puede aportar mayores elementos para discutir cuál es el alcance de los cambios estructurales que generó el surgimiento de las grandes corporaciones (un elemento central en la caracterización de la época imperialista del capitalismo para los estudios “clásicos” de comienzos del siglo XX) y su efecto sobre la competencia. Obviamente, es una cuestión que debe estudiarse concretamente para cada caso, y el autor no descarta que numerosas industrias puedan estar dominadas por monopolios u oligopolios (379), aunque sí enfatiza que los resultados que esto puede generar son similares a los que produce la competencia real.

 

Lucha de clases, rentabilidad y acumulación

La tercera parte del libro, que avanza hacia el nivel macroeconómico, inicia con una revisión crítica de la macroeconomía desde los enfoques pre-keynesianos hasta los enfoques más recientes y una fundamentación del enfoque clásico a partir de lo desarrollado previamente. El argumento

… está construido sobre la noción de que el crecimiento capitalista se encuentra regulado por la rentabilidad neta de la acumulación apuntalada por las inyecciones de poder de compra agregado. Lo que importa en el último caso es la creación total de nuevo poder de compra, no las fuentes particulares tales como déficit público o balance comercial. Pero la deuda es la contraparte del crédito, y los gastos financiados mediante deuda encuentran límites incluso a pesar de que el moderno sistema de crédito y de dinero fiduciario puede posponerlos por un largo tiempo (636).

De esta forma, se recoge la idea keynesiana de que las inyecciones de demanda juegan un rol para estimular el crecimiento, pero se destaca que la misma se encuentra limitada por las capacidades para financiarla.

Capitalismo… destaca que tanto los neoclásicos como los heterodoxos consideran que los trabajadores no tienen ninguna capacidad en la determinación de la participación de su salario: en el enfoque neoclásico “el salario está determinado por las condiciones de pleno empleo” y dependerá de la productividad marginal del trabajo, en la teoría poskeynesiana “está determinado por la productividad y el margen de monopolio fijado por las firmas” (42). En el enfoque que Shaikh desarrolla, por el contrario, se integra la noción de que la acumulación está motorizada por la rentabilidad y la de que la demanda agregada tiene un impacto central en el nivel de producción y empleo como afirman los keynesianos y post-keynesianos,

…junto con el reconocimiento de que las luchas de los trabajadores juegan un rol considerable en la determinación del salario real y de que la acumulación mantiene una capacidad normal de utilización de la mano de un pool de desempleados persistente (646).

Esta parte del libro se elabora en base al modelo planteado por Richard Goodwin, que es a la vez una adaptación de las ecuaciones de Lotka-Volterra desarrolladas originalmente para analizar la interacción biológica entre poblaciones de cazadores y presas. La analogía convierte a los trabajadores desempleados en presas y los capitales en busca de ganancia en cazadores. Cuando la cacería es exitosa, la disminución en las presas disponibles impacta en los predadores cuyo número también disminuye, permitiendo que la población de presas se recupere. En los términos del esquema de Goodwin, un enlentecimiento de la acumulación de capital como resultado de la caída de la rentabilidad, lleva a un crecimiento en el ejército de reserva de desocupados. Una conclusión importante de Goodwin es que, al contrario de lo que afirma la economía neoclásica, el capitalismo tiene un funcionamiento normal con una tasa de desempleo positiva, que se trata de desempleo involuntario.

De esta forma, el esquema macroeconómico desarrollado incorpora la idea de que el ejército industrial de reserva es consustancial al funcionamiento de la economía capitalista. No se trata de una “imperfección” de mercado o algo que pueda ser resuelto mediante la intervención estatal. Para funcionar normalmente el capitalismo necesita reproducir una parte de la fuerza de trabajo como desocupada. Y la aceleración o desaceleración de la innovación (que puede reemplazar trabajado “vivo” con trabajo muerto de los medios de producción) o el cambio en los ritmos de inversión (que ante una baja en la rentabilidad producida por una suba de la participación del salario puede enlentecerse, empujando un menor crecimiento y por ende contribuyendo a que se desacelere la creación de empleo) actúan como “reguladores” que permiten la recreación del mismo y permiten al capital enfrentar las demandas de los asalariados.

Shaikh incorpora la noción de “nivel sociohistórico de fortaleza de la fuerza de trabajo”, que está relacionado (negativamente) con la tasa de desempleo. De esta forma, incorpora la capacidad de la fuerza de trabajo para pelear por incrementos en la participación en el ingreso como un elemento del modelo, que es a la vez uno de los determinantes del mayor o menor crecimiento económico.

 

En curso de depresión

El anteúltimo capítulo de Capitalismo… pone el juego los desarrollos precedentes en la explicación de la crisis iniciada en 2007, que Shaikh llama la “Primer Gran Depresión” del Siglo XXI. En su interpretación, “esta crisis es una parte absolutamente normal de un patrón recurrente de larga duración en la acumulación capitalista, en el que las crisis ocurren una vez que los largos booms han dado lugar a largos decaimientos” (724). Las bases con las cuales el capitalismo se había recuperado de la crisis estanflacionaria de fines de los ‘60 que afrontaron EE. UU. y otras economías imperialistas al final del boom de posguerra (y que se explicaba por una fuerte caída en la tasa de ganancia) fueron “un ataque al trabajo y una drástica reducción de la tasa de interés”. Esta última permitió que la tasa de ganancia de las empresas tuviera una recuperación mayor que la tasa de ganancia “a la Marx” de toda la economía3. El secreto del “gran boom” que se inició en los ‘80 es “fuerza de trabajo abaratada y finanzas menos costosas” (734).

Pero este boom “fue inherentemente contradictorio”. La caída en las tasas de interés disparó el endeudamiento, tanto de las empresas como de los hogares, en estos últimos como compensación ante el estancamiento de los ingresos desde los años ‘80. El resultado fue el colapso financiero. Con el desarrollo de la crisis,

… los gobiernos de todo el mundo se lanzaron a salvar a los bancos y empresas, a menudo creando largas sumas de nuevo dinero [y deudas; NdR] en el proceso. Han sido menos entusiastas respecto de la creación en nuevas formas de gasto para ayudar directamente a los trabajadores (740).

Para el autor, iniciativas de otros momentos históricos como el New Deal o los esfuerzos bélicos de la II Guerra Mundial muestran que las capacidades del Estado para estimular la economía son mucho mayores que las que se han puesto en juego.

¿Qué impide entonces a los gobiernos crear programas de empleo directo? La respuesta es que tales acciones subordinarían el motivo de la ganancia a objetivos sociales, lo que es visto como una amenaza para el orden capitalista normal (742).

Además, resultaría una inadmisible interferencia con la agenda neoliberal de bajar los salarios. La capacidad de los sectores dominantes de la clase capitalista para limitar estas interferencias, es lo que explica entonces la dinámica seguida por la depresión.

Al respecto, uno podría decir que el Estado actuó para sostener al trabajo durante la Gran Depresión, y para atacarlo durante la Gran Estanflación. Y ahora la cuestión ha vuelto a la superficie (744-745).

Sin duda, fenómenos como Trump serían difíciles de interpretar sin este mar de fondo.

 

Los riesgos de una regresión desde Marx hacia los clásicos

Si hubiera que señalar el principal problema en el edificio conceptual de Capitalismo… este está en la manera en que aborda la transformación de los valores a precios de producción. Recordemos que Marx inicia el Tomo I con la consideración de que las mercancías se venden a sus valores, estableciendo una equivalencia según los tiempos de trabajo medio socialmente necesario que lleva producirlas. Si las mercancías se vendieran a sus valores, cada capitalista realizaría todo el plusvalor contenido en su mercancía. Pero en el tomo III Marx desarrolla una nueva determinación: los precios de producción, que surgen de la distribución de la  masa total de plusvalía entre el conjunto de los capitales. El precio de producción significa que a los costos de producción se le suma la tasa media de ganancia, uniforme para todos los capitalistas. Al mismo tiempo, la plusvalía a nivel agregado es igual a la masa total de ganancia4.

Habrá sectores de la producción social para los que la tasa de ganancia media resulta menor a la plusvalía que extraen a sus obreros, mientras que en otros casos ocurrirá exactamente lo contrario. Por los mecanismos de arbitraje del capital entre sectores que discutimos más arriba, se produce esta igualación en la cual algunas industrias transfieren a otras una parte de la plusvalía.

Del hecho de que la masa de ganancia que realizan algunos capitales puede verse ampliada de esta forma (y en contraparte reducida la de otros), Shaikh extrae la conclusión de que la ganancia tiene dos fuentes: surge de la producción, pero también de la circulación de capital. Para fundamentar esto recurre al economista clásico James Steuart, que conceptualizaba dos fuentes de ganancia: la ganancia positiva, que surge de la producción, y la ganancia relativa, originada en transferencias de un capital a otro. Apela al hecho de que Marx también consideraría la cuestión, haciendo referencia al propio Steuart, en Teorías  sobre la plusvalía. Pero lo que observa Marx en el texto en el que Shaikh busca fundamentar su planteo es que “Steuart no comparte, en efecto, la ilusión de que la plusvalía nacida para el capitalista individual por el hecho de vender la mercancía en más de lo que vale sea una creación de nueva riqueza”5.

Resulta problemático convertir en fuente de ganancia lo que, en el mejor de los casos, solo puede serlo para el capital individual. Esto contribuye a desdibujar, más que a destacar, el hecho de que toda la ganancia del capital surge del plusvalor, es decir de la explotación de la fuerza de trabajo. La apelación de Shaikh a Steuart y sus “dos fuentes”, en este punto, no juega un rol central en el desarrollo posterior que hace el autor. Sin embargo, es una muestra de que el afán de reconciliar a Marx con los clásicos, lo lleva a introducir en su aparato conceptual algunas de las ambigüedades de la teoría del valor de los clásicos que Marx supo depurar. Se trata, entonces, de un retroceso en la solidez y claridad conceptual. Este es uno de los puntos en los que mejor se expresan los riesgos de confundir la crítica de Marx con la economía clásica.

 

  1. Nueva York, Oxford University Press, 2016. Los números de página se indican entre paréntesis. Las citas son de traducción propia.
  2. Además de la discusión sobre las fuentes del valor (ver el último apartado de este artículo) podemos señalar que Shaikh suscribe la teoría de las ondas largas, ciclos que alrededor de 50 años caracterizados por una primer fase de ascenso y otra de declinación, cada una de las cuales atraviesa varios ciclos de crecimiento y recesión. Para una crítica a esta teoría ver Christian Castillo, “Sobre la teoría de las ondas largas y la periodización del capitalismo”, Estrategia internacional 7, marzo/abril 1998; Esteban Mercatante y Martín Noda, “Gradualismo y catastrofismo”, Lucha de clases 8, junio 2008.
  3. Para la distinción entre ambas tasas ver “‘Enfrentamos un escenario de estanflación, deflación, persistente desempleo’. Entrevista a Anwar Shaikh”, IdZ 3, septiembre 2013.
  4. Para un desarrollo de los debates sobre el “problema” e la transformación, ver Esteban Mercatante, “Historia de una presunta inconsistencia”, IdZ 18.
  5. Karl Marx, Teorías sobre la plusvalía, Ciudad de México, FCE, 1987, p. 34.

2 comments

  1. EM 25 Julio, 2017 at 23:55 Responder

    Riensi, ¿dónde ves que las críticas que le hago al libro de Shaikh estén en la nota de Grahl? Tampoco veo que este rescate puntos que para mí son importantes como el lugar que tiene la lucha de clases y la relaciones de fuerza entre las clases en la acumulación, a través de la capacidad que tiene la clase trabajadora para modificar dentro de ciertos límites los salarios y condiciones de trabajo. Es cierto que es parecido lo que decimos sobre la estructura del libro y sus conceptos, también algunas de las definiciones centrales de Shaikh que mencionamos. ¿Será porque estamos reseñando el mismo trabajo? Con ese criterio podes acusarme de plagiar no sólo esta, sino 20 reseñas más del mismo libro seguramente.

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