PepsiCo: historia de lo que no quiere resignarse

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PAULA VARELA, MARIELA CAMBIASSO y JULIÁN KHÉ

Número 39, julio 2017.

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Un costo laboral que se calcula en derechos conquistados con lucha y organización. Una planta industrial que se conoce como ícono del sindicalismo combativo y de izquierda. Un día de la bandera que pretende izar la revancha burguesa contra el tupé de alzar la vista. Un grupo de obreros y particularmente obreras que resisten en sus puestos de trabajo. Un conflicto que concentra las miradas. Esta nota es sobre PepsiCo.

 

Mediodía frío en la puerta de PepsiCo. Estamos esperando a Mirta Baravalle, Madre de Plaza de Mayo, que viene a encabezar una recorrida por la planta fabril en la que permanecen los trabajadores para garantizar que la multinacional no se lleve las máquinas y con ellas, la posibilidad de recuperar sus puestos de trabajo. Llega y se saluda cariñosamente con Victoria Moyano, nieta recuperada y miembro del CeProDH, cuyos abogados representan legalmente a los trabajadores de PepsiCo. Inmediatamente se arma la ronda alrededor de ese pañuelo que atrae a las trabajadoras que están en la carpa, como si hubiera salido el sol. Empezamos a caminar en dirección a la entrada. De la comitiva participan también la actriz Carolina Papaleo; el constitucionalista Roberto Gargarella; Glenn Postolsky, Decano de Sociales; Alejandrina Barry, hija de desaparecidos y querellante en el caso de Papel Prensa; y también nosotros, docentes universitarios e investigadores, que junto con el sociólogo Rodolfo Elbert fuimos a llevar la Declaración en apoyo a la lucha de PepsiCo que, en 48 hs, firmaron más de 400 colegas de universidades de todo el país y del CONICET. Nos dirigimos a atravesar la puerta-molinete que cruzan las obreras y los obreros todos los días de su vida, pero que el 20 de junio se mantuvo cerrada, con un cartelito que decía que se habían quedado sin trabajo.

Una vez afuera, en la carpa montada para la resistencia (acá “resistencia” no es un slogan, es poner el cuerpo), hablamos con Alejandro (A), trabajador que ingresó en 2007 con 20 años, y con Catalina Balaguer (C), que junto con Leonardo Norniella fueron los organizadores de la Comisión Interna (CI) y fundadores de la Lista Bordó, oposición a Daer en el STIA.

A: Esta vez no me dio para llorar, pero estuve ahí. Las dos veces que tuve posibilidad de estar con una Madre, una de ellas en la fiscalía de San Martín, que habló Elia [Espen], yo lloraba que parecía un nene. Ahora, bueno, había mucha gente, no daba para llorar. Conocer a una Madre es una experiencia muy grosa. Yo cuando entré acá a la fábrica no tenía ni idea lo que era la izquierda. Yo laburé en una sola fábrica antes de entrar acá y el delegado era al que le dabas el recibo de sueldo para que te afiliara a la obra social y nada más. Incluso, la primera elección acá yo voté a la Verde, porque no conocía la organización de la que eran ellos [La Bordó], que ya la venían remando en forma no sé si clandestina, pero era así muy por abajo, y bueno, yo no tenía idea de lo que era. Y por afinidad, porque la Verde era eso, ir a jugar a la pelota, comer asados y política cero, entonces… bueno, confieso: la primera vez voté a la Verde [risas]. Pero a los pocos meses, conocí lo que era la Interna, cuando ganó la Bordó. Yo era tarimero, sacaba tarimas con producto terminado desde la línea hasta el playón para que lo lleven a depósito, y nosotros caminábamos hasta 2 cuadras con las tarimas, y los ritmos de producción en ese momento eran grosos, sacaban más de 100 pallets todos los días. El primer contacto que tuve con la interna fue que me dijeron “mirá, vamos a sacar tarimas hasta acá nomás, hasta la mitad”, por ejemplo, 50 metros. Y lo primero que se me vino a la cabeza fue “¡No! Se me llena la línea, me van a terminar echando culpa de este tipo”. Y después te das cuenta que era para bien de uno, ¿no? Y son cosas que, incluso después, la terminábamos peleando nosotros solos, no era necesario que viniera el delegado, peleábamos por muchas otras cosas para no rompernos. Pero todo era una pelea, y era organizarse entre los mismos compañeros y hablar con los delegados, que iban al frente por nosotros, porque nosotros por ahí éramos jóvenes y teníamos miedo a la exposición. Entonces vos te sentías representado por el delegado que peleaba por cosas que mejoraban tu cotidianeidad en la planta, tus condiciones de trabajo. Entonces ahí empezás a armar un vínculo. Yo en mi caso tuve la suerte de que estaba Leo Norniella1 en mi turno y bueno, los que lo conocen a Leo saben lo que es, imposible no quererlo, no llevarte bien. Entonces pegamos onda, empezamos a hablar de música, de Los Redondos, y después empezamos a hablar de política. Yo tenía cero idea de política, pero la figura del Che era algo que me atraía, entonces empezamos a hablar del Che, de la Revolución cubana, de la clase obrera, de la lucha de clases, hasta que terminé leyendo el Manifiesto comunista. Ese fue el primer acercamiento que tuve con un delegado combativo, y fue una experiencia que me marcó hasta el día de hoy, porque son ideas que se aprenden, no solamente en lo sindical o en lo político, sino en la vida cotidiana de cada uno: en el trato que tenés con tu compañera de vida, con tus hijos, que sirven para crecer como persona y ayudar a los demás. Y esas son cosas que no son materiales pero que a uno lo llenan mucho, incluso al punto de interesarme para ser delegado, y fui delegado. En resumidas cuentas, entré en una fábrica sin saber lo que era la izquierda y terminé siendo delegado. En 4 años mi vida cambió 180 grados, y bueno, un poco bastante gracias a las figuras de Leo Norniella y de Catalina Balaguer.

C: Yo entro en 1997. Soy la segunda generación de mujeres que entró en la planta, porque en su mayoría eran todos varones. A muchas de nosotras nos costaba decirle a la empresa que teníamos hijos, porque pensábamos que nos iban a echar. Con el tiempo, nos dimos cuenta de que tener hijos y ser madres solteras, en algunos casos, era garantía de que te auto-explotes a morir. Nosotros empezamos a ocupar los puestos de los varones en el empaque, y trabajábamos 16 horas. Me acuerdo que queríamos hacer un pozo y desaparecer cuando veíamos al supervisor aparecer a medio turno, porque seguro nos pedía horas extras, y nosotros ya no dábamos más. Yo tenía 27 años y sentía que tenía los pies de una persona de 80. Me dolía el cuerpo, pero era la única forma de quedar efectiva. Trabajar 16 horas y los fines de semana también. En la fábrica tenés que pagar derecho de piso, y si sos mujer, más todavía. Esta multinacional no te daba ni siquiera ropa, ni zapatos. Era muy marcada la diferencia entre el que era contratado y el que era efectivo. No podíamos tener descansos ni comer una hora como la mayoría de los varones. Nosotras teníamos 30 minutos, y si te pasabas 2 minutos ya te llamaban la atención, y todo el tiempo jugaban con la idea de que si te portabas mal no ibas a quedar efectiva. En esa época no había CI, pero figuraba como si hubiera. Cuando empezamos a surgir nosotros, allá por el 2001, empezaron a existir CI mucho más reales, en el sentido de que eran votadas por los trabajadores. Parecían ser delegados que estaban con la gente, hasta que a fines del 2001, comienzos del 2002, frente a un conflicto muy grande por el despido de 100 compañeras contratadas, la CI se quiebra, y empieza un antes y un después para todos.

IdZ: ¿Por qué se parte la CI?

C: Se parte porque nosotros planteamos que las compañeras tenían que ser planta permanente y el sindicato decía que las chicas solamente podían apelar a una mejor indemnización, pero que no se iba a pelear por su reincorporación. La fábrica fue militarizada, la seguridad estaba con armas, a ese nivel. El sindicato, no solamente no quiso luchar por el sector que había quedado en la calle, sino que partió la CI, haciendo que un sector se fuera con ellos (agarraron la plata) y un sector más pequeño se quedara con los trabajadores. Ahí fue cuando el sindicato monta una provocación en acuerdo con los gerentes, agrediendo a Leo Norniella dentro de la planta para poder iniciarle una causa de desafuero. Leo fue suspendido, entonces todos los que estábamos adentro quedamos más a la intemperie. Porque había quedado un sector de la interna dirigido por la burocracia y otro sector de la interna luchando como podía y con el mayor referente, que era Leo Norniella, suspendido. Eso fue una prueba que tuvimos que pasar los trabajadores para empezar a darnos cuenta que teníamos que armar otro tipo de organización, que con la burocracia ya no teníamos nada que hacer. En un hecho tan concreto como que 100 compañeras pasen a planta permanente, se demostró qué delegados estaban con la burocracia y la patronal, y qué delegados estaban con los trabajadores. Cuando lo suspenden a Leo la fábrica estaba con mucho miedo. Aparte había pasado el 2001 y el desempleo reinaba en Argentina. Había toda una crisis enorme. Y cuando estamos logrando que se revierta el fallo de Leo para volver a la fábrica, nos echan a 5 activistas, entre las que estaba yo. La empresa daba distintas causas, pero todos sabíamos que nos echaban porque habíamos sido solidarios con las compañeras contratadas, porque hablábamos en las asambleas. Fue bastante difícil, porque de los cinco, me terminé quedando solita, porque los demás compañeros sintieron que nos les daba la fuerza para pelear. Nosotros discutimos y evaluamos todas las posibilidades, y la única pelea que se podía seguir dando era denunciar a PepsiCo por las condiciones a las que sometía a las mujeres a trabajar. En ese camino yo podía lograr no solamente seguir poniendo a PepsiCo en el imaginario de la sociedad como lo que es, sino también remarcar que yo era una trabajadora que tenía un compromiso con mis compañeras, que levantaba las banderas de ellas y que por eso me habían despedido. Y eso era muy difícil hacerlo, porque para hacerlo tenía que renunciar a todos mis derechos, o sea, no podía cobrar un fondo de desempleo, no podía cobrar la indemnización, no podía trabajar durante un tiempo, no podía hacer nada, y yo tenía a mis hijas que eran pequeñas, alquilaba, y estaba por encarar algo que tenía el 100 % de posibilidades de que no nos salga. Y bueno, dijimos, hagámoslo y veamos, porque aparte había que seguir mandándole un mensaje a PepsiCo. Y durante todo ese año y 7 meses que duró el juicio, hasta que salió el fallo, fuimos a todos lados con la campaña de cómo PepsiCo maltrataba a las trabajadoras, que nos sometían a trabajar más de 12 horas, que trabajábamos en bancos de acero inoxidable que levantaban temperatura y nos quemaban, millones de cosas. Me acuerdo que hicimos un trabajo de investigación con gente de la universidad, psicólogos, sociólogos, tratando de tomar cómo era la vida de una trabajadora, entonces desde ahí sacamos muy buenos materiales donde se veía la complejidad de una mujer trabajadora, cómo trabajaba, en qué gastaba lo que ganaba, cómo era su vida, cuánto tiempo invertía en el trabajo, cuánto invertía en la casa, y fue muy bueno porque nos sirvió para crecer, incluso también para dialogar con otras compañeras que al día de hoy plantean todo esto porque lo han aprendido, porque se les hizo carne poder desnaturalizar la forma en que estábamos, y para mí eso es re importante. Entonces, en ese sentido, todo lo que se hizo en todo este tiempo fue una gran escuela. Logramos el fallo de reincorporación, que fue algo inédito y sentó jurisprudencia, porque el fallo reconoce que yo era “delegada de hecho”2 y por eso dicta mi reincorporación. Volví en el 2004, nos presentamos y ganamos la CI. Fue un golpe enorme para la empresa. Imaginate que antes de que saliera el fallo, cuando ya veía que tenía grandes posibilidades de perder, la empresa empieza a revertir su política y empieza tomar a gente con capacidades especiales; a hacer donaciones; Indra Nooyi ya era una mujer reconocida como la directora de los CEO de PepsiCo. Había cambiado todo un perfil porque la campaña que le habíamos hecho fue un golpe muy grande.

A: Por eso, más allá del puesto de trabajo por el que estamos peleando en esta lucha, la organización queda como ejemplo para otros trabajadores y sobre todo para uno mismo. Porque podemos perder el puesto de trabajo, pero en algún momento lo vamos a recuperar y cuando vos vas a otra fábrica, a otro trabajo, la mentalidad ya te queda. Todavía no me pasó, pero si voy a otro trabajo me imagino que lo primero que voy a buscar va a ser organizarme con mis compañeros, defender los derechos e ir por conquistas. Es una enseñanza que te queda de por vida, porque uno no puede abandonar sus ideales o sus principios así porque sí, porque perdiste un puesto de trabajo. Y si lo recuperamos, la patronal va a seguir atacando, ya sea esta, ya sea otra. Queda como ejemplo para uno y para los demás también, que vean que se puede, que es una cuestión de organizarse y tratar de torcerle la mano a la patronal, a la burocracia, al gobierno porque los trabajadores tenemos varios enemigos. C: Todo el tiempo nos quieren obligar a que nos resignemos a todo. Las pocas cosas que conquistamos, que para nosotros son grandes, porque todas las hemos arrancado luchando, siempre nos dijeron que no se podía, que era imposible. Entonces el otro día le gritábamos al sindicato “nosotros luchamos por lo imposible, y ustedes viven de rodillas”. Para mí es eso, no resignarse y luchar. Ayer hablábamos también con algunas compañeras que están muy angustiadas, y yo les decía que independientemente de cómo se vaya desarrollando todo esto, nosotras ya no vamos a volver a ser las mismas, porque nuestras cabezas ya cambiaron, y mucho más ahora porque el golpe fue fuerte y entonces fuerte va a ser el cambio, y que de alguna manera nosotras estamos escribiendo la historia de algo que no se quiere callar y no se quiere resignar.

***

UN POCO DE HISTORIA

PepsiCo se instala en Argentina en 1993, tras adquirir la rama de snacks de Kellogg´s. Desde ese momento funciona en la planta de la localidad de Florida, que hoy cerró sus puertas. Hacia fines de los noventa los trabajadores comienzan a organizarse y ponen en pie una CI, en ese entonces conducida por la dirección del sindicato de la alimentación. La CI se divide en 2001, cuando un grupo de delegados se opone al despido de 100 trabajadoras contratadas, y se dispone a luchar por su reincorporación. Como parte de ese conflicto la empresa despide al principal referente de la oposición, Leonardo Norniella, y en 2002 a Catalina Balaguer, activista destacada de esa misma lucha. Ambos lograron su reincorporación y organizaron la CI opositora que desde 2003 dirige la fábrica con la sola interrupción de la elección de 2005, en la que la Verde se atribuye el triunfo por un voto con la anuencia del Ministerio de Trabajo.

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FÁBRICA DE MUJERES

Vanina: No queremos tirar todos los años que tenemos acá. Yo tengo casi 17 años acá. No quiero irme así porque sí. Necesito una posibilidad de que se pueda reabrir. Nosotros acá tenemos la fuente de trabajo. Afuera no hay trabajo, no hay nada, viendo la situación del país. Aparte los delegados siempre están al pie del cañón de todas las circunstancias, desde el día que nosotros los votamos están siempre con la gente. siempre hacemos asambleas, y lo que se vota por mayoría es lo que hacemos. Por ahí, a veces nos equivocamos, ¿no? Pero bueno, así vamos aprendiendo. Aparte, recibimos mucha solidaridad de todos lados. eso es lo importante, también: que no estamos solos. Lamentablemente las leyes no están a favor de los trabajadores, y hay que ir atrás de un sistema corrupto y de un sindicato corrupto que no está con nosotros. Le pedimos a Rodolfo Daer que aporte al fondo de lucha y ni siquiera vino. Y hemos recibido ayuda de gente que ni conocemos.

Laura: Lo que me impulsa es que yo quiero seguir trabajando, quiero defender los puestos de trabajo. No quiero arreglar el 200 %. Voy a pelear lo que más se pueda. La plata te tienta un poco, pero en mi caso no voy a aflojar. Aparte, tengo muchos compañeros que realmente necesitan el trabajo, necesitan trabajar. Tienen familia y alquilan. Y bueno, eso, voy a seguir hasta el final. Jamás pensé que me iba a pasar esto, siempre lo veía de afuera. No puedo creer que tanta gente nos ayude, que nos traiga mercadería. Para mí es una experiencia buena, positiva.

Nancy: el sindicato empezó pasando audios, inclusive, en que decían que iban a luchar, que esto no le iba a salir de arriba a la empresa; uno escuchó todo. Pero ya en cuanto nos dijeron en un plenario “no, ya no podemos hacer nada”…, ya decís “bueno, ya está”. Y aparte está la campaña que hace constantemente con gente de ellos para que firmes y arregles.  Así que ya era más que obvio que ellos no van a luchar y de la única manera que se puede volver atrás con todas estas medidas es luchándola. Así que, bueno, acompañamos a la CI. en general, siempre se los acompañó en muchas medidas que se tomaron dentro de la planta, porque fueron los que siempre se opusieron a un montón de cosas que no correspondían. De hecho, siempre ha ganado la interna, creo una que sola vez ganó el sindicato y no la pasaron muy bien.

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