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CHRISTIAN CASTILLO

Número 27, marzo 2016.

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Cuando este artículo esté impreso se estarán por cumplir los primeros cien días de gobierno macrista, el plazo que arbitrariamente algu­nos analistas juzgan de “luna de miel” con el que cuenta un mandatario recién electo. También estarán por cumplirse los 40 años del golpe genocida orquestado por la gran patronal con el auspicio del imperialismo norteamericano, con el objetivo de cerrar la etapa revolucionaria abierta en mayo de 1969 con el Cordobazo. Ese día estará en el país Barack Obama, quien des­pués de visitar Cuba vendrá a dar un espaldarazo al gobierno de Cambiemos, motivo por el cual las demandas antiimperialistas serán uno de los ejes en las movilizaciones del 24 de marzo.

 

Un discurso cargado de cinismo

El discurso que dio Macri ante la Asamblea Legislativa abriendo el período ordinario de se­siones en el Congreso (poco después de sufrir el desplante del Papa Francisco en su visita a Roma1) estuvo rodeado de todo tipo de especula­ciones y de reclamos para que sea el puntapié inicial del “relato” macrista. Amén del aspec­to papelonero que fue leer dos veces la misma parte referida al pago a los fondos buitre (¡nada más y nada menos!), la intervención de Macri se caracterizó por su alto grado de cinismo. Todas las referencias a la “herencia K”, que ocuparon más o menos la mitad del tiempo del discur­so, fueron hechas en función de tratar de ava­lar el ajuste contra los trabajadores. Pero si hay una “herencia”, es la que venía recayendo sobre las espaldas de los trabajadores y el pueblo, por el agotamiento del “modelo”, la inflación y un ajuste que ya estaba en curso.

Macri justificó los miles de despidos en el Es­tado, anticipando para buen entendedor que se van a incrementar. Mintió directamente cuan­do se refirió a la suba del mínimo no imponible, ya que con la medida que tomó son más los tra­bajadores y jubilados los que lo terminarán pa­gando. Y su mención a los 40 años del golpe fue una clara provocación viniendo de un miem­bro del clan empresario que durante la dictadu­ra genocida pasó de controlar 7 a 47 empresas y que fue parte de quienes estatizaron en forma ilegal su deuda privada, como consta en el fallo del juez Ballesteros en la causa impulsada por Alejandro Olmos.

La prensa venía informando sobre dos supues­tas tendencias en el gobierno. La que con Durán Barba a la cabeza recomendaba no tirar “malas ondas” y solo hablar de las “propuestas” y la de quienes sostenían que sin presentar un panora­ma de cierto desastre no podía encontrarse jus­tificación para los tarifazos, la caída del salario y los despidos. Ganaron los segundos, pero el ar­gumento de la “herencia” (centralmente apunta­do a fidelizar a sus propios votantes) tiene fecha de vencimiento y, sobre todo, no es expansivo. A esto debía sumar el problema de mostrar alguna cara “social”, después de tantas medidas favo­rables a los grandes empresarios. En medio de tarifazos, suba generalizada de precios y temor por el empleo, la mención de que devolvería el IVA a los productos de la canasta básica a quie­nes tengan planes sociales dejó gusto a práctica­mente nada. A pesar de los elogios interesados de los editorialistas de Clarín y La Nación, imponer el ajuste requiere más que un “relato” cargado de cinismo, sobre todo porque a diferencia de otras ocasiones no hay una situación “catastrófica” (co­mo fueron las hiperfinflaciones o la quiebra eco­nómica del 2001) que haga digeribles medidas de este tipo. Esto sin negar que el kirchnerismo, a diferencia de lo que afirman sus defensores, dejó una economía con graves desequilibrios, por los cuales ya había empezado un ajuste.

 

Todo lo neoliberal que le permite la relación de fuerzas

En este período Macri ha dejado sin susten­to las ilusiones de quienes preveían, en función del discurso aggiornado de la campaña electo­ral, que sería una derecha “light”2. Es un go­bierno poblado de funcionarios que provienen del capital privado3, que un estudio calcula le­vemente superior al 70 % entre las represen­taciones directas e indirectas del capital4. Es un gobierno que en general representa los in­tereses nucleados en la Asociación EmpresariaArgentina (AEA), que agrupa a 41 de las prin­cipales empresas de la cúpula empresarial5, a lo que hay que agregar el peso de otros sec­tores de la banca, de la Sociedad Rural y de CRA y de las grandes constructoras a las que pertenece la propia familia presidencial6. Más compleja es la relación con la Unión Industrial Argentina, donde si bien los exportadores se han beneficiado, hay sectores burgueses no monopólicos que se desarrollaron durante el ciclo kirchnerista y que hoy se ven perjudicados por las primeras medidas del gobierno.

Macri evitó llamar a sesiones extraordinarias del Congreso en el verano y por decretos y re­soluciones ministeriales tomó medidas que be­neficiaron a las grandes patronales atacando las condiciones de vida del pueblo trabajador, junto con otras que apuntan al fortalecimiento represi­vo del Estado, como la emergencia en seguridad y el anticonstitucional “protocolo antiprotestas”. La primera medida tomada fue la devaluación, inicialmente de un 40 % pero que luego fue es­calando hasta un 60 %, tocando ya casi los $ 16 por dólar. Junto con la quita total de retenciones a las exportaciones agrarias, con excepción de la soja que recibió una baja del 5 %, la devaluación favoreció a las patronales agrarias y a las cerealeras exportadoras, significando una transferencia de ingresos de $ 120 mil millones al año. Las em­presas de energía eléctrica, que recibieron subsi­dios millonarios bajo el kirchnerismo sin invertir un solo peso, fueron favorecidas con un brutal tarifazo. A las multinacionales mineras, también mimadas en la era K, se les sacaron las retencio­nes existentes. Mediante la suba de tasas a nive­les superiores al 30 % anual y el fin de los encajes se favoreció una bicicleta financiera difícil de en­contrar en otros lugares del mundo, donde pri­man incluso las “tasas negativas”, como en los países de la zona euro. Por su parte, las petrole­ras se aseguraron subsidios millonarios de la ma­no del Ministro de Energía, el ex CEO de Shell, Juan José Aranguren. También convalidó el pa­go de la operación de venta de dólares a futuro realizada por el gobierno anterior, que significa­rá para el Banco Central una pérdida de alrede­dor de $ 70 mil millones. Y, por el momento, la frutilla del postre de esta enorme cantidad de re­cursos volcados hacia distintas fracciones del ca­pital dominante, es el acuerdo con los “fondos buitre”, que demandará un endeudamiento de alrededor de 15 mil millones de dólares7, de ser aprobadas la derogación de la ley “cerrojo” y la ley de “pago soberano”, que les garantiza a estos fondos una ganancia de un ¡1.000 %! Con esto esperan lanzar un ciclo de endeudamiento con el cual evitar un salto aún mayor en los niveles de “ajuste” que reclama parte del “mainstream” neoliberal de los economistas. Lo que los lleva a intentar este “rodeo” no es otra cosa que la re­lación de fuerzas (que también determinó al go­bierno anterior con otras condiciones nacionales e internacionales) que Macri tendrá que rever­tir para consolidar un salto en la tasa de explota­ción de la clase trabajadora.

Estas medidas vinieron acompañadas de un primer ciclo de despidos en los distintos niveles del Estado (se calcula al menos unos 25 mil, nú­mero que algunas estimaciones elevan a 55 mil) y en el sector privado, fenómeno que está en pleno desarrollo, pero que según la estimación de la consultora Tendencias Económicas, ya su­ma nada menos que 110 mil despidos entre sector público y privado, algo que posiblemen­te se agravará en el curso del primer semes­tre. La devaluación aceleró la suba de precios, al contrario de lo que afirmaban en campa­ña tanto Alfonso Prat Gay como Rogelio Frigerio, hoy ministros de Hacienda y Finanzas y del Interior respectivamente. El combo de deva­luación, suba de tarifas y apertura de importa­ciones está generando el cierre o reconversión de numerosas empresas de tamaño medio, a lo que debemos sumar las suspensiones y despi­dos en empresas líderes vinculadas a la side­rurgia, producto de la crisis petrolera y de la caída de la industria automotriz, provocada es­ta última por una combinación entre la caída del consumo doméstico y la continuidad en la baja de la economía de Brasil, destino princi­pal de las exportaciones del sector. La propia apuesta gubernamental para frenar la inflación es el incremento de la recesión, lo cual agrava­rá el problema de pérdida de empleo. Según to­das las encuestas, inflación y desempleo ya se encuentran entre las primeras preocupaciones de la población8, que crecientemente considera que el de Cambiemos es “un gobierno de y para los ricos”, según muestran diversas mediciones9. Pero, a pesar de todas estas medidas claramente “market friendly”, con la probable excepción de endeudamiento para obras de infraestructura, no se avizora qué elemento puede actuar como dinamizador del ciclo económico en un con­texto de recesión mundial generalizada y nue­vos temblores en los grandes bancos. Limitado con el ajuste el consumo interno, más allá de los buenos deseos de los gobiernos imperialistas, no parece haber un flujo de capital internacio­nal dispuesto a realizar inversiones de enverga­dura como, por ejemplo, consiguió Menem con el gran negociado que fueron las privatizacio­nes. De ahí la posibilidad de que todo esto no sea una suerte de “cuadratura del círculo”, a lo que hay que agregar la dificultad que significa el aumento de endeudamiento en el marco de reservas relativamente bajas10. Más aún, el pro­pio efecto de la devaluación se licuaría si la in­flación no logra ser contenida con la recesión, igual que le pasó a Kicillof en 2014.

 

El peronismo en estado deliberativo

El ajuste en curso no podría implementarse sin la colaboración del peronismo político y sindi­cal. Cinco gobernadores alentaron la ruptura del bloque del Frente Para la Victoria en la Cáma­ra de Diputados encabezada por Diego Bossio y Oscar Romero, este último directivo del SMATA, que tuvo también el auspicio de otros sec­tores de la burocracia sindical, como Omar Viviani del gremio de taxistas. El resto también aplica ajustes en sus provincias y solo discute “el precio” para apoyar las principales medidas del gobierno. El mismo 1° de marzo, cuando Macri daba su discurso en el Congreso, tanto Alicia Kirchner en Santa Cruz como Rosana Bertone en Tierra del Fuego enfrentaban fuertes pro­testas de estatales y docentes. Dos días después Claudia Zamora, la gobernadora de Santiago del Estero, reprimía a los docentes de esa provincia, que tienen el salario básico más bajo del país. La piedra de toque va a ser sin duda la votación de las leyes para convalidar el acuerdo con los fon­dos buitre, cuyo tratamiento comenzaría en Di­putados pero que es imposible de aprobar sin el apoyo del bloque del FPV en el Senado. Las tres CGT (las que encabezan Moyano, Caló y Barrionuevo), en proceso de unificación, solo se que­jan por el impuesto a las ganancias, y no dicen palabra de los despidos ni del ataque al salario. Por su parte, si no los marginan en los cargos (cuestión que no está dicha) La Cámpora y otros sectores de lo que la prensa llama el “kirchnerismo duro” están dispuestos a aceptar a José Luis Gioja como presidente del PJ, un hombre de la Barrick Gold que auspició la quita de las reten­ciones a la minería multinacional junto con su sucesor en la gobernación de San Juan, Sergio Uñac (aunque amenazaban con rivalizar en la interna del PJ con Jorge Capitanich, otro “feu­dal de izquierda”). Si la mayoría del peronismo practica la colaboración abierta con el nuevo gobierno (compitiendo en esto con el Frente Renovador de Sergio Massa) los autoidentificados como kirchneristas protagonizan una resisten­cia meramente verbal o simbólica, preocupados muchos de ellos más que nada porque no avan­cen los procesos judiciales que el macrismo em­puja para tenerlos condicionados.

 

Izquierda

El Frente de Izquierda tiene a la vez una gran oportunidad y un gran desafío. La clase traba­jadora muestra voluntad de resistir los despi­dos, como en el sector público expresó el paro y manifestación convocados por ATE el 24 de febrero, y en diversos conflictos parciales. Mu­chos trabajadores y jóvenes que tenían expecta­tivas en el kirchnerismo están viendo cómo los dirigentes del FPV se amoldan a la nueva situa­ción y predican el colaboracionismo con el go­bierno derechista o no pasan de la retórica. Del otro lado, los referentes y militantes del Frente de Izquierda, con Nicolás Del Caño y Myriam Bregman (quienes conformaron la fórmula pre­sidencial del FIT) se han puesto a la cabeza del enfrentamiento al ajuste macrista y de los go­biernos provinciales tanto de Cambiemos como del FPV. Con una presencia acrecentada en el Congreso Nacional y en varias legislaturas pro­vinciales, con un peso importante entre los tra­bajadores, en el movimiento de mujeres y en el movimiento estudiantil,

 

…el FIT se instaló como una voz en la escena política, que hace escuchar sus posiciones ante cada hecho político de relevancia: así fue con el rechazo al temprano “decretismo” de Mauricio Macri, ante los despidos masivos en el Estado o contra el llamado “protocolo antipiquetes”11.

 

El destino de la izquierda está en proponer­se encabezar la resistencia de los trabajadores, ayudando a crear las condiciones para derrotar el ajuste. Y, en este proceso, incorporar a la militancia activa a muchos de quienes han vota­do y consideran al FIT como única alternativa. Manos a la obra.

 

  1. Ver Fernando Rosso, “Macri y el papa: la imagen de dos ‘viejos conocidos’”, La Izquierda Diario, 27­02-2016.
  2. Parte de esto señala la nota, en parte autocrítica, de José Natanson: “Primer balance”, en Le Monde Diplomatique 200, edición Argentina, febrero de 2016.
  3. Ver Christian Castillo, “El gobierno de los CEO, el ‘decisionismo’ macrista y los desafíos de la izquierda”, en Estrategia Internacional 29, enero 2016.
  4. Ver “La naturaleza política y económica de la Alianza Cambiemos”, Documento de Trabajo 15, CI- FRA-FLACSO, febrero 2016.
  5. Aceitera General Deheza; Arcor; Bagó; Banco Santander Río; Bayer; BGH; Cartellone; Cencosud; Citibank; Clarin; Control Union Argentina; Coto; Dow Argentina; Droguería del Sur; Endesa; Estrada; Estrada Agropecuaria S.A.; Fiat Argentina; Grimoldi; Grupo Miguens; IBM Argentina; IRSA; La Anónima; La Mercantil Andina Seguros; La Nación; Los Grobo; Mastellone; Medicus; OSDE; Peugeot Citroen Argentina; PricewaterhouseCoopers; Quickfood; RIMSA; Roemmers; Roggio; San Jorge Emprendimientos; Sidus; Southern Cross Group; Techint; Telecom; TN & Platex.
  6. Esta definición nos parece más precisa que la ca­racterización del citado estudio de CIFRA-CLACSO, que sostiene que el gobierno representa esencialmen­te al capital extranjero y más en particular a la ban­ca, en función de la contabilización que realizan de la procedencia de los integrantes del gobierno. Pe­ro no solo las extranjeras, sino que la gran mayoría de las empresas nucleadas en AEA tienen miembros provenientes de ellas entre los funcionarios centrales de los ministerios y secretarías, así como las patrona­les agrarias.
  7. Al momento que terminamos esta nota no se cono­ce la “letra chica” del acuerdo.
  8. Mariel Fornoni de Management & FIT señaló: “El ojo está puesto en la economía, especialmente en la inflación y el desempleo” (AGENHOY, 23-02-2016, http://agenhoy.com.ar/hoy-la-inflacion-es-la-princi- pal-preocupacion-segun-encuesta/)
  9. Ver por ejemplo “La Rosada busca disipar la idea de que Macri gobierna para los ricos”, Clarín, 21-02­2016.
  10. El nucleamiento intelectual que intenta ser para Cambiemos algo así como fue “Carta Abierta” para el kirchnerismo, aunque con una relación menos orgá­nica, el Club Político Argentino presidido por Vicen­te Palermo, señala en un documento el peligro del “endeudamiento irresponsable”. Ver Sesenta días del nuevo gobierno. Balance crítico y dilemas futuros, fe­brero 2016.
  11. Fernando Rosso, “El FIT ante el gobierno de Ma­cri”, en El Estadista

1 comment

  1. Juan 19 marzo, 2016 at 22:55 Responder

    Excelente artículo. Hay una necesidad fundamental de la clase obrera y la juventud: resistir al ajuste y doblegar al gobierno. La táctica es la unidad de acción con las fuerzas políticas que luchan contra el neoliberalismo menem-macrista. Hay que resistir al modelo neoliberal del macrismo que se basa en la alineación del gobierno con los EEUU. Hay que formar un frente único contra la derecha neoliberal CEOcrática-oligarquica que pretende retornar a las políticas de los ’90 y a un tratado de libre comercio con el imperialismo yanki. Ya le dijimos NO al ALCA. Digamoslo de nuevo. Ya dieron sus primeros pasos en estos 100 días: eliminación de retenciones a la industria minera, a la oligarquía terrateniente, devaluación de nuestra moneda, inflación en alza permanente, aumento de tarifas, mayor impuesto al salario, despidos y suspenciones, censura a periodistas idependientes y opositores. ¡FRENTE ÚNICO CONTRA EL MODELO MACRISTA YA!

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