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AJUSTE

Con la universidad pública no, Mauricio

El lunes pasado, el presidente Mauricio Macri presentó su plan de reformas para profundizar el ajuste que lleva a cabo el Gobierno. Entre otras cosas, acudió al eufemismo del “esfuerzo” para pedir el achique de las universidades públicas. Al respecto, reproducimos la nota de la agrupación Docentes e Investigadores de Izquierda en La Marrón.

Viernes 3 de noviembre | 09:47

El pasado 30 de octubre en el CCK Mauricio Macri expuso una de las piezas antológicas del discurso clasista; la pobreza retórica no debe hacernos ignorar la densidad de contenido. Con el regreso del fetiche de la “modernización”, las corporaciones exigen desarticular el poder real de los trabajadores; para lo cual les resulta imperioso lanzar una embestida en todos los frentes.

La ofensiva del Gobierno nacional no apunta solo a implementar un ajuste en beneficio de la clase dominante de la que es su fiel expresión. Las diferentes medidas anunciadas, algunas con suficiente vaguedad como para medir fuerzas y dejar margen a la habitual estrategia del “ensayo y error”, se enmarcan y se explican en un ataque más profundo a toda la clase trabajadora, tendiente a regimentarla y someterla más férreamente aún a los dictados del capital.

No se trata solo de una cíclica reducción de la participación de los asalariados en la riqueza nacional, aunque éste sea su efecto más inmediato; se trata de un intento de debilitar a los trabajadores minando sus condiciones materiales y destruyendo su capacidad de organización y movilización autónoma. De allí que los planes de reforma de índole “estrictamente” económica, como los que refieren al régimen de seguridad social, los convenios colectivos de trabajo y el sistema impositivo no pueden aislarse del contexto represivo y de cercenamiento creciente de las libertades democráticas que sostiene el ejecutivo, con la activa participación de gobernadores, los “opositores” patronales y los medios de comunicación.

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Aunque la situación de las universidades se inscribe en este cuadro general existen ciertas especificidades de nuestro campo laboral que ameritan unas breves reflexiones, sobre todo cuando se nos interpeló directamente:

Macri señaló que “se requiere el esfuerzo de las universidades para que asignen de forma más eficiente los recursos, para mejorar su desempeño y contribuir entre todos a reducir el gasto público”.

Primera observación: ¿a quién se dirige el reclamo sacrificial? Claro está que no a las camarillas de funcionarios que dirigen las instituciones universitarias y que decididamente se benefician de todo tipo de componendas con el poder de turno. Sus privilegios alcanzan también su comodidad material, con sueldos exorbitantes que lejos están de la masa de docentes que apenas logran un salario de $11.500 para el cargo testigo y de los docentes ad-honorem; cuyo número se eleva solo en la UBA a 20.000. Los miles de trabajadores docentes, no docentes y estudiantes que soportan condiciones cada vez más desfavorables y precarias son los destinatarios de este llamamiento al “esfuerzo”.

Segunda observación: ¿asignación eficiente de recursos? En un sistema universitario en el cual el 90% del presupuesto solo alcanza para el pago de salarios, la eficiencia no puede significar más que achicamiento de la planta docente y reducción salarial real.

Tercera observación: ¿El Gobierno de los CEO que “cayeron” en la universidad privada nos conmina a mejorar nuestro desempeño? A la evidente disminución del ya insuficiente presupuesto se suma ahora el intento de modificar el sentido de las universidades públicas. “Producir conocimiento como mercancía” resumiría la razón eficientizadora que pretenden imponer. Esta impronta no es nueva; por el contrario, desde la LES de los años `90 se ha venido instalando esta orientación.

La política de incentivos impulsada por la CONEAU y a la que suscriben todas las universidades es una muestra degradada de la producción vaciada de todo sentido social y colectivo a la que debemos someternos los docentes e investigadores; la venta de servicios es una de sus formas más efectivas en términos de cajas (en muchos casos negras) para las burocracias universitarias.

Si antes se trataba de habituarnos a la producción en serie en base a criterios cuantitativos sin ningún objetivo más que el de “aumentar CV” para cumplir con los requisitos de evaluación standarizados; en la actualidad el contenido de esa producción se pone en discusión. Investigación al servicio de la ganancia empresaria, sintetiza el significado del mejor desempeño que se nos exige.

Tampoco en esto el actual Gobierno es demasiado original; en el ámbito específico de los organismos de CyT, las provocativas declaraciones de Mauricio Macri radicalizan las directrices presentes en el mentado Programa Argentina Innovadora 2020, suscripto por el actual y anterior ministro Lino Barañao.

Cuarta observación: Se nos llama a reducir el gasto público; eso sí “entre todos”. Todos los trabajadores, sin dudas. No solo es un tema financiero el que enfrentamos. En el fondo lo que está en juego también es la transformación de nuestra propia labor como investigadores y docentes. Reclamar a los universitarios que participen de la disminución del gasto público significa sencillamente exigirles que se conviertan en sepultureros de su propia actividad.

La universidad no solo necesita mayor presupuesto para mejorar la alicaída condición salarial sino para desarrollar las tareas que le son propias desde sus orígenes. Frente a la idea neoliberal de la educación y la ciencia como “gasto”, suele replicarse que debe considerárselas en términos de “inversión”. En última instancia, es la “inversión” de la misma lógica que no cuestiona las condiciones de producción académica y los objetivos que deben trazarse las instituciones universitarias y los organismos científicos para estar al servicio de las grandes mayorías.

Si bien es cierto que estas políticas no son novedosas, también lo es que su ejecución plena fue obstaculizada por la fuerte tradición de movilización y lucha que la docencia universitaria y el movimiento estudiantil han desplegado en las últimas décadas. Es esa experiencia la que debemos recuperar para enfrentar con el conjunto de la clase trabajadora la ofensiva reaccionaria del actual Gobierno.

Así como no hay universidad sin docentes y estudiantes, no habrá universidad precarizada y mercantilizada si hay un movimiento universitario en lucha.








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