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Zimbabwe: el vicepresidente Mnangagwa asumirá el viernes la presidencia

Tras el golpe del Ejército, las movilizaciones en la calle y la presión de su propio partido, Robert Mugabe renunció a la presidencia. El viernes asume el exvicepresidente Emmerson Mnangagwa.

Miércoles 22 de noviembre | 11:55

Hace poco más de dos semana el ahora expresidente de Zimbabwe, Robert Mugabe, desplazó de su cargo al vicepresidente Emmerson Mnangagwa en lo que todos interpretaron como un intento de sacarlo de la linea sucesoria. Mugabe de 93 años y 37 en el poder parecía allanar el terreno para que sea su esposa quién tomara las riendas del país. El movimiento político generó malestar al interior del partido de gobierno que en menos de una semana protagonizó una asonada militar, organizó movilizaciones contra Mugabe y finalmente realizó un congreso para iniciar los trámites para un impeachment en su contra. Esto terminó con la renuncia definitiva de Mugabe este martes y el anuncio de la formación de un nuevo gobierno para el viernes.

Fue así como Mnangagwa, el vicepresidente que había sido desplazado por Mugabe, será investido el viernes como presidente de Zimbabwe, según informó este miércoles el medio estatal ZBC.

Mnangagwa, quien huyó del país después de que Mugabe lo destituyera dos semanas atrás, aterrizará este miércoles en la base aérea de Manyame, en la capital Harare.

Mugabe, trató en vano de negociar con las fracciones de su partido para mantenerse en el poder hasta las elecciones de 2018, pero tras el golpe del Ejército de la semana pasada su partido, el ZANU-PF, ya estaba en su mayoría dispuesto a terminar con casi cuatro décadas de Mugabe en el poder y lo forzó a renunciar. Finalmente dimitió el martes momentos después de que el Parlamento iniciara un juicio político en su contra, visto como la única solución para forzar su renuncia.

En las calles de Harare, tanto el partido de gobierno como la oposición habían llamado a manifestarse por lo que las imágenes mostraban las concentraciones con gente festejando y bailando al recibir la noticia sobre la renuncia de Mugabe y otros manifestantes mostrando carteles de Mnangagwa y del jefe del ejército, el general Constantino Chiwenga.

Aunque hoy el acuerdo entre el Ejército, el ZANU-PF y parte de la oposición quiera cargar sobre Mugabe los problemas de la grave crisis económica y social que arrastra el país, como así también la corrupción rampante, lo ciento es que tras su renuncia quedan en el poder los mismos que hasta hace semanas gobernaban a su lado. Una transición era vista con buenos ojos por Estados Unidos y Gran Bretaña que quieren un gobierno que les sea más afín, mientras que Sudáfrica busca una transición lo más negociada posible que no agite a sus vecinos en la región.

Queda por verse cuales son las variantes de negociación entre el partido de gobierno y las fuerzas de la oposición en la formación de un nuevo gabinete o en vistas de las elecciones del año próximo. Peor lo cierto es que la salida de Mugabe fue negociada y pactada entre los pasillos del palacio y los cuarteles, y de espaldas al pueblo de Zimbabwe que es quien sufre las catastróficas consecuencias de la crisis económica que atraviesa el país.

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