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¿Y si hablamos del tereré?

Explotó el verano y la bebida popular guaraní va trascendiendo las fronteras. Dejemos el mate a un lado (solo por un ratito) y hablemos del tereré.

Jennifer González

Juventud PTS | Merlo

Miércoles 28 de diciembre de 2016 | 00:00

Agua, yerba, yuyos. El primo hermano del mate nos deleita con su parecido, pero sucumbe y refresca con su toque distintivo, el hielo. Si bien, hay quienes lo prefieren con menta, limón, burrito, hojas de naranja o de palta. Hay también quienes los prefieren con jugo o aguas saborizadas. Cuyo nacimiento se dió en la región de Itapúa, en colonias rusas y ucranianas donde comenzaron a ponerle jugos o gaseosas, europeizando el clásico tereré.

Sobre esta vertiente no profundizaremos. Hablemos del puro y clásico tereré. El de las campañas paraguayas (es el nombre que se le da a las regiones rurales). El que toman los peones, luego de largas jornadas al sol en las chacras, mientras la abuela Nicha espera la mandioca para el almuerzo, que el abuelo Alejo trae en hombros con su sombrero de paja. De ese tereré.

Muchas de las palabras en guaraní nacieron de onomatopeyas, el tereré no es la excepción, surge del ruidito que hace el agua mientras sorbes la bombilla. Los últimos 3 sorbos. Te-re-ré.

Sobre su nacimiento, hay varias versiones, la más fuerte surge en el genocidio conocido como Guerra de la Triple Alianza. El mate caliente ya se consumía en toda la región en épocas de la colonia española, se dice que los soldados paraguayos comenzaron a beber el brebaje frio de las aguas turbias provenientes de los tajamares, preparados para dar de beber al ganado.

El ritual consiste en colocar una exacta proporción de dos tercios de yerba mate dentro del espacio de la guampa (recipiente hecho de cuerno de vaca),correr la yerba a un costadito y ubicar la bombilla en el hueco. Las hierbas o yuyos se pican en un mortero y se agregan a la jarra con agua, luego el hielo. Al igual que el mate, la ronda debe girar de derecha a izquierda, sin privilegios, sin salteos. Solamente cuando estas satisfecho y no querés beber más pronuncias la palabra: “Gracias”. Ojo, que al primer reflejo de amabilidad cuando empieza la ronda, se te escapa el gracias, te podés quedar sin segunda vuelta.

Me vi obligada a escribir esta nota ante la insistencia de los nuevos excursionistas en esta costumbre guaraní y la aletargada pregunta ¿Cuál es el secreto? En mi opinión, el secreto es exclusivamente el escenario propio de la casa de mis abuelos en algún pueblito remoto de Caazapá. La tierra colorada entre las ojotas y las sillas de cable (hoy muy top en la city porteña). Una hamaca paraguaya y una partida de truco con el abuelo (y la abuela de fondo retándome por los pantalones de jean rotos)
Si no conseguís ninguno de esos ingredientes, ponele cedrón.








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