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GRECIA

¿Y si Syriza gobierna Grecia en 2015?

“Grecia debe evitar elegir fuerzas extremistas”. Las palabras son del presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, pronunciadas esta semana en una clara referencia a la posibilidad de que Syriza pueda resultar ganadora en las próximas elecciones. ¿Y si Syriza llega al gobierno en 2015? ¿Y si los mercados reaccionan? ¿Y si sus propuestas no se cumplen? ¿Y si…?”. Estas son algunas preguntas que todos se hacen.

Josefina L. Martínez

@josefinamar14

Sábado 13 de diciembre de 2014 | Edición del día

Fotografía: REUTERS

"Asumo que los griegos -que no tienen una vida fácil, sobre todo los más pobres- saben muy bien lo que un resultado equivocado de esas elecciones supondría para Grecia y la zona euro", dijo el líder de la Unión Europea. “No voten mal”, pidió Juncker, en lo que puede interpretarse como una amenaza a la población griega.

A su vez, el primer ministro griego, Antonis Samarás, aseguró el jueves que Grecia corría el riesgo de una “vuelta catastrófica" a la crisis financiera si su Gobierno cae como resultado de la votación parlamentaria que se producirá los próximos días.
En unos días, el Parlamento griego debe votar a favor o en contra del candidato a presidente propuesto por Samarás. Si durante el mes de diciembre no logra reunir 180 votos a favor, inmediatamente deberá convocar a elecciones generales, para el mes de febrero a más tardar.

Todas las encuestas dan como ganador a Alexis Tsipras, de Syriza.

El “fantasma” de Syriza estuvo muy presente en las elecciones de 2012. En mayo de ese año ningún partido obtuvo la mayoría absoluta. La Constitución griega prevé que en ese caso el presidente de la República consulte a los líderes de los partidos sobre su capacidad para “formar gobierno”. Como ninguno de los partidos pudo lograr un acuerdo, se llamaron nuevas elecciones generales para junio de ese año.
A continuación se desplegó una gran campaña por parte de Bruselas, Merkel y la Troika advirtiendo del “caos” que podía producirse si Syriza llegaba al poder y cumplía su promesa de revisar las medidas de austeridad y el plan de rescate.
Finalmente, el partido conservador Nueva Democracia resultó ganador, pero por escasa diferencia sobre Syriza. Entonces se produjo una coalición impensable antes de la crisis: Antoni Samarás fue elegido primer ministro de Grecia por un acuerdo entre los conservadores de Nueva Democracia, los socialistas del PASOK, y el partido de centroizquierda DIMAR.

La alianza entre los históricos representantes del bipartidismo griego dio lugar a la formación de un “partido de la austeridad”, para evitar cualquier cuestionamiento a la política de Bruselas e intentar una salida a la crisis política.

Syriza se comprometió desde ese momento a jugar el papel de una “oposición constructiva” y mostrarse ante Bruselas y los mercados como un partido “responsable”, defendiendo la posición de mantener a Grecia dentro de la Unión europea.

Ese verano de 2012 fue uno de los momentos más catastróficos de la crisis, en medio de las elecciones griegas y con el default español como amenaza inminente. Pero a pesar de que esa situación logró sortearse, la crisis siguió carcomiendo la estructura social griega.

Grecia tiene un 25% de desempleo, uno de cada dos jóvenes no tiene trabajo ni perspectiva de poder conseguirlo. Los ancianos sobreviven con pensiones miserables y los salarios han caído.

Desde el comienzo de la crisis en Grecia se han vivido 32 huelgas generales, miles de manifestaciones, represión y choques con la policía.

En esta situación, el “acuerdo histórico” entre los conservadores y el PASOK, en vez salvar al régimen, ha profundizado su crisis. Syriza puede ganar las elecciones, e incluso obtener mayoría absoluta.

¿Es Syriza un partido “extremista”, como advierte Juncker? ¿Representa una alternativa para millones de trabajadores y la población empobrecida para salir de la crisis, como afirma gran parte de la izquierda mundial?

La realidad es que Syriza defiende un programa de reformas parciales en la economía capitalista griega, como la propuesta de reestructuración negociada de la deuda, estímulos para el empleo y terminar con los recortes.

Ante las medidas draconianas de Bruselas y la “dictadura” de los bancos, la estrategia de Tsipras, como buen reformista, ha sido ceder posiciones, suavizar el discurso, mostrar “responsabilidad de Estado”. El argumento es que así conseguirán “llegar al poder”.

Pero una prueba de su papel en el poder se encuentra ya en la región de Áttica, donde la reciente electa Rena Dourou de Syriza hizo gala de gran pragmatismo, asegurando que: “Yo nunca prometí que iba a resolver el desempleo. Yo dije que iba a tratar de asignar fondos de la Unión Europea para proyectos que no agraven el desempleo. Esto muestra a qué nivel pongo la barra... Yo sé que este discurso poco romántico ha desestabilizado a una parte de mi formación, pero he trabajado trece años en el sector privado y soy realista."

Ni los grandes bancos y fondos de inversión, ni los representantes políticos de la Unión Europea están dispuestos a ceder ni un ápice en las medidas de ajuste. El “realismo” de los líderes de Syriza significa adaptarse a esa situación, limitándose a algunas medidas parciales que no cambian la vida de millones de parados y trabajadores.

Como se preguntaba hace unos días un analista de la situación griega: ¿de dónde dsacará Tsipras el dinero para planes sociales, aumentar salarios y terminar con el ajuste, sin pedir prestado a los acreedores? Para mantenerse dentro de los marcos de la Unión Europea, sin “preocupar” a los mercados ni a Bruselas, no tiene mucho margen.

Syriza está “atrapada” en sus propias redes, y sus promesas de terminar con la austeridad se diluyen con sus “compromisos” de mantener el statu quo en la Unión Europea.

La alternativa sería impulsar la movilización de los millones de trabajadores y parados contra los planes de austeridad, asumiendo las consecuencias de avanzar en medidas sobre la propiedad de las grandes fortunas y un programa anticapitalista, pero esto es algo que Tsipras ha descartado por completo desde el comienzo.

¿Y qué sucederá entonces si Syriza gana las elecciones en febrero? ¿Y si los mercados reaccionan? ¿Y si...? Pronto lo sabremos.







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