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Xenofobia: las caras de la ola Trump en Argentina

Massa se sumó a la ola de declaraciones xenófobas que inauguró Pichetto. El macrismo reforzará los controles migratorios. Todos buscan chivos expiatorios en tiempos de crisis.

Fernando Scolnik

@FernandoScolnik

Miércoles 16 de noviembre | Edición del día

Donald Trump ha sido elegido presidente de Estados Unidos, pero aún no ha asumido el cargo, lo cual sucederá recién el 20 de enero.

Sin embargo, a tan solo una semana del resultado electoral, ya se han conocido múltiples expresiones racistas apoyadas en el triunfo del republicano. Es el caso de la marcha de celebración anunciada por el Ku Klux Klan, o en el continente europeo los sueños renovados de la extrema derecha de sumarse a la ola Trump con nuevos triunfos electorales, como el que intentará Marine Le Pen en Francia.

Mientras tanto, en Argentina crece el número de dirigentes políticos que buscan sumarse a los nuevos tiempos, y hacen gala de su xenofobia. El uso de la demagogia de derecha para buscar un chivo expiatorio para los problemas generados por los capitalistas y sus gobiernos no es exclusivo de la política norteamericana.

Para el caso de la salud o la educación, el periodista del Grupo Clarín Jorge Lanata se había adelantado ya el mes pasado, en su ciclo Periodismo Para Todos, con un informe sobre la cantidad de extranjeros que concurren a universidades públicas argentinas y a hospitales bonaerenses. El programa buscaba culparlos por el gasto que eso implica para el Estado argentino.

En las últimas semanas, y ahora envalentonados por el triunfo de Trump, un coro de dirigentes políticos se ha sumado culpando a los inmigrantes por temas tales como la inseguridad o el narcotráfico.

Se trata de un discurso funcional a la militarización de los barrios para el control social, y a dirigir la bronca contra el ajuste hacia el lugar equivocado, ocultando que el agravamiento de la situación social se debe a una política que transfiere ingresos millonarios hacia los fondos buitre, el agro o las mineras, mientras que son las mismas fuerzas de seguridad que despliegan por todo el país las verdaderas organizadoras del gran delito como el narcotráfico, las redes de trata, el juego clandestino o los desarmaderos de autos.

Por otro lado, estos funcionarios ocultan con cinismo que millones de inmigrantes trabajan en Argentina bajo las peores formas de precarización laboral, especialmente en ramas como la construcción o textil, condiciones que estos dirigentes empresarios y sus amigos están interesados en mantener para maximizar sus ganancias. Incluso sobre Juliana Awada pesan denuncias por el empleo de trabajo esclavo.

Los aprendices de Trump en Argentina

Hace poco menos de dos semanas había sido Miguel Angel Pichetto, el jefe de bancada del Frente para la Victoria en el Senado, quien había señalado que “yo creo que uno de los problemas de la Argentina es la cultura igualitaria. Tenemos que dejar de ser tontos, el mundo está cambiando. Es un mundo que se cierra. Perú ha trasferido todo su esquema de narcotráfico. Las principales villas de la Argentina están tomadas por peruanos. Ellos en Perú mejoran su realidad y la Argentina incorpora toda esta resaca”.

Rápido de reflejos, el secretario de Derechos Humanos del gobierno nacional, Claudio Avruj, había tomado el guante para decir que el macrismo está “de acuerdo con las declaraciones de Pichetto sobre la inmigración”, ya que “en los últimos años, por responsabilidad de las autoridades anteriores, no se realizaron los controles que marca la ley de inmigraciones”.

Sin embargo, después del triunfo de Trump el gobierno nacional se propone pasar de las palabras a los hechos: este lunes el viceministro de Seguridad de la Nación, Eugenio Burzaco, afirmó que “se está trabajando en un decreto migratorio. Está claro que el que cometió delitos, viola ese principio por el cual vino al país y no debe permanecer". El funcionario indicó también que el Ministerio de Justicia publicará en los próximos días un registro de los más de 40 mil prófugos que hay actualmente en el país, y "ahí se verá cuántos son de otra nacionalidad".

El propio presidente Macri, durante su gestión como jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, había hablado de “inmigración descontrolada ” como causa de hechos de violencia, delincuencia y narcotráfico, lo cual generó en su momento un fuerte rechazo de la embajada de Bolivia en Buenos Aires, que le pidió una rectificación publica.

Ayer finalmente fue el turno del líder del Frente Renovador, Sergio Massa, quien afirmó que “el extranjero que comete un delito tiene que ser expulsado después del cumplimiento de su condena. Es clave que tengamos la capacidad de hacer un control estricto porque si la frontera es un colador, la droga en los barrios avanza. Es fundamental que tengamos nuestro espacio aéreo radarizado y nuestra frontera 24 horas cuidada”.

Por el lado del kirchnerismo, sorprendió a varios la retórica de Cristina Kirchner y Daniel Scioli sobre el triunfo de Trump, ponderando el hecho de que un candidato proteccionista ganara contra los medios de comunicación, y sin hacer repudio alguno al carácter racista, xenófobo y misógino del candidato republicano.

En Atlanta contra la división de los trabajadores

En Estados Unidos un demagogo de derecha ganó diciéndole a los trabajadores norteamericanos que sus problemas se solucionarán expulsando inmigrantes, que el trabajo se lo quitan los extranjeros. En Argentina hay quienes toman este discurso, mientras que los gobiernos, empresarios y la burocracia sindical también fomentan la división de los trabajadores entre efectivos, contratados, tercerizados, desocupados, hombres y mujeres, nativos y extranjeros.

El pueblo trabajador ya conoce este discurso: durante los años ´90 y el 2001 los mismos que entregaron el país, privatizaron las empresas públicas y se sometieron al FMI llevando a la catástrofe de la hiperdesocupación, quisieron convencer de que los bolivianos o paraguayos eran los responsables de quitarle el trabajo a los argentinos.

Contra estas ideas reaccionarias, este sábado 19 el Frente de Izquierda levantará una tribuna internacionalista y de independencia de clase en el estadio de Atlanta, en el camino de unir a todos los explotados y los oprimidos en una sola lucha contra sus verdaderos enemigos: los capitalistas y sus gobiernos.




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