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Walter Benjamin o la proletarización del trabajo intelectual

Acompañado con militancia, el pensamiento de Walter Benjamin puede ser refrescado. Hoy invita a pensar el lugar del intelectual proletarizado en la lucha contra la catástrofe capitalista.

Sergio Abraham Méndez Moissen

México @SergioMoissens

Viernes 18 de mayo | Edición del día

El New York Times publicó una columna muy interesante el 30 de abril en la que sostienen que Walter Benjamin es el primer trabajador freelancer del siglo XX.

Esto explica, según ellos, que cada vez sea más la obra de Benjamin publicada y que los freelancer de hoy sean contemporáneos intempestivos del autor alemán. Ahí la actualidad de su trabajo y la fascinación de sus lecturas actuales.

Taurus, en su vuelta a la edición de pensadores radicales, incluye varios títulos del suicida de Port au Bou y desgarrado escritor de las Tesis sobre la Historia.

A contracorriente de todos los caminos

Walter Benjamin fue un autor por encima de su tiempo, pero siempre incómodo. Nunca logró su habilitación de profesor en la universidad de Berlín pues el Origen del drama Barroco no incitó buenas lecturas.

No logró ser el gran crítico literario de su tiempo, pues su lenguaje críptico le dificultó encontrar contrato.

No logró ser un gran escritor, pues Calle de dirección única, el texto que publicó en vida, no fue un éxito editorial. Menos fue un marxista: era demasiado religioso, según Brecht y demasiado comunista, según Scholem.

Sus fracasos en las editoriales, en las universidades, en trabajos formales, se tradujeron en problemas económicos y en la precariedad: su situación de judío en la Alemania fascista le obligó a la huida.

Su frágil situación en medio de la gran crisis siempre fue motivo de sus cartas con Adorno y Gretel por separado y una de las motivaciones del primero en becarlo por el Instituto de Estudios Sociales para que se dedicara en pleno a su último proyecto y fracaso, El libro de los Pasajes.

Benjamin dedicó su vida a trabajos precarios y temporales: traducciones, ediciones, periodismo, narración de radio, escritura de cuentos para libros. Acaso lograba sobrevivir. Es un claro ejemplo de que la intelectualidad, el trabajo de las ideas, tiene una realidad de los medios de producción. Él mismo lo planteó: "el autor es un productor".

¿Cuántos profesores universitarios, editores, traductores, artistas o escritores que no son parte la estructura de poder, viven en la pobreza o en la precariedad?

Algunos le llaman precariado intelectual, más bien es la tendencia a la proletarizacion del trabajo intelectual en el mundo: diseñadores, ingenieros en sistemas, maestros, científicos, estudiantes de maestría y becarios para fundaciones.

Esta situación llevó a Benjamin a saberse un nómada: pero que en su pérdida total de esperanza no logró militar, mucho por el dique estalinista, y ser siempre radical pero "nunca consecuente". Luego de su viaje a Moscú, el desencanto de la URSS le llevó a no enfilarse en las filas del PC de Alemania.

Aún así su pensamiento es una invitación a criticar. Acompañado con militancia, su pensamiento puede ser refrescado. Hoy invita a pensar el lugar del intelectual proletarizado en la lucha contra la catástrofe capitalista.

Un conocido ecuatoriano, Bolívar Echeverría, había declarado que si uno quiere ser un genuino intelectual crítico del poder, del canon y de los lugares comunes de su tiempo, debía saber que le esperaba la pobreza, la incomprensión y la precariedad.

Saberse un vagabundo

Fracaso tras fracaso, su obra no deja de ser leída. Benjamin no fracasó, pues: sus lectores de hoy son el resultado de su frescura, su visión casi profética del capitalismo y la pobreza de la experiencia de la vida moderna es un triunfo siempre y cuando se convierta, a su modo, en crítica radical de la realidad capitalista.







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