Cultura

A 100 años de la Revolución Rusa

Vygotski y el álgebra de la revolución

Repasamos el legado de Vygotski para la psicología y su pensamiento sobre la dialéctica algebraica de la revolución.

Juan Duarte

Lic. en Psicología, Docente del CBC, Comité de Redacción de Revista Ideas de Izquierda. @elzahir2006

Miércoles 8 de noviembre | Edición del día

La revolución rusa dejó un legado revolucionario al campo de la psicología. Se trata de la obra de Lev Vygotski, hoy tan vigente y celebrada como (des)conocida en toda su dimensión.

Vigente porque su planteo programático sobre la crisis de la psicología y los fundamentos para la constitución de una psicología superadora de los planteos dualistas (mente-cuerpo) y reduccionistas que caracterizan a la disciplina al día de hoy y que dieron lugar a su teoría “histórico-cultural”, conservan toda su fuerza explicativa y de guía metodológica. En cuanto a sus aplicaciones, disciplinas actuales como la psicología del desarrollo, psicología educacional, psicolinguística, psiconeurología, clínica psiquiátrica, entre otras, se han nutrido de sus aportes.

Celebrada porque a partir de su redescubrimiento a partir de la década del 50 y el deshielo burocrático luego de la muerte de Stalin, no hizo más que acrecentar su fama (el “Mozart de la psicología” lo llamó un reconocido académico norteamericano), llegando a ocupar en ciertos ámbitos el lugar que supo tener Piaget.

(Des)conocida porque se trata de una obra al mismo tiempo que fue circulando, fue sufriendo sucesivas censuras y manipulaciones, desde el estalinismo en sus diversas variantes –en la URSS y en su circulación por medio de los PCs– hasta las apropiaciones académicas, convergentes en atacar el núcleo metodológico y estratégico de su pensamiento: el marxismo (tergiversándolo las primeras, negándolo las segundas).

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Por supuesto que hay excepciones a la regla y últimamente empezamos a ver todo un trabajo de recuperación de la obra, de historización de los recorridos y lecturas y de valorización de su “piedra angular” metodológica, pero todavía falta mucho en este sentido e incluso en dentro de estos emprendimientos surgen otros problemas ligados a prejuicios ideológicos y políticos. Como buen producto de la revolución rusa, la obra de Vygotski no deja de estar sometida –de formas muy singulares– a los vaivenes que enfrentó la elaboración marxista desde entonces. Y todavía es poco apreciada incluso por los propios marxistas.

Pero hay un aspecto que en general se deja de lado del pensamiento de Vygotski, ya sea negándolo o poniéndolo como un accesorio poco sustancial: su estrategia anticapitalista, su entusiasmo con la revolución rusa y su concepción del lugar estratégico del partido y los dirigentes revolucionarios. A 100 años de la revolución rusa bien vale la pena poner de relieve estos aspectos, que funcionan además como la pieza de rompecabezas que generalmente falta para entender de conjunto la relevancia de su planteo.

Un marxismo “clásico” desplegado creativamente

Marx, Engels, Lenin y Trotsky son fuentes constantes (y de uso no dogmático) para el pensamiento psicológico del psicólogo soviético. Eso queda claro a cualquiera que pueda acceder a versiones no censuradas de sus obras. Intentemos ilustrar muy brevemente el lugar que ocupan cada uno de ellos en su pensamiento.

La dialéctica de Marx y el materialismo histórico es la clave constante para la superación de dualismo cartesiano y El Capital es el modelo metodológico imprescindible para hacer ciencia en psicología:

“la única aplicación legítima del marxismo en psicología sería la creación de una psicología general cuyos conceptos se formulen en dependencia directa de la dialéctica general, porque esta psicología no sería otra cosa que la dialéctica de la psicología […] Para crear estas teorías intermedias –o metodologías, o ciencias generales– será necesario desvelar la esencia del grupo de fenómenos correspondientes, las leyes sobre sus variaciones, sus características cualitativas y cuantitativas, su causalidad, crear las categorías y conceptos que les son propios, crear su El Capital.” (El significado histórico de la crisis en psicología, 1926).

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Los planteos de Engels sobre el pensamiento dialéctico y la ciencia, claves para el análisis de la crisis en la psicología; y su trabajo sobre la transición del mono al hombre, fundamento central para su teoría sobre la génesis dialéctica de las funciones psicológicas superiores (pasibles de conciencia y voluntad), propiamente humanas, emergentes de la síntesis compleja de líneas de desarrollo biológico, histórico cultural y ontogenético, con temporalidades diferentes. Por caso, uno de sus principales libros, El desarrollo de las funciones psicológicas superiores, lleva por estandarte el epígrafe engelsiano “Las leyes naturales eternas de la naturaleza van convirtiéndose cada vez más en leyes históricas” (Dialéctica de la naturaleza). La génesis de la estructura semiótica de la conciencia será teorizada desde este ángulo.

La referencia a Trotsky es constante a la hora de pensar, por ejemplo, el lugar de la revolución y los horizontes históricos que abre al desarrollo psicológico y cultural de la humanidad:

“Se abren para el educador –señala Vygotski– ilimitadas posibilidades para la creación de la vida en su infinita diversidad. Más allá de los estrechos límites de la tarea personal y de la vida personal, se convertirá en un verdadero creador del futuro. Entonces la pedagogía, como creación de la vida, ocupará el primer lugar. Escribe Trotski:
‘A la par con la tecnología, la pedagogía, en el sentido amplio de la formación psicofísica de las nuevas generaciones, pasará a ser la reina del pensamiento social. Los sistemas pedagógicos cohesionarán a su alrededor a ‘partidos’ poderosos. Las experiencias de educación publica y la emulación entre los diversos métodos adquirirán socialmente dimensiones que ahora ni siquiera en sueños es posible imaginar…’” (Psicología Pedagógica, Aiqué, Buenos Aires, p.488)

El lugar de Lenin es central a la hora de pensar los procesos mentales, su dialéctica y las reflexiones sobre la dialéctica y la imaginación realista de sus Cuadernos Filosóficos, la clave gnoseológica para escapar del materialismo vulgar biologicista, teorizar sobre la relación entre conciencia y cerebro, o incluso discutir sobre las limitaciones de la teoría de Piaget a la hora de teorizar sobre el pensamiento realista y el autista:

“ (…) La aproximación del pensamiento (humano) a una cosa particular, la obtención de una copia (=un concepto) de ella no es un acto simple e inmediato, un reflejo muerto en un espejo, sino un acto complejo, desdoblado, zigzagueante, que incluye en sí la posibilidad de que la fantasías brote de la vida; más aún: la posibilidad de la transformación (por lo demás imperceptible, inconsciente para el hombre) del concepto abstracto y de la idea de una fantasía (in letzter Intanz=Dios). Porque incluso en la generalización más sencilla, en la idea general más elemental (“mesa” en general) existe una cierta dosis de fantasía. (Lenin, Cuadernos Filosóficos, citado en Pensamiento y Habla)”

A partir de lo cual Vygotsky señala que este planteo “abre a la investigación un auténtico camino para el estudio del pensamiento realista y del pensamiento autista” (Pensamiento y Habla, Ediciones Colihue, Bs As, p. 82).

La necesidad de la revolución y su “álgebra”

Pero el marxismo de Vygotski no se limitaba a las herramientas metodológicas, sino tenía como presupuesto (como posibilidad y necesidad) su dimensión estratégica y política revolucionaria, con una agudeza notable, en la cual toman su lugar los sujetos revolucionarios que toman la historia en sus propias manos: las masas trabajadoras.

En La modificación socialista del hombre (1930), Vygotski explica la necesidad y el papel de la revolución socialista para la psicología.

“Esta contradicción general entre el desarrollo de las fuerzas productivas y el orden social –que estaba en correspondencia con el nivel de desarrollo de esas fuerzas productivas [pero que ya no se encuentra más en correspondencia con él]– se está resolviendo mediante la revolución socialista y la transición a un nuevo orden social y a una nueva forma de organización de las relaciones sociales.
A lo largo de este proceso, inevitablemente debe tener lugar un cambio en la personalidad humana y una modificación del hombre mismo. Esta modificación tiene tres raíces básicas. La primera consiste en la destrucción de las formas de organización y producción capitalista y las formas de vida espiritual y social humanas que se edifican sobre sus cimientos. [...] El segundo origen de la modificación del hombre reside en el hecho de que, al mismo tiempo que desaparecen las viejas cadenas, el enorme potencial positivo que existe en la industria en gran escala, el siempre creciente poder de los humanos sobre la naturaleza, será liberado y devendrá operativo. [...] Finalmente, el tercer origen de la modificación del hombre es el cambio en las relaciones sociales entre las personas. Si éstas cambian también cambiarán las ideas, las pautas de comportamiento, los requerimientos y las apetencias.”(1)

La transformación revolucionaria es entonces, una necesidad psicológica de la humanidad. De paso, notemos cómo lejos del economicismo o automatismo que caracterizó al estalinismo, acá se subraya (en consonancia con las tesis permanentistas de Trotsky) la importancia de un proceso complejo de transformación cultural que apareja el cambio en las relaciones sociales. En otros textos señala la necesidad de la revolución internacional.

Ahora bien, uno podría pensar que la reflexión vygotskiana llega solo a esta ese nivel de análisis, pero no. La dialéctica entre las masas y el partido y sus dirigentes, clave en para la revolución de octubre, tampoco fue ajena a sus reflexiones. Así como ilustramos el lugar de los dirigentes revolucionarios y sus elaboraciones en su pensamiento, acá quisiéramos ilustrar el papel clave de la actividad independiente de las masas en su pensamiento.

Al respecto, para finalizar, podemos leer la reseña que escribe Vygotski sobre el libro de John Reed 10 días que estremecieron al mundo (de próxima aparición en Ediciones IPS) en el momento de su publicación.

Allí, señala que

“Un grupo de bolcheviques, Lenin y Trotsky hicieron la revolución"; así piensa, en mayor o menor medida, desafortunadamente hasta hoy en día, no sólo el enemigo de la revolución sino también el filisteo. Quiérase o no, estos exageran el papel de quien ha firmado un decreto, pronunciado un discurso, dado una orden. Pero los acontecimientos tienen lugar, la historia se desarrolla –particularmente en tiempos revolucionarios– por la voluntad de las masas, por aquellos que cumplen el decreto y escuchan los discursos y los ponen en práctica, quienes cumplen las órdenes. El papel de los dirigentes no va más allá de dar forma, de canalizar, de dirigir la voluntad heroica de las masas hacia su meta.
La revolución no fue hecha por Lenin y Trotsky, sino por los trabajadores y los soldados, las clases bajas, populares y revolucionarias –esto es lo que dice cada línea del libro de Reed. y capta y muestra, por sobre todo, el heroísmo; el anónimo, desconocido, esquivo heroísmo de las masas. (…)
La tarea de los dirigentes era coordinar, fusionar estos regimientos separados, pero la revolución funcionaba desde abajo hacia arriba, desde el corazón al cerebro como la sangre al cuerpo, desde el solado hacia el comandante en jefe, y no en sentido inverso.”(1)

Y más adelante, luego de señalar el papel central de Lenin y Trotsky (ambos siempre pilares políticos y epistemológicos de su pensamiento) y de las contradicciones dentro del propio partido bolchevique, escribe:

“Pero también había dirigentes genuinos que no eran unas meras etiquetas que llevaban sus nombres a los grandes eventos tal como concebía Tolstói el papel de las grandes personalidades en la historia. Eran el cerebro y la conciencia de la revolución, los que guiaban la voluntad espontánea de la misma. En tanto que cerebro, ellos recibían sangre del corazón de la revolución –las masas populares– y les devolvían pensamiento. Dijo Lenin:

’El 6 de noviembre sería demasiado prematuro. Debemos contar con el apoyo de toda Rusia para la insurrección y el 6 no habrán llegado todos los delegados al Congreso. Por otro lado, el 8 sería demasiado tarde: el Congreso ya estaría organizado y es muy difícil, para una organización tan numerosa, tomar decisiones rápidas y resueltas. Debemos actuar el 7, el día que el congreso abre, así podremos decirle: ¡Ahí está el poder! ¿Qué van a hacer con él?’ (cita de 10 días… de John Reed)

Ese es el pensamiento más agudo de la revolución, su álgebra.” (2)

El pensamiento marxista como unidad y praxis revolucionaria. Como se ve, la dialéctica de las masas y del partido revolucionario (y sus contradicciones, contra el futuro monolitismo estalinista) y sus dirigentes, no era ajena a sus reflexiones. La teoría histórico cultural, que ubica en un plano histórico el desarrollo de los fenómenos psicológicos y que implica una crítica inherente al modo en que el capitalismo obtura las posibilidades del desarrollo humano, implica a los sujetos no solo en un plano individual, sino social e histórico, en su acción revolucionaria concreta. Tal es la magnitud del legado Vygotskiano para la psicología, una perspectiva que a 100 años, conserva al igual que la revolución rusa toda su vitalidad.

(1) Vigotski, L.S. (1930). En La genialidad y otros textos inéditos. Guillermo Blank (edit.), Almagesto, Buenos Aires, 1998.
(2) Vigotsky, Lev. (1923) “Recensión del libro de John Reed, Diez Días que Conmovieron al Mundo”. En El desarrollo cultural del niño y otros textos inéditos. Guillermo Blanck (comp.). Almagesto, Buenos Aires, 1998.








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