Política

TRIBUNA ABIERTA

#VotoEnBlanco: respuesta a un calumniador

Polémica por el llamado al voto en blanco.

Guillermo Almeyra

Historiador, investigador y periodista

Miércoles 11 de noviembre de 2015 | Edición del día

Un académico anda por ahí escribiendo que el voto en blanco en las elecciones presidenciales en Argentina favorecería al imperialismo y, consecuente con su papel de “criado de dos patrones” como el personaje de Goldoni, no se limita a llamar a votar a la derecha kirchnerista sino que también apoya -por principio y por conveniencia- a cuanto gobierno “progresista” encuentra a mano.

Sin embargo, según las encuestas, la opción Daniel Scioli tiene ocho por ciento menos que Mauricio Macri lo cual hace que, incluso si el cuatro por ciento que votó por el Frente de Izquierda y de los Trabajadores votase por Scioli en la segunda vuelta, éste siempre perdería. Por consiguiente, ese señor nos pide a los anticapitalistas, en nombre de la eficacia antimperialista, que traicionemos nuestras ideas y demos un voto inútil y reaccionario a un candidato muy probablemente perdedor.

Este oráculo de la “corrección política” pertenece al Partido Comunista Argentina, el más estalinista de todos los partidos comunistas latinoamericanos cuyo secretario general –Vittorio Codovilla-ayudó a enterrar la Revolución española y secuestrar, torturar y asesinar anarquistas y poumistas y, cuando el gobierno republicano se retiraba, dejaba las cárceles llenas de revolucionarios a los franquistas para que los fusilasen.

El PCA, como se recuerda, en 1945 optó por la oligarquía y sus partidos y, bajo la dirección del embajador estadounidense Spruille Braden, votó por la llamada Unión Democrática, calificó de fascista a Juan D. Perón, líder del bloque nacionalista burgués, conspiró contra éste y en 1955 tomó las armas contra ese gobierno integrando los “comandos civiles”. Entre otras cosas, esas barbaridades cometidas en nombre de la teoría de Stalin sobre la necesidad de la alianza con un sector “progresista” de la burguesía, vacunaron contra el socialismo y el comunismo a los obreros argentinos y le dieron la hegemonía a un movimiento creado desde el gobierno por un coronel entonces desconocido, admirador de Benito Mussolini y aliado de los clerical-fascistas.

El PCA, aliado a la dictadura militar proimperialista de 1955, con la ayuda de ésta y aprovechando que los sindicatos habían sido ilegalizados al igual que el movimiento peronista, trató de conquistar direcciones sindicales y participó en una seudo Asamblea Constituyente convocada por los dictadores, siempre con el peronismo fuera de la ley. Después trató de convencer a los trabajadores argentinos de que “con Frondizi el pueblo entró en la Rosada” hasta que Arturo Frondizi, elegido con el apoyo de Perón a pesar del enorme voto en blanco de los peronistas más combativos, entregó el petróleo a la Standard Oil y decretó el estado de sitio contra la rebelión de los trabajadores. Naturalmente, ese partido también se opuso a la guerrilla de Fidel Castro a quien calificó de aventurero y propuso en Cuba un gobierno de unidad nacional con sectoresburgueses.

Derribado Frondizi el antiperonista rabioso PCA se alió a la derecha peronista tras el acuerdo entre Perón y los partidos de la oligarquía y proimperialistas y, a partir de la dictadura proimperialista de Videla, apoyó a éste porque, respondiendo a los intereses de los exportadores, el dictador rompió el bloqueo a la ex Unión Soviética decretado por Washington. Su argumento entonces fue que había que apoyar al general Videla para evitar otro peor. Por supuesto, apoyó la aventura militar en las Malvinas, o sea, una maniobra diversionista de los dictadores que terminó en un desastre político, militar y moral que consolidó al imperialismo británico.

Después, con la reconquista de la legalidad constitucional en 1983, votó por los candidatos de la derecha fascistizante del peronismo (Luder-Herminio Iglesias) contra el liberal Raúl Alfonsín y desde entonces, tras votar por Menem como “mal menor”, se sometió a las direcciones peronistas terminando por integrarse en el kirchnerismo en cuyas listas participaron en estas últimas elecciones sus dirigentes, en nombre de lo que queda del partido.

El Partido Comunista argentino siempre descartó la lucha independiente por construir una base de masas obrera anticapitalista con ideología socialista y, como todos los partidos comunistas, aspiró a entrar por la ventana en cuanto gobierno capitalista pudo hacerlo y, naturalmente, concede patente de “progresista” y de “antiimperialista” a quien lo utiliza como sirviente. Por supuesto, en tiempos pasados mucha gente honesta, combativa, creyó luchar por el socialismo desde las filas del PCA, del estalinismo y de la extinta Unión Soviética, que buscaban la coexistencia pacífica con el imperialismo. La traición a los militantes que dieron la vida por el comunismo es uno de los incontables crímenes de esas direcciones contrarrevolucionarias.

Desde la “majestad” de ese púlpito estalinista, nuestro escriba pontifica y dictamina que el voto en blanco y no a Scioli sirve al imperialismo en Argentina y contra el gobierno venezolano, el boliviano, el brasileño, el MERCOSUR y hasta contra River Plate, que está en un mal momento. Naturalmente no piensa ni un instante en que si Maduro tiene sólo una diferencia de dos puntos en expectativas de voto sobre los contrarrevolucionarios, si Dilma Rousseff está en la cuerda floja, si Correa enfrenta a los sindicatos y al movimiento indígena, si en la provincia de Buenos Aires una desconocida ultrarreaccionaria le gana la gobernación al candidato también reaccionario impuesto por Cristina Fernández y ésta dilapida en cuatro años la mitad de los votos que tenía su marido, debe existir una combinación entre la protesta contra las políticas gubernamentales, la imposibilidad, por razones internacionales, de subsidiar al mismo tiempo a los capitalistas y al consumo popular y los graves errores de gobiernos que deciden de espaldas a los trabajadores.

Evidentemente, la responsabilidad de la difícil situación en que se encuentran los gobiernos “progresistas” no es del poco menos de cuatro por ciento de trabajadores y estudiantes que votaron por el frente trotskista en Argentina. Son esos gobiernos y no sus críticos de izquierda, quienes favorecen al imperialismo y amenazan las conquistas populares.

Pero el pope nuestro no vacila ante nada. Por el contrario, como buen estalinista, practica el método de la amalgama y mete en la misma bolsa de agentes del imperialismo a todos los revolucionarios y trotskistas, a pesar de sus divisiones históricas y de la diversidad de posiciones que existen entre ellos tanto sobre el proceso argentino como sobre Venezuela, Bolivia, Cuba, como conquistas que hay que preservar con el esfuerzo de todos los explotados y oprimidos del continente. Para él, como para el kirchnerismo, no existen las clases y el sciolismo no pertenece a la misma clase que el macrismo y el massismo (todos los cuales son variantes de un peronismo de derecha, menemista); para él los partidos no se juzgan por lo que proponen hacer y por lo que hacen sino que, al igual que el kirchnerismo, repite que se enfrentan “dos proyectos”, el estatal y el del mercado.

Ahora bien, ni Macri va a desmantelar, porque no puede, las medidas asistencialistas y estatalistas del kirchnerismo, ni Scioli, si ganase prescindirá del endeudamiento, del ajuste capitalista, de la devaluación, del mercado. De ahí la importancia de construir una base política, organizativa, ética para la resistencia a los planes antinacionales y antiobreros que aplicarán los “sciolimacris” y de luchar por la independencia política de los trabajadores frente a los partidos procapitalistas y por la construcción de una conciencia anticapitalista en un proletariado que siempre fue muy combativo, pero en el nivel de las luchas sindicales y antiimperialista pero nacionalista y conservador desde el punto de vista de su ideología. El voto en blanco deja las cosas como están a nivel de la disputa por el gobierno pero prepara el único cambio real: el de la conciencia de las víctimas de las políticas capitalista.







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