Mundo Obrero

OPINION

Carta una trabajadora aeronáutica desde la Panamericana

La Izquierda Diario publica la carta de una trabajadora tercerizada del aeropuerto de Ezeiza, que participó en el paro general del 6 de abril junto a la izquierda.

Andrea Rabbit

Trabajadora aeronáutica | Agrupación “El Despegue”

Martes 11 de abril | Edición del día

El 6 de abril fue mi primer paro general como militante de la agrupación aeronáutica El Despegue y como militante del PTS.

Muchas voces desde medios ajenos a mis intereses, a los intereses de la clase a la que pertenezco, la clase obrera, intentaron coartar un derecho constitucional conquistado por luchas heroicas protagonizadas por trabajadoras como yo. Miles de obreros pagaron con su vida por este derecho. Esas voces, ajenas a nuestra clase, quisieron implementar con todo su poder, con una propaganda feroz de los medios afines a su pensamiento anti-obrero, dividirnos para llevar sus planes de ajuste sin que haya una resistencia. Cierto sector de la sociedad (no su mayoría) cayó en la trampa.

Esa propaganda feroz es totalmente necesaria para intentar implementar los planes macabros de este Gobierno ajustador, que intenta a cada paso beneficiar a unos pocos con el sudor de la clase obrera.

Intentan que no salga a la luz el hartazgo de los trabajadores que quieren dejar de ser pisoteados por una casta de parásitos que se enriquece cada vez más a costa de los explotados.

Si el presente es de lucha el futuro es nuestro

El 6 abril, participamos con compañeros en el corte de Panamericana porque tenemos claro que la única manera de enfrentar el ajuste del Gobierno de Mauricio Macri es saliendo a las calles, contraponiéndolo con el paro “dominguero” que quería imponer la CGT.

Y allí fuimos a la madrugada después de un año y medio de soportar despidos y tarifazos, camino a la ruta 197 y Panamericana, para hacer lo que la CGT no quería, un paro activo.

En el camino nos fuimos encontrando con estudiantes, trabajadores de distintos gremios, mujeres que sufren la doble explotación como yo.

Mientras viajaba veía que no estaba sola, veía en los ojos de mis compañeros la firmeza de luchar codo a codo.

Sabía que el corte que estábamos por hacer no era solamente por nosotros, si no también por aquellos trabajadores que están en una situación precaria, en “negro” y sus patrones los obligan ir a trabajar de cualquier forma. Los medios hablaban de los que querían trabajar y no podían ir al trabajo, pero nada decían de aquellos que querían parar y no podían por que les coartaban el derecho a la huelga obligándolos a asistir de cualquier forma a su trabajo.

En mi caso particular era la primera vez que realizaba un corte en la Panamericana al igual que muchos compañeros, sabíamos que ahí estaban prestos los perros del patrón, la Gendarmería, dispuesta a reprimirnos con saña como lo hicieron en Lear.

Ahí también estaba “trabajando” el flamante ministro de Seguridad Eugenio Burzaco, uno de los responsables del asesinato de Carlos Fuentealba.

Habíamos respetado todos los acuerdos, dejamos libre la colectora de la Panamericana, liberamos un carril, los gendarmes no paraban de provocarnos. De repente en de un segundo para otro se desato la represión, no distinguían, le pegaban a todo lo que no estaba vestido de verde oliva. Como en viejas épocas, lastimaron a estudiantes, docentes y obreros.

Nuestras armas eran las pancartas con demandas de “no mas despidos” “6 horas de lunes a viernes” con un sueldo igual a la canasta básica para que todos lo que no tienen un trabajo digno puedan tenerlo y también cientos de pancartas defendiendo la educación publica.

Lo antagónico de las clases se vio en los medios, de un lado los encapuchados con palos vestidos de verde oliva, azotando con garrotes defendiendo la ganancia de los patrones y, del otro lado, los que luchan por mejores condiciones en la educación publica, mejores condiciones laborales para no dejar la vida en los puestos de trabajo y las miles de mujeres que luchamos por un plan de emergencia contra la violencia de género con sus vestimentas de trabajo.

En mí podía expresar sentimientos encontrados. Por un lado la bronca que me generaba ver a la Gendarmería avanzando hacia nosotros, dándonos palazos, tirándonos gas pimienta, gas lacrimógeno o con el camión hidrante que tenia un químico que hacia arder hasta los huesos. Y por el otro miraba a mis compañeros con alegría al ver que trabajadores que nunca nos habíamos visto, luchábamos juntos contra el ajuste y el aparato represivo.

Otra vez los medios intentaron con saña torcer la historia, inventaron cosas inexistentes, tales como que teníamos un “kit piquetero” o que teníamos lanzas. Intentaban decir que las conquistas que logró la clase trabajadora, nos la regalaron políticos filántropos. Pero no, cada conquista, como las 8 horas de trabajo, las licencias por enfermedad, las vacaciones, el aguinaldo fueron conquistas hechas por obreros organizados y en las calles.

En la batalla, vi a camaradas, amigos, compañeros resistiendo los embates de la Gendarmería, asistiendo a los golpeados o cegados por los gases, preocupándose y ocupándose de cada uno que sufrió el atropello del gobierno y sus lacayos.

Pude reafirmar ese sentido de pertenencia, estoy del lado que quiero estar, del lado donde se lucha colectivamente para que nuestro futuro y el de todos sea mejor, hoy mas que nunca quiero seguir dando esta batalla día a día junto a mis camaradas en quienes confío plenamente.

Camaradas, nos vemos ahí, en donde esta la belleza, en las calles.






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