Cultura

CRÍTICA LITERARIA

Vivir afuera y morir adentro

La voz de los que tenían voz en una novela que tempranamente narró los noventa.

Fernando Rosso

@RossoFer

Miércoles 16 de enero | 00:00

"A duras penas terminé de leer ’Vivir afuera’, de Fogwill. Un divague sin hilo conductor de 397 páginas. Lo peor que leí en años", sentenció en Twitter un periodista deportivo del diario La Nación especializado en golf, hockey y "olimpismo", según la descripción de su propia bio.

Es verdad, se termina "a duras penas", las penas que siempre son de nosotros mientras las vaquitas, ajenas.

La clásica novela del escritor argentino fallecido en 2010 es un fantástico divague realista sin hilo conductor aparente. Un par de horas en la vida de seis personas más o menos lúmpenes: un ex-combatiente de Malvinas (que viene pisteando la decadencia criolla desde Los Pichiciegos), chorro y transa con negocios múltiples en el todo x dos pesos de la ilegalidad menor; dos pibas del conurbano, en ocasiones prostitutas, en otras, soñadoras o una combinación de ambas; un renegado médico judío bastante escéptico y un viejo bohemio que hasta parece un escritor con la típica fascinación por la barbarie. Se despliegan, conversan o monologan en el desierto noventista sobreviviendo entre poliladrones, mercaderes religiosos de todas las parroquias de "La vida de Brian" local, servicios de inteligencia o punteros que habitan el subsuelo de la política hecha negocio. Resignados a una democracia que se limita a la libertad de elegir el mejor vínculo posible con el mercado.

El color de las voces, la precisión de los sociolectos y los símbolos de época o de territorios construyen la verdad o el verosímil de "Vivir afuera".

Las marcas de un tiempo y una década tan perdida como enfiestada: el Ford Sierra, el Fiat Uno o toda la chatarra fabricada por la familia Macri en Sevel antes de que Macri se convierta en Mauricio, el albor de los shopping center para el entretenimiento consumista de los que vivían adentro en el país de mentira, el boom explosivo de las noches de Elsieland sobre la legendaria Calchaquí de Quilmes, las trafics blancas y sus mitos paranoicos, las XR, la industria floreciente de la Bonaerense en todos los rubros ilegales, el evangelismo cavando trincheras en los bolsones de pobreza que dejaba el vendaval neoliberal, Rico y su engendro político: el MODIN, y los servicios perfeccionando el arte del espionaje para buchonearle al Estado secretos burocráticos que son exactamente los que el Estado quiere escuchar.

El "Pichi" une dos acontecimientos aparentemente sin mucha relación (o "Sin hilo" como el tema de Las Pelotas), pero que sin embargo están íntimamente relacionados: Malvinas y los ’90. No existiría uno sin la otra. Malvinas, el quiebre de los mineros ingleses y de los controladores aéreos norteamericanos fue el tridente de derrotas que allanó el camino al éxito del reaganthatcherismo. Menem, tan sólo un buen alumno sudaca.

No importa si "Vivir afuera" es la novela de los ’90 (para mi ese podio lo sigue ocupando "El traductor" de Salvador Benesdra), pero es curioso que el propio Fogwill haya interrogado si conquistaría para la posteridad el lugar que "Respiración artificial" de Piglia alcanzó en los ’80. Justamente Piglia de quien se burla en la novela y a quien bautiza como Emilio Millia.

Es raro porque "Vivir afuera" se relaciona más con "Las flores robadas en los jardines de Quilmes" o la literatura de Jorge Asís.

¿No vivían afuera los lúmpenes de "Los reventados" haciendo negocio en los márgenes de uno de los acontecimientos más trágicos de la historia argentina (Ezeiza)? ¿No estaba muy afuera Rodolfo quien junto con Samantha protagonizó en "Las flores robadas..." la historia de amor más entrañable que dio la literatura argentina, como alguien escribió por ahí?

"Buscar una razón que sea más fuerte que el azar de vivir es para Fogwill una razón narrativa", afirmó Horacio González sobre la literatura del autor de "Los pichiciegos".

Una razón y una potencia narrativa que hace que el itinerario de los protagonistas de "Vivir afuera" sea más apasionante que las miles de razones grises de todos los que vegetan en la simple espera de morir adentro.







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