Cultura

Vivimos en un futuro distópico, claramente

¿Y qué pasa si las sociedades futuristas que construyen los autores del sci-fi contemporáneo estuvieran ocurriendo en la actualidad? Reflexiones de un trabajador de call center, desde su mísero cubículo.

Domingo 29 de diciembre de 2019 | 17:25

Vivimos en un futuro distópico, claramente. En el último viernes de la década, a punto de recibir el 2020, se me pasó una idea recurrente por la cabeza.

Pensaba en esas películas “viejas”, que te muestran un futuro lejano, ponele 2015 y es todo una cagada. Con autos voladores, robots, gente enajenadisima en el entretenimiento o dinámica de la misma sociedad, contaminación, mutantes que surgen por la radiación. TVs por todos lados, caras y gentes que te venden cosas sin sentido, gobiernos y políticos despóticos, guerras y así. Y ahí pienso, bueno si esa no es mi sociedad, es porque los autos todavía no vuelan.

Capaz exagero, no hay mutantes producto de una guerra nuclear. Pero hay muertos, enfermos, y gente mal formada por el glifosato. El peligro nuclear no está tan a la orden del día, tenemos la megaminería para eso, que es igual o peor. Pregúntale a un mendocino, cianuro en el agua les quieren poner.

¿Tenes calor? Hace bastante, te digo más de lo normal ¿te parece raro? ¡¡¡Faltan 2,5 millones ha de Amazonas chabonx!!!! ¿Cómo no va a hacer calor? ¿Sabes por qué? ¡Un milico las quemo todas! Es presidente de Brasil encima!! Lo bancan los evangelistas y el ejército. Encima van por el mundo haciendo la misma, bancan golpes, vulnerabilidad de derechos, en Bolivia hicieron un golpe. El mundo está en cumbia, Trump es presidente hace un par de años, no hace falta decir más, eso sí es más parecido a las películas. Los ricos cada vez son más ricos, los pobres más pobres. Laburamos como perros, nos alimentan y tratan peor.

Mañana entro a trabajar a una oficina, un laburo enfermizo tengo, delirante, en un cubículo, con una computadora, solo eso necesito. Somos miles pero no puedo hablar dos palabras con nadie, no porque me vigilanteen (que si) pero en realidad es por los ritmos de trabajo, no puedo dejar de trabajar. Que ¿qué hago? Atiendo llamadas ¿importantes? No, para nada, es la atención al cliente de una multinacional que provee abonos para celulares, ese es mi aporte a la sociedad, atender esos reclamos, miles de reclamos, todos los días. El mío y el de miles más. ¿Se imaginan? Miles de personas volviéndose loca por llamadas tan estúpidas, como saber el valor de su factura.
Somos los esclavos de los servicios, lxs pibes como yo estamos condenados a esos trabajos, inocentes en un principio, como trabajar en una heladería o un bar, pero que por el desquicio capitalista, todo se hace al borde de la locura. Y es que nos han atomizado, somos más, pero más divididos en tareas cada vez más intrascendentes. El chiste está en los ritmos de trabajo, el mal sueldo y la privación de la libertad, según tu carga horaria.

Podemos trabajar para un dueño, multinacional o por una app. ¿Cómo que es una app? Es una plataforma virtual que se instala en los celulares. ¿Qué son los celulares? Esos no aparecen en las películas futuristas, son supercomputadoras que entran en el bolsillo, podes acceder a toda la información del mundo si querés. Tienen cámaras, TV, internet, y llamar también podes llamar a otras personas que tengan el dispositivo. Pero el uso privilegiado es el de las redes sociales. No me digas que no sabes tampoco eso. Es literalmente un mundo virtual, en donde prácticamente sos quien quieras ser. Tenes avatares y podes hacer de todo, hablar, conocer gente, subir fotos con tu celu (para eso la cámara), comprar cosas, venderlas, militar, difundir cosas, ir de levante, garchar, posta, prácticamente de todo. Todes se muestran lindes, gracioses, ocurrentes e interesantes. Es medio trivial si te lo pones a pensar, pero lo mejor es que tiene su propio idioma, memes le dicen, hermosa lengua, los memes expresan todo tipo de opinión política, cultural y popular. Todo el mundo lo lee, pero pocos lo escriben.

Lo que más persecuta te va a hacer sentir son lo que llamamos algoritmos. El gobierno capaz no sabe dónde están 24/7, o no te escucha las llamadas (¿o si?) pero si sabe siempre que venderte según lo que te vea viendo por la supercomputadora de bolsillo que tenes, a veces si decís cosas en voz alta, también te salta, eso es lindo. Películas, música, cosas para el hogar, lo que quieras. Ya pronto las películas se estrenaran sólo por las apps, los discos de música o solo la música también. Todo pasa por las apps, todo, sobretodo tu vida, más que nada porque son bastante accesibles, casi todo el mundo tiene, y los que no, bueno, no son parte del mundo.

Con este súper cóctel; de gente esclavizada por el trabajo todo el día sin posibilidades más que de no morir de hambre y adictos a un mundo virtual, intrascendente y trivial, en donde el arte y la cultura muestran su cara más comercial; no es raro ver que la gente está literalmente más loca. ¿No lo ves? La gente es presa de la ansiedad, la tristeza, se sienten y están abandonados a su suerte. Se deprimen, se medican, viven cansados porque luchan contra la locura diaria de una sociedad más loca aun.

Pero acá viene lo más interesante que en las películas nunca te muestran. Es más probable una invasión alienígena, o una guerra mundial contra los soviéticos, chinos, árabes o el enemigo hegemónico de turno, donde un héroe valiente nos salve de la propia aniquilación y traiga paz. A pensar, un poquito aunque sea, una sociedad que no esté basada en las relaciones de producción actuales, donde la barbarie capitalista, no reine cada rincón del planeta, con millones y millones de explotadxs. Una sociedad donde ellxs puedan organizar y planear la economía de un estado, del mundo. Parece imposible darle fin a la dictadura del capital.

Bueno, la gente con una voz tímida pero estridente empieza a decir otra cosa. Que se cansó, y que no les deben nada a los padres de su desgracia.

Se están organizando, algunxs por todo el mundo. Somos como eso que en las películas llaman “la resistencia”. Pero no nos escondemos, aprovechamos cada medio, cada tribuna, micrófono, para decir a viva voz nuestras intenciones. Tenemos un diario digital, llegamos a cada rincón del mundo con él, o a una parte aunque sea (je), los parias de este mundo, cada vez más lo conocen.

Somos una brisa que se convertirá en tormenta. ¿Que cuáles son nuestras intenciones? Fácil, doblegar a los capitalistas y de una buena vez vencer. Que los parias reclamemos como nuestro al mundo, y a todo lo que tiene.

Que esta nueva década sea el principio para que este futuro distópico sea borrado para siempre, y las futuras generaciones se libren de todo mal, opresión y violencia y vivan plenamente.







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