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OPINIÓN

Viviendas sociales: ¿Qué hay detrás del discurso de integración de Lavín?

¿Que ha ocurrido que de pronto hasta un defensor de la dictadura como lo es Joaquín Lavín queda como un impulsor de la inclusión? El problema de la vivienda es mucho más complejo y refleja los aspectos más crudos de la brecha entre ricos y pobres.

Alejandro Guerrero

Profesor de Historia y Geografía

Sábado 14 de julio

Los últimos días se desató una polémica importante a propósito de los proyectos de viviendas sociales, que reabre el debate sobre este tipo de iniciativas.

Al margen de los caceroleos reaccionarios de quienes están decididamente en contra, bajo el argumento discriminador de que "bajaría la plusvalía -término muy mal empleado por lo demás- de los restantes departamentos del sector", la situación nos lleva a reflexionar sobre las políticas en materia de vivienda.

¿Qué ha ocurrido que de pronto hasta un defensor de la dictadura como lo es Joaquín Lavín quede como un impulsor de la inclusión? Ciertamente el problema de las viviendas sociales van de la mano con el aumento exponencial de la masa de trabajadores en Santiago, todos los cuales deben tener un hogar en el cual vivir para mantenerse como mano de obra viable.

Incluso otra figura destacada, el actual Ministro de Vivienda, Cristián Monckeberg, plantea abiertamente que “No podemos seguir construyendo sociedades segregadas. Aquí estamos acostumbrados a construir ciudades donde en un sector viven los que tienen más ‘lucas’; en otro, los que tienen ingresos medios; y en otro, donde viven las familias más vulnerables. Eso es lo que hay que ir venciendo: que las familias vulnerables que viven en la periferia tengan metro y tengan acceso a vivir cerca de la ‘pega’”.

Y es que la problemática no resuelta del transporte público, cuestionado por su altísimo precio, deja al descubierto la miseria de los salarios en Chile. De este modo, siendo ya el transporte público un negocio donde los privados ganan millones a manos llenas, pareciera ser una mejor opción construir viviendas más cerca del centro o por lo menos, con mejores opciones de transporte.

Y es que el problema de la vivienda social y la segregación es la cara más visible y evidente del enorme abismo que separa a los trabajadores de los empresarios, brecha que según los informes de la OCDE ha aumentado, por lo que los ricos son más ricos y los pobres, mucho más pobres.

La brecha es tan brutal, que pareciese que cualquier política que apunte a desdibujar esa diferencia se tome como la antesala de la toma de los medios de producción o que se caricaturice con un "Lavín comunista" , cuando nada está más alejado de la realidad.

Sin embargo, el modelo que propone Lavín en realidad es un retocado. Es un modelo australiano donde se maneja el concepto de integración tipo “sal y pimienta”, donde no se sabe si un vecino está recibiendo algún tipo de apoyo económico del Estado. Rige un concepto ético de "respeto a la privacidad las personas" sin importar su nivel socioeconómico. Para esto no puede haber diferencias entre una casa y la de al lado, para evitar precisamente la segregación y que se noten estas diferencias. Sin embargo, como decimos, es un retocado, pues las diferencias efectivamente existen.

Y estas diferencia vienen dadas por los bajos salarios, el acceso a la educación (sobre todo a la superior), a la salud, entre otras cosas. Ciertamente está el derecho a vivir donde se quiera y los habitantes de las Condes no son dueños de ese derecho como para "seleccionar" a sus vecinos, pero el problema de la vivienda es mucho más complejo, porque los intereses de las inmobiliarias son los que rigen ese mercado y como tal buscan obtener mayores ganancias, vendiendo al mejor postor.

Y no es menor que el valor de las viviendas esté dado tanto por el sector y el acceso a transporte, sino que también por la calidad de los materiales ocupados. Sin ir más lejos, basta recordar el invierno de 1997, cuando todo Chile se enteró del drama de las viviendas sociales de la constructora Copeva, cuyo dueño es Francisco Pérez Yoma (hermano del ex ministro Edmundo Pérez Yoma), ubicadas en Puente Alto, las cuales se llovieron a causa de los pésimos materiales usados, mientras se embolsaron los millones provenientes de subsidios a familias pobres. O El problema de la reconstrucción luego del terremoto del 2010 que aún sigue paralizado, a pesar de que hay presupuesto suficiente ¿será por que no dejará ganancias?

Es por ello que la inclusión, la integración por si sola, no basta. Es necesario un plan de viviendas financiado por el estado, gestionado por los trabajadores de la construcción y los beneficiados, que no sólo garanticen el derecho efectivo a vivienda, sino que además pueda racionalizar el crecimiento y el desarrollo urbano, que hoy es caótico y que tiene como resultado una sobrepoblación de edificios vacíos que no siempre se venden, en desmedro de las áreas verdes y otros lugares de esparcimiento necesarios para un buen desarrollo.






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