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Córdoba//Juicio a los Magistrados

“Vitín” Baronetto: “La sentencia es el resultado de las complicidades de la Sagrada Familia Judicial”

Tras la sentencia en el denominado “Juicio a los Magistrados” dialogamos con Luis “Vitín“ Baronetto, ex preso político y querellante en la causa. Los pormenores del proceso y su experiencia personal formaron parte de la charla.

Luis Bel

@Hachedebel

Miércoles 8 de noviembre | Edición del día

Finalmente el martes 7 de noviembre se conoció la sentencia del “Juicio a los Magistrados” que tuvo como resultado dos condenas menores y dos absoluciones. Los fundamentos de la misma se conocerán dentro de un mes.

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El Tribunal Oral en lo Criminal Federal N°2 de Córdoba, integrado por los jueces Julián Falcucci, José Camilo Quiroga Uriburu y Jorge Sebastián Gallido, condenó a Miguel Ángel Puga, ex titular del Juzgado Federal N°2 de Córdoba, y a Antonio Sebastián Cornejo, ex fiscal federal, con la pena de tres años de prisión e inhabilitación absoluta por el término de un año, por no haber impulsado las investigaciones por los delitos de lesa humanidad que sufrieron las víctimas del genocidio. En tanto, el tribunal absolvió al ex secretario del Juzgado Federal N°1 de la provincia, Carlos Otero Álvarez, y al ex defensor oficial, Ricardo Haro.

Entrevistamos a Luis "Vitín" Baronetto, ex preso político, director de Tiempo Latinoamericano, biógrafo de Enrique Angelelli y ex secretario de Derechos Humanos de la Municipalidad de Córdoba, quien es querellante en la causa, por los delitos de lesa humanidad cometidos contra él y su compañera, Marta Juana González, asesinada por el ejército en el marco de 29 fusilamientos llevados a cabo en el 76 en la Unidad Penitenciaria I, de Barrio San Martín.

¿Cómo recibiste la sentencia?

Mirá, la sentencia no se puede separar del proceso y del juicio. En el proceso hubo dilaciones por más de 30 años y la sentencia es el resultado de las complicidades de la “Sagrada Familia Judicial”. En cuanto al juicio en sí, nosotros celebramos que al final se haya realizado.

No fue poco el hecho de que se concretara, que cuatro funcionarios de la justicia federal, de la complicidad civil en Córdoba; más en ese ámbito. Yo digo que este juicio es más difícil que el de los militares y los policías, porque estos ya tienen una condena social encima. Sin embargo acá no, ellos, en una parte de la sociedad que los cree intocables, gozan de esa aureola de prestigio social.
El hecho que hayan estado al menos cuatro imputados, sentados allí, en el banquillo de los acusados, para nosotros fue ya un paso importante.

No desconocemos las limitaciones en las que se dio este juicio. Por eso recusamos al presidente del tribunal, Julián Falcucci, antes de empezar. Porque éste había anticipado su opinión sobre la no responsabilidad de un Secretario Penal. Esto, antes del 25 de julio (fecha de inicio del juicio), por un fallo del que él tomó parte en la Cámara de Apelaciones de Tucumán, sobre un Secretario Penal acusado en Santiago del Estero. Donde Falcucci sostuvo que el Secretario Penal no tiene responsabilidades, porque es solo un fedatario.

Supongo yo, porque aún no se conocen los fundamentos de la sentencia, que esos habrán sido los fundamentos de la absolución de Otero Álvarez. Aun conociendo ese fallo, aun habiéndonos rechazado la recusación, nosotros sostuvimos, tanto en el testimonio mío, como en la acusación fiscal, que no se podía aplicar acá lo que Falcucci había firmado en Tucumán, porque acá se trataba de 92 hechos, con una actuación mucho más grave y más directa de Otero Álvarez. Pero no fue éste el criterio.

Por eso yo digo que entre los condicionamientos, existió la vigencia de la corporación judicial, que siguió actuando. Lo padecimos en el transcurso de los meses del juicio, donde ellos se encargaron de decir para que los escucháramos, que ellos estaban en “su casa”. La pleitesía que le rendían los empleados de allí y los que venían de los Tribunales Federales I, les daba un contexto donde realmente hacían que se sintieran “como en su casa”. Y se encargaban de hacérnoslo sentir así.

De tal manera que el fallo a nosotros no nos sorprendió. Yo digo que las leyes están y que en democracia debieran tener vigencia plena, pero también uno sabe que las leyes acaban encarnándolas los jueces, y estos hacen justicia de diferentes formas. Hacen una justicia cuando la deben aplicar contra los pobres y los jóvenes, y otra cuando tienen que aplicarla con los poderosos, en este caso sus congéneres. A la venda de la justicia la levantan en su ojo derecho para ver a quien tienen que condenar, y cuando se trata de sus amigos ya no los condenan en su totalidad.

¿Cómo crees que influyó en la sentencia el “espíritu de época” que se vive, con Carrió a la cabeza pidiendo que se revisen los procesos?

Mucho, y eso lo hizo explícito el defensor de Otero Álvarez en un momento de la dúplica que fue en la última audiencia, dijo “Celebramos alborozados la renuncia de la Procuradora General de la Nación, se vienen tiempos nuevos…”. Hay una algarabía por “los tiempos nuevos” donde evidentemente ellos están anhelando que todos estos procesos queden en la nada. Pero eso también fue como una extorsión al tribunal, porque incluso el defensor dijo en esa audiencia “Si mi defendido llegase a ser condenado, cosa que desde ya mi razón descarta, voy a solicitar que se pasen los antecedentes de la acusación fiscal”. Amenazando de investigar al fiscal que presentó las acusaciones, evidentemente.

Después presentaste una nueva recusación contra otro miembro de tribunal, Quiroga Uriburu…

Mirá, yo digo que el resultado final del juicio expresa la poca calidad y la poca imparcialidad del tribunal. Porque por un lado estaba la primera recusación a Falcucci, y por otro, lo que yo manifesté en el tribunal cuando me tocó declarar. Allí puse en conocimiento el antecedente al que pudimos acceder en esos días, de la actuación de otro de los jueces, Quiroga Uriburu, como asesor legal de la dictadura en La rioja desde los años 1977 y 78, al menos. Eso lo plantemos allí como una preocupación, no llegamos a hacer la recusación que sé anduvo circulando como información en algunos medios. Y no la hicimos porque se nos caía el juicio, y no íbamos a encontrar una “calidad” superior de tribunal. Ya habían traído al tercer juez de Concepción del Uruguay y ni siquiera tenía conocimiento del expediente.

Entonces yo dejé planteada la preocupación, eso llevó a que el mismo juez planteara su apartamiento, que no fue aceptado ni por los defensores ni por la fiscalía.

Contanos los hechos por los que te constituís en querellante

Sí, en realidad hay 5 hechos de los que está acusado Otero Álvarez que nos tiene como protagonistas a mi esposa, Marta, y a mí. Primero, las dos detenciones ilegales en mi domicilio, que el juzgado declaró nulas en el 75, después, las dos denuncias de apremios ilegales en la D2 y más tarde, la muerte de ella. Son 5 hechos que nos involucraron a los dos y por los cuales soy querellante.

Imagino que van a apelar

Sí, vamos a apelar después de conocer los fundamentos que se darán el 7 de diciembre, tenemos 10 días. En el caso mío particular, y el de las otras querellas que tienen como acusado a Otero, vamos a apelar su absolución.

También fue absuelto el ex defensor oficial Ricardo Haro

Claro, es el otro absuelto, pero no está acusado en los casos nuestros. Había otro defensor acusado, Luis Enrique Molina, que fue mi defensor en la última etapa de mi detención y al cual también acusé, pero fue apartado del juicio por demencia senil. Otro tipo de impunidad, por la demora en los procesos. Para él y para otro fiscal que también estaba acusado, Alí Fuad Alí, sobre los que pesaban los mismos cargos que con Cornejo.

¿Cómo viviste todo este proceso en lo personal?

Lo viví muy de cerca desde que comenzó, este juicio debería haberse llevado a cabo en 2010, junto con el de los militares. Ellos tendrían que haber estado sentados allí y seguramente la sentencia hubiera sido distinta, porque los cargos y las acusaciones también eran distintas. Después una serie de apelaciones fueron lavando la acusación hasta quedar en encubrimiento, omisión de funciones, etc.
En lo personal, me queda la sensación de que la justicia es incompleta, de que es injusta. Como lo expresé el mismo día que declaré relatando en detalle mi expediente, la actuación de Otero fue personal, las ampliaciones de indagatoria que me inventaron, solo tuvieron el sentido de prolongar mi detención sin que nunca fuera juzgado por ninguno de esos hechos. Ni los del principio, ni los que en el medio me certificó Otero Álvarez en base a declaraciones de otras personas. Y después, una consustanciación por parte de Otero, hablo de mí caso, con la complicidad militar.
Yo digo que el fervor militante de Otero con el terrorismo de estado se demuestra en mi expediente.

Porque a la hora de relatar los sobreseimientos que van a operar sobre mi esposa por extinción de la acción penal, por muerte, utiliza un vocabulario que los militares usaban, pero que en este caso no usaron: el del enfrentamiento armado. Generalmente los militares ponían eso, pero aquí, cuando me informan la muerte de Marta y de 5 personas más, no ponen eso. Ponen que en circunstancias en que eran trasladados, vehículos de índole civil atacaron al vehículo militar muriendo seis personas, por supuesto no especifican qué vehículos eran, ni quiénes eran los atacantes, ni quiénes eran los de la patrulla militar. Entonces, el tema del enfrentamiento armado que consigna Otero Álvarez en su resolución, la que escribe para el juez, señalaba una consustanciación del lenguaje y de mecanismo. Y a ese lenguaje, se encargaron de repetírmelo los militares en los 8 años que estuve preso. Cada vez que me preguntaban “Estado civil”, yo respondía “viudo”, “¿Y su mujer?” preguntaban, “A mí mujer la fusiló el ejército” respondía, “No… a ver”, y se fijaban en el informe de inteligencia, “Ah no, murió en un enfrentamiento armado”.

¿Y cuál es la imagen del enfrentamiento armado? Que hay uno que tira de un lado y otro que tira del otro. Y ese estigma del enfrentamiento armado mis hijos lo tuvieron que soportar a lo largo de todos los años que fueron niños y jóvenes, hasta que entendieron cómo había muerto su madre. Y ese daño no se repara. Si hubiese habido una condena, pienso que algo de ese daño se hubiese atenuado.








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