Sociedad

SALUD

Violencia obstétrica

La tendencia a una medicalización cada vez mayor del parto lleva a una situación dónde las mujeres pierden protagonismo y se someten a intervenciones quirúrgicas que muchas veces no son decididas por ellas. Como publicábamos en una nota previa, la actual epidemia de cesáreas muestra cómo se les impone a las mujeres prácticas e intervenciones en función de intereses que son ajenos al bienestar de la mujer y del recién nacido.

Alfredo González

@Alf_Gonzalez_

Jueves 20 de noviembre de 2014 | Edición del día

Una definición general de violencia obstétrica sería la presencia de actos física o psicológicamente violentos en el contexto del embarazo, trabajo de parto, parto y post parto. Esta definición engloba a su vez varias omisiones: de información, de intimidad, de respeto a pautas culturales, las cuales quebrantan el ejercicio de la libertad de las mujeres. Se trata de una forma de violencia naturalizada, incorporada a prácticas cotidianas, que se transforma en parte de “lo normal” y deja de ser identificada como violencia.

Una de las formas más brutales de esta violencia es la despersonalización de la mujer. Tratarla como una niña sin capacidad de decisión, ignorando sus sentimientos. Una práctica frecuente en muchos consultorios de obstetricia, que le va quitando a la mujer la capacidad de decisión sobre su propio cuerpo y su propio embarazo.

Existe también un reproche a la sexualidad de la mujer. ” Aguanten, aguanten, si les gusta coger, se tienen que aguantar esto porque es menos doloroso” “Te gustó lo dulce, ahora aguantate lo amargo” “Si te gustó aguantátela” son respuestas frecuentes al dolor del trabajo de parto.

Otra forma que toma la violencia obstétrica es el fomento del miedo y la culpa. Se crea en la embarazada un sentimiento de incapacidad absoluta, se fomentan sus peores miedos y se alimentan miedos nuevos, todo en pos de que agache la cabeza y acepte cualquier procedimiento que el médico propone. Se le oculta información y a veces, se le miente en la cara. ¿O acaso no sabe cualquier médico (no ya un obstetra, sino cualquier médico) que el parto en decúbito es para comodidad del médico? ¿Acaso los médicos no sabemos que la cesárea es un procedimiento que debe realizarse de excepción y no de rutina? ¿Cómo explicamos, entonces, que el 80% de los partos en el sector privado sean por cesárea? Esto es violencia, una violencia que se ejerce de manera cotidiana sobre las mujeres embarazadas.

Y es que un acto tan humano como nacer se deshumaniza. Se deshumaniza cuándo se transforma en un negocio, cuándo la diferencia entre facturar un parto natural y facturar una cesárea pesa más que el bienestar de la mujer y del recién nacido. Se deshumaniza cuándo lo que importa es respetar la agenda del obstetra, y que el horario del parto no se superponga con el del consultorio. Se deshumaniza cuando las mujeres se transforman en actores pasivos de sus propios partos.

La humorista Malena Pichot lo muestra con una honestidad brutal en uno de sus videos. Es terrible, para los que trabajamos en salud, tener que reconocer que las escenas que muestra no son exageraciones, sino que son situaciones que son cotidianamente vividas por mujeres de carne y hueso, que sufren en sus propios cuerpos esta violencia machista.







Temas relacionados

Salud   /    Sociedad   /    Géneros y Sexualidades

Comentarios

DEJAR COMENTARIO