Cultura

ENTREVISTA

Verónica Llinás: “La revolución de las mujeres es el mayor movimiento de los últimos años”

Nos contó sobre su experiencia al final de la dictadura, después en el Parakultural, qué piensa sobre la relación del artista con el poder y sus nuevos proyectos.

Elizabeth Yang

@Elizabeth_Yang_

Martes 7 de agosto | Edición del día

Verónica Llinás, actriz argentina de cine, teatro y televisión

Existe un movimiento político de mujeres muy progresivo en Argentina y podríamos decir a nivel mundial. Venís participando desde un colectivo Actrices Argentinas. Y realizaste unos videos que se hicieron populares. Estamos en las vísperas de la votación de la ley de la Interrupción Voluntaria del Embarazo en el senado, ¿cuál es tu reflexión?

Si bien comparto los postulados feministas nunca fui una militante del feminismo. O por lo menos no una militante que así se autodenominase. Creo que mi feminismo se dio más como una cuestión fáctica, hasta intuitiva, sin demasiada conciencia ni información. Creo que mamé ese feminismo "fáctico" de mi madre, Martha Peluffo.

Ella era pintora y además de no encajar (ni pretender hacerlo) en un modelo de "madre de familia", compartí sus pesares por el machismo que vivía en el ambiente de las artes plásticas que en ese entonces era mucho más recalcitrante que ahora. Ella decía que era más tenida en cuenta por su belleza que por la calidad su pintura, o por lo menos era lo que sus colegas masculinos le hacían sentir. No hace tanto mantuve una charla con Josefina Robirosa (coetánea y amiga de mi madre) y se acordaba de lo difícil que había sido para ellas abrirse camino.

También recuerdo conversaciones en las que me hablaba de lo difícil que era ser una mujer independiente, artista, personal, de carácter fuerte, que no se amoldara a la estética de "señora de buenas costumbres" que comandaba la época. Su forma de peinarse, de vestir era absolutamente personal y bastante excéntrica por cierto. Sufría por un amor no correspondido y me contaba que los hombres de su edad no soportaban una mujer así, las preferían más sumisas, sin demasiadas ambiciones de trascendencia.

Tal vez por esto, el feminismo militante, en un primer momento, me pareció algo antiguo, de lo que hasta llegué a reírme cuando era un poco más tonta. Creía que pedir la igualdad de derechos y oportunidades era en sí mismo, casi como reconocer inferioridad. Una inferioridad que nunca sentí y que me molestaba tan solo que se la nombrara. No había que pedir igualdad, había que, simplemente SER iguales. No había que pedir que nos reconocieran, debíamos reconocernos nosotras y obrar en consecuencia.

Por supuesto no estaba teniendo en cuenta otras realidades menos "progresitas" que la mía, personalidades menos aguerridas, ni muchas otras cuestiones que no dependían de lo que una quisiera o pudiera hacer, sino de un sistema que imponía estructuras de pensamiento y de comportamiento, a veces tan sutiles, que se hacía difícil identificarlas.

Es por eso que no puedo hablar con demasiada propiedad del "movimiento feminista", ni arrogarme una larga lucha. Mi relación con el feminismo militante es algo bastante nuevo, que se dio a partir de la lucha por el IVE.

De todos modos, es imposible no darse cuenta de que la revolución de las mujeres es el movimiento más importante de los últimos años y me atrevo a decir que uno de los más importantes de la Historia.

Como toda revolución, necesita tiempo para encontrar su mejor forma y habrá que aguantarle excesos, como si fuera una hija adolescente.

Pero el avance de las mujeres en pos de conquistar derechos no va parar, por eso creo que la Legalización del Aborto va a llegar, más tarde o más temprano. Como todo derecho adquirido, es parte de la evolución de las sociedades, y nosotros nunca nos destacamos por estar a la vanguardia en esa materia, digamos que siempre nos la llevamos a marzo.

La incidencia de conservadurismo extremo de la Iglesia en el Estado no nos ha ayudado nada en ese sentido.

Con respecto al colectivo Actrices Argentinas, estoy admirada de cómo rápidamente se conformó, se articuló y accionó. Y como sigue accionando ahora.
Fue muy imponente la sensación de estar hermanadas en una causa, con colegas de distintas edades, creencias religiosas y políticas. Fue la demostración empírica de que se pueden dejar de lado las diferencias para lograr un objetivo, algo que tantas veces ansié ver en la política.

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Aunque integré el primer grupo, mi participación actual en el colectivo es ladera. Quizás por mi personalidad caótica y un poco anárquica me cuestan mucho las asambleas y todo lo de "burocrático" que tiene toda articulación de una acción conjunta. Si habláramos en términos bélicos, en esta lucha, yo vendría siendo más bien un francotirador.
Creo que eso son mis videos, disparos a veces más y a veces menos certeros, desde un lugar más alejado y solitario…

personaje de uno de sus videos

Según has dicho en los medios no das apoyo a este gobierno pero tampoco fuiste a la marcha contra el FMI convocada por artistas kirchneristas. ¿Cómo ves la relación de los artistas con los gobiernos y con el poder, o cómo te parece que tendrían que ser?

No he dado apoyo a ningún gobierno. Creo que nunca hay que perder la mirada crítica para con el gobierno de turno porque el poder tiende a corromperse y es importante estar atentos. Nunca integré el grupo de artistas kirchneristas, si bien los respeto porque la mayoría (me consta) apoyó por convicción, nunca compartí ese apoyo acrítico. Tengo mucho que criticarle al gobierno anterior y no me gusta que cuando opino negativamente de algo del actual, se reduzca todo a que quiero que vuelva Cristina. De todas formas sucede, porque se tiende demasiado a la simplificación, y si no sos macrista no podés ser más que kirchnerista.

Aunque me pareció mal que la decisión del FMI no pasara por el Congreso, preferí no contribuir a ese encasillamiento que, valga la redundancia, me saca tanto de las casillas. No sé si hice bien, a veces tiendo a equivocarme.

Cuando decidí militar la causa del IVE, entendí que lo que yo podía aportar, era una visión moderada, tratando de comprender el pensamiento de quienes lo rechazan, simplemente, por haber dudado en algún momento (hace años) de estar de acuerdo o no.

Amo y respeto toda forma de vida. Y tengo conciencia de que un aborto implica interrumpir una vida humana, que ese feto hubiera sido una persona que ahora no va a nacer o por lo menos no va a nacer ahora, según la visión de espiritualidad que uno tenga.

Puedo empatizar con ese dolor. Pero es el dolor de VER la realidad, de no vivir en la fantasía, en la negación o la prepotencia. De saber que las cosas no son como yo quisiera, o como creo que deben ser, sino como SON. Que por más que yo diga ¡qué se cuiden! hay muchísimas mujeres que no van a poder hacerlo o cuyos métodos van a fallar. Que una educación que hasta ahora no existió o no fue suficiente, aunque la exponensiáramos, tardaría años en impactar y que mientras tanto muchas mujeres y fetos (o "bebés" como se empecinan en llamarlos), morirán desangrándose en lugares siniestros mientras algunos hacen su negocio sucio bajo el ala de una sociedad hipócrita.

Cuando dicen "Salvemos las dos vidas" no sé qué pretenden hacer para salvarlas. Seguir todo como hasta ahora no salva a nadie, solo metés lo que no te gusta bajo la alfombra y mirás para otro lado muy contento con tu conciencia. Las mujeres no somos o por lo menos algunas tenemos derecho a no sentirnos "Sagradas Incubadoras de la Patria" y a planificar nuestra vida asumiendo las responsabilidades que podemos y queremos asumir.

Por otro lado, no sé si es mejor nacer no siendo amado, ni protegido, con el triste destino de esperar años en orfanatos para que alguien te adopte (cosa que a veces ni siquiera sucede), a no nacer. ¿Alguien lo sabe?

No sé por qué los "ProVida" o "Pro Aborto Clandestino" según quien los nombre, asumen que el ingeniero estaría de acuerdo en nacer. Siguiendo esa lógica ilógica, también se podría imaginar que, si le preguntaras te podría contestar: no dejá, esperá que evolucione un poco más este mundo de mierda.

En relación a tu vida como artista, fuiste pasando por distintos momentos muy marcados por la época.
Estudiaste mimo con Ángel Elizondo. ¿Cómo fue esa experiencia?

Fue fundacional para mí. Elizondo había armado una escuela que contaba con materias, como si fuera una facultad, cada materia tenía su teoría y su práctica. Te podría decir que casi todo lo que aprendí fue en ella.
Aprendí a contar con mi cuerpo como herramienta de comunicación, mecanismos de creación, de conexión interna para lograr materiales teatrales personales, singulares y potentes.

Elizondo había desarrollado una técnica de actuación a la que llamaba "el otro". Era una suerte de autohipnotismo basado en la idea de que dentro nuestro hay un "otro" que hay que aprender a dejar salir, el lado B de uno mismo, digamos. Se buscaba una verdad interna, una conexión con lo que esencialmente somos para lograr por un lado verdad y por otro la originalidad y la particularidad del material.
Apocalipsis, según otros fue creada por esos "otros" que éramos nosotros mismos inmersos en ese trance apocalíptico que arrojó imágenes delirantes y muy potentes. Como todo Apocalipsis que se precie.

¿Qué pasó con Apocalipsis, según otros que se estrenó en 1980 en el Teatro Picadero?

Nada, le pusieron una bomba al teatro nomás. Explotó el teatro y nos quedamos sin sala.

En ese entonces también estaba ahí Teatro Abierto y Los siete locos.

Me acuerdo que a veces teníamos que ensayar de tres a siete de la mañana porque no había otro horario posible. La escenografía contaba con una infinidad de muebles apilados que todos los días teníamos que armar y desarmar. Con el tiempo descubrí que esa fue mi militancia.

El espectáculo fue una experiencia demencial. Se escupía fuego, una boa real salía de entre las piernas de una actriz que la paría a los gritos.

Había una parte en donde un compañero estaba sentado en un inodoro con charreteras militares en los hombros, lo cual creo, debe haber contribuido un poco al atentado.

En el final, embarrados como caimanes, nos refregábamos un líquido fosforescente (ese de las balizas) por el cuerpo y mientras la luz bajaba lentamente, nos movíamos enloquecidamente como fantasmas luminosos.

Apocalipsis, según otros estaba hecho con material onírico, esa era su esencia y su impacto.

Y antes, ¿qué había pasado con La leyenda del Kakuy?
Contanos algo de esa experiencia. No por nostalgia, sino que hay pocos registros. Y es muy bueno rescatar esos momentos de la historia del arte en nuestro país.

La leyenda del Kakuy fue de alguna manera prohibida. Se le "sugirió a Elizondo que la bajara".

En ese momento yo no integraba la compañía todavía, me incorporé al espectáculo para la gira por Alemania en 1982. No fue fácil para mí, porque se actuaba completamente en bolas y mis compañeros habían hecho una adaptación para desinhibirse, yo en cambio tuve que hacerlo de sopetón.

Era un espectáculo visual hermoso, el día del estreno, los alemanes aplaudieron quince minutos sin parar. Se metieron en los camarines antes de que pudiéramos vestirnos y nos abrazaban y felicitaban...y nosotros en pelotas. No me lo olvido más.
Para colmo yo, que hacía de árbol, pantera y alguna otra cosa del montón, tuve que reemplazar a la protagonista que tuvo la mala suerte de, cegada por una máscara, caerse del escenario y romperse una rodilla. Fue un aprendizaje increíble.

Pero para este país era demasiado, faltarían años para poder digerir un espectáculo así y no sé tampoco, qué pasaría ahora.

Además, entre 1979 y 1980, la compañía de mimo de Elizondo también realizó presentaciones clandestinas, en una casa, para evitar la censura. Allí se presentaba la obra Periberta.

Periberta se hacía en la escuela donde yo estudiaba. Actuaban mis maestros, y otros que luego fueron mis compañeros.

Yo era alumna todavía, no integraba aún la Compañía. Se actuaba en la escalera, en el baño, en todos los estudios, no había espacio sin intervenir. Mi momento más esperado era cuando se escuchaba la música de Súperman, se abría una ventana, y veíamos a Rudi disfrazado del superhéroe haciendo que volaba en el balcón de un edificio de enfrente, iluminado por un farol. Era increíble.

Luego vinieron los años 80 y la salida de la dictadura. Toda la movida del Parakultural.

El Parakultural fue, de algún modo, un legado o una consecuencia de la formación que tuvimos en la Compañía de Mimo. Elizondo ponía especial énfasis en generar espacios propios de actuación, abrir la cabeza a espacios menos convencionales (de ahí Periberta) y de un tipo de dramaturgia y actuación también menos convencional.

En un momento, el liderazgo de Elizondo entró en crisis, la Compañía se dividió y un grupo de actores nos alejamos, entre ellos Omar Viola, Horacio Gabin que se asociaron para alquilar el Teatro de la Cortada, como se llamaba antes de ser el Parakultual.

Para ese entonces yo ya había empezado a trabajar con María José Gabin, Alejandra Flechner y Laura Markert, que habían hecho una presentación ya con el nombre de "Gambas al Ajillo" en un bar de San Telmo. Con María José y Laura habíamos sido compañeras de la escuela de mimo, con Alejandra éramos compañeras de teatro con Miguel Guerberoff y todas nos habíamos ya cruzado en los cursos de clown, melodrama y tragedia que daba Cristina Moreira.

En ese momento también integraba el grupo Vivi Pérez, compañera de la Compañía, pero ella al poco tiempo dejó de actuar para dedicarse a otra cosa. Así fue que Vivi y yo nos sumamos a las Gambas y frente a una propuesta de mostrarle algo a un productor que veía en nuestro grupo femenino un potencial "Las primas" (NdE, grupo musical de cuatro cantantes que apareció en 1985, su hit fue “Saca La Mano Antonio”), empezamos a ensayar en el Teatro de la Cortada.

Al mismo tiempo Omar y Horacio decidieron llamarlo Parakultural, lo abrieron al público y nos invitaron a hacer nuestros "números" ahí, ya que como era de esperarse, el productor al ver nuestro número de las monjas que se desvestían cantando "qué calor que calor" huyó despavorido.

Se fue así conformando como una suerte de vodevil actoral, ellos hacían sus espectáculos e invitaban a todo el que quisiera proponer algo diferente. Allí estuvieron Los Melli, Batato, Tortonese y Urdapilleta, Vivi Tellas, etc. Fue un hecho cultural como nunca más volví a ver.

No había especulación de ganancia, era un auténtico lugar de experimentación. Luego se quiso replicar en otros emprendimientos, pero eran tal vez más especulativos, estaban un poco viciados para mi gusto por una visión más comercial. La "contracultura" se había puesto de moda.

De más está decir que con la reglamentación actual de los espacios públicos y los costos de mantener un lugar semejante, hoy en día no hubiera sido posible un Parakultural.

¿Qué es lo que más rescatás de aquellos años? ¿Qué te gustaría tener hoy?

La posibilidad de que se nos ocurriera una idea una tarde y poder probarla esa misma noche con el público. Fue algo glorioso y voy a estar eternamente agradecida a Omar y a Horacio por habernos dado esa posibilidad. Tal vez es esa independencia e inmediatez que extraño más y que creo haber recuperado un poco con mis videos.

¿Qué tipo de humor más te gusta? ¿Y cuáles son los límites del humor? ¿Es posible hacer humor con cualquier cosa?

Me gusta todo tipo de humor pero prefiero el "malito", el que señala alguna cosa, el que nos enfrenta con partes que queremos tapar.

Pienso que no hay límites para el humor, mientras sea humor y no crueldad. Creo que se puede hacer humor con cualquier cosa, lo cual no quiere decir que esté bien visto. Pero el humor es una capacidad de la mente humana que te hace tomar distancia de la emocionalidad de un hecho y verlo como un mecanismo torpe de la realidad, una suerte de Gran Guiñol de la vida. Eso, en algún punto, me parece saludable. Alivia la carga de nuestros sufrimientos.

Luego se pasó del under y el “destape argentino”, a la TV, los teatros oficiales y los de la calle Corrientes. ¿Qué se ganó y qué se perdió en ese pasaje?

Se ganó experiencia, plata, popularidad, prestigio, una buena cantidad de amigos y compañeros enriquecedores, y sobre todo la sensación de libertad, de no encasillamiento.

Nada se perdió, todo se transformó.

En el 2015 hiciste una película La Mujer de los perros

Esa película fue una experiencia de realización inmensa. Titánica.
Gracias a mi hermano Mariano que encendió la chispa y a Laura Citarella, codirectora y socia indispensable, llevamos adelante ese proyecto durante tres años en los que pasó de todo, entre otras cosas enviudé.

Guido, mi marido, había sido el "productor engañado" como él mismo se autobautizó y en todo momento, a pesar de su enfermedad y su inminente muerte, me ayudó y me alentó a que no la abandonara, que la terminara.

Por momentos se me hizo insostenible, pero gracias a él y al grupo maravilloso que formamos con Laura, Soledad Rodríguez, Flora Caligiuri y Carolina Sosa Loyola pudimos terminarla. Lamento que él no llegara a verla. Pero está ahí, no solo porque participó de alguna toma, sino porque la película habla de la profunda libertad de decidir sobre la propia vida y la propia muerte sin victimismo, con la grandeza de un soberano. Y es eso lo que él hizo.

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También tenés muchos papeles como actriz dramática

Historia de un Clan y El Marginal son proyectos dramáticos y siento un gran agradecimiento hacia Sebastián y Luis Ortega y Pablo Cullel por haberme dado la oportunidad de mostrar una faceta menos conocida y en cierta medida más arriesgada.

No son muchos los productores o los directores que contratan actores para hacer aquello que nunca les han visto hacer. En general se arriesgan menos, no es casual que veamos a tantos actores haciendo, como dicen algunos, siempre "el mismo papel". El hecho de que además tenga tan alta calidad me llena de orgullo.

Ping Pong es mi primera dirección de una obra de teatro. Fue una experiencia magnífica que me gustaría repetir.

Ayudó mucho la calidad actoral y humana de Daniel Hendler y Laura Cymer, además de tener una asistente de dirección envidiable como lo es Sabrina Arias. Me doy cuenta de que la escuela de ELizondo me formó también como directora en cuanto a metodología y puesta en escena y mi experiencia como actriz hizo el resto. Dirijo a los actores como me gustaría que me dirigieran a mí, no encuentro otra forma mejor de hacerlo. Dicen que soy obsesiva, exigente, pero se los ve contentos y hacen un trabajo estupendo.

¿Tenés algún proyecto? ¿Qué te gustaría hacer?

Proyectos hay varios por suerte. En principio y a pedido del público, estoy pensando un unipersonal con los personajes de los videos para hacer pronto. Más adelante hay cine, y actuación en teatro, y posiblemente, más dirección, veremos.







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