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Venezuela: impasse político tras semanas de tentativas golpistas y agresión imperialista

La situación política del país parece entrar en un impasse, donde ninguna de las fuerzas termina imponiéndose, tras dos meses de intervencionismo imperialista y tentativas golpistas de la derecha local.

Milton D'León

Caracas @MiltonDLeon

Sábado 30 de marzo | 13:22

Pasaron ya más de dos meses de una fuerte tensión política en Venezuela, signada por una descarada injerencia imperialista y el intento de forzar un golpe de parte Juan Guaidó y la derecha local, con el respaldo de la derecha regional.
La situación actual parece entrar en un impasse, donde ninguna de las fuerzas termina de imponerse, y las Fuerzas Armadas siguen siendo el factor clave tanto para el sostenimiento de Maduro como para las intentonas golpistas de la oposición.

La derecha no ha conseguido su objetivo de derrocar a Maduro al no poder quebrar a las Fuerzas Armadas, pilar fundamental del régimen. Maduro se ha mantenido justamente, no por un apoyo de las masas, sino porque los militares cerraron filas y no se observaron resquebrajamientos ni en los altos mandos ni en la oficialidad media en los cuarteles.

Aunque la oposición ha anunciado nuevas manifestaciones, como la de éste sábado que se mostró deslucida, prácticamente desde la llegada de Guaidó al país tras el “Día D” fallido del 23F y su periplo por varios países, no ha prevalecido un aumento de fuerza de la derecha criolla en las calles que pueda expresarse en escaladas mayores que hagan temblar al gobierno de Maduro.

Todo esto en una situación donde los mega-apagones prolongados continúan, y junto con ellos la incertidumbre no hace más que aumentar las angustias y privaciones de todo un pueblo. El gobierno de Maduro sigue sosteniendo que se trata de ataques y sabotajes al sistema eléctrico y sobre todo a la principal represa hidroeléctrica, el Guri. Nada se puede descartar en un marco de agresión del imperialismo con la avanzada golpista que ha venido sosteniendo.

Pero tal como lo hemos explicado en un reciente artículo, es de remarcar que en medio del colapso y descalabro económico es posible que los constantes blackout, que mantienen a oscuras a buena parte del país, se deban al fuerte deterioro de todo el parque de generación de electricidad y la falta de inversión en todo el sistema. Desde hace muchos años han venido alertando sobre esta situación, tanto los propios trabajadores como técnicos y especialistas, e incluso hasta ex funcionarios gubernamentales.

Venezuela en el juego geopolítico de Rusia y Estados Unidos

A este escenario se han sumado las tensiones geopolíticas donde Venezuela se ha transformado en un ficha del ajedrez político internacional. Si hasta hace una semana se reunían en Roma altos representantes políticos de Rusia y Estados Unidos para discutir sobre Venezuela, más recientemente la llegada de dos aviones rusos con militares y equipos ha venido a elevar los cruces entre estos dos países que antes mantenían roces en otras partes del globo pero no por su actuación en Venezuela.

El gobierno de Maduro busca hacer pasar la presencia cada vez más activa de Rusia en el país como “contrapeso” a Estados Unidos, y como un apoyo ruso a su propia gestión, con el objetivo de buscar una sobrevida. Pero es más que claro que se trata de un aprovechamiento de Rusia de la situación venezolana. Más que apoyo decidido a la gestión de Maduro, Putin usa a Venezuela para aprovechar su posición geográfica y desde el punto de vista geopolítico. Y nadie oculta que, para Rusia, la trascendencia política de Venezuela es su ubicación cercana a Estados Unidos, sus recursos naturales y la oportunidad de obtener ganancias en negocios realizados en el país, como lo viene haciendo en el sector petrolero.

Una situación que lleva a Venezuela de la mano de Maduro, a una dependencia cada vez mayor de Rusia, así como ya se ha venido haciendo con China en el plano económico, con quién se tiene una gigantesca deuda e hipotecada una gran parte de la producción petrolera hacia los próximos años. Maduro busca mostrar que cuenta con un aliado político de peso internacional, pero que Putin lo usa para mejorar su posición en su disputa con EE.UU.

En este marco es que John Bolton, el asesor de Seguridad Nacional de Trump, insistió este viernes en “denunciar” el envío de personal y material militar a Venezuela por parte de Rusia, afirmando que "Seguiremos considerando este tipo de acciones provocativas como una amenaza directa a la paz internacional y a la seguridad en la región", en el que aseguró, además, que EE.UU. "defenderá y protegerá" sus intereses en el continente americano. Además de “advertir” a cualquier "actor externo" en contra de desplegar "activos militares" en Venezuela o en cualquier otra zona del continente.

Pero todos estos acuerdos del gobierno venezolano para intentar frenar la espiral de la crisis no solo no fortalecen a Maduro, sino que lo vuelven cada vez más dependiente de los militares en el plano interno, de China en el económico externo y de Rusia en el político externo. Este es el camino que transita Maduro, al frente de un gobierno en franca descomposición política y sumergido en las peores catástrofes de su historia reciente.

La inhabilitación de Guaidó y las discusiones del Grupo de Contacto

Elvis Amoroso, el contralor general designado por la oficialista y fraudulenta Asamblea Constituyente, anunció el jueves la inhabilitación de Guaidó para el ejercicio de cargos públicos durante 15 años señalando que se "presume" que Guaidó "ocultó o falseó" datos de su declaración jurada de patrimonio, y a su vez “recibió dinero de instancias internacionales y nacionales sin justificar”.

Poco interés tiene realmente el gobierno sobre ocultar recursos en “declaraciones juradas de patrimonio”, justamente un gobierno plagado de corrupción en todos los niveles y que se ha enriquecido recurriendo a todo tipo de métodos y formas. Se trata de una nueva movida política para dejar fuera de la escena política a este dirigente político de Voluntad Popular, tal como lo ha hecho con Henrique Capriles y otros dirigentes de la oposición, así como la inhabilitación descarada de partidos políticos por no haberse presentado a tal o cual elección política.

Guaidó representa lo más rancio de la derecha venezolana, y se transformó en un títere de Washington cuando se autoproclamó “presidente encargado” de Venezuela, en toda una avanzada golpista. Pero esto no implica avalar ni apoyar estas medidas de Maduro, que mediante un obsceno bonapartismo saca del juego político a quién le plazca mediante hipócritas artilugios. Si Maduro lo hace con estos políticos representantes de grupos de poder y hasta de apoyo internacional, qué no hará (o hace) con las organizaciones de los trabajadores y populares que se resisten a sus medidas antiobreras y antipopulares.

Ya vemos que con simples anuncios borra conquistas históricas de la clase obrera contenidas en los convenios colectivos, manda a la cárcel obreros por el simple derecho de protestar y llega al descaro de despedir a dirigentes sindicales por el simple hecho de pensar distinto como el reciente caso de la Cancillería, y avanza en medidas entreguistas además de seguir descargando esta brutal catástrofe sobre el pueblo. Se trata de medidas que son y serán implementadas doblemente contra el pueblo trabajador.

La inhabilitación de Guaidó no busca más que, tras una eventual negociación, producto de tantas reuniones a puertas cerradas que seguramente se están realizando, se pueda ir a algún tipo de elecciones, tener fuera de los candidatos a este político derechista que se presenta como nueva cara frente a los ya desgastados dirigentes que antes conformaban la Mesa de Unidad Democrática (MUD). Y al mismo tiempo ir debilitando a este personaje en función de sus objetivos.

Es por eso que, en el llamado Grupo de Contacto con Venezuela, que persigue una salida negociada y la convocatoria a elecciones, condenaba este jueves desde Quito la decisión adoptada por la Contraloría General de inhabilitar a Guaidó. Este Grupo, esta conformado por Ecuador, Costa Rica y Uruguay (del lado latinoamericano) y entre otros por Francia, Alemania, Italia, Países Bajos, Portugal, España, Suecia y el Reino Unido (por parte de la Unión Europea). En su primer encuentro en Montevideo, Uruguay, el pasado 7 de febrero, acordaron un plazo de 90 días para cumplir con el objetivo de que se convoquen elecciones presidenciales en Venezuela.

Un impasse con grandes tensiones donde el pueblo sigue sufriendo las consecuencias

Tomada más de conjunto, y tal como afirmamos al principio, aún no hay un desenlace en la imposición de las fuerzas tras más de dos meses, en una prolongación de los tiempos que parecen jugar a favor de Maduro. Hasta el momento se prefigura un relativo impasse al no quebrarse las Fuerzas Armadas, centro neurálgico de Maduro.

Estados Unidos declaró que por ahora una intervención militar directa no cuenta con el aval de sus socios latinoamericanos, luego de la declaración del grupo de Lima. En tal sentido podía apuntar más hacia agudizar las sanciones económicas “severas” para buscar un mayor el estrangulamiento económico. Aún no se han anunciado medidas de mayor contundencia, más allá de las ya aplicadas.

El tiempo le ha permito a Maduro avanzar en su relación con Rusia, y está prevista una nueva reunión entre ambos países. Aunque el gobierno lo hace aparecer como un punto fuerte de una nación soberana, en verdad, si Maduro se mantiene, no es más que una debilidad al aumentar su dependencia de Rusia, pues en una negociación de largo alcance entre Estados Unidos y este país, Venezuela es más que una ficha en el ajedrez político internacional. En esta situación Guaidó no ha mostrado más vitalidad, o la iniciativa como lo fue el 23 de enero y el 23 de febrero, solamente haciendo afirmaciones generales que las próximas movilizaciones apuntarían hacia Miraflores para ocupar la silla presidencial, hecho que no ha ocurrido. La de este sábado fue deslucida, con Guaidó hablando desde una ciudad menor como Los Teques, a una hora de Caracas.

Esta situación al momento no implica que la variante golpista esté fuera del escenario político, pero los tiempos si se prolongan pueden apuntar a buscar salidas negociadas donde el imperialismo presione cada vez más a Maduro por la vía del estrangulamiento económico. Las medidas ofensivas del imperialismo continúan su curso y terminan recayendo sobre el pueblo, aumentando las calamidades ya existentes. Los trabajadores tenemos que rechazar cualquier tipo de agresión imperialista que de la mano de la derecha criolla solo implicarán más sometimiento, esto no implica ningún apoyo político a Maduro.

Alertamos también que no será recostándose sobre Rusia que pueda venir algo progresivo, donde lo único que vendrá es dependencia y sometimiento al país al juego político internacional, todo para que la burocracia estatal chavista busque una sobrevida. Pero al mismo tiempo decimos que cualquier salida negociada que se pacte será en detrimento del pueblo, tal como propone el llamado Grupo de Contacto. La única salida progresiva sólo puede venir del pueblo trabajador encabezando la lucha contra la agresión imperialista y la miseria a que son sometidos.







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