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Urquía y Daer: los pibes de Alberto para la liberación

El candidato del Frente de Todos estuvo en Córdoba “peleando votos”. Junto a la crema del empresariado cordobés que prohijó a Domingo Cavallo como funcionario de la dictadura y el menemismo, llamó a sumarse a la causa.

Viernes 27 de septiembre | 11:51

Foto: La Voz del Interior

A Urquía hasta hace poco le decían “traidor”. Como a Massa, que ahora es “Sergio” a secas. Como a Daer, que ahora es simplemente “el compañero Héctor”.

El fernandismo ayer mostró otra postal de su plan de gobierno. “Es con todos” dijo, y se fue a sacar una foto en la Fundación Mediterránea. En uno de los hoteles top de Córdoba, lo esperaba la crema del empresariado cordobés. La “Fundación” sigue siendo el faro que ilumina a los dueños de las fábricas y los campos de la provincia (y más lejos también).

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Fueron esos dueños, los Urquía, los Roggio y los Pagani, que fundaron en 1977 una de las usinas más reaccionarias de la burguesía local. Su mejor alumno fue Domingo Cavallo, que los favorecería durante la dictadura y el menemismo.

Pero uno de los mandamientos no escritos de “la Fundación” es ser oficialistas de todos los gobiernos, frase prestada de sus amigos-rivales del sindicalismo burocrático.

Roberto Urquía fue uno de esos prohombres que supo “aceitar”, acorde a su negocio, las relaciones entre política y negocios. Fue intendente de su pueblo, siguiendo la carrera de su padre que lo había sido en la dictadura. La carrera política lo llevó a convertirse en uno de los financiadores de la campaña de Néstor Kirchner, que le devolvió los favores con millonarios subsidios. El romance se terminó en 2008, cuando el senador “nacional y popular” votó contra la resolución 125. ¿Qué esperaban?

Su empresa madre, Aceitera General Deheza, fue una de las grandes ganadoras de las últimas décadas. Como ya explicamos en La Izquierda Diario, durante la crisis del 2001 fugó cientos de millones de dólares esquivando el corralito. Con el duhaldismo fue una de las beneficiadas con la devaluación y la pesificación asimétrica. Durante el kirchnerismo fue una de las ganadoras del boom sojero y exportador, millonarios subsidios incluidos. Aun así, terminó investigada y multada por evasión impositiva junto a las grandes cerealeras multinacionales. Con el macrismo ha sido también parte de las ganadoras, con la baja de retenciones y otros beneficios.

El poder de los Urquía llegó al punto que el actual presidente de la UIA, Miguel Acevedo, es un gerente de la Aeitera.

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A ese hombre fue a visitar Alberto el 2 de agosto. Quería convertirlo en un símbolo de la reconciliación kirchnerista con los sojeros, los grandes empresarios y eso que algunos llaman “el cordobesismo”.

Este jueves le hizo otro guiño a Urquía. Fue cuando lo miró en medio de su discurso al decir “como hacen ellos, tenemos que agregarle valor a lo que producimos”.

Ya está claro de dónde sacar el “valor” Don Roberto y sus amigos de la Fundación Mediterránea. Meta a exportar con el dólar a 60 mientras millones no pueden comprar una botella de aceite.

Antes, Alberto había recorrido otra parte de la provincia con otro de sus nuevos amigos: Héctor Daer. El hombre que dirigió la CGT durante todo el macrismo. “Traidor” para algunos, un hombre que simplemente cumplió su tarea de burócrata sindical para otros. Un cómplice del ajuste para la inmensa mayoría de la clase trabajadora.

Junto a Don Roberto y el compañero Héctor, Alberto dice que va a refundar la Argentina. El que quiere creerle que después no diga que no avisó.







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