Sociedad

OPINIÓN

¡Uno menos!

Que sepan esos burros comentaristas destacados que festejan tu muerte, que nunca estarán a salvo mientras este sistema siga pariendo desigualdad y miseria. Condenando a generaciones a vivir en la peor de las desgracias mientras aumenta cada vez más la opulencia de las grandes fortunas. Adiós Alejo. Nunca te olvidaré.

Juan Lobo

@CanisLupus1917

Jueves 7 de mayo | 20:55

Antes de conocer a Alejo me relacioné con su hermano Facundo. En 2015 fui a Tribunales para buscar algún familiar de uno de los pibes que había muerto quemado en una comisaría, entre las risas burlonas de la guardia de turno. Ese año unos 18 pibes hacinados en una celda para 4 personas, protestaban por sus condiciones de detención y prendieron fuego colchones para evitar que la Infantería los muela a palos. La guardia dejó la puerta cerrada y todos terminaron gravemente intoxicados. Dos de ellos murieron: Ariano Biza y Emanuel Gallardo. Ariano ya tenía firmada su liberdad y ambos habían denunciado a la gorra por intentar obligarlos a “trabajar” para ellos. Tenían signos de torturas. Los bomberos que los rescataron contaron que los 18 estaban apilados en el baño, “como palitos chinos”.

Así nació mi amistad con Facu y pude conocer al resto de sus hermanos: Nahuel, Gastón, Jesús, Alejo, Ciro y Solano. De los 8, a sólo 5 les late el corazón. 2 están presos. Viven por supuesto en una familia totalmente disfuncional y con todas las carencias y problemas que se puedan imaginar. Muchas veces en situación de calle.

Con Facu, otros familiares y compañeros recorrimos radios, escribimos notas, hicimos videos y organizamos marchas para que lo que les ocurrió a Ariano y Ema no vuelva a pasar. Hacíamos coaching viendo videos del Ceprodh, de la Correpi y de la hermana de Luciano Arruga. Así fueron transcurriendo los meses. Tuve la certeza de que esos pibes siempre estaban en peligro, de caer en manos de la policía donde siempre eran golpeados, torturados, tomados de rehén a cambio de dinero y un sinfín de situaciones perversas. Y que cambiar su situación material era muy, muy difícil.

Al año me enteré que Alejo también ya andaba, a sus dulces 16, flirteando con el delito y la pasta base. Que se había cortado sus bracitos, tan delgaditos. Yo me había quebrado una pierna saliendo del antro de moda con un par de copas de más y la desgracia también había golpeado muy cerca de mí, así que casi sin pensarlo lo invite a que venga a mi casa. No tenía donde ir, pues por su problema con ciertas sustancia, con las complicaciones que conlleva para sus cercanos, ya no le quedaban puertas abiertas en ningún otro sitio. Vos estás loco, me decían. Y sí.

Así nació mi amistad con Junior, como lo bautizó un pascuamigo. También le decíamos Italiano (por una graciosa anécdota con sus hermanos), Menor o Bebé. Para sus compañeros era el Pillo Biza. Compartimos mil anécdotas, conoció a mis amigxs y compañerxs, pasamos noches divertidas en casa y en el antro de moda, siempre sin un peso pero igual volviendo medio borrachos. Simplemente lo consentía en todo, un poco viéndome reflejado en él, tratando de brindarle cosas que yo tampoco tuve. Había que buscarle una responsabilidad, un proyecto de vida, decían. Él no quiere hacer caso. Eras juzgado por muchos y no le ibas a dar el gusto a nadie. Conmigo te llevabas muy bien, porque te dejaba pasar todas. Pero con Rodri o el Guachin -que a veces te querían tener de “che pibe”- todo era hacete c… o chupame el p... Pasamos un año muy bueno juntos, entre jodas, risas, interminables partidas de Lol. Guiso, birra y faso. Marchas, Atlanta, Amaicha, Central Córdoba, más fiestas, fútbol 5, alguna changa. Intoxicados, No te va a gustar, Simplemente Naguel y Pala Ancha. El Pepo y Damas Gratis. Hasta casi terminas jugando para el ciruja (el club se portó de mil) pero, tonto decano, no quisiste. Hacías desastres dentro y fuera de la cancha. Luego empezaste a desaparecer, a coquetear de nuevo con la base, a cortarte, a llevarte mi moto culeao. Por primera vez hable con vos –pobre iluso- intentando poner límites y te explique que tenías que ubicarte. Agarraste tus cosas y te fuiste. La camiseta me quedó muy grande. Hice todo lo que pude.

Por supuesto siempre supe que tu vida corría peligro, como la de tantos otros pibes. Volvimos a vernos muchas veces, te llevé hamborguesas a algún calabozo, te acompañé cuando quisiste internarte en esos hogares medio tumba, en el Obarrio, en el Avellaneda, donde siempre nos cerraron la puerta en la cara. O no había camas. O te terminaste yendo porque los programas son horribles y tu familia estaba muy débil como para darte todo el apoyo que necesitabas. ¿Las Moritas? Para mí es como la Atlántida, realmente no sé si existe, buscamos mil maneras de llegar por vos y por tus hermanos: otra vez pidiendo requisitos imposibles de cumplir en su situación. Nunca impillo, en una de esas recaídas mentiste tu edad y te detuvieron en el Roca, que es para menores. Ya estabas más curtidito y así andabas, por la cornisa, viéndonos de vez en cuando. Con Facu de nuevo rastreándote por barriadas bien fuleras. Hubo otras personas que también te apoyaron un montonazo, como la Tere.

Siempre pensaba qué haría al enterarme de tu muerte. Y tenía tatuado que el responsable es el Estado, el sistema que necesita y genera también delitos. Un Estado que castiga cruelmente los delitos de las clases desposeídas y deja impunes los crímenes sociales de los dueños de la riqueza. Bueno, mi idea genial era llevar tu cajón a la Plaza Independencia. Velarte ahí, armar un buen escándalo. Y no importa de donde hubiera salido la bala, responsabilizar al Gobierno, cuya policía engorda su caja negra con la plata de los narcos, que hasta en elecciones reparten dosis de paco junto al voto a partidos burgueses en algunos barrios. Ese era mi plan original pero no pude, pues cuarentena.

Pasaron los años y al segundo que le toco morir fue a tu hermano Ciro. Ahijado de la vicepresidenta Cristina Fernández, pues séptimo hijo barón. Abandonado como vos, en medio de tantos problemas. A Ciro se le apareció la virgencita y la policía estaba tras de él, cebados por un botín de no sé cuántos miles de dólares que habría encontrado. Hasta allanaron una casa donde se quedaron con los ahorros de toda la vida de un laburante. Detuvieron a Ciro, seguramente lo torturaron también. Ciro terminó su vida con un tiro en la cabeza, en un dudoso suicidio que nadie investigó. 17 años. Fue un golpe muy duro para vos y tus hermanos. Volviste a darte todo mal Alejito, a cortarte fiero. No volví a verte. Lxs cristianuchis del hogar donde ibas a ayudar, frente a Plaza Vieja, contaban que estabas muy lúcido últimamente, más regordete. Ayudando a armar las viandas de mercadería para los vecinos que no tienen una y están sin poder trabajar.

El 1ro de mayo al medio día Paula me dijo que tenía una mala noticia para darme y no hizo falta saber más. Justo escuchando unas tristes baladas de Roy Orbison. Inmenso dolor. En el pecho un hueco enorme, de megaminería.

Quizás el Comisario Carlos Ruiz -jefe de la comisaría de Yerba Buena- o el prosecretario Carlos Berarducci –presente en el lugar- puedan explicar cómo la ametralladora con la que te dispararon se convirtió en escopeta, para terminar siendo una pequeña pistola calibre 22. O cómo aparece una foto tuya con los pies calzados, cuando dijeron que te habías sacado las zapatillas y estaban afuera de la casa, para no hacer ruido. O cómo el hecho encuadraría en la llamada legítima defensa, cuando a los 4 balazos los tenés en el pecho y la axila, como si hubieras levantado los brazos, como cuando no queda de otra y te entregás.

Así fue como los medios fueron deformando los hechos a medida del justiciero. Los mismos que con el relato de que están liberando a todos los delincuentes cargan las balas que luego disparan los tontos. Un muchacho bien, 28 años, estudiante avanzado de arquitectura, J.P. sus iniciales. Según trascendidos sería hijo del dueño de CANIGO –quizás la armería más grande del NOA, que proveyó municiones muchas veces a la policía tucumana- e hijastro de un Juez. Imagino que cuando te estábamos llorando en ausencia mientras tu cuerpito se congelaba en la morgue judicial –pues cuarentena- el abogado del nene bien, junto a funcionarios y allegados, armaba la estrategia para que "el hecho" encuadre en la llamada legítima defensa. Como en esa repugnante escena de Relatos Salvajes. Suerte para el jardinero que era 1ro de mayo.

El entierro fue terrible. Toda la cuarentena burlándome de la muerte, compartiendo a morir el jocoso baile del ataúd con su musiquita, sin saber que yo mismo ocuparía su lugar, esta vez sin ninguna gracia. Te enterramos a 2 metros de la tumba recién cavada de tu hermano Ciro. Tu abuelita, la Mami, que según vos no te quería una mierda, fue por supuesto quién más te lloró. “Ya nadie te va pegar, ya nadie te va torturar”, decía la viejita. Al menos no fue la policía como al velorio de Ciro, donde cagaron bien a palos a chicos y grandes.

Pienso en tanta crueldad del sistema contra vos y tus hermanos –la punta de un monstruoso iceberg- y me vienen a la mente las dictaduras, cuando disolvían con represión hasta los velorios de los compañeros caídos. O algún pasaje de Recuerdo de la Muerte. Tu hermano Nahuel, el mayor, fue sacado del penal para el entierro. Tu cuerpito tardó en llegar. Así que solo esperaron 5 minutos y lo llevaron de nuevo, sin despedirte, a la otra tumba.

Así fue nuestra despedida, Junior. Que sepan esos burros comentaristas destacados que festejan tu muerte que nunca estarán a salvo, mientras este sistema siga pariendo desigualdad y miseria. Condenando a generaciones a vivir en la peor de las desgracias mientras aumenta cada vez más la opulencia de las grandes fortunas. Sé que Marx desconfiaba de los ladrones y el lumpenproletariado como aliados de la lucha obrera, pero a la vez combatía con encono la condena moral de la opinión pública a favor de endurecer el aparato represivo y nos enseñó magistralmente como el mismo sistema crea las leyes y también los delitos. Cómo el propio régimen capitalista fue parido en su acumulación originaria con saqueos, crímenes terribles, genocidios, mares de lodo y sangre. Yo soñé que podíamos ganarte. Que estarías de nuestro lado, intrépido combatiente, cumpliendo las misiones más difíciles en la próxima situación revolucionaria. La veo venir.

Lobo se prepara para acompañarte y cuidarte. Cuídalo mucho vos también.

Hijo, amigo y hermano.

Adiós Alejo. Nunca te olvidaré.







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