Universidad: la meritocracia académica o la peligrosa cultura del individualismo

Lunes 2 de octubre | Edición del día

Hace tiempo es evidente que el Gobierno de Mauricio Macri quiere imponer un cambio cultural intentando profundizar el relato de la meritocracia. Frases como "hay muchos vagos", "el que quiere, puede" y "al que se esfuerza le va bien" abundan en la esfera político-mediática y buscan lugar en la universidad.

En la Universidad Nacional de San Martín, el ataque del macrismo a la educación va encontrando aliados y gestores: las autoridades vienen alineándose a esta "cultura del esfuerzo" que les permitiría abrir una veta para administrar el ajuste sin resistencia.

Como resultado de la deslegitimación de Carlos Ruta y del resto de las autoridades kirchneristas, que pusieron en riesgo la autonomía universitaria dando legitimidad a la intromisión del Estado por su manejo antidemocrático y a discreción de las partidas presupuestarias de la UNSaM, hace tan solo días el rector presentó su renuncia.

Como fue de público conocimiento, la escandalosa elección de rector que realizaron a espaldas de los estudiantes sirvió a la gestión universitaria para posicionarse con el macrismo, con la pretensión de seguir administrando el plan de ajuste del Gobierno en la universidad.

En marzo del corriente año, el actual decano de Humanidades y futuro rector de la Universidad Carlos Greco aseguró que existen aptos y no aptos para ingresar, ya que "las vacantes que hay y las sillas que hay, no son suficientes para todo el mundo” asegurando sin tapujos que la UNSaM es meritocrática y va a profundizar esa orientación. Irónicamente, sí alcanza para que él cobre más de $1.000.000 de pesos al año del presupuesto universitario.

Es notable la lógica que intentan imponer: si haces carrera y te esforzas, te salvas; proponiendo así supuestas salidas individuales al problema. La presión y la competencia academicista pretenden ser utilizadas como inhibidoras de la organización del movimiento estudiantil.

Lo que intentan hacer es instaurar la idea de que hay igualdad de oportunidades -lógica que responde al derecho moderno burgués-, aunque ya nadie desconoce que la igualdad ante la ley no es la igualdad ante la vida.

Una de las mayores conquistas del movimiento estudiantil, de los docentes y trabajadores de la educación es haber mantenido la universidad pública y gratuita pese a intentos y avances de los gobiernos de Menem hasta la actualidad. Sin embargo, esto no es garantía para la graduación de decenas de miles de estudiantes en el país.

La Universidad Nacional de San Martín se encuentra en el listado de universidades que adhieren al Sistema de Reconocimiento Académico creado por el Ministerio de Educación de Esteban Bullrich. Bajo el argumento de combatir la deserción, establecerá una medida - el “Reconocimiento de Trayecto Formativo”- que apunta a una mayor homogeneidad en los contenidos, para poder dividir la trayectoria universitaria dejando carreras de grado cortas, con contenidos generales y otro ciclo para la especialización. Es decir, que lo que hoy se adquiere de forma gratuita pasaría a ser parte del posgrado, maestría o doctorado para obtener la especialización que permita un título competitivo.

Al servicio de un proyecto político que alienta a la competencia (en el sentido más individualista del término) y a la deserción estudiantil, la universidad cumple su función como encargada de la producción de conocimientos con esta ideología. Al ser vaciadas las carreras de grado y fomentadas a la ultra-especialización a las que acceden unos pocos, comienza a operar como reproductora de un conocimiento de imposible acceso para la mayoría de los estudiantes, cuando de antemano la estructura económica y social impone condiciones desiguales y desfavorables.

Los intentos de las autoridades de la UNSaM de instalar en la universidad el relato meritocrático busca naturalizar a través de la competencia academicista que el progreso está al alcance de la mano para todo aquel que agache la cabeza y solo se esfuerce individualmente, cuando en realidad está reservado para unos pocos; lógica que una vez propagada les facilitaría aplicar las fuertes medidas de ajuste que planea el Gobierno, sin ningún tipo de resistencia.

Quienes estamos día a día en la universidad nos vemos atravesados por éstas lógicas meritocráticas, ya sea en forma de presión académica o bien para justificar los ataques a nuestra educación, lo que puede desarrollar una lógica de “universidad burbuja” donde los estudiantes nos mantengamos profundamente indiferentes a la realidad social.

Queda claro que ese camino que viene allanando la gestión universitaria mediante el cambio de rector y las diversas maniobras, la alinean con el avance del macrismo en busca de mejorar las condiciones para el ajuste y beneficiar a las grandes empresas.
Los estudiantes sabemos, sobre todo porque estudiamos procesos históricos que dan cuenta de esto, que el individualismo no es una salida. Está en nuestras manos torcer ese rumbo y confrontar con el relato que quieren imponer dando el debate en cada cursada y organizándonos frente a cada paso que intenten dar contra nuestros derechos.






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